ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
PUENTE

Llegan en un destartalado Ford Mondeo de color verde botella.


Rapidamente abre la puerta trasera y sale a toda prisa al encuentro de sus amigos sin esperar a que sus padres tambien abandonen el coche.

Los saluda con un extrano giro de muneca y cuando presiente la carcania de sus padres de nuevo se las arregla para mover a todo su grupo de amigos hacia la otra punta de la acera, lejos de ellos, de la zona que ocupan, la zona de los padres ahora.

Ellos tienen todos un aspecto humilde, muy acorde con el barrio. De acuerdo que alguno va vestido con traje y corbata pero basta con ver los desgastados puños de una chaqueta, o el color amarillento de una camisa, o el estupido dibujo de una corbata para darse cuenta entonces que pese a las apariencias, a lo mucho que tratan de distanciarse del resto, en realidad todos son mas o menos igual de pobres o ricos según se mire, todos pertenecen a esa clase media baja que da vida a estas calles, por mucho que intenten disimularlo y les averguence.


En cambio, enfrente suyo, el grupo formado por sus hijos justo frente al taller de mi padre si que es mucho mas heterogeneo, podria situarlo tanto aqui como en pleno centro de la ciudad, en la zona más chic de Barcelona.

Unos van en plan garrulillo pero de marca claro. Otros con esas sudaderas de Mini Cooper y Vespa que parece que van a estar tan de moda este verano pero que hace un par de anos vendian a un precio carisimo en las tiendas de ropa inglesa importada que hay al final de las Ramblas. Otros se situan mientras a mitad del camino, , anonimos, con camisetas y zapatillas Pull & Bear, nada especial. Y las chicas mientras cantan canciones de Melendi e improvisan una especie de baile tribal. Hay pocas cosas tan deprimentes como el reggae, las rastas y todo ese rollo que me llevan la verdad.


El padre del chico del principio de la historia sonr'ie todo el rato. Lleva unos vaqueros que le hacen mas gordo y ancho de lo que es, una camiseta de colores de Desigual muy desteñida. Tiene el pelo blanco y muy corto, esta casi calvo pese a tener cuarenta años como mucho y no deja de moverse, de saludar feliz a todo aquel que se cruza en su camino. Parece que la excitacion del viaje de su hijo le ha transportado a su propia juventud de nuevo y eso que el no quiere que se le acercen , que en cuanto que le ve por alli cerca hablando con alguno de sus amigos se pone a mirar hacia otra parte, como queriendo huir.


Dentro de la oficina de mi padre al mismo tiempo, la novia sudamericana de uno de los obreros mientras espera.

Sentada en una silla enfrente mio no deja de escribir a su familia una interminable carta en la que seguro que maquilla toda la realidad y pinta a su familia un panorama en nada parecido a como es : acaban de despedir a su novio, ella trabaja en una empresa de limpieza y tiene un disgusto enorme, jamas penso que él seria capaz de robar como lo ha hecho, su unico cometido es ya esta tarde pedir una nueva oportunidad para él al socio de mi padre que por cierto sé que se la va a denegar

Un revuelo de pronto, gritos, voces, un buen número de padres tratando de obtener de sus hijos algo tan simple como un par de besos de despedida. Pero ellos se resisten , se esconden y muchos padres parecen terminar finalmente por entenderlo y hasta justificarlo.

Ha llegado el autobús escolar, el mismo de la excursión, pronto se iran todos, serán libres.Podrán por unos dias fumar, beber, follar, reírse hasta caer agotados, sin límites.


Se forma de repente un nuevo grupo ,el de los profesores, que trata de organizarlo todo lo mejor posible .

La mayoría tienen pinta de cabrones, igual que sus colegas de los colegios privados que yo he sufrido, solo que los de este instituto enfrente del taller, en pleno S Andreu, parecen viejos hippies inadaptados al siglo veintiuno, con sus melenas completamente blancas, sus camisetas con motivos solares, su fingida cara de buenas personas.


Yo no me voy este puente.

Me quedaré aqui.
 
23 ABRIL 2008 (V y A)

V

Compró una rosa roja a una anciana que tenía varias metidas en un cubo de color amarillo.

Muchos chicos y chicas, adolescentes en su mayoría, también las vendían por la calle y a menor precio, pero a V. no le apetecía darles a ellos su dinero. Más bien todo lo contrario.


Ella quería ser una más entre todas las demás chicas pero con la mínima carga de vergüenza posible sobre sus espaldas y aquella anciana era una garantía, pues raramente le iba a echar algo en cara o reírse de ella al verla comprándosela para si misma ya que sino nadie se la iba a regalar.


V. solo quería también ,en definitiva, como las demás chicas, pasear orgullosamente por La Rambla agarrada a ella fuertemente, ponerla bien a la vista de todos para que el mundo de esa forma se enterase que si, que había alguien que la quería, que estaba loco por ella y aunque todo era una gran mentira eso era lo de menos. Lo de menos que quede claro.


Nada más levantarse hoy por ejemplo, había llamado a su trabajo para decir que no iría a la oficina amparándose en un imaginario dolor de estómago. Luego se había metido a la ducha con “Un vestido y una flor” de Caetano Veloso sonando por toda la casa al máximo volumen posible, y por fin, tras salir de ella y perfumarse, vestida con unos pantalones blancos, una camisa azul y blanca de manga corta y unas zapatillas Victoria se había lanzado a la calle, como una Amelie más, con la idea de pasar toda la mañana caminando hasta llegar por lo menos al Hotel Skipper y después comer alli, para luego pasar la tarde sentada en una terraza frente al mar , leyendo un buen libro.


Afortunadamente para ella, horas después, a las ocho de la tarde, cuando inició su camino de vuelta a casa, todos sus planes se habían cumplido a la perfección. Bueno , si acaso, tenía algo de pesadez de estómago debida a haber comido no mucho pero si algo más de lo habitual. Y también se notaba bastante apesadumbrada porque ese dia libre se hubiera pasado asi, tan deprisa.


Mañana tocaba de nuevo ir a trabajar, la esclavitud retribuida que gobernaba su vida y que si bien no le hacía infeliz del todo desde luego tampoco le daba alegría alguna.


Sentada en el taxi, como despedida, se puso a recordar a la poca gente con la que había tenido algo de contacto a lo largo de la jornada. Primero esa pareja super enamorada junto a la que había comido, los dos muy modernos, ambos acababan de ver el piso de su vida y entre besos y abrazos habían decidido ,mientras terminaban los postres, alquilarlo.

Luego, esa otra pareja ,esta vez en la cafetería y mucho más vulgares ambos, que había estado discutiendo acerca del posible destino de sus vacaciones estivales, usando ella como único criterio válido para determinar el mismo el ir más lejos que cualquiera de sus amigas.

Por último, la más extraña, la formada por un hombre de unos setenta años y una chica de color de no más de veinticinco que según pudo deducir de lo que escuchó se había pasado todo el dia buscando sin éxito un trabajo para ella y que desmoralizados, a esa hora, volvían también como ella a casa..



A

No tenían nada de especial.

Los miró y parecían de lo más vulgar agarrados a un botellín de cerveza , después de un dia tan agotador. De hecho apenas había escritores entre ellos. Uno era un presentador de televisión, otro un actor, la chica vaya usted a saber qué demonios.

Supuso que por dentro la mayoría se morían de envidia en esos momentos, tan cerca como estaban de esa cola que ocupaba una manzana entera del Paseo de Gracia, miles de lectores en busca de una firma del autor de moda.

A sorteó como pudo a toda esa muchedumbre y acabó entonces refugiándose en una de sus cafeterías favoritas sino la favorita. Cuando el camarero vino finalmente a su mesa él no lo dudó y se pidió un Earl Grey.

Desconectado de aquella realidad se puso a pensar con desgana en que hacía meses que no cogía un libro, su vida ya se reducía a trabajo, universidad , piscina y algo de ocio inocente durante el fin de semana.

No fue hasta que por fin se bebió todo el té de un solo trago que su cabeza se puso de nuevo en marcha.


Había odiado todo eso durante su época del colegio. Los chicos continuamente hablando todo el rato de chicas, borracheras y fútbol pero sin embargo esos mismos temas cantados por Alex Turner y sus Artic Monkeys le parecían algo sublime. Viendo en su última adquisición electrónica al delgado cantante del grupo y oyendo al mismo tiempo en sus cascos esa contagiosa canción por enésima vez, lamentó de verás no haber puesto más interés en su dia en muchas de esas conversaciones, haberlas pasado por alto tan altivamente, quizás eran algo importante .

A continuación fue otro chico guapo quien ocupó de nuevo la pequeña pantalla de aquel extraño objeto, el cantante de The Enemy, cantando eso de “away from home”.

Soy como una maldita criaja adolescente –pensó A. pidiendo un segundo té, en vista que su amigo X. se retrasaba.

Una maldita criaja loca por echarse un novio guapo a imagen y semejanza de sus ídolos y al precio que sea.
















 
LAS PALOMITAS DE MAIZ DE NUEVA YORK


Palomitas.

Palomitas de maíz en todas y cada una de sus noches terribles.

Frente al televisor.

Tumbado en el sofá y acurrucado bajo una vieja manta marrón. Escuchando a veces viejos discos que nadie recuerda.



¿Qué es la soledad? Se pregunta.

Pues algo no muy diferente a esto:


Un pequeño apartamento a oscuras.

El frio invernal.

La semioscuridad que envuelve el salón en una tarde de domingo que parece que nunca va a acabar.

Un barrio anónimo, gris, que nadie viene a visitar salvo que viva en él o tenga conocidos en el mismo.

Un ciudad como esta, muy lejos de mi casa, a la que por cierto llegué lleno de esperanzas el verano pasado y en la que, pasados unos cuantos meses, ya invierno, parado frente al lago de Central Park sigo preguntándome también donde demonios habrán ido los patos a parar.

Los restos algo de comida congelada junto a unas patatas frias enfriándose sobre la mesa del salón. El zumo a base de concentrado sin apenas contenido de fruta y la botella de vodka en el suelo.

La cubitera humedeciendo el cristal del aparador junto al televisor, todo a medida que el calor artificial, pegajoso, que hace entre sus cuatro paredes, va derritiendo poco a poco el hielo que hay dentro de ella.

Un pijama sucio.

Un libro entre las piernas que para nada es genial como el resto del mundo dice, algunas frases entrecortadas que te dices a ti mismo pero que nadie escucha.

Los recuerdos de una persona que te hicieron largarte de alli donde vivías, que convirtieron para ti las calles de esa ciudad en que naciste y te criaste, en un parque temático del dolor, de la desolación ; En esa esquina nos besamos , alli nos emborrachamos, justo acá me dejó coger su mano por primera vez, más allá fue donde nos conocimos, donde todo empezó.




Palomitas.

Palomitas de maíz, pero mucho más dulces de lo normal, tal y como le saben a él en esta ciudad.

Levantándose introduce en el microondas una nueva ración más, para ser consumida casi de inmediato, tan solo por él claro está, con la máxima glotonería posible. Es muy fácil. Solo un imbécil sería incapaz de no seguir las instrucciones. Lleva toda la tarde sin parar de comer, por cierto.


Esperando la señal acústica que le indique que ya están preparadas tras unos pocos minutos dando vueltas dentro de aquel aparato, ya algo anticuado por cierto, mira entonces por la ventana.

Vive en un edificio enorme dividido en cientos de pequeños apartamentos como el suyo, apartamentos caros, no muy lujosos pero desde luego fuera del alcance de mucha gente.

La fachada de piedra vista desde abajo le impresiona y el panorama de la ciudad, esta noche sufriendo una intensa nevada, desde alli arriba, planta cuarenta y siete, le sigue conmoviendo tanto como el dia de su llegada.

Podría llamar a casa-piensa-, hablar con sus padres, inventarse una bonita historia con final feliz para ellos pero tampoco le apetece mucho.

O encender el ordenador y revisar los anuncios personales que por cierto suelen actualizar las tardes de domingo.

El cine tiene a mitificarlo todo – reconsidera dentro de su cabeza.

Paseos bajo la lluvia envuelto en una gabardina y calándome los huesos despreocupadamente. Trayectos en círculo sentado dentro de un tren nocturno semivacío, recorriendo la misma zona de la ciudad una y otra vez.....¡Chorradas! – grita hacia dentro un poco borracho- la soledad está, impregna sobre todo las pequeñas cosas, esas que todo el mundo compra o tiene cerca suyo, esas son al final del dia las que a uno le hacen daño de verdad.

En la pequeña luz colorada del horno microondas que luce al final del pasillo.

En el sonido mecánico del reloj de la cocina.

En el murmullo que viene del salón, la voz del presentador anunciando a una olvidada estrella del cine que esa tarde va a compartir sus recuerdos por unos minutos con toda la audiencia.

En nuestro propio reflejo en un espejo del pasillo ,al pasar a su lado, con el bote de palomitas en la mano, que no nos hace sino obligarnos a detenernos frente a él, a contemplar con todo lujo de detalles en que nos hemos convertido....


No cabe duda, la soledad llega un momento en que ya nos ha vencido y marca todos y cada uno de nuestros actos, la manera en que nos comportamos.

Es dueña y señora, está dentro de nosotros, muy dentro, en lo más profundo, tanto que casi no podemos ya diferenciarnos de ella, ser algo distinto a lo que ella es o quiere que seamos.
 
SE BUSCA
Si pudieran entrar en mi cabeza, al verlo, seguro que pensarían que tan solo se trata de otro capricho , un cachivache más olvidado alli dentro por mi, junto a un montón de frases y expresiones que dichas hoy en dia solo causarían extrañeza en quien las oyera, entradas de cine y discotecas ya usadas, fotos cubiertas de polvo de gente a la que he olvidado, de gente que en su tiempo me decepcionó.

Si , lo mirarían y solo verían un viejo neón publicitario como los de las películas, cubierto de porquería, desconectado de la red eléctrica, inservible y pasado de moda. Nada más que eso.


Sin embargo, no estarían del todo en lo cierto, pues a veces, de repente, cuando nadie lo espera, sus luces parece que empiezan a encenderse de nuevo, a cobrar vida, muy poco a poco de acuerdo, volviéndose a apagar muchas de ellas pero eso si, para encenderse luego otra vez con fuerzas renovadas.


Si, es cierto, “no mentías” me dirían poco después cuando comprobaran in situ la veracidad de mi historia: las de la fila superior son de un color azul oscuro y más pequeñas que las de la fila de abajo, de color rojo y mucho mayores en tamaño.


¿Cuándo ocurre esto? me preguntarían atiborrándose de champán. ¿Cuándo notas que se encienden otra vez?-

No lo sé muy bien les diría. Creo que sobre todo en esos dias en que a uno le ha ido bien en el trabajo, en la universidad, con los amigos. No es que sea algo matemático, que una cosa implique la otra, pero si que suele pasar casi siempre en ese tipo de dias, porque lo que está más que claro es que cuando estos vienen de una forma completamente diferente yo lo único que hago es hundirme cada vez un poco más, reincidir en lo que no quiero precisamente reincidir, amparándome en todo aquello a lo que uno ha de hacer frente y controlar y en cualquier caso no usar como coartada.


Ellos entonces ,y a una señal mia, tras haberme escuchado atentamente, se alejarían por fin ansiosos para ver su mensaje, aquello que dice, una vez que todas las luces se hubieran encendido correctamente.

Y se sorprenderían al leer....


SE BUSCA
ALGUIEN ESPECIAL

...... ... y entonces todos ellos lo sabrían, yo estoy en uno de esos dias en que me gustaría encontrar a otro chico, enamorarme o algo parecido de él, agarrarme a su cintura para no soltarlo durante varias horas, besarlo.

No son muchos –les diría invitándoles a otra ronda de champán, para justificar asi mi tontería, muerto de vergüenza, para renacer de alguna forma- podría contarlos con los dedos de una mano cada mes y a veces hasta me sobraría alguno.

Y todos nos reiríamos a continuación, pero yo tumbado en la playa junto a ellos, solo pensaría y tendría ojos entonces para ese chico guapísmo y rubio, de piel pálida, que junto a su madre tomaba el sol hace unos minutos y que ahora abandonaba la playa pasando a mi lado rasgándome el alma de arriba abajo,llegando hasta lo más profundo , o sino para ese otro hombre que a lo lejos leía un periódico de color salmón muy elegantemente vestido y serio, ajeno a todas nuestras tonterías. O incluso hasta para Vnc , aunque entonces tendría que tragarme mi orgullo, todas las veces que le he rechazado diciéndole que prefiero que seamos solo amigos.

Cuando buscas a alguien especial tu también has de convertirte en alguien especial, no puedes ser ese que eres la mayoría del tiempo, pensaría al quedarme solo, cuando todos se fueran, antes de ponerme a buscar desesperadamente a ese chico rubio de antes por todas las calles del pueblo, esa misma noche de sábado.
 
R A V E R


Se subió al vagón con la arrogancia de los jóvenes de hoy en dia, esos que sin haber cumplido aún los veinte años ven el mundo dividido en dos partes, aquellos que tienen menos de su edad y que son por lo tanto unos niñatos y aquellos que les superan en años, respetables en algunos casos, pero inevitablemente demasiado viejos y quemados como para fiarse de ellos en un momento dado o ser uno más en su pandilla de amigos.


Tambaleándose llegó hasta la última fila de asientos y tras echar una ojeada y comprobar que nadie más se había subido todavía se dejo caer sobre el más cercano a la ventana del tren, casi al borde de la semi inconciencia. Fijándose en los tubos fluorescentes del techo, situados detrás de una rejilla de plástico para hacer más difícil que gamberros como él los robasen, de pronto le pareció oir cientos de voces, perfectamente identificables todas y cada una de ellas, pertenecientes a cientos de hombres que estaban atrapados allí, detrás de la maldita rejilla blanca cuadriculada, asfixiados por el calor que emitían los tubos, deseando salir, huir, volver a ser libres.
Por supuesto no iba a hacerles el menor caso.


Dejando caer la cabeza hacia atrás, al notar el frio metálico de la parte superior de su asiento en la nuca, sintió como si alguien le clavara una enorme aguja en el cuello y a continuación comenzara a inyectarle una sustancia amarillenta que afortunadamente eso si, le hacía sentirse mejor, más descansado, con sus energías totalmente repuestas, con fuerzas aún de poder continuar de fiesta unas cuantas horas más.


Cerró definitivamente los ojos una vez que notó que el tren se había puesto por fin en movimiento. Era hora de descansar. Ya tocaba. La sensación que tuvo una vez que este cogió velocidad, fué que iba en realidad mucho más deprisa que lo habitual y por un túnel muy oscuro, no bordeando la costa, a esa hora en que ya estaba a punto de amanecer.


Podían ser doscientos kilómetros la hora o incluso más, trescientos, y era completamente imposible distinguir algo al otro lado de su ventana. Todo era profundamente negro. No se oía ruido alguno. De seguir avanzando a esa velocidad sería inevitable que acabasen estrellándose dijó en voz baja.


De repente le pareció distinguir a lo lejos un rumor de música y risas, de gente gritando y por eso abrió los ojos y aunque el tren pasó a toda velocidad, a él si que le dió tiempo de fijarse durante esos pocos segundos en muchos detalles de esa discoteca subterránea que de pronto en la oscuridad del túnel y sin saber cómo había aparecido.

Recordó asustado aún por aquella sorpresa inesperada, una vez ya de vuelta a la oscuridad, sus plataformas bajo una luz azulada y roja, a unas chicas bailando sobre ella prácticamente desnudas, a la gente a su alrededor suplicando por un centímetro más de su carne a la vista, y pasada la sorpresa inicial volvió de nuevo a quedarse dormido acurrucado en su asiento y a despertarse bruscamente también poco después, al volver a oir más gritos de gente, más música. No se lo podía creer. Otra discoteca subterránea, de la que él no había oído hablar jamás y esta parecía mucho más grande que la anterior.

El tren redujo de pronto su velocidad, casi como si fuera a parar en ella.


Decorada en color metal y con las luces de un solo color, blanco, encendiéndose y apagándose tan rápidamente que parecía casi de dia allá dentro, la gente parecía estar al límite, a punto de explotar. Todo el mundo era, o actuaba alli dentro como si fuera un gogo contratado para animar la noche, por eso no se podía ir ya más allá, todos estaban al máximo y sin saber porque, curiosamente, mientras el tren pasaba justo al lado de una enorme luz blanca que por si sola podía iluminar el local entero, a Raver de pronto le dio por pensar en llevar una vida diferente a la que llevaba, dejar las drogas, pedir una nueva oportunidad a Celia, su novia de toda la vida. Era una mierda la vida, desde luego.



La oscuridad comenzó poco a poco de nuevo a adueñarse del vagón una vez que dejaron atrás aquel sitio que tan nervioso le había puesto. Aunque duró poco. Una imagen de una chica en ropa interior roja, con las tetas enormes y unas piernas perfectas apareció de pronto desde las profundidades de aquel túnel. Y a esta le siguió poco después la de otra chica, rubia esta vez y saliendo de una piscina a varios metros bajo tierra, desnudándose ante él poco a poco. Ambas segundos después le esperaban en una cama totalmente desnudas pero Raver se sentía tan débil que casi ni podía respirar. Levantarse de aquel asiento, parar el tren e ir hacia ellas era desde luego ,y en su estado, algo totalmente imposible de hacer, irrealizable por completo.




El tren atravesaba a toda velocidad una enorme estepa nevada cuando volvió de nuevo a la semi inconsciencia. Afuera hacia viento y los copos de nieve se estrellaban en gran número contra el cristal de su ventana. Toda la excitación había desaparecido, de pronto se sentía enormemente relajado, muy tranquilo pese a estar totalmente desorientado, obviamente muy lejos de su casa. Quizás se habría dormido, no mucho desde luego, tres cuatro minutos como máximo. A lo lejos se distinguían agrupadas pequeñas luces de color amarillo, un pequeño pueblo cerca de las vias del tren pensó. Ese era el único signo de vida que podía distinguir desde su asiento. Los árboles situados al lado de las vias parecían estar muertos , las carreteras completamente abandonadas, los edificios que podía ver con claridad, siempre, en un estado ruinoso, a punto de venirse abajo.



Un sonido familiar hizo acto de aparición de repente. Era y traía consigo...........¡Dios mio la realidad de nuevo! .

Por eso al abrir los ojos, asustado, se encontró con la imitación de piel que rodeaba su capucha, el techo amarillento del tren, y torciendo la cabeza, el mar enfurecido y los primeros rayos de sol cayendo sobre él.

Abriendo su teléfono móvil contestó de mala gana a la llamada que le había devuelto a la gente normal de camino al trabajo un domingo, a su desesperada situación escolar todavía, pese a ser repetidor, a su condición de abandonado por Celia por vivir como él vivía.


-Ah eres tú, ¿qué coño quieres?
(Nada, me apetecía oir tu voz, me la estoy cascando pensando en ti ¿sabes?)
- Buff...estas fatal tio
(Ya no me da vergüenza nada tio, me pones a cien, me encantaría descubrir eso que escondes bajo el chándal)
-A mi no me molan nada los tios lo sabes, simplemente te di mi móvil porque te la puedo pasar más barata que tu amigo, para ese panoli con él que vas, si es verdad que tu no tomas nada.
(Te quitaría el slip con la boca antes de chupártela)
-No te dejaría neng, te partiría la cara
(Eso me gustaría aun más)
-¿Te molaría que te pegara?
(Si, ¿Me mandas una foto de tu polla por el móvil?)
-Estás enfermo
(Me encantaría que no me dejaras hacer nada porque yo volvería a la carga una y otra vez para volver a intentarlo y cada vez sería más excitante, seguro que tendrías la polla a tope al final)
-Si te mando una foto de mi polla, ¿Te haces una paja con ella con el móvil encendido para que yo pueda oirte?
(Claro, eso es lo que más deseo)
-¿En serio?, ¿No te da corte que nos volvamos a ver?
(Ya te he dicho que he perdido toda la vergüenza, me da igual)
-Vale.......................
(¿Sigues ahí? ...Eo)
-Si.........espera, que me estoy levantando. Me la has puesto muy dura sabes. Pillo el baño del vagón y empezamos vale. Voy a matarte a hostias. No vas a conseguirme tocar ni un pelo.









 
AISLADO
Aislado; Voy poco a poco acostumbrándome, no es tan duro.

Como mucho en los buenos tiempos sé que serán uno dos o tres , los amigos con los que podré contar, en los malos pues imagínate.

No, no me hago ilusiones, para nada.

Lo que la gente encuentra interesante, divertido, original, a mi me parece mediocre en el mejor de los casos, vulgar, o copia de algo que ya existía antes y que nadie parece haberse tomado en serio o tiene interés en conocer.

Los chicos u hombres guapos que a mi me gustan son en la mayoría de los casos y según me dicen o escandalosamente jóvenes, o increíblemente viejos.

También demasiado peludos, demasiado aniñados, demasiado todo en términos generales para mi.





Aislado: Pues he perdido la energía de los viejos dias y por eso busco refugió, me consuelo, comprando cosas que sé que la gente de mi edad no puede comprar, rememorando las notas que ellos no sacan y yo si, visitando de vez en cuando aquellos lugares en los que nos damos cita todos los que no tenemos ni tiempo ni aptitudes ni ganas de ir poco a poco, sin prisas, cuidando los detalles.

Compensa.


Nosotros sabemos que la mayor afinidad que encontraremos con alguien será siempre la de la atracción sexual que podamos sentir hacia él.

Una vez saciada esta solo querremos volver a estar solos de nuevo, a salvo de sus historias, de sus compromisos, de esas curvas que hacen siempre mucho más difícil siempre el llegar a la meta.


Al chico de negro ,según dice, le gustaría que yo le pisara mientras se masturba, sin yo quitarme las zapatillas, y que le meara encima además, pero yo solo quiero una paja en el lavabo y al final eso es lo que hacemos.

El francés musculado siempre está por alli y te la come de maravilla y no pide nada a cambio. Es de lo más cómodo.

El cincuentón del jersey verde que apesta a orina mira, se conforma con oir nuestros jadeos a través de los tabiques, oler cuando salimos del habitáculo del retrete el olor que nuestra leche haya podido dejar, buscar algún rastro de ella por las paredes, agachándose incluso, por el suelo.

Algún dia hasta te ofrece algo de dinero por dejarte masturbar por él y el chico de negro un dia lo aceptó nada más terminar conmigo.

Esto es más o menos lo que pasa cuando descubres un baño en el que por fin PASAN COSAS cuando tu vas.

Te das cuenta que siempre sois los mismos, que habeís formado una especie de familia, que de alguna forma dependeis los unos de los otros..




Aislado: principalmente debido a que ¿Por qué demonios habrías de mirarme?.


Te tiras de cabeza a la piscina.

Nadas muy rápido.

Aguantas casi media hora sin parar.

Yo soy tan solo alguien que luego está desnudo en las duchas lo más cerca de ti posible.

Alguien que se fija en como juntas los labios como si besases a alguna chica mientras el agua golpea tu cara.

Alguien que de espaldas a ti sueña lo imposible.

Que te acerques por detrás y juntes tu cuerpo al suyo.

Que recorras con tus manos sus muslos, le folles alli mismo





Aislado: en el fondo tampoco es tan grave.

Por muy guapo que sea tan solo es una polla que quiero comerme o que también puede que desee fervientemente que me reviente el culo.

Pero solo es eso, una polla.

Y ya he tenido algunas en mi boca, la mayoría de chicos que también me gustaban, e incluso también destrozándome el culo. Sus propietarios se han corrido en mi cara, en mi pelo, en mi pecho y yo también lo he hecho sobre ellos.

No sería muy diferente en consecuencia.

No merece la pena perder más el tiempo pensando en ella esta noche.