ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
Acerca de
Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
Sindicación
 
152
(1)

El módulo 2 del terminal B del Aeropuerto del Prat por lo que parece se encuentra todos los viernes a eso de las diez de la noche repleto de gente que por diversos motivos, trabajo principalmente, no puede llevar su vida alli donde quisiera.

Todos hablan impacientemente por teléfono, unos con sus amigos preparando donde van a quedar esa misma noche para ir a emborracharse, otros con sus parejas que les cuentan asi por encima los planes que han hecho para el fin de semana, lo que hay que hacer, donde ir con los niños para pasarlo lo mejor posible según les han contado. Ellos, al otro lado del teléfono sonríen sabiendo que ya es cuestión de un par de horas el volver a estar alli donde deberían estar, aunque el poco tiempo que disponen para estar con sus hijos, sus amigos, pesará y mucho a lo largo de todo el fin de semana seguro. Cada vez que les abracen, le llamen papa, les hagan sonreir, ellos lo más seguro es que mentalmente calculen lo que aún les resta, lo que falta hasta el domingo por la noche en que de nuevo la vida les obligará a separarse de ellos por otros cinco dias al menos.


Una chica muy parecida a Paulina Rubio se sentó enfrente mio en la sala de espera. Estaba hablando con su novio. Llevaba unos pantalones negros muy ajustados y una chaqueta y una corbata del mismo calor sobre una camisa rosa. Pensé que se trataba de otra alta ejecutiva más de vuelta a su casa pero al verle unos zapatos destrozados y sucios y oir un poco como hablaba como que me quedó claro que no. Llevaba un pin de Tecnocasa en la solapa y me parece que hablaba de que no había conseguido cerrar una venta que ella esperaba haber podido cerrar esta misma semana.

No pude enterarme de más pues J., que estaba más eufórico que nunca con lo del curso de formación en Madrid al que íbamos, me interrumpió para avisarme que embarcábamos. Vestía unos vaqueros desgastados y una sudadera típica de universitario deportista americano aunque obviamente él hace ya años que no es universitario y nunca ha sido ni deportista ni americano según parece a simple vista.

Nada más comenzar el avión a coger altura, me vinieron a la cabeza pensamientos de lo más raro tipo cuanto quiero a mis padres, que majos son mis amigos que pese a todo me aguantan y no hay fin de semana en que no me incluyan en sus planes. No sé , cosas de los vuelos supongo.


Un minibús nos recogió una hora y media más tarde en Barajas pasada medianoche y nos llevó hacia Las Rozas, un pueblo a las afueras de Madrid, que era donde íbamos a pasar el fin de semana recluidos en un chalet, aprendiendo aquello que ellos nos quisieran enseñar.

Ya en la habitación que compartíamos J y yo, tras dejar las bolsas de viaje, esperé a ver si el se desnudaba delante mio o iba al baño a ponerse el pijama. Eligió la primera opción asi que yo no tuve más remedio que hacerlo también y él me miró la verdad de lo más fijamente cuando me quede en boxers y camiseta únicamente.

Luego cada uno nos metimos en nuestra cama pero él, a la vista del movimiento que parecía haber por toda la planta, se oían gritos y carreras, como que no pudo aguantar más y acabó por levantarse a los cinco minutos, marchándose del cuarto y dejándome solo.

No pude dormir nada en esa primera noche allí.

A las dos o asi cogí de la mesilla, entonces todavía no había tenido tenido tiempo de bajármelo, el discman y me puse a escuchar el ultimo disco de Air que me había comprado en el aeropuerto. A oscuras, muerto de frio, bajo las sábanas me dio por pensar que es curioso que siempre que voy a sitios, como este viaje, en los que sé que no voy a hablar ni divertirme mucho, tiro siempre de la música instrumental, sin apenas voces. Será para no sentir remordimientos de conciencia por ser tan tímido a veces, pasota otras, en mi propio mundo siempre, por no hablar cuando se supone que debo de hacerlo.



Tras el desayuno, el sábado ya a eso de las diez, nos dividieron en dos grupos y a los nuevos en la empresa nos llevarón a una especie de salón enorme donde poniéndonos de pie nos hicieron presentarnos primero para luego decir a continuación porque estábamos tan orgullosos de pertenecer a la puta empresa. Oí muchas tonterías, muchísmas, vi a la gente sonriendo patéticamente al hablar y al escuchar aquello que se decía y por fin cuando llegó mi turno, y como no soy especialmente valiente o brillante, como que me limité a repetir un pupurrí de lo que otros ya habían dicho, eso si sin sonreir, con cara de cansado supongo, sin mucha fé en lo que decía.


Nos hablaron de su historia, de su fundador, del número de empleados y paises en la que está representada pero yo la verdad desconecté por completo enseguida y me puse a pensar que este no puede ser mi sitio ni por asomo. Me imaginé mientras fingía escuchar y tomar notas una historia acerca del chico mas extraño y pálido de un lugar que no existe. Me prometí a mi mismo que como yo no he nacido para esto tengo que volver a intentarlo y mandar la maldita novela que nadie quiere a más editoriales o sino terminar cuanto antes en la que estoy ahora. Me puse de lo más pesimista la verdad y los juegos que más tarde hicimos después de comer como que no me animaron demasiado.


No me gusta ir con los ojos vendados y cogido de la mano a dos compañeros en fila india guiado exclusivamente por uno de nosotros al que no le han vendado los ojos. No me gusta la responsabilidad de tener que hacerlo yo luego y que si una persona se cae sea entonces culpa mia.


Después de la cena vino la "fiesta" y la peor música posible, como me temía, comenzó a sonar por los altavoces que habían colocado a toda velocidad en ese mismo salón que nos había acogido por la mañana a todos los novatos.


Era obligatorio emborracharse, bailar, desfasar incluso y les eché tanto de menos a mis amigos que no pude evitar subir a mi cuarto para mandarles un sms a todos esos que a veces solo quiero que me dejen en paz pero que cuando lo hacen solo quiero entonces que me llamen. Los mismos mensajes de siempre invitándome a ir con ellos, informándome de cómo iban a quedar, un mensaje de Rafa que por error me había mandado seguro y que me informaba del boicot que ese fin de semana había que hacer al Razzmatazz por querer subir la entrada.


Fui incapaz de contestarles la verdad en parte porque me daba mucha pena estar tan lejos de ellos y en parte porque J. me pilló con el móvil, algo que habían prohibido en todo el dia, y se mosqueó un poco conmigo por ello.


Bailé, bebí bastante, me emborraché como hacía semanas que no lo hacía, intenté meterme en varias conversaciones pero no funcionó y a las tres cuando entré al cuarto dispuesto a dormir por fin, de pronto un J. desnudo por completo y nervioso con su camisa cubriéndole los huevos me lo impidió justo en la misma puerta de entrada, donde había él llegado a rastras. Estaba con una tia al parecer, y no era su mujer obviamente.

La chica desde el fondo de la habitación le gritó el número del cuarto suyo, que era donde yo podía ir a dormir si quería y bueno fui tan estúpido que hasta les dí a ambos las gracias por eso mientras cerraba la puerta.
 
Comentario:
jajjajjajja, q caxondo tu compañero

pero weno, eso pasa siempre, te kedas con cara de idiota peor en el fondo e snormal y una tonteria

molaaaaaaaaaaa
 
Comentario:
espero que al menos J llevara los huevos depilados
 
Comentario:
Je, que cosas, hace tiempo que te leo, y no decae el interés de este blog, supongo que todos somos un poco voyeurs pero eso no te quita mérito. Respecto a los libros sobre los que hablas, a ver si un día nos hablas más sobre lo que tratan, o nos haces una sinopsis de los mismos.
No