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EMO WORLD
1 El chico más delgado y pálido
El chico más delgado y pálido sabía de antemano lo que le esperaba cuando el viernes el profesor dio por concluida la última clase de la tarde.
Permaneció por eso sentado en su pupitre recogiendo sus cosas impasiblemente, mientras muchos de sus compañeros de fila le acribillaron por turnos a collejas e incluso patadas al salir del aula, y luego, cuando la clase se quedó por fin vacia, él entonces se levantó y rápidamente saliendo fuera , bajó las escaleras hacia la calle para intentar llegar a ella antes que todos los demás, que aún permanecían hablando en grupos por los pasillos, dando gritos, o sentados en las escaleras incluso, fabricando planes.
Cogió el tren.
El viernes pasado había ido hasta Badalona. Este viernes le tocaba pues acercarse al Prat.
El primer vagón estaba lleno de chicos y chicas de su edad pero italianos montando jaleo asi que ni se le ocurrió sentarse en él pese a que había una chica que le había llamado bastante la atención, no guapa pero si bastante especial.
El segundo estaba semivacío, por lo tanto le venía como anillo al dedo.
En una de las paradas una mujer de unos cincuenta años, con pinta de alcohólica se subió a su vagón y comenzó a cantar, acompañando su desagradable voz con una vieja guitarra desafinada y entonando una canción de Amaral.
Ni él ni el otro hombre que iba también en ese vagón le dieron nada de dinero cuando terminó.
Luego pasó al siguiente vagón, desde el cual pocos segundos después comenzó a llegar el sonido de grandes carcajadas mezcladas con insultos en italiano y castellano, que se intercambian aquellos estudiantes y esa pobre mujer.
Una revisora muy delgada y altísima, tanto que se tenía que agachar al pasar de un vagón a otro, con apariencia al menos de ser muy torpe, apareció de pronto ante aquel estruendo, cruzando como una exhalación su vagón, intentado llegar al otro lo antes posible.
Tampoco parece que consiguiera mucho, los gritos e insultos rebajaron el tono es cierto, pero solamente desaparecieron por completo en la siguiente parada, en que él también se bajó y la vió delante suyo, arrastrando la guitarra por el suelo de la estación, pidiendo algo de dinero a todo aquel con quien se encontraba, desapareciendo finalmente en un bar.
Cruzó la calle.
Entró al centro comercial.
El chico más delgado y pálido primero se puso a escuchar música y luego se fue a la zona de los videojuegos.
Miró algo de ropa barata también antes de comenzar a recorrer el departamento de electrodomésticos arrastrando los pies.
Tenía tres horas desgraciadamente aún por delante.
Quería que su madre pensase que estaba por ahí, pasándoselo bien como los demás chicos. No podía volver a casa, no quería volver a casa.
En un par de años, cuando tuviera dieciocho y le dejaran salir hasta las once o las doce de la noche, entonces si que iba a tener un problema de verdad, pensó. ¿Qué demonios iba a hacer?. No lo sabía.
Los centros comerciales cerraban a las diez, pero si ya le aburría pasar más de una hora dentro de ellos ¿Cómo iba a hacerlo para pasarse tres o cuatro alli sin deprimirse más todavía?
Quedaban los cines.
Las tiendas veinticuatro horas.
El dar y dar más y más vueltas sin un destino fijo por las calles del centro de la ciudad, como un zombie sin más.
Puede también que para entonces ya tuviera amigos, aunque no lo veía muy factible la verdad.
En cualquier caso lo que estaba claro era que su madre y su padre no podían enterarse que no tenía a nadie. Ya se las arreglaría.
A las nueve de la noche cargado con una bolsa volvió al tren otra vez para hacer de nuevo el mismo trayecto pero a la inversa.
Se había comprado unas zapatillas negras y rosas baratas, imitación de las Victoria que estaban de moda, a un cuarto del precio de estas por cierto. Estaba muy cansado.
A las diez, su hora, ya estaba de vuelta en casa.
Le dijo a su madre que se lo había pasado genial cuando esta le preguntó..
Como no le apetecía cenar se encerró con pestillo en su cuarto y frente al espejo comenzó a desnudarse. Primero la camiseta, luego las zapatillas y los calcetines, finalmente los pantalones.
Le encantaba ponerse frente a aquel espejo en ropa interior únicamente.
Unos minúsculos slips negros le marcaban lo que era una de dos, o una polla enorme debajo de ellos o una polla normal de tamaño pero empalmada ya.
Se sentó frente a él para verse perfectamente reflejado y sacando el móvil comenzó a hacerse fotos.
Las dos primeras vestido, las otras tres o cuatro ya desnudo por completo,a doptando poses provocativas.
Su piel tan blanca, sin un solo pelo, su pequeño culo, AQUELLO en reposo todavía entre medio de sus piernas, su cara y su boca tan pequeñas ambas.
Se levantó de repente.
De dentro del armario sacó entonces una percha que tenía escondida, de esas con una pinza en cada extremo y que su padre usaba para colgar sus pantalones.
Abrió una de sus pinzas y con ella aprisionó un pedazo de piel suya muy cercana a su pezón izquierdo. Repitió a continuación la operación con la otra, pellizcándose esta vez eso si, tras dudarlo un poco , el pezón derecho en pleno.
El dolor inicial era lo peor lo sabía.
Tenía que aguantar cinco minutos al menos.
Si lo hacia, pese a las apariencias, el era evidentemente mucho más hombre que cualquiera de su clase, por mucho que dijeran, además aquello le gustaba en el fondo, ¿por qué no reconocerlo?.
A base de compararla con la de sus compañeros ya sabía que su polla era enorme.
De hecho muchas de ellas daban risa comparándola con la suya.
En esos momentos estaba además en su máximo esplendor. A más dolor, más y más placer que su pequeño cuerpo sentía en cada de sus células.
Pensaba en algunas chicas cerrando los ojos pero era su aguante ante aquel dolor cada vez más insufrible lo que realmente le excitaba.
El era más hombre que cualquiera de ellos, podía aguantar mucho tiempo con las pinzas oprimiendo brutalmente su piel, dejaban luego dos moratones que él se encargaba orgulloso de ocultar, su polla era el doble que la del resto de los chicos.
Se corrió tumbado en el suelo, casi si tocarse.
Su leche blanca y muy abundante fue directa hacia el espejo como otras veces, no llegando tan alto como el pasado viernes lo había hecho.
Con un pañuelo, incorporándose, como de costumbre comenzó a limpiarla para que nadie pudiera notar nada.
Finalmente frente a él de nuevo y desnudo se vió por última vez antes de comenzar a acostarse.
La polla aún pringada, le brillaba tanto bajo por la luz del flexo.
Se la tocó un poco más como si no hubiera quedado satisfecho del todo.
Tenía asma, ese era el fallo, y por lo tanto no podía hacer gimnasia y entrar a los vestuarios, desvestirse, ducharse y vestirse junto a los demás chicos.
Quizás si ellos se la vieran un dia a lo mejor su papel en la clase cambiara pensaba.
Alguien un un aparato asi no podía ser tratado como a él hasta ahora le trataban creyó otra noche de viernes más.

1 El chico más delgado y pálido
El chico más delgado y pálido sabía de antemano lo que le esperaba cuando el viernes el profesor dio por concluida la última clase de la tarde.
Permaneció por eso sentado en su pupitre recogiendo sus cosas impasiblemente, mientras muchos de sus compañeros de fila le acribillaron por turnos a collejas e incluso patadas al salir del aula, y luego, cuando la clase se quedó por fin vacia, él entonces se levantó y rápidamente saliendo fuera , bajó las escaleras hacia la calle para intentar llegar a ella antes que todos los demás, que aún permanecían hablando en grupos por los pasillos, dando gritos, o sentados en las escaleras incluso, fabricando planes.
Cogió el tren.
El viernes pasado había ido hasta Badalona. Este viernes le tocaba pues acercarse al Prat.
El primer vagón estaba lleno de chicos y chicas de su edad pero italianos montando jaleo asi que ni se le ocurrió sentarse en él pese a que había una chica que le había llamado bastante la atención, no guapa pero si bastante especial.
El segundo estaba semivacío, por lo tanto le venía como anillo al dedo.
En una de las paradas una mujer de unos cincuenta años, con pinta de alcohólica se subió a su vagón y comenzó a cantar, acompañando su desagradable voz con una vieja guitarra desafinada y entonando una canción de Amaral.
Ni él ni el otro hombre que iba también en ese vagón le dieron nada de dinero cuando terminó.
Luego pasó al siguiente vagón, desde el cual pocos segundos después comenzó a llegar el sonido de grandes carcajadas mezcladas con insultos en italiano y castellano, que se intercambian aquellos estudiantes y esa pobre mujer.
Una revisora muy delgada y altísima, tanto que se tenía que agachar al pasar de un vagón a otro, con apariencia al menos de ser muy torpe, apareció de pronto ante aquel estruendo, cruzando como una exhalación su vagón, intentado llegar al otro lo antes posible.
Tampoco parece que consiguiera mucho, los gritos e insultos rebajaron el tono es cierto, pero solamente desaparecieron por completo en la siguiente parada, en que él también se bajó y la vió delante suyo, arrastrando la guitarra por el suelo de la estación, pidiendo algo de dinero a todo aquel con quien se encontraba, desapareciendo finalmente en un bar.
Cruzó la calle.
Entró al centro comercial.
El chico más delgado y pálido primero se puso a escuchar música y luego se fue a la zona de los videojuegos.
Miró algo de ropa barata también antes de comenzar a recorrer el departamento de electrodomésticos arrastrando los pies.
Tenía tres horas desgraciadamente aún por delante.
Quería que su madre pensase que estaba por ahí, pasándoselo bien como los demás chicos. No podía volver a casa, no quería volver a casa.
En un par de años, cuando tuviera dieciocho y le dejaran salir hasta las once o las doce de la noche, entonces si que iba a tener un problema de verdad, pensó. ¿Qué demonios iba a hacer?. No lo sabía.
Los centros comerciales cerraban a las diez, pero si ya le aburría pasar más de una hora dentro de ellos ¿Cómo iba a hacerlo para pasarse tres o cuatro alli sin deprimirse más todavía?
Quedaban los cines.
Las tiendas veinticuatro horas.
El dar y dar más y más vueltas sin un destino fijo por las calles del centro de la ciudad, como un zombie sin más.
Puede también que para entonces ya tuviera amigos, aunque no lo veía muy factible la verdad.
En cualquier caso lo que estaba claro era que su madre y su padre no podían enterarse que no tenía a nadie. Ya se las arreglaría.
A las nueve de la noche cargado con una bolsa volvió al tren otra vez para hacer de nuevo el mismo trayecto pero a la inversa.
Se había comprado unas zapatillas negras y rosas baratas, imitación de las Victoria que estaban de moda, a un cuarto del precio de estas por cierto. Estaba muy cansado.
A las diez, su hora, ya estaba de vuelta en casa.
Le dijo a su madre que se lo había pasado genial cuando esta le preguntó..
Como no le apetecía cenar se encerró con pestillo en su cuarto y frente al espejo comenzó a desnudarse. Primero la camiseta, luego las zapatillas y los calcetines, finalmente los pantalones.
Le encantaba ponerse frente a aquel espejo en ropa interior únicamente.
Unos minúsculos slips negros le marcaban lo que era una de dos, o una polla enorme debajo de ellos o una polla normal de tamaño pero empalmada ya.
Se sentó frente a él para verse perfectamente reflejado y sacando el móvil comenzó a hacerse fotos.
Las dos primeras vestido, las otras tres o cuatro ya desnudo por completo,a doptando poses provocativas.
Su piel tan blanca, sin un solo pelo, su pequeño culo, AQUELLO en reposo todavía entre medio de sus piernas, su cara y su boca tan pequeñas ambas.
Se levantó de repente.
De dentro del armario sacó entonces una percha que tenía escondida, de esas con una pinza en cada extremo y que su padre usaba para colgar sus pantalones.
Abrió una de sus pinzas y con ella aprisionó un pedazo de piel suya muy cercana a su pezón izquierdo. Repitió a continuación la operación con la otra, pellizcándose esta vez eso si, tras dudarlo un poco , el pezón derecho en pleno.
El dolor inicial era lo peor lo sabía.
Tenía que aguantar cinco minutos al menos.
Si lo hacia, pese a las apariencias, el era evidentemente mucho más hombre que cualquiera de su clase, por mucho que dijeran, además aquello le gustaba en el fondo, ¿por qué no reconocerlo?.
A base de compararla con la de sus compañeros ya sabía que su polla era enorme.
De hecho muchas de ellas daban risa comparándola con la suya.
En esos momentos estaba además en su máximo esplendor. A más dolor, más y más placer que su pequeño cuerpo sentía en cada de sus células.
Pensaba en algunas chicas cerrando los ojos pero era su aguante ante aquel dolor cada vez más insufrible lo que realmente le excitaba.
El era más hombre que cualquiera de ellos, podía aguantar mucho tiempo con las pinzas oprimiendo brutalmente su piel, dejaban luego dos moratones que él se encargaba orgulloso de ocultar, su polla era el doble que la del resto de los chicos.
Se corrió tumbado en el suelo, casi si tocarse.
Su leche blanca y muy abundante fue directa hacia el espejo como otras veces, no llegando tan alto como el pasado viernes lo había hecho.
Con un pañuelo, incorporándose, como de costumbre comenzó a limpiarla para que nadie pudiera notar nada.
Finalmente frente a él de nuevo y desnudo se vió por última vez antes de comenzar a acostarse.
La polla aún pringada, le brillaba tanto bajo por la luz del flexo.
Se la tocó un poco más como si no hubiera quedado satisfecho del todo.
Tenía asma, ese era el fallo, y por lo tanto no podía hacer gimnasia y entrar a los vestuarios, desvestirse, ducharse y vestirse junto a los demás chicos.
Quizás si ellos se la vieran un dia a lo mejor su papel en la clase cambiara pensaba.
Alguien un un aparato asi no podía ser tratado como a él hasta ahora le trataban creyó otra noche de viernes más.

Comentario:
Foro ecuménico de encuentro para cristian@s de cualquier orientación sexual, unid@s contra la homofobia:
http://groups.msn.com/cristianosgays
PAZ Y BIEN
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PAZ Y BIEN
Comentario:
no sufras por él, los chicos con pollas grandes arrasan en la vida. y si no lo crees, mírame a mí.
Comentario:
una polla enorme???
jajajajjajajjjajaajjjajajaj
esto cada vez es mas interesante
molaaaaaaaaaaaa
jajajajjajajjjajaajjjajajaj
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molaaaaaaaaaaaa