ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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EMO WORLD


2 La chica más cansada y desquiciada


La chica más cansada y desquiciada no apartó la vista del reloj hasta que este marcó las dieciséis horas cuarenta y ocho minutos y 22 segundos.

En ese momento hacía veinticuatro horas justas desde que Fabio la había dejado de abrazar, por primera y última vez en toda su vida quizás.

Desde la distancia se vió a si misma en el aeropuerto de Milán, alejada junto a sus padres del grupo principal, avergonzada de ellos, y un poco más tarde ,por entretenerse tanto en despedirse, en el último lugar de la cola de facturación y no pudo evitarlo, pero sintió tanta pena de si misma, por aquel abrazo tan breve del que él muy pronto ni se acordaría pero que a ella le había hecho sentirse extremadamente delicada, como de cristal y le había cambiado la vida.

Había sido un abrazo de amigo, aunque no eran amigos, quizás hasta un poco de burla si me apurais, Fabio la había visto y la había estrechado impulsivamente entre sus brazos celebrando que ya estaban por fin a salvo de los padres y eran casi libres, Barcelona estaba a tan solo unas pocas horas ya. Luego, es cierto, había abrazado a un montón de chicas más pero eso a ella no le pareció relevante en aquel momento.


Por supuesto que no la sentaron cerca de él en el avión y que no se atrevió como otras chicas a pedir a los amigos de Fabio que le cambiaran el sitio para estar junto a él.
¡Qué estúpida que había sido! pensaba ahora pues Laura , que fue la que se sentó al lado suyo durante el vuelo, se convirtió horas más tarde ya de noche y medio borracha en la afortunada que se enrolló con él e incluso burlando la vigilancia de los profesores hasta en la que “durmió” en su cama junto a él.


Se habían ido a descansar todos a eso de las seis de la mañana pero ella había sido incapaz de pegar ojo muerta de envidia y excitadísima, la de cosas que se dejaría hacer por él, la palabra “NO” sería algo prohibido a su lado desde luego.



Mirándolo friamente Fabio era un poco estúpido de acuerdo pensó varias veces durante esas horas robadas al sueño. Sus conversaciones se ceñían al fútbol prácticamente, sus grandes preocupaciones eran algo parecido a si las gafas de sol le quedaban bien, el pelo lo tenía suficientemente en punta, o los vaqueros le marcaban bien el culo. Pero ella veía su cara y... él parecía hablarle aunque obviamente no lo hacía, de esos temas de ecología que tanto le gustaban a ella, y parecía ser tan educado y cortés, tan sensible, obviamente justo todo lo contrario a como él era en realidad.


-¡Vamos Cristina que pierdes el tren! le grito Ana, su compañera de pupitre desde el otro extremo del andén a punto de subirse al mismo.

La chica mas cansada y desquiciada no tuvo más remedio que correr entonces por toda la estación.

Una vez ya en el tren, entonces, descubrió con pavor que solamente había un sitio libre muy cerca de Fabio. Estaría rodeada eso si de sus peores enemigas, Laura incluida.

Se puso de espalda a todas ellas.

Le ponían enferma con sus conversaciones.

Todas las chicas de clase se habían maquillado como putas, se habían puesto su ropa más sexy y no dejaban de revolotear alrededor de los chicos más guapos de la clase. Vió con solo darse la vuelta un par de segundos las bragas negras de encaje de Paola, el tanga de Laura, el sujetador de Cristina , ellas nunca iban vestidas asi a clase, estaba claro cuales eran sus intenciones.

Le entró miedo de repente, pues no supo distinguir que sería dentro de lo malo lo peor;
O bien que dentro de unos dias la empezaran a acosar los chicos más feos de la clase, en previsión que si no era con ella con ninguna del resto de las chicas de clase lo iban a conseguir, o bien que la ignoraran absolutamente otra vez, prefirieran volver a Italia sin estrenarse, vírgenes antes que estar con ella.



La chica más cansada y desquiciada ya no era virgen. Probablemente era de las pocas de clase que lo había hecho. Solo una vez, hacía un año, en los wateres de la biblioteca del barrio con un universitario al que probablemente le había puesto de lo más cachondo sin quererlo ella, al principio al menos, con su falda escocesa y sus medias negras, su camiseta de My Chemical Romance. Ella se había abierto un poco de piernas para que él la siguiera mirando desde su mesa, se había remangado la falda para que no decayera su interés, él mientras se manoseaba el paquete lleno de deseo. Sin saber porque ella se levantó y entró al baño y él la siguió por supuesto. Se morrearon alli dentro, pero acabaron saliendo a la calle debido al calor que hacía, un sol irrepetible le parecía ahora, que se colaba por los pequeños ventanales y les daba directamente en la cabeza, el calor era ya digo insufrible. En su coche él finalmente se la folló. Tenía veintidós años. Ella se echó uno más por si acaso, dieciséis. No fue gran cosa.


Se fija de pronto en un chico extremadamente delgado que atraviesa el vagón y que se la queda mirando. “No es guapo, pero tiene un algo especial” se dice a si misma cerrando los ojos.


Ella tiene mucho sueño, lleva casi un dia entero despierta y por eso está a punto de dormirse, oyendo las risas de sus compañeros, imaginándose a la vez como va a conseguir soportar los seis dias que aún le quedan.


Una voz desgarrada que oye desafinando en una canción que no conoce, por curiosidad le hace abrir los ojos. Es una mujer muy vieja con una guitarra comprueba. Fabio se levanta y se rie de ella en sus narices, como él, pronto, muchos de los chicos de clase le siguen, los insultos llenan de pronto todo el vagón.

La chica más cansada y desquiciada se fija en sus boxers negros que sobresalen por encima del pantalón. Está loca por él. Esta mañana se subió incluso a la taza del water pues se oía su voz mientras se estaba duchando. Tenía la esperanza de por fin verlo desnudo. No lo consiguió, no era lo suficientemente alta como para ver por encima de la pared que le separaba de él. ¡Dios mio si me llegan a pillar! ¿Qué me hubiera pasado? se recrimina en silencio.

Una revisora de aspecto cómico y desgarbado aparece de pronto en escena.

Decide cerrar los ojos.

Todo es una maldita pesadilla, con personajes irreales, tiene que serlo se dice a si misma.

Quizás hasta acabe como ella – piensa la chica más cansada y desquiciada – medio alcohólica, vagabundeando, sin un lugar ni nadie en el mundo.


Ella es la única que todavía no ha probado ni una gota de alcohol en lo que va de viaje, o se ha fumado un porro.

Pero es precisamente por eso por lo que cree que sucederá.



No