ALEX //
Mis diecinueve, veinte y veintiún años de aqui para allá, siempre en Barcelona
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Mis diecinueve, mis veinte y mis veintiún años, de aqui para allá, siempre en Barcelona.
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Marta abre la puerta y los dos salimos a la pequeña terraza, ella cargada con el cesto de la ropa limpia y yo detrás suyo con una bolsa llena de pinzas de colores.


El típico patio de vecinos muy pequeño, paredes blancas de distintos edificios que convergen entre si, el olor a la típica comida familiar de domingo mezclado con el aroma a suavizante, música makina de fondo: Es lo único que hay, las únicas vistas que ellos dos tienen, pero supongo ,la verdad, que existen otras muchas cosas que lo compensan todo y que hacen que merezca la pena continuar asi, estoy casi seguro que si.


Primero es una camisa suya de vestir de color verde que compramos hace un año más o menos un tarde al salir de la facultad. Le doy dos pinzas amarillas. Luego, otra muy parecida pero de color negro, le acerco unas pinzas rojas, y también un par de camisetas de manga larga del Desigual, esta vez toca tres pinzas amarillas y una verde. Todas ellas combinadas –me dice- son la ropa que tiene para ir al trabajo esta semana, adios a los tiempos en que me sobraba la ropa concluye con una sonrisa, antes de empezar a dar cuenta de la ropa de Rafa que hay en la colada y que básicamente es, una camiseta del Barcelona con el nombre del ídolo caído, un par de pinzas de colores que no consigo recordar, síntoma claro por cierto que Rafa sigue dedicando los sábados por la mañana o bien por la tarde a jugar al fútbol con sus amigos del colegio, luego otra también del Barsa pero de color amarillo flourescente, sin ningún nombre escrito en ella, dos pinzas más, y un par de vaqueros sin marca bastante chulos y por supuesto tres boxers Unno, que son como el postre, el premio por haberla ayudado, el primero de color azul fuerte, el segundo marrón y el tercero anaranjado, ¿quién sabe donde andarán aquellos de color morado que una vez que me invitó a su casa pude distinguir a través de la bragueta de su pijama al sentarse a mi lado?.

Probablemente ya ni los tendrá, los habrá tirado al haberse decolorado, o estropeado la tela, o simplemente aburrido de usarlos tanto.


Esperándolo ,tras terminar de colgarlo todo, a continuación, Marta y yo tumbados en la cama nos empezamos a fumar un porro con la única ventana del apartamento bien abierta, a Rafa no le gusta nada que lo hagamos, y también, dado que de dos a tres es más o menos el único rato en que el sol entra en el apartamento y en consecuencia sus rayos caen directamente sobre la cama donde estamos, también aprovechamos para abrirnos una lata de cerveza cada uno, y otra después para compartir, asi que no es de extrañar pues, que para cuando Rafa llega del gimnasio con el pollo asado y las patatas fritas como añadidura, los dos seamos ya unos zombies que no se enteran de nada o casi nada. Marta de pronto incluso me pide que me quede a comer con ellos poco antes de entrar Rafa en la ducha, debe de ser de esos chicos que nunca se ducha en los vestuarios, a los que es imposible ver desnudos, pero yo como sé que a él no le apetece mucho la idea le digo que no puedo, que ya he quedado con un amigo para hacerlo a las cinco de la tarde y asunto concluído.


Aprovechando su ausencia momentánea, los dos eso si intentamos reiniciar de nuevo nuestras conversaciones otra vez, pero mi cabeza ya no solo está atontada por lo que hemos tomado antes sino también por las imágenes que supongo que estarán sucediendo al otro lado de la pared y que no serán muy diferentes a su cuerpo totalmente desnudo bajo la ducha, o apartado del chorro de la misma, totalmente enjabonado quizás, sus manos restregándose los huevos el culo, su polla quizás levemente excitada porque nada más volverla a ver lo que de verdad le apetece antes de comer es echarle un buen polvo a su novia, y quizás por eso nada es tan divertido como lo había sido antes, tan inocente, de repente ya no me apetece que nos abramos otra cerveza, o seguir hablando de tios que ni siquiera existen en mi vida, estoy super mareado, demasiado, un poco enfadado conmigo mismo también .


Cuando Rafa sale del cuarto de baño lo hace tal y como yo esperaba que lo iba a hacer, totalmente vestido, y por eso yo antes de marcharme , para dejarles a solas, les pido permiso para entrar un momento a él, con la excusa típica de mear un poco después de tanta cerveza ;



Aún esta lleno de vapor, el pantalón de su chándal sobresale de la cesta de la ropa sucia , observo en el plato de la ducha un pelo rizado y corto de a saber que parte suya.

Si, por fin me atrevo y abro su tapa y claro, efectivamente alli está.

Tiro de la cadena para disimular y sacándolo, enrollado en la zona de la entrepierna del chándal está el calzoncillo que hasta hace unos minutos él llevaba. Es de color negro, con unas rayas blancas a los lados y ¿si o no?, ¿lo hago o no?, ¿me atrevo o salgo de aqui ya?.


Estoy como en una nube, estoy tonto, casi ni podría hablar si tuviera que hacerlo, y por eso a toda prisa me bajo el pantalón y los boxers también muy excitado.

Huelo la parte delantera de los suyos, la zona donde irán sus huevos, incluso hasta me atrevo a pasar tras dudarlo una décima de segundo la lengua por esa misma zona , es lo más parecido, lo más cercano a comérsela que estaré nunca.

Luego alli donde tengo pelos ,al ponérmelos, noto la humedad provocada por su sudor muy ligeramente. Sin embargo en las zonas en que no tengo, el culo, con tan solo unos pocos segundos con ellos puestos la sensación que tengo es que su sudor ha cubierto ya por completo toda mi piel, que la tela se me pega a la misma, posibilitándome sentir al menos un poco las formas de su cuerpo.

Mis huevos manoseados a través de ese fina tela que normalmente sujeta sus huevos, mi polla en esa misma zona donde su polla también se situará, a veces tan empalmada y dura como la mia en esos momentos. Mañana tengo que volver aquí , a dejarle a Marta el trabajo que Alex y yo hemos terminado para que coja ideas, asi que podría depositarlo de nuevo en el cesto de la ropa sucia y nadie se daría cuenta....


Minutos después, ya en mi habitación, me miro en el espejo con ellos puestos y me quedan un poco grandes como esperaba, apenas me marcan paquete.

Tumbado en la cama vuelvo a chuparlos y finalmente me los pongo de nuevo y comienzo a machacármela


Mi leche en gran cantidad manchándolos poco después, primero en su parte delantera únicamente , pero luego también en la trasera, a la derecha y a la izquierda al quitármelos y enroscarlos a mi polla antes de una segunda corrida, casi aún más salvaje aún que la primera.


Probablemente nunca estaré ya tan cerca de su cuerpo como hoy gracias a un trozo de tela lo estoy.

Porque aún me quedan unas cuantas....



No