58 (1)
Me acordé de cuando a mediados de Agosto aparcaban sus camiones en un descampado cerca de Garraf , eran tan viejos que ya no se fabricaban, las caravanas casi ruinosas, los coches destrozados por los miles de kilómetros recorridos, todos como formando una especie de círculo, para evitar que curiosos como yo, les pudiéramos molestar, supongo, retrasarlos en su tarea.
Eran hombres y mujeres fuertes, al margen de nuestro mundo, provenientes de uno mucho más excitante me parecía entonces ingenuamente, que un dia de pronto y por sorpresa aparecían en nuestras vidas, atravesaban el pueblo despertándonos a todos con fuertes bocinazos, y finalmente paraban luego a las afueras del mismo como ya he dicho.
Me gustaba especialmente ver como descargaban antes que nada las placas de la pista y las vigas metálicas del techo. Me acercaba lo máximo posible siempre, unas horas después, a ese camión que dentro de él los transportaba, los coches de choque aparecían siempre aplastados los unos contra los otros, colocados de muy mala manera, sin ningún tipo de cuidado extra u orden.
Perdía las horas alli miserablemente en resumidas cuentas, a nadie le apetecía venir, viendo como colocaban los pequeños trozos de madera en el suelo y sobre ellos luego con una enorme paciencia toda la estructura que servia de base a la instalación.
Al dia siguiente poco a poco daban forma al techo y una vez terminado, con una bomba , lo subían hasta arriba del todo.
Finalmente llegaba el momento cumbre, cuando los deslizaban por la rampa, de muchos colores, la mayoría muy sucios y con algún cristal roto, hacia su sitio definitivo, es decir la pista, yo nunca fui muy bueno conduciéndolos más bien todo lo contrario pero eso no importaba, me encantaba subirme en ellos ya de noche, dar vueltas y vueltas, embestir a la gente del mismo modo que los más macarras del pueblo nos embestían a nosotros. Joan y Javi cuando me montaba con ellos casi nunca me dejaban conducir, asi que muchas veces eran mis padres quienes me acompañaban a la feria y amortiguaban con sus cuerpos todos esos golpes. Claro que también iba por mi cuenta, yo solo, aprovechando esos momentos en que estaba desierta y apenas había coches ocupados. Trataba entonces de aprender a conducirlos lo mejor posible, para superarlos incluso a ellos, para que todo cambiase. Tenía que adivinar el secreto.
Anoche como que fue un poco lo mismo.
Las cajas de bebidas sobre las barras y los camareros encargándose de romper el plástico que las envolvía, colocándolas a continuación a toda prisa en las neveras. El olor a desinfectante esparcido aún por toda la discoteca, el suelo recién fregado. Los baños limpísimos, antes que nadie los haya usado, a saber todo lo que habrán visto sus paredes. La pista de baile vacía, el cuarto oscuro iluminado incluso, un chico saliendo de pronto de él, apagando la luz, diciendo a un hombre que por alli andaba que esperase un poco, que el suelo aún resbala.
Fui un estúpido la verdad. Sabiendo de sobras que aunque había quedado con Genis a la una en realidad él no iba a parecer hasta mucho después, como luego sucedió, aún no sé muy bien como finalmente me decidí a entrar tan pronto. Sin embargo y como en la calle no dejaba de llover y yo tampoco es que fuera muy abrigado no es que tuviera muchas más opciones en ese momento la verdad sea dicha. Había aún muy poca gente dentro, tres o cuatro personas únicamente como pude comprobar después, mucho menos de lo que esperaba. Pagué la entrada al chico de la puerta, luego al chico del guardarropa también le tuve que dar algo. Con paso decidido por fin me senté luego cerca de la barra, a esperar, a esperar y esperar, contemplando el panorama que era más que desolador. En realidad -me empecé a plantear - no sé si lo que he hecho hoy es quedar o no, creo que es simplemente venir donde Genis me ha dicho que iba a venir él también, a esa misma hora, su misma hora, para verlo y con el propósito escondido de si puedo enrollarme con él, o sino con otro cualquiera, nada más. Terminé como siempre por acostumbrarme a la soledad, al poco rato, en el fondo pocas cosas hay tan relajantes para mi como estar sentado en uno de los mullidos sofás de una discoteca aún vacia, con la música sin embargo ya a todo volumen, las luces iluminando la pista con la misma intensidad que si estuviera ya llena de gente, todo además aderezado con el sabor dulzón del whisky con CocaCola en la boca, repasando mentalmente lo que he hecho a lo largo del dia , que de pronto parece tan lejano, tan irreal, con una leve sonrisa en mi cara también al pensar en mis amigos, en parte debida a que estoy muy contento por tenerlos obviamente, en parte al darme cuenta de todo lo que no saben de mi, de lo inútil que resulta aquí dentro su amistad, allá afuera en la calle, ojalá me mande un sms luego como quedamos, si que importa eso si.
¿Aparecerá finalmente?
De pronto me di cuenta que fuera cual fuera la respuesta a dicha pregunta para nada me iba a deprimir. Dos hombres de unos cuarenta años me habían seguido unos minutos antes al cuarto oscuro nada más entrar yo, incluso uno de ellos había intentado algo, un chico de unos treinta y pico años que se estaba fumando un porro en los lavabos se había metido en una cabina al verme invitándome con la mirada a ir yo alli con él, por último un chico super afeminado de mi edad o menor incluso, que parecía conocer a muchos de los camareros pero que como todos los que alli estábamos parecía haber venido solo también, no me quitaba el ojo de encima. Si quieres realmente ser parte de este mundo –pensé – ya puedes ir acostumbrándote a noches como esta, deja de lamentarte, ¡quedan tantas por venir!.
Me cansé pasado un buen rato y levantándome de otro sofá en el que me había sentado, el cuarto ya, me dirigí hacia el baño. El reloj marcaba ya las tres. La gente que llegaba con cuentagotas de la calle y que apenas llenaba un poco más el local, que dejaba sus abrigos y chubasqueros totalmente empapados en el guardarropía, debía por consiguiente de seguir el temporal de frio y lluvia afuera, me aburría ya mortalmente. La mayoría entraban casi tiritando y todos o casi todos hablaban de lo mismo además. Uno de ellos hizo una broma acerca de si esa noche iba a nevar o no en Barcelona, o ¿no era en Barcelona?, me costó la verdad coger el doble sentido.
Frente al espejo ya en el baño, temiendo que la discoteca nunca fuera a llenarse, observé detenidamente aquello que en el se reflejaba. Mis pantalones negros con una raya roja en los costados, la camiseta negra también, ajustada. Los ojos azules, que no eran mios pero como si lo fueran, el pelo en punta, rubio, que tampoco era mio pero ¡qué mas da a estas alturas ya!, mi cara con una expresión mezcla de cansancio y expectación a partes iguales, a ver si por fin pasa algo.
De pronto y ante mi sorpresa, el chico super afeminado de antes y el treinta añero de los porros al que llevaba cogido de la mano, pasaron por detrás mio, al fondo, camino de los retretes, entre risas y gritos, los dos iban demasiado ocupados como para darse cuenta que yo estaba yo alli claro está. Me mojé los labios un poco.
Repentinamente, después de haberlos visto en el espejo, por unos pocos segundos, como si fueran amigos de toda la vida, la expresión de mi cara había cambiado por completo me di cuenta.
“Tienes que ir a ver que pasa, no puedes perdértelo”
“Tu podías ser él, uno de ellos, sino fueras tan tímido”
Comencé a recorrer lentamente el pasillo donde alineados están los retretes. El corazón me latía a mil. El plan inicial era meterme en el de al lado y machacármela un poco oyendo sus jadeos, imaginado simplemente que podrían estar haciendo esos dos a tan solo unos pocos milímetros de mi.
A medida que me iba acercando hacia ellos me sentía más y más excitado.
Comentario:
¿y que paso? que cruel eres nos dejas en lo mas interesante jajaja
Comentario:
me encanta como escribes, genial :)
Comentario:
y q pasó? q pasó?
Comentario:
Me encanta como escribes, podrías pasarte por www.siguelahistoria.com y escribir allí algo tuyo y que los demás lo pudieramos continuar.
Besos.
Besos.