¿Cordera con piel de loba?
Hola querida Desconocida.
¿Qué tal tu vida? ¿Una mierda? Pues, a partir de ahora, será un infierno... [inserte aquí risa maléfica]
Lo confieso: soy tu enemiga pública número 1. Hasta ahora he intentado ganarme tu confianza fingiendo ser una buena persona para conocer tus puntos débiles pero, desde que “acabó” la guerra de Iraq, tengo mucho tiempo libre, me aburro, y he decidido que ya va siendo hora de pasar a la acción. Otros asuntillos como el hambre en el mundo no son suficientes para cubrir mi agenda del mal así que me he dicho: “voy a hundirte en la miseria más absoluta”.
¿Por qué a ti? Pueeesss... está claro: porque sí. ¿Desde cuándo los seres despreciables como yo necesitamos una excusa para joderle la vida a alguien? Pero, oye, si prefieres pensar que no puedo ser tan mala para hacerte esto sin tener motivos solo tienes que usar tu imaginación e inventarte una trama de celos, envidias, intereses económicos, desequilibrios mentales y emocionales, maltratos psicológicos... lo que tú quieras. Confío en tu criterio. Además, así, cuando le cuentes al mundo tu historia, resultará mucho más entretenida.
De hecho, por eso te aviso de mis diabólicos planes, para que tengas más tiempo para elaborar esa historia con la que, por fin, saldré de las sombras y me daré a conocer como la personificación del mal.
¿Que no te esperabas esto de mí? Ya lo sé, llevaba mucho tiempo dándote pistas y tú como si nada, niña. Tanta ingenuidad me estaba poniendo de los nervios. ¿Toda esa amabilidad desinteresada por mi parte no te resultaba sospechosa? ¿Es que no has aprendido nada de los sabios consejos de los adultos que te rodean?
Por si aún tenías dudas: las buenas personas no existen. Esas personas que van ofreciendo su apoyo simplemente porque tener la posibilidad de ayudar a quien lo necesita les resulta gratificante, ésas que son felices viendo felices a quienes aprecian, ésas que ponen la otra mejilla o ésas que sufren por empatía, no existen. Ya eres mayorcita para saberlo.
El mundo se mueve, primero, por dinero, y luego por envidia, odio, venganza...
¿El poder del amor?: un cuento infantil. ¿La fuerza del cariño?: otro cuento de guardería. ¿Las buenas voluntades?: más de lo mismo.
¿Todavía te crees esos cuentos?
Pues bienvenida a la puta realidad.
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No sé quién dijo una vez algo así como: “Vemos al mundo no como es, sino como somos...”
¿Ésta es la realidad que tú ves, Desconocida?
Merina.
¿Qué tal tu vida? ¿Una mierda? Pues, a partir de ahora, será un infierno... [inserte aquí risa maléfica]
Lo confieso: soy tu enemiga pública número 1. Hasta ahora he intentado ganarme tu confianza fingiendo ser una buena persona para conocer tus puntos débiles pero, desde que “acabó” la guerra de Iraq, tengo mucho tiempo libre, me aburro, y he decidido que ya va siendo hora de pasar a la acción. Otros asuntillos como el hambre en el mundo no son suficientes para cubrir mi agenda del mal así que me he dicho: “voy a hundirte en la miseria más absoluta”.
¿Por qué a ti? Pueeesss... está claro: porque sí. ¿Desde cuándo los seres despreciables como yo necesitamos una excusa para joderle la vida a alguien? Pero, oye, si prefieres pensar que no puedo ser tan mala para hacerte esto sin tener motivos solo tienes que usar tu imaginación e inventarte una trama de celos, envidias, intereses económicos, desequilibrios mentales y emocionales, maltratos psicológicos... lo que tú quieras. Confío en tu criterio. Además, así, cuando le cuentes al mundo tu historia, resultará mucho más entretenida.
De hecho, por eso te aviso de mis diabólicos planes, para que tengas más tiempo para elaborar esa historia con la que, por fin, saldré de las sombras y me daré a conocer como la personificación del mal.
¿Que no te esperabas esto de mí? Ya lo sé, llevaba mucho tiempo dándote pistas y tú como si nada, niña. Tanta ingenuidad me estaba poniendo de los nervios. ¿Toda esa amabilidad desinteresada por mi parte no te resultaba sospechosa? ¿Es que no has aprendido nada de los sabios consejos de los adultos que te rodean?
Por si aún tenías dudas: las buenas personas no existen. Esas personas que van ofreciendo su apoyo simplemente porque tener la posibilidad de ayudar a quien lo necesita les resulta gratificante, ésas que son felices viendo felices a quienes aprecian, ésas que ponen la otra mejilla o ésas que sufren por empatía, no existen. Ya eres mayorcita para saberlo.
El mundo se mueve, primero, por dinero, y luego por envidia, odio, venganza...
¿El poder del amor?: un cuento infantil. ¿La fuerza del cariño?: otro cuento de guardería. ¿Las buenas voluntades?: más de lo mismo.
¿Todavía te crees esos cuentos?
Pues bienvenida a la puta realidad.
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No sé quién dijo una vez algo así como: “Vemos al mundo no como es, sino como somos...”
¿Ésta es la realidad que tú ves, Desconocida?
Merina.
Trashumando
La nuestra era una relación tan distinta, que parecía a distancia a pesar de vivir en la misma ciudad. Distancia que imponía tus dos décadas por encima de mi, distancia por nuestras responsabilidades, tus sucesores y mis antecesores. Distancia por cosas tan simples como nuestra sonrisa, siempre diferente. Distancia entre maestra y alumna. Distancia al mirar al mundo, a tomarse la vida, a disfrutar del tiempo. Distancia de nuestros entornos. Distancia en todos los sentidos. Distancia que siempre vencimos veloces, luchando contra el espacio y el tiempo.
Distancia que solo la magia de una bruja fue capaz de romper, convirtiendo todas nuestras diferencias en encantamientos. Nos aportamos tanto que al romper el hechizo caí sin consuelo.
Distancia, porque tu estabas de vuelta y a mi me volteaste. Era tan cierto aquello que dijiste: “estamos a años luz, tu vida y la mía no tienen nada que ver”. Era tan cierto, tan real, que de poco fantástico resulto increíble.
Que la fuerza te acompañe, hada. Yo en mi distancia te recordare especial, siempre, porque como me enseñaste una vez, la distancia se puede romper, y para mí, la distancia no será olvido.
Churra.
Distancia que solo la magia de una bruja fue capaz de romper, convirtiendo todas nuestras diferencias en encantamientos. Nos aportamos tanto que al romper el hechizo caí sin consuelo.
Distancia, porque tu estabas de vuelta y a mi me volteaste. Era tan cierto aquello que dijiste: “estamos a años luz, tu vida y la mía no tienen nada que ver”. Era tan cierto, tan real, que de poco fantástico resulto increíble.
Que la fuerza te acompañe, hada. Yo en mi distancia te recordare especial, siempre, porque como me enseñaste una vez, la distancia se puede romper, y para mí, la distancia no será olvido.
Churra.