Su mandamiento, ¿es este?
Odio la Semana Santa, las procesiones, los Nazarenos y demás merchandising episcopal. Para cuatro días de vacaciones que tengo y las calles de Madrid y de todos los rincones del solar patrio se encuentran infestadas de pequeñas manifestaciones de fieles católicos, apostólicos y romanos que tratan de alcanzar el éxtasis -divino- desesperadamente. Muchos de estos devotos extasiados buscarán en estos días el perdón imposible por infundir el odio hacia los homosexuales, inmigrantes y demás colectivos que sufren -sufrimos- los ataques de estos poseídos por la cólera que, casi siempre, salen airosos en sus afirmaciones. Y más si existe una organización como la Iglesia, protagonista indiscutible en estos días, que les da la razón y apoya sus tesis. Nada importa el mensaje de Jesús para esos camellos de la fe llamados obispos y sus seguidores. Al fin y al cabo, la palabra de Jesús no es más que una excusa para seguir atentando contra la dignidad de cientos de miles de personas. Sólo eso.
“Mi mandamiento es este: Que se amen los unos a los otros como yo los he amado a ustedes. El amor más grande que uno puede tener es dar la vida por sus amigos.” Juan 15: 12 – 13