Confieso que he pecado
Lo confieso. En los últimos años no me he manifestado en contra del matrimonio homosexual ni he tildado de enfermos a los homosexuales. Es más, me he acostado con tíos siempre que he tenido ocasión... y, lo peor de todo, no me he arrepentido de ello.
Tampoco rechazo el aborto ni lo considero un asesinato, sino un derecho de la mujer. Apoyo también la eutanasia, la igualdad real entre hombres y mujeres, la laicidad del Estado... Condeno con todas mis fuerzas el racismo, la homofobia y cualquier tipo de discriminación. Soy de izquierdas desde que tengo uso de razón, y comunista desde que comprobé lo cruento que es el sistema liberal.
Con todo, confieso que, para ese grupo numeroso que durante estos días ha ocupado las calles, soy un pecador infame, que no se arrepiente de sus errores y no piensa enmendarlos. Quizás, en otro tiempo, hubiese sido como aquella mujer a la que Jesús defendió de sus detractores con la famosa frase "quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Puede que me hubieran apedreado, porque hubiera gritado a toda voz que yo para nada era un pecador.
Y es que, muchos de los que durante estos días se han manifestado con sus santos y su conciencia, no estan libres de pecado para esa organización tan infame llamada Iglesia. Me viene ahora a la cabeza ese político mallorquín que durante el día era una perfecto católico, casado y que concedía privilegios a la Iglesia, y que por la noche era un adicto a los prostíbulos gays y a demas estupefacientes.
Por eso, si pecar hace referencia únicamente a estar orgulloso de lo que uno es y a no arrepentirse de nada, lo confieso: he pecado, y lo seguiré haciendo.