Treinta años no es nada
Miles de homosexuales fueron víctimas de una represión estatal durante el franquismo. Recluidos en cárceles o colonias penitenciarias, sufrieron todo tipo de insultos, agresiones y humillaciones. Primero, en virtud de la Ley de Vagos y Maleantes y, a partir de 1970, de la de Peligrosidad Social.
Han pasado casi treinta años desde que la homosexualidad dejara de ser ilegal en nuestro país y todos aquellos que fueron perseguidos y estigmatizados por la sociedad franquista por motivo de su orientación sexual no han recibido el resarcimiento moral y económico que sí han percibido los ex-presos políticos. De hecho, en la Ley de Memoria Histórica que está preparando el Gobierno no se hace mención alguna a las indemnizaciones a homosexuales represaliados durante el franquismo.
La Asociación de Ex-Presos Sociales mantiene viva la memoria de todos aquellos homosexuales que sufrieron la represión franquista. Además, en los últimos años han proliferado publicaciones que han recogido la historia de estos represaliados, como por ejemplo El látigo y la pluma, del periodista Fernando Olmeda.
En el libro aparecen testimonios que hielan el alma. Uno de ellos tiene lugar en el Campo de Concetración de Detenidos de Nanclares de la Oca (Álava). Según cuenta Olmeda:
En una Nochevieja a finales de los cuarenta, los guardias escogen para animar la velada a un preso francés conocido como La Ninón (...), después de la actuación, comenzo la fiesta de verdad, como recuerda Soto:
"Cuando se llevaron a las primeras vedettes, el cabo nos dijo: ¡señoritas del internado, disfruten de esta noche todo lo que quieran, que ya nunca se volverán a ver en otra!".
Hubo bodas, dramáticos partos seguidos de bautizos y hasta primeras comuniones. (...) De madrugada, La Manzanilla trae el "cuchimerdeo" (lata con las sobras de la cena de los guardias), pero casi nadie pone interés, porque en ese momento corre de mano en mano una botella de brandy. A la mañana siguiente un grito desgarrador des despierta. El empleado doméstico de un capitán encuentra el cadáver de Pepa La Marganta, que había hurgado en la lata y se había tragado un trozo de cristal mezclado con las sobras. La Patos dice a La Dolorosa, encargado de los enterramientos:
"Anoche pasó por aquí la Muerte. Ya sabía yo que se llevaría a alguien... Ya tienen trabajo tus manos pecadoras, ¡Maricón!".
No podemos ni debemos olvidar a todos aquellos a los que la represión les impidió vivir con dignidad. La Ley de Memoria Histórica debe tener en cuenta a gays y lesbianas perseguidos y estigmatizados por la dictadura. Y la sociedad española, más en concreto la población glbt, debe conocer, en palabras de Pedro Zerolo, "la historia de la represión que sufrió una parte importante del todo homosexual; un todo que fue pisoteado, vilipendiado y condenado por una dictadura de la que salimos anteayer".