Cristina López Schlichting o cómo ser homófoba y disfrutarlo
La reinona de las tardes de la COPE ha vuelto a las andadas. Sí, como lo oís: después de coquetear con la homofobia más zafia -contrató hace algunas temporadas a Aquilino Polaíno después de que éste pusiera a parir a nuestros padres en el senado- ahora muestra su lado más aterrador al haber creado una nueva sección en su programa para "curar" la homosexualidad.
Sin embargo, no es culpa suya. En un país como el nuestro, en el que aún se puede difamar e insultar a un colectivo e irse de rositas, no es raro que algunos utilicen su derecho a pisotear la homosexualidad. Desde este blog siempre he defendido -y defiendo- que se legisle en favor de la tolerancia a la realidad homosexual y transexual a través de una Ley Integral contra la Homofobia y Transfobia, que acabe con los mitos erróneos que tanto daño hacen a nuestra imagen y, sobre todo, que lastre de un plumazo -nunca mejor dicho- todas las declaraciones homófobas de esta índole. Espero que pronto todos nos concienciemos y exijamos, como lo hicimos con el matrimonio homosexual, medidas reales contra la discriminación a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.
Dicho esto, sólo me queda incluir en este artículo la carta que Carmen G. Hernández, coordinadora del Área de Políticas Lésbicas de la FELGTB, ha dirigido a la homófoba en cuestión:
Estimada Cristina López Schlichting,
Si la homofobia no tuviera el duro impacto que sigue teniendo en nuestra sociedad, de verdad que los obsesivos y delirantes comentarios sobre la homosexualidad y sus misteriosos orígenes que se pudieron escuchar en tu programa de la COPE ("maltrato y homosexualidad" fue el título) serían más divertidos que los monólogos de Eva Hache o Buenafuente. Básicamente porque siguiendo esas ideas rancias de “curación” de la homosexualidad –que por cierto los colegios oficiales de psiquiatras y psicólogos han desterrado completamente en esta parte del planeta-, si la homosexualidad se produce por tener “padres alcohólicos”, “madres hermosas”, “madres obsesivas”, “madres sobreprotectoras o sumisas”, “padres ausentes o violentos”, agárrense al sofá porque la conclusión es evidente: España entera debe ser homosexual. Sólo se salvarían aquellas personas que no hubiesen crecido por aquí durante la dictadura y, con suerte, aquellas mujeres afortunadas que tuvieran una madre fea. Por mi parte, como he tenido la desgracia de tener una madre guapa, pues ya ven, soy lesbiana.
Lo peor es que esta conclusión acaba de hacerme caer en la cuenta de algo realmente grave: mi hermana. ¡Cómo le digo yo ahora que es lesbiana y que no se ha dado cuenta! Claro, porque compartimos la misma madre agraciada. Pobrecita, vaya disgusto le voy a dar. Con lo a gusto que estaba con su marido…
Ya ves, querida Cristina, el dramón que estás ocasionando en mi familia. Y en mis amigas heterosexuales. Algunas están engordando últimamente y como tus expertas plantean, la obesidad conduce al lesbianismo. ¡Cómo les digo yo que comer bollos te convierte en uno!
En fin, Cristina. Tengo que tomarme con sentido del humor la sarta de tonterías que dices y dicen sobre la homosexualidad en tu programa. Porque por culpa de la intoxicación trasnochada que intentas difundir con tan sospechoso tesón, aún hay gente que vive su sexualidad y la de sus hijos con temor, rechazo y miedo. Y eso no hace ninguna gracia. Si realmente te preocupa la realidad homosexual, centra más el énfasis en por qué la gente es homófoba y en cómo puede dejar de serlo. Y por favor, deja de tomarle el pelo a los demás vendiendo pócimas para intentar negar realidades que han sido, son y seguirán siendo parte fundamental de nuestra diversidad humana, como es amar y/o desear a una persona de nuestro mismo sexo. Basta ya de falsedades e insultos disfrazados de bondadosos deseos, Cristina. Respeta de una vez nuestra dignidad.