Diario de un comunista gay
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Conversaciones con un taxista

Acabo de llegar de la cena de la que ha sido mi empresa hasta hace un mes. Después de reír, recordar viejos momentos y beber hasta perder el control -bueno, no tanto- dos de mis antiguas compañeras y yo nos hemos venido en taxi. Ellas se han quedado en su barrio, Carabanchel, y yo he seguido para mi ciudad, Alcorcón.



Cuando el taxista y yo nos hemos quedado solos, me ha empezado a hablar.

-De cena de empresa, ¿no?

-Sí... bueno, no exactamente. En realidad es mi antigua empresa.

-Ah... entonces es que has dejado buen recuerdo - dice mientras gira en una curva.

-Sí, bueno... no sé. Era un Centro de Día de personas mayores, la mayoría enfermos de Alzheimer, y bueno... hacíamos muy buen equipo.

-Joder... enfermos de Alzheimer, que chungo, ¿no? - sigue con su mirada atenta a la carretera -. En Leganés, donde yo vivo, hay uno de esos. Pero joder, que pena, en lo que quedamos las personas, ¿verdad?

-Sí, es cierto - veo que el hombre muestra interés por el tema y yo sigo -. Da pena por ellos, por sus familias. Pero aún así y todo, todavía tienen mucho que aportar.

-Pero la enfermedad esa te va minando, tío... - deduzco por sus palabras que él ha conocido algún caso parecido-. Y digo yo que estará bien pagado, ¿no?

-¿Bien pagado? Ni siquiera los diplomados son "mileuristas", con eso te digo todo...

En Aluche vemos a un grupo de chicos que iban hasta el culo esperando un taxi...

-Hay que tener un par para salir por la noche a currar - reconoce el taxista mientras se abrocha el cinturón -. Pero no queda más remedio... Yo he estudiado Psicología pero aquí me tienes, al volante un sábado por la noche.

El silencio invade el taxi. La carretera de Extremadura es más bonita cuando no está hasta arriba de coches. En Cuatro Vientos el taxista vuelve a hablar.

-Por eso te digo, que tu ahí con lo que cobras no puedes meterte en un piso ni nada de eso. Y ahora porque imagino que estás soltero, pero en un futuro...

Llegamos a Alcorcón. Le pago 20 euros y, mientras abro la puerta, me desea buenas noches. Por mi parte, le deseo que sea leve el tiempo que le queda al volante.

Cuando salgo del taxi observo desde la acera como se aleja hasta que gira y desaparece de mi vista. Es entonces cuando aparece esa idea por mi mente, esa idea que me persigue hasta este momento en el que escribo, la idea de si no seré yo quien, por circunstancias de la vida, conduzca ese taxi en un futuro no muy lejano.

 
Comentario:
Que lastima de taxista...,cuanta pena me da ,de verdad?.
Pero mas pena da ver como muchos de su gremio (seguriiiiiiisimo que el nunca lo hizo),dejan tirados a cualquier discapacitado(yo ya perdi la cuenta de las veces q me ha pasado) ,por el mero hecho de serlo.Mientras que pierde el culo ,por las maletas de cualquiera o la minifalda de la primera petarda que se les acerca...,Que triste profesion la vuestra..,de verdad.Y todo por cuatro duros,como muchos,señor mio,como muchos....

Feliz Navidad.
 
Comentario:
no cariño, tú estás en el mundo para conducir otras cosas, ya lo verás

a mí me conduces a la felicidad de momento, y lo demás todo vendrá... luchando ya lo verás

y besos que te mando de los nuestros rojiiiiiiiiiisimos
No