La víctima gay del Dr. Aquilino
Por orden del doctor, de su casa desaparecieron los espejos. De esto hace ya tres años. Fue cuando el joven Alberto, después de que sus padres descubrieran su homosexualidad, quedara en manos del hoy famoso doctor Aquilino Polaino. El escenario: una consulta en un lujoso piso de la madrileña calle Velázquez. El tiempo: durante la primera quincena de octubre de 2003. El diagnóstico: Alberto, un joven guapo, simpático y con un expediente escolar intachable, era un «enfermo» al borde del «abismo». Palabras de Polaino. ¿Por qué? Porque era homosexual. Eso sí, tenía cura, insistió el psiquiatra a los padres del chico. Por eso había que quitar todos los espejos de la casa, que la homosexualidad de Alberto, decía Aquilino, guardaba relación con su narcisismo.«Se me presentó como mi único salvador posible», comenta el joven a este suplemento.Ahora Alberto lo recuerda todo como un auténtico infierno, en casa -«me encerraron varios meses y me prohibieron comunicarme con mis amigos»- y en la consulta. Sus propios padres ya habían acordado con el doctor que, como último recurso, se probarían las llamadas «técnicas aversivas», prohibidas por el colegio de médicos.
Alberto nunca llegó a comprobar en qué consistían, como tampoco llegó a tomar las nueve pastillas diarias que Polaino le recetó en su primera visita. En la propia farmacia se lo desaconsejaron.«Si no hubiera tenido el apoyo de mi novio y una cabeza fuerte, me habría suicidado», resume el hoy veinteañero.
Publicado por Juan Sardá en El Mundo
Aquilino Polaino es colaborador de la COPE y fue el experto invitado por el PP al Senado para justificar su rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo.