Cada cubano lleva sembrado en su corazón a un dictador.
Esto que le comento es una peligrosa realidad. Todos los cubanos parece que estamos de acuerdo de lo dañino que ha sido para nuestra sociedad el totalitarismo; estamos convencido que los casi cincuenta años de la dinastía de los Castros ha llevado nuestro país a la ruina y todos estamos hasta la coronilla con ese sistema de ordeno y mando; donde no queda más remedio que ser un espectador de los fracasos sistemáticos de las ideas del Comandante, pero no podemos hacer mucho.
Pero lo más dañino que nos ha dejado este fundamentalismo de izquierda es que aunque repudiemos esas cosas, muy tranquilamente han calado en nuestros corazones y se nos salen en cualquier conversación, hasta para las cosas más triviales. Y para que vean les voy a relatar una anécdota totalmente verídica.
Estando yo en mi casa de Miami, tomándome unas cervezas en el patio con unos amigos, se me ocurrió hacer un comentario trivial, era algo que decía con poco fundamento, de esas cosas que se te ocurren decir cuando unas cuantas cerveza marcan las ideas de tus conversaciones y dije: Para mi los vecinos son vecinos, los trato con cortesía pero los mantengo a distancia. Pues los peores enemigos surgen de los que un día fueron nuestros amigos. Así que es mejor que mis amigos vivan un poco más lejos que los vecinos.
Y la polémica estaba servida, un amigo rápido me dijo: Yo no puedo permitir que tu me digas eso.
Su frase me fue chocante, ¿Qué derecho tengo yo a permitir o no, lo que alguien quiera decir? Cada persona es libre de decir lo que le venga en gana, tiene derecho a dar su opinión.
Y yo le dije algo que le dolió tanto que lo perdí como amigo: Mira Adolfo, esa frase que me has dicho de que no me puedes permitir decir algo la aprendiste en Cuba de un señor que bastante daño nos ha hecho. Esa forma de actuar surge de la semilla del fundamentalismo de izquierda en el que hemos vivido tanto tiempo. No podemos permitir que ese daño nos convierta en fundamentalistas de derecha ni de nada.
Un principio básico de la democracia es la posibilidad de los ciudadanos de expresar sus ideas con entera libertad y nadie tiene el derecho de taparle la boca a nadie porque no esté de acuerdo con esas ideas.
Y no puedo evaluar que ese sea el daño mayor que nos haya hecho ese sistema, porque nos ha hecho mucho daño a los cubanos en todos los aspectos de la vida y ponerme a pensar en cual es el daño mayor es una cosa muy difícil.
Pero ese es un gran daño. Que no podemos dejarnos arrastrar por el odio de los fundamentalistas de izquierda y que en definitiva logren que seamos igual que ellos pero de derechas.
Yo creo que los extremismos son dañinos, vengan de donde vengan y que si queremos tener una Cuba digna mañana, no puede excluirse a nadie, ni tampoco movernos en los extremos, que en definitiva se tocan.
Pero lo más dañino que nos ha dejado este fundamentalismo de izquierda es que aunque repudiemos esas cosas, muy tranquilamente han calado en nuestros corazones y se nos salen en cualquier conversación, hasta para las cosas más triviales. Y para que vean les voy a relatar una anécdota totalmente verídica.
Estando yo en mi casa de Miami, tomándome unas cervezas en el patio con unos amigos, se me ocurrió hacer un comentario trivial, era algo que decía con poco fundamento, de esas cosas que se te ocurren decir cuando unas cuantas cerveza marcan las ideas de tus conversaciones y dije: Para mi los vecinos son vecinos, los trato con cortesía pero los mantengo a distancia. Pues los peores enemigos surgen de los que un día fueron nuestros amigos. Así que es mejor que mis amigos vivan un poco más lejos que los vecinos.
Y la polémica estaba servida, un amigo rápido me dijo: Yo no puedo permitir que tu me digas eso.
Su frase me fue chocante, ¿Qué derecho tengo yo a permitir o no, lo que alguien quiera decir? Cada persona es libre de decir lo que le venga en gana, tiene derecho a dar su opinión.
Y yo le dije algo que le dolió tanto que lo perdí como amigo: Mira Adolfo, esa frase que me has dicho de que no me puedes permitir decir algo la aprendiste en Cuba de un señor que bastante daño nos ha hecho. Esa forma de actuar surge de la semilla del fundamentalismo de izquierda en el que hemos vivido tanto tiempo. No podemos permitir que ese daño nos convierta en fundamentalistas de derecha ni de nada.
Un principio básico de la democracia es la posibilidad de los ciudadanos de expresar sus ideas con entera libertad y nadie tiene el derecho de taparle la boca a nadie porque no esté de acuerdo con esas ideas.
Y no puedo evaluar que ese sea el daño mayor que nos haya hecho ese sistema, porque nos ha hecho mucho daño a los cubanos en todos los aspectos de la vida y ponerme a pensar en cual es el daño mayor es una cosa muy difícil.
Pero ese es un gran daño. Que no podemos dejarnos arrastrar por el odio de los fundamentalistas de izquierda y que en definitiva logren que seamos igual que ellos pero de derechas.
Yo creo que los extremismos son dañinos, vengan de donde vengan y que si queremos tener una Cuba digna mañana, no puede excluirse a nadie, ni tampoco movernos en los extremos, que en definitiva se tocan.