Fidel y su luna de miel con los chinos.
Ahora que el Comandante en Jefe en su retiro moribundo no cesa de hacer sus llamadas ¨Reflexiones¨, es democrático que cualquier cubano pueda dedicarse también a hacer sus reflexiones.
De verdad que no tuve estómago para leer sus reflexiones sobre China. A mi me trajo de inmediato a la cabeza aquellos años en que cuando aparecieron las ¨discrepancias¨ entre la extinta Unión Soviética y la República Popular China, en que el Comandante olfateaba primero por quien apostar que le diera mejores dividendos. Me acuerdo como al principio trató de jugar una posición neutral. Y nunca se me olvidará aquel discurso en que cuestionó públicamente a los dirigentes soviéticos ante la disyuntiva de la invasión a Checoslovaquia, si también estarían en condiciones de utilizar sus tropas para salvar el socialismo en Cuba. Aquello parecía que dejaba claro que se uniría a los Chinos.
Pero yo no se lo que hablaron sin que los ciudadanos nos pudiéramos enterar nunca y pronto se produciría aquel discurso sorpresivo en la Plaza de la Revolución donde en el momento que el Embajador de la República Popular China se largaba como el perro que tumbó la olla, mientras el Comandante le decía a pleno pulmón que nosotros (quiso decir él, no se porque esa manía de endilgarnos a todos en sus opiniones) nunca seríamos el perro que muerde la mano amiga que le da el pan.
Y a partir de ese momento, el Comandante se mostró como el más fiel aliado de los soviéticos y por ende el más encarnizado enemigo de los chinos. Y de las palabras se llegó a las manos, quise decir a las armas: no olvidemos que en las guerras africanas que el Comandante napoleónico libró en muchas ocasiones se cruzaron el fuego de armas rusas en manos de los cubanos y armas de procedencia china en manos de sus adversarios. Y de la lengua de este mismo Comandante en Jefe salieron los más feroces insultos y las burlas más mordaces que recibieron los dirigentes chinos. Tanta fue la animadversión que creó en los dirigentes chinos que cuando la Unión Soviética se fue y el se quedó solo, no tenía quien ahora financiara sus proyectos napoleónicos y como los chinos se quedaron rápidamente pensó que era el momento de cambiar de bando y ni presto ni perezoso se dispuso a ello: se recuerdan de aquel famoso viaje a China en que como nadie lo invitó, nadie lo fue a recibir y que todos escuchamos como la prensa oficialista lo explicaba ¨como el estricto protocolo de las autoridades chinas¨ (que tiene cara este Comandante). Y que les pareció a ustedes aquel regalo de 4 millones de dólares y el préstamo de otros 200 para una economía tan grande como la China (15 centavos de dólar por cada chino) para un Comandante que necesitaba mucho más que eso para tapar el hueco que le habían dejado los rusos. De verdad que esos momentos debieron ser muy difíciles para un señor que manejaba tanto dinero ruso y que tenía colosales proyectos de llevar la guerra a todas partes del mundo (Se acuerdan cuando los cubanos lo llamábamos con ¨cariño¨ Armando Guerra.
Pero este mimetismo tan extraordinario de el Comandante reflexivo no nos sorprende, más bien nos tiene acostumbrado a ese ir y venir de un lado a otro, de ser el más agresivo del bando al que acaba de llegar y luego para colmo cuando hace lo contrario o bien dice que lo que pasó no pasó o simplemente que aquellas demasiadas prohibiciones se hicieron simplemente porque en aquel momento eran necesarias y ni una explicación más, que el pueblo en su mente es él y no tiene derecho a pensar ni a reflexionar, con que él lo haga basta.
Como Fidel no está muerto, Raúl no puede cargarle toda la culpa del desastre nacional, pero tiene que tomar medidas que al menos creen en la mente de los cubanos la ilusión de que van a cambiar las cosas y debajo de la manga su hermanito le dio la solución: las cosas mal hechas que hay que cambiar no estaban mal hechas sino que en el momento en que se hicieron eran necesarias (¿por qué?: Silencio como explicación)
Bueno, que Fidel no se piense que es el único que puede reflexionar, cualquier cubano también puede y tiene derecho a reflexionar y de una manera muy distinta que él.
Gabonice
De verdad que no tuve estómago para leer sus reflexiones sobre China. A mi me trajo de inmediato a la cabeza aquellos años en que cuando aparecieron las ¨discrepancias¨ entre la extinta Unión Soviética y la República Popular China, en que el Comandante olfateaba primero por quien apostar que le diera mejores dividendos. Me acuerdo como al principio trató de jugar una posición neutral. Y nunca se me olvidará aquel discurso en que cuestionó públicamente a los dirigentes soviéticos ante la disyuntiva de la invasión a Checoslovaquia, si también estarían en condiciones de utilizar sus tropas para salvar el socialismo en Cuba. Aquello parecía que dejaba claro que se uniría a los Chinos.
Pero yo no se lo que hablaron sin que los ciudadanos nos pudiéramos enterar nunca y pronto se produciría aquel discurso sorpresivo en la Plaza de la Revolución donde en el momento que el Embajador de la República Popular China se largaba como el perro que tumbó la olla, mientras el Comandante le decía a pleno pulmón que nosotros (quiso decir él, no se porque esa manía de endilgarnos a todos en sus opiniones) nunca seríamos el perro que muerde la mano amiga que le da el pan.
Y a partir de ese momento, el Comandante se mostró como el más fiel aliado de los soviéticos y por ende el más encarnizado enemigo de los chinos. Y de las palabras se llegó a las manos, quise decir a las armas: no olvidemos que en las guerras africanas que el Comandante napoleónico libró en muchas ocasiones se cruzaron el fuego de armas rusas en manos de los cubanos y armas de procedencia china en manos de sus adversarios. Y de la lengua de este mismo Comandante en Jefe salieron los más feroces insultos y las burlas más mordaces que recibieron los dirigentes chinos. Tanta fue la animadversión que creó en los dirigentes chinos que cuando la Unión Soviética se fue y el se quedó solo, no tenía quien ahora financiara sus proyectos napoleónicos y como los chinos se quedaron rápidamente pensó que era el momento de cambiar de bando y ni presto ni perezoso se dispuso a ello: se recuerdan de aquel famoso viaje a China en que como nadie lo invitó, nadie lo fue a recibir y que todos escuchamos como la prensa oficialista lo explicaba ¨como el estricto protocolo de las autoridades chinas¨ (que tiene cara este Comandante). Y que les pareció a ustedes aquel regalo de 4 millones de dólares y el préstamo de otros 200 para una economía tan grande como la China (15 centavos de dólar por cada chino) para un Comandante que necesitaba mucho más que eso para tapar el hueco que le habían dejado los rusos. De verdad que esos momentos debieron ser muy difíciles para un señor que manejaba tanto dinero ruso y que tenía colosales proyectos de llevar la guerra a todas partes del mundo (Se acuerdan cuando los cubanos lo llamábamos con ¨cariño¨ Armando Guerra.
Pero este mimetismo tan extraordinario de el Comandante reflexivo no nos sorprende, más bien nos tiene acostumbrado a ese ir y venir de un lado a otro, de ser el más agresivo del bando al que acaba de llegar y luego para colmo cuando hace lo contrario o bien dice que lo que pasó no pasó o simplemente que aquellas demasiadas prohibiciones se hicieron simplemente porque en aquel momento eran necesarias y ni una explicación más, que el pueblo en su mente es él y no tiene derecho a pensar ni a reflexionar, con que él lo haga basta.
Como Fidel no está muerto, Raúl no puede cargarle toda la culpa del desastre nacional, pero tiene que tomar medidas que al menos creen en la mente de los cubanos la ilusión de que van a cambiar las cosas y debajo de la manga su hermanito le dio la solución: las cosas mal hechas que hay que cambiar no estaban mal hechas sino que en el momento en que se hicieron eran necesarias (¿por qué?: Silencio como explicación)
Bueno, que Fidel no se piense que es el único que puede reflexionar, cualquier cubano también puede y tiene derecho a reflexionar y de una manera muy distinta que él.
Gabonice