Sobre la avaricia y el comportamiento infantil
Uno se levanta temprano para ir al gimnasio (temprano para ser una mañana de julio, pero no diré la hora por respeto a los trabajadores) venciendo toda la pereza que provoca el calor y cuando llega resulta que en el gimnasio han decidido que el 31 de julio tenga el horario que se supone tendrá el mes de agosto (cerrado por la mañanas). Pues nada, me he vuelto a casa lleno de ira, de calor y de mal Karma. Así que voy a hablar de la avaricia a ver si hago un hat trick.
El viernes pasado en un arranque de generosidad (enemiga mortal de la avaricia) decidí dar a mis tías una tarde de libertad condicional y llevarme a mis primas al cine: Irene de 8, su hermana María de 4 y nuestra prima Teresa de 3. Pero como uno es generoso pero no tonto, aparte de negociar el horario y que me pagaran la entrada y las palomitas decidí llevarme refuerzos. Los únicos a los que conseguí reclutar fueron mi hermano, 19, y su novia 18, aunque para el caso, como si no hubieran venido.
Antes de entrar mi tía me da una bolsa rosa de las supernenas y me explica qué bocadillo corresponde a cada una, la botella de agua, y que hay un batido de chocolate para cada una, pero que no se lo dé hasta que no se acaben el bocadillo. Entendido.
Mi tía se empieza a ir y cuando está a cuatro metros me grita “¡¡¡y pregúntales si quieren ir al aseo!!!” 0_0 ¿aseo?... ese detalle no lo había previsto… decidí que el problema se resolvería si se diera el caso, y lo aparté de mi mente, con la esperanza de no tener que enfrentarme a él.
Yo que soy un primo enrollao decido mandar a mi hermano a comprarles chuches (para algo se vino de apoyo, jeje) y entramos a la sala, las siento, les planto los bocadillos y las botellas de agua y empieza la película.
Primeros 30 minutos de Cars sin incidentes. La de 4 se termina el bocadillo, la de 3 apenas lo ha empezado, y la de 8 lleva la mitad.
Minuto 40 aprox. la de 4 pide su batido, la de 3 que lo oye también lo quiere… pero aún no se ha terminado el bocadillo. Dilema. Intento negociar. “Un poquito más”. Da un bocado. Da otro. La de 4 se termina el cholec: “quiero otro”. Dilema, si le doy otro batido y la mayor me exige el suyo y le digo que no hay me monta el pollo. “María, es uno para cada una”. Se conforma, un amor de niña.
Teresa: “quiero el cholec”, aún no se ha terminado el bocadillo: “otro poquito más”, “no”, “vale, toma el cholec”, pasando de discutir. Me acabo el bocadillo de la niña en dos bocaos.
Pasan 30 segundos.
Teresa: quiero el chupete (una golosina en forma de chupete que habíamos comprado y de la que había tres unidades)
Yo: termínate el cholec primero.
Teresa: Me duele la barriga.
Yo: pues si te duele la barriga no te puedes comer el chupete.
La niña piensa… encuentra lógica en mi argumento… piensa en un contra argumento…
Teresa: no quiero más.
Yo: vale dame el cholec. (Pasando de discutir.) María, toma el cholec de Teresa (yo muy salomónico)
Terera: ¡No, que es mío!
Yo: Pero si tú no lo quieres
Rápidamente le saco el chupete mientras le doy a la prima su batido para que no le de tiempo a protestar.
Pasa un minuto. María se levanta, debe de estar incómoda en el asiento infantil ese de plástico durísimo. Se acerca y me pide que la coja. Me la siento en una pierna. La pequeña que la ve también quiere sentarse encima de mí. Me la siento encima también. Mejor momento de la peli, las dos encima de mí tranquilitas apoyadas en mi pecho. Me dan ganas de ser papá. Pero en eso que ven a la mayor comiendo 3D… “quiero patatas”, “yo también.”
Yo: Irene damos patatas.
Irene: No que son mías.
Yo: por favor.
Irene: Vale.
Nos da un puñado.
0.4 segundos más tarde ya no hay patatas.
Teresa: Quiero más.
Yo: no hables alto. Irene danos patatas.
Irene: Jooo, que quedan pocas.
Yo: Irene que nos des patatas.
Irene: ¡Que no!
Yo: ¡¡¡Irene, las he comprado yo!!! (Mi nivel de madurez en ese momento: 8 años)
La señora de delante: Shiiiii
Nos da patatas.
Pasan diez minutos. Se me empiezan a dormir las piernas. Las niñas se ve que se aburren y empiezan a preguntar.
¿Qué comen los coches? Gasolina.
¿Y que más? Eh… y aceite.
¿Y que más? Shiii, en el cine no se puede hablar (vale, no sé que más comen los coches, pero las niñas no pueden saber que su primo es un ignorante).
Al rato interviene la mayor.
¿Tienes novia? Eh… no
¿Por qué? Porque… Irene calla que molestas a los de delante.
Hablando de novias, mi hermano y la novia no se perdían detalle de la película, y yo aún no sabía ni como se llamaba el protagonista.
Las niñas se cansan de mí, o de comer patatas, y se vuelven a su sitio.
La película está en uno de los momentos importantes. María se levanta, viene hacia mí con cara de circunstancia.
María: Me hago caca.
0_0
Teresa: y yo pis.
0_0
Irene: Yo también voy.
…
Me dieron ganas de decir: ¿¿¿ahora??? ¿y no os podéis aguantar que queda poco? Pero recordé que son pequeñas, así que cogí a una de la mano y a otra en brazos y bajé las escaleras decidido, mientras la mayor nos seguía rezagada porque iba perdiendo la sandalia a cada escalón.
Estoy en la puerta del aseo. Descarto inmediatamente la posibilidad de entrar en el de hombres, huelga dar razones. Por lo tanto, sólo queda una opción: señoras. ¿Habría alguien dentro? ¿Se molestaría? Pensé en entrar diciendo “¿Hola? Soy un chico, voy a entrar con mis primar pequeñas, pero como soy gay no pasa nada”. Pasando de dar la nota (sí, más aún).
Entramos. No había nadie. Me meto con las dos pequeñas a uno de los servicios mientras la mayor va sola al otro. Sujeto a María mientras hacía sus cosas, porque tenía órdenes estrictas de que no rozaran la taza. Menos mal que es peso pluma. La pequeña empieza a trastear con el papel higiénico. Oigo la puerta de aseo abrirse. Entra alguien. Digo, “Teresa, deja el papel” Vuelvo a oír la puerta. Ese alguien huye espantado. María termina. Turno de Teresa. Teresa acaba. Nos lavamos todos las manos y volvemos al cine.
Consigo sentarlas después de discutir cual era el sitio se cada una. La película estaba acabando. Me preguntan: ¿qué pasa?
Pienso: "Y yo que coño sé si no me he enterado de nada, pregúntale a tu otro primo y a la novia que ellos la han estado viendo muy atentos". Pero como yo he visto un par de episodios de la Supernanny sé que eso no se les puede decir a los niños. Y me limito a decir: pues que están haciendo una carrera (nivel intelectual de mi respuesta: primero de primaria).
La película acaba por fin. Y las saco corriendo del cine deseando devolvérselas a sus madres y replanteándome la paternidad.
Reflexión: los niños pequeños son una monería, da gusto verlos jugar en el parque y escuchar sus vocecillas, siempre que uno se asegure de estar lo suficientemente lejos de ellos para no enterarse de lo que están diciendo en realidad. Porque la mayoría son avariciosos. No les gusta dejar sus juguetes pero exigen que los demás les presten los suyos.
-¿Me dejas la pelota?
-No.
-Un ratito.
-Que no.
-Mamáaaaaa, no me deja la pelota.
-Es míaaaaaaa.
Cuando crecen todo sigue igual sólo que los motivos de discusión son otros y las palabras no quieren decir lo que en verdad dicen. Por ejemplo:
-¿Te sentaría mal que saliera con tu ex? (Traducción: voy a hacerlo te guste o no, pero te lo pregunto para que no te pille de sorpresa)
-Pues sí. (si sales con él te pongo dos velas negras)
-Pero si tú estás con otro/a. (¿cómo eres tan egoísta?)
-Ya pero… (no insistas)
-¿Es que todavía te gusta? (¿Es que te lo/la estás tirando aún?)
-No pero… es que es un cabrón/a y no quiero que te haga daño. (a ver si te enteras bonito/a, es Mi ex y no quiero que sea el ex de nadie más, porque aunque sea un cabrón/a y me lo haya hecho pasar fatal es Mi cabró/a, y no quiero que te haga lo que me hacía a mí cuando estábamos bien).
Y así es como se pierden algunas amistades por culpa de la avaricia.
Conclusiones:
1. Pensadlo mucho antes de ir con tres niñas pequeñas al cine, y más cuando entre ellas hay la suficiente confianza como para iniciar una guerra de palomitas y bocadillos.
2. Compartir el cholec y las chuches es bonito.
3. Compartir al ex novio ya no lo es tanto. Pero pensad que compartir al novio sería mucho peor.
¡¡¡Que pequéis mucho!!!
El viernes pasado en un arranque de generosidad (enemiga mortal de la avaricia) decidí dar a mis tías una tarde de libertad condicional y llevarme a mis primas al cine: Irene de 8, su hermana María de 4 y nuestra prima Teresa de 3. Pero como uno es generoso pero no tonto, aparte de negociar el horario y que me pagaran la entrada y las palomitas decidí llevarme refuerzos. Los únicos a los que conseguí reclutar fueron mi hermano, 19, y su novia 18, aunque para el caso, como si no hubieran venido.
Antes de entrar mi tía me da una bolsa rosa de las supernenas y me explica qué bocadillo corresponde a cada una, la botella de agua, y que hay un batido de chocolate para cada una, pero que no se lo dé hasta que no se acaben el bocadillo. Entendido.
Mi tía se empieza a ir y cuando está a cuatro metros me grita “¡¡¡y pregúntales si quieren ir al aseo!!!” 0_0 ¿aseo?... ese detalle no lo había previsto… decidí que el problema se resolvería si se diera el caso, y lo aparté de mi mente, con la esperanza de no tener que enfrentarme a él.
Yo que soy un primo enrollao decido mandar a mi hermano a comprarles chuches (para algo se vino de apoyo, jeje) y entramos a la sala, las siento, les planto los bocadillos y las botellas de agua y empieza la película.
Primeros 30 minutos de Cars sin incidentes. La de 4 se termina el bocadillo, la de 3 apenas lo ha empezado, y la de 8 lleva la mitad.
Minuto 40 aprox. la de 4 pide su batido, la de 3 que lo oye también lo quiere… pero aún no se ha terminado el bocadillo. Dilema. Intento negociar. “Un poquito más”. Da un bocado. Da otro. La de 4 se termina el cholec: “quiero otro”. Dilema, si le doy otro batido y la mayor me exige el suyo y le digo que no hay me monta el pollo. “María, es uno para cada una”. Se conforma, un amor de niña.
Teresa: “quiero el cholec”, aún no se ha terminado el bocadillo: “otro poquito más”, “no”, “vale, toma el cholec”, pasando de discutir. Me acabo el bocadillo de la niña en dos bocaos.
Pasan 30 segundos.
Teresa: quiero el chupete (una golosina en forma de chupete que habíamos comprado y de la que había tres unidades)
Yo: termínate el cholec primero.
Teresa: Me duele la barriga.
Yo: pues si te duele la barriga no te puedes comer el chupete.
La niña piensa… encuentra lógica en mi argumento… piensa en un contra argumento…
Teresa: no quiero más.
Yo: vale dame el cholec. (Pasando de discutir.) María, toma el cholec de Teresa (yo muy salomónico)
Terera: ¡No, que es mío!
Yo: Pero si tú no lo quieres
Rápidamente le saco el chupete mientras le doy a la prima su batido para que no le de tiempo a protestar.
Pasa un minuto. María se levanta, debe de estar incómoda en el asiento infantil ese de plástico durísimo. Se acerca y me pide que la coja. Me la siento en una pierna. La pequeña que la ve también quiere sentarse encima de mí. Me la siento encima también. Mejor momento de la peli, las dos encima de mí tranquilitas apoyadas en mi pecho. Me dan ganas de ser papá. Pero en eso que ven a la mayor comiendo 3D… “quiero patatas”, “yo también.”
Yo: Irene damos patatas.
Irene: No que son mías.
Yo: por favor.
Irene: Vale.
Nos da un puñado.
0.4 segundos más tarde ya no hay patatas.
Teresa: Quiero más.
Yo: no hables alto. Irene danos patatas.
Irene: Jooo, que quedan pocas.
Yo: Irene que nos des patatas.
Irene: ¡Que no!
Yo: ¡¡¡Irene, las he comprado yo!!! (Mi nivel de madurez en ese momento: 8 años)
La señora de delante: Shiiiii
Nos da patatas.
Pasan diez minutos. Se me empiezan a dormir las piernas. Las niñas se ve que se aburren y empiezan a preguntar.
¿Qué comen los coches? Gasolina.
¿Y que más? Eh… y aceite.
¿Y que más? Shiii, en el cine no se puede hablar (vale, no sé que más comen los coches, pero las niñas no pueden saber que su primo es un ignorante).
Al rato interviene la mayor.
¿Tienes novia? Eh… no
¿Por qué? Porque… Irene calla que molestas a los de delante.
Hablando de novias, mi hermano y la novia no se perdían detalle de la película, y yo aún no sabía ni como se llamaba el protagonista.
Las niñas se cansan de mí, o de comer patatas, y se vuelven a su sitio.
La película está en uno de los momentos importantes. María se levanta, viene hacia mí con cara de circunstancia.
María: Me hago caca.
0_0
Teresa: y yo pis.
0_0
Irene: Yo también voy.
…
Me dieron ganas de decir: ¿¿¿ahora??? ¿y no os podéis aguantar que queda poco? Pero recordé que son pequeñas, así que cogí a una de la mano y a otra en brazos y bajé las escaleras decidido, mientras la mayor nos seguía rezagada porque iba perdiendo la sandalia a cada escalón.
Estoy en la puerta del aseo. Descarto inmediatamente la posibilidad de entrar en el de hombres, huelga dar razones. Por lo tanto, sólo queda una opción: señoras. ¿Habría alguien dentro? ¿Se molestaría? Pensé en entrar diciendo “¿Hola? Soy un chico, voy a entrar con mis primar pequeñas, pero como soy gay no pasa nada”. Pasando de dar la nota (sí, más aún).
Entramos. No había nadie. Me meto con las dos pequeñas a uno de los servicios mientras la mayor va sola al otro. Sujeto a María mientras hacía sus cosas, porque tenía órdenes estrictas de que no rozaran la taza. Menos mal que es peso pluma. La pequeña empieza a trastear con el papel higiénico. Oigo la puerta de aseo abrirse. Entra alguien. Digo, “Teresa, deja el papel” Vuelvo a oír la puerta. Ese alguien huye espantado. María termina. Turno de Teresa. Teresa acaba. Nos lavamos todos las manos y volvemos al cine.
Consigo sentarlas después de discutir cual era el sitio se cada una. La película estaba acabando. Me preguntan: ¿qué pasa?
Pienso: "Y yo que coño sé si no me he enterado de nada, pregúntale a tu otro primo y a la novia que ellos la han estado viendo muy atentos". Pero como yo he visto un par de episodios de la Supernanny sé que eso no se les puede decir a los niños. Y me limito a decir: pues que están haciendo una carrera (nivel intelectual de mi respuesta: primero de primaria).
La película acaba por fin. Y las saco corriendo del cine deseando devolvérselas a sus madres y replanteándome la paternidad.
Reflexión: los niños pequeños son una monería, da gusto verlos jugar en el parque y escuchar sus vocecillas, siempre que uno se asegure de estar lo suficientemente lejos de ellos para no enterarse de lo que están diciendo en realidad. Porque la mayoría son avariciosos. No les gusta dejar sus juguetes pero exigen que los demás les presten los suyos.
-¿Me dejas la pelota?
-No.
-Un ratito.
-Que no.
-Mamáaaaaa, no me deja la pelota.
-Es míaaaaaaa.
Cuando crecen todo sigue igual sólo que los motivos de discusión son otros y las palabras no quieren decir lo que en verdad dicen. Por ejemplo:
-¿Te sentaría mal que saliera con tu ex? (Traducción: voy a hacerlo te guste o no, pero te lo pregunto para que no te pille de sorpresa)
-Pues sí. (si sales con él te pongo dos velas negras)
-Pero si tú estás con otro/a. (¿cómo eres tan egoísta?)
-Ya pero… (no insistas)
-¿Es que todavía te gusta? (¿Es que te lo/la estás tirando aún?)
-No pero… es que es un cabrón/a y no quiero que te haga daño. (a ver si te enteras bonito/a, es Mi ex y no quiero que sea el ex de nadie más, porque aunque sea un cabrón/a y me lo haya hecho pasar fatal es Mi cabró/a, y no quiero que te haga lo que me hacía a mí cuando estábamos bien).
Y así es como se pierden algunas amistades por culpa de la avaricia.
Conclusiones:
1. Pensadlo mucho antes de ir con tres niñas pequeñas al cine, y más cuando entre ellas hay la suficiente confianza como para iniciar una guerra de palomitas y bocadillos.
2. Compartir el cholec y las chuches es bonito.
3. Compartir al ex novio ya no lo es tanto. Pero pensad que compartir al novio sería mucho peor.
¡¡¡Que pequéis mucho!!!
Sobre la soberbia y la crueldad del subconsciente
Antes de empezar permitidme un par de apuntes: la historia del enfermero es totalmente cierta hasta la parte donde le digo que su compañera es muy guapa, es que en el post anterior no me expliqué bien (la noche me confundió, jeje).
Por otra parte, los hechos que se narran en el siguiente post son 100% verídicos (no quiero que penséis que me lo invento todo, prometo avisar cuando se dé la posibilidad de que así sea :P)
Ahora sí…
¡Hola, pecadores! (entónese como “¡Hola, Corazones!”): Volvamos al mundo donde el bien y el mal se unen en una danza agresiva a la par que erótica para hacer de nuestra vida una bifurcación permanente donde el camino que cojamos nos acercará o alejará del sendero correcto. Hoy hace su entrada por la puerta grande, vestida con sus mejores galas y mirando por encima del hombro, ¡la Soberbia!
La Real Academia define soberbia como: Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
Yo defino la soberbia como ser un chulo de mierda, un creído o ir de lo que no eres, o simplemente ir de algo, da igual que lo seas o no.
Una cosa es tener orgullo y ser conscientes de nuestros propios encantos y virtudes, que de eso todos tenemos, y otra cosa ir alardeando de ellos y mirando a los demás por encima del hombro. Vale, esta agresividad no es normal, estoy pensando en alguien en concreto.
Reconozco que no todo el mundo me cae bien, pero es difícil que yo le coja manía a alguien, de esa que te entra fuego cuando ves a una persona, pero no fuego de pasión, fuego de que te hierve la sangre de desprecio, bueno, pues eso me pasa a mí con… no está bonito decir el nombre, busquemos un pseudónimo… eh… Chulodemierda es un poco largo, lo dejaré en Chulode. Bueno, voy a empezar la historia desde el principio de los tiempos, como Manolito Gafotas, aunque intentaré no alargarme.
Un sábado salí con un amigo por el ambiente para que me presentara a unos amigos suyos. En la puerta del pub estaba Chulode, alto, moreno, cuerpo definido (eh… parece un contacto, tipo de cuerpo: definido), con el mentón así cuadrado… todo muy castizo él, muy macho ibérico (ejem). Y muy moderno, de eso que se nota que lleva pensado el modelito desde el martes y es evidente que la distribución de los pinchos del pelo no es fruto del azar que se los ha dejado así de molones, sino de una medición del ángulo de los mismos hecha con escuadra y cartabón. No es que uno no se arregle, sería hipócrita negarlo, pero para ir estupendo a la par que sencillo no hace falta tirarse una hora delante del espejo.
Quizá esté siendo un poco injusto, a primera vista me pareció un chico apañao, incluso atractivo (la sinceridad duele), pero al saludarme la cagó. Siempre hay cierta vacilación cuando me presentan a un chico que sé que es gay, nunca se si dar dos besos o la mano. Yo prefiero dar la mano la primera vez, porque eso dice mucho de la persona, pero tampoco tengo manías. Lo que pasa es que algunos chicos depende donde estéis (y de cómo sea el susodicho) te dan la mano o dos besos, y eso me descoloca. Una vez me acuerdo que mi ex me quitó la cara porque estaba delante de una chica que no sabía que era gay, casi me lo cargo. Me voy por las ramas, el caso es que no tuve tiempo de vacilar porque tras pegarme un repaso de arriba abajo (o de abajo arriba, no lo recuerdo), en plan “te estoy pasando mis rayos-x para ver si eres digno de recibir mi saludo” me alarga la mano (¡que afortunado me sentí!) pero, justo cuando se la voy a dar, ¡me aparta la cara! Eso lo hacen algunas personas y me da rabia, no sé bien porqué. Que menos que mirar a la cara de la persona a la que estás saludando,
Total, que entramos y me presenta al resto del grupo, en seguida supe que Chulode era el líder… y todos los demás alrededor de él como niños de primaria. Y a mí eso de que chicos ya con sus veintitantos le chupen el culo (más de uno de ellos intuyo le gustaría hacerlo de manera literal) al más guapo me toca los cojones. Además, todos súper secos y casi ni me hablaron. Joer, era mucha gente nueva de golpe, yo estaba cortado, que menos que hacer por integrarme. Sobra decir que al poco rato me quería ir. Y me fui, allí iba estar yo aguantando miradas suspicaces, todos en plan… a ver que el nuevo este no nos quite al que nos gusta (fuera cual fuera el que le gustara a cada uno). Unos críos (dijo el señor maduro, jeje).
El resto de la noche no tiene importancia, de hecho ni me acuerdo, jeje.
Al cabo de un par de semanas volví a salir con mi amigo y nos encontramos a Chulode. Aparentemente no se acordaba de mí, y mi amigo me lo volvió a presentar como si fuera la primera vez, yo también fingí que no me acordaba (eso faltaba). Estuvo un rato hablando con él, que a mí se me antojó eterno, y seguimos nuestra marcha.
Esta misma situación se volvió a repetir en otra ocasión al poco tiempo, con igual resultado, pero con mis límites de asombro e indignación en alerta naranja.
Mi amigo no vive en mi ciudad, así que cuando viene poco tiempo no le queda otra que juntar a gente y, oh cruel destino, a una amiga y a mí nos tocó compartir mesa de cafetería con Chulode y su ligue de turno. Mi amigo dijo que era para que me diera cuenta de que en realidad era majo.
Mi opinión no sólo no mejoró, sino que empeoró. Sobre todo cuando soltó la siguiente perla:
-Yo sólo me lío con heteros.
0_0… y yo que puedo ser muy borde cuando quiero (bueno, y cuando no quiero a veces se me escapa) le contesté:
-Pues no serán tan heteros cuando se lían contigo.
En ese momento, él y su acompañante se dignaron a mirarme por primera vez después de media hora en la misma mesa, la mar de ofendidos, claro. Mi amigo me pegó una patada por debajo de la mesa y mi amiga no pudo reprimir una carcajada.
Es como si en ese momento les hubiera recordado que eran tíos que se liaban con tíos y que eso era una cosa muy fea. En fin, hay gente para todo.
Bueno, como en el fondo no soy tan malo, me sentí en la obligación de intentar arreglarlo, por mi amigo más que nada, así que comenté de la manera más despreocupada que pude fingir (que según mi amiga, no fue mucha):
-Sí, es como ese sultán que sólo se acostaba con vírgenes y entoces sólo lo hacía una vez con cada una.
Dije que lo intenté, no que lo consiguiera.
-Pshi –dijo Chulode con cara de desprecio y gesto de drama queen, como si yo no fuera alguien lo suficientemente importante como para merecer contestación. O a lo mejor porque no se le ocurrió nada que contestar.
Mi amiga salió al rescate con un socorrido:
-Bueno, me tengo que ir que tengo prisa.
Y nos fuimos.
Desde ese día cada vez que nos lo encontramos simplemente de mira por encima del hombro. Bueno, ahora por lo menos tiene motivos, jejeje.
Pero ahí no acaba todo, porque el subconsciente es un amante cruel y caprichoso que se vale del sueño para premiarnos o castigarnos. Me explico (quien haya llegado hasta aquí que aguante que queda poco, jeje)
La semana pasada soñé que estaba en casa de mi amigo y aparecía Chulode. Empezábamos a intercambiar puyas, pero al rato se tumba en la cama y me dice “ven” (vaya giro argumental se marcó ahí mi subconsciente, ni los guionistas de Sexto Sentido, señores). Total que yo voy y nos empezamos a liar… con magreo y todo. Al poco mi amigo me llama y digo “oye, me tengo que ir”, “¿me vas a dejar así?” pregunta, y yo me quedo un momento pensando y digo “bueno, no”. Y la cosa siguió poniéndose más y más verde, bueno… tampoco tanto, pero un poco sí, cada uno que se imagine lo que quiera, jejeje.
El caso es que me desperté y cuando me di cuenta de lo que había soñado me entró un cabreo de cojones. ¿Para una vez que tengo un sueño erótico tiene que ser con el creído ese? Una vez que se me pasó me puse a reflexionar sobre las posibles causas, porque con un sueño tan raro algo me quería dar a entender mi subconsciente. No he encontrado la respuesta aún pero aquí hay algunas hipótesis:
1. Necesito sexo… no, esa es demasiado obvia.
2. En el fondo me gusta… ni de coña, porque en estado de vigilia nunca me liaría con un tío así.
3. Me estoy volviendo loco… puede ser.
¿A alguien se le ocurre alguna explicación/causa/motivo? ¿Alguien tiene el número de Freud? O en su defecto, ¿alguien tiene el número de una médium que tenga el número de Freud?
Vaya, lo siento, me he desviado del tema y además me he enrollado más que las persianas.
Conclusiones: la soberbia es mala. La chulería en su justa medida tiene su punto. Ser un chulo de mierda y un creído es inaceptable. Tener sueños eróticos con alguien que te cae mal no mola nada.
La buena noticia es que no me considero soberbio, no digo que no me haya tenido mis arranques de “envanecimiento por la contemplación de las propias prendas”, como todos, pero nunca “con menosprecio de los demás”; con lo cual Pecados Capitales 2 (lujuria y envidia) Karma de Pau 1.
Por otra parte, los hechos que se narran en el siguiente post son 100% verídicos (no quiero que penséis que me lo invento todo, prometo avisar cuando se dé la posibilidad de que así sea :P)
Ahora sí…
¡Hola, pecadores! (entónese como “¡Hola, Corazones!”): Volvamos al mundo donde el bien y el mal se unen en una danza agresiva a la par que erótica para hacer de nuestra vida una bifurcación permanente donde el camino que cojamos nos acercará o alejará del sendero correcto. Hoy hace su entrada por la puerta grande, vestida con sus mejores galas y mirando por encima del hombro, ¡la Soberbia!
La Real Academia define soberbia como: Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
Yo defino la soberbia como ser un chulo de mierda, un creído o ir de lo que no eres, o simplemente ir de algo, da igual que lo seas o no.
Una cosa es tener orgullo y ser conscientes de nuestros propios encantos y virtudes, que de eso todos tenemos, y otra cosa ir alardeando de ellos y mirando a los demás por encima del hombro. Vale, esta agresividad no es normal, estoy pensando en alguien en concreto.
Reconozco que no todo el mundo me cae bien, pero es difícil que yo le coja manía a alguien, de esa que te entra fuego cuando ves a una persona, pero no fuego de pasión, fuego de que te hierve la sangre de desprecio, bueno, pues eso me pasa a mí con… no está bonito decir el nombre, busquemos un pseudónimo… eh… Chulodemierda es un poco largo, lo dejaré en Chulode. Bueno, voy a empezar la historia desde el principio de los tiempos, como Manolito Gafotas, aunque intentaré no alargarme.
Un sábado salí con un amigo por el ambiente para que me presentara a unos amigos suyos. En la puerta del pub estaba Chulode, alto, moreno, cuerpo definido (eh… parece un contacto, tipo de cuerpo: definido), con el mentón así cuadrado… todo muy castizo él, muy macho ibérico (ejem). Y muy moderno, de eso que se nota que lleva pensado el modelito desde el martes y es evidente que la distribución de los pinchos del pelo no es fruto del azar que se los ha dejado así de molones, sino de una medición del ángulo de los mismos hecha con escuadra y cartabón. No es que uno no se arregle, sería hipócrita negarlo, pero para ir estupendo a la par que sencillo no hace falta tirarse una hora delante del espejo.
Quizá esté siendo un poco injusto, a primera vista me pareció un chico apañao, incluso atractivo (la sinceridad duele), pero al saludarme la cagó. Siempre hay cierta vacilación cuando me presentan a un chico que sé que es gay, nunca se si dar dos besos o la mano. Yo prefiero dar la mano la primera vez, porque eso dice mucho de la persona, pero tampoco tengo manías. Lo que pasa es que algunos chicos depende donde estéis (y de cómo sea el susodicho) te dan la mano o dos besos, y eso me descoloca. Una vez me acuerdo que mi ex me quitó la cara porque estaba delante de una chica que no sabía que era gay, casi me lo cargo. Me voy por las ramas, el caso es que no tuve tiempo de vacilar porque tras pegarme un repaso de arriba abajo (o de abajo arriba, no lo recuerdo), en plan “te estoy pasando mis rayos-x para ver si eres digno de recibir mi saludo” me alarga la mano (¡que afortunado me sentí!) pero, justo cuando se la voy a dar, ¡me aparta la cara! Eso lo hacen algunas personas y me da rabia, no sé bien porqué. Que menos que mirar a la cara de la persona a la que estás saludando,
Total, que entramos y me presenta al resto del grupo, en seguida supe que Chulode era el líder… y todos los demás alrededor de él como niños de primaria. Y a mí eso de que chicos ya con sus veintitantos le chupen el culo (más de uno de ellos intuyo le gustaría hacerlo de manera literal) al más guapo me toca los cojones. Además, todos súper secos y casi ni me hablaron. Joer, era mucha gente nueva de golpe, yo estaba cortado, que menos que hacer por integrarme. Sobra decir que al poco rato me quería ir. Y me fui, allí iba estar yo aguantando miradas suspicaces, todos en plan… a ver que el nuevo este no nos quite al que nos gusta (fuera cual fuera el que le gustara a cada uno). Unos críos (dijo el señor maduro, jeje).
El resto de la noche no tiene importancia, de hecho ni me acuerdo, jeje.
Al cabo de un par de semanas volví a salir con mi amigo y nos encontramos a Chulode. Aparentemente no se acordaba de mí, y mi amigo me lo volvió a presentar como si fuera la primera vez, yo también fingí que no me acordaba (eso faltaba). Estuvo un rato hablando con él, que a mí se me antojó eterno, y seguimos nuestra marcha.
Esta misma situación se volvió a repetir en otra ocasión al poco tiempo, con igual resultado, pero con mis límites de asombro e indignación en alerta naranja.
Mi amigo no vive en mi ciudad, así que cuando viene poco tiempo no le queda otra que juntar a gente y, oh cruel destino, a una amiga y a mí nos tocó compartir mesa de cafetería con Chulode y su ligue de turno. Mi amigo dijo que era para que me diera cuenta de que en realidad era majo.
Mi opinión no sólo no mejoró, sino que empeoró. Sobre todo cuando soltó la siguiente perla:
-Yo sólo me lío con heteros.
0_0… y yo que puedo ser muy borde cuando quiero (bueno, y cuando no quiero a veces se me escapa) le contesté:
-Pues no serán tan heteros cuando se lían contigo.
En ese momento, él y su acompañante se dignaron a mirarme por primera vez después de media hora en la misma mesa, la mar de ofendidos, claro. Mi amigo me pegó una patada por debajo de la mesa y mi amiga no pudo reprimir una carcajada.
Es como si en ese momento les hubiera recordado que eran tíos que se liaban con tíos y que eso era una cosa muy fea. En fin, hay gente para todo.
Bueno, como en el fondo no soy tan malo, me sentí en la obligación de intentar arreglarlo, por mi amigo más que nada, así que comenté de la manera más despreocupada que pude fingir (que según mi amiga, no fue mucha):
-Sí, es como ese sultán que sólo se acostaba con vírgenes y entoces sólo lo hacía una vez con cada una.
Dije que lo intenté, no que lo consiguiera.
-Pshi –dijo Chulode con cara de desprecio y gesto de drama queen, como si yo no fuera alguien lo suficientemente importante como para merecer contestación. O a lo mejor porque no se le ocurrió nada que contestar.
Mi amiga salió al rescate con un socorrido:
-Bueno, me tengo que ir que tengo prisa.
Y nos fuimos.
Desde ese día cada vez que nos lo encontramos simplemente de mira por encima del hombro. Bueno, ahora por lo menos tiene motivos, jejeje.
Pero ahí no acaba todo, porque el subconsciente es un amante cruel y caprichoso que se vale del sueño para premiarnos o castigarnos. Me explico (quien haya llegado hasta aquí que aguante que queda poco, jeje)
La semana pasada soñé que estaba en casa de mi amigo y aparecía Chulode. Empezábamos a intercambiar puyas, pero al rato se tumba en la cama y me dice “ven” (vaya giro argumental se marcó ahí mi subconsciente, ni los guionistas de Sexto Sentido, señores). Total que yo voy y nos empezamos a liar… con magreo y todo. Al poco mi amigo me llama y digo “oye, me tengo que ir”, “¿me vas a dejar así?” pregunta, y yo me quedo un momento pensando y digo “bueno, no”. Y la cosa siguió poniéndose más y más verde, bueno… tampoco tanto, pero un poco sí, cada uno que se imagine lo que quiera, jejeje.
El caso es que me desperté y cuando me di cuenta de lo que había soñado me entró un cabreo de cojones. ¿Para una vez que tengo un sueño erótico tiene que ser con el creído ese? Una vez que se me pasó me puse a reflexionar sobre las posibles causas, porque con un sueño tan raro algo me quería dar a entender mi subconsciente. No he encontrado la respuesta aún pero aquí hay algunas hipótesis:
1. Necesito sexo… no, esa es demasiado obvia.
2. En el fondo me gusta… ni de coña, porque en estado de vigilia nunca me liaría con un tío así.
3. Me estoy volviendo loco… puede ser.
¿A alguien se le ocurre alguna explicación/causa/motivo? ¿Alguien tiene el número de Freud? O en su defecto, ¿alguien tiene el número de una médium que tenga el número de Freud?
Vaya, lo siento, me he desviado del tema y además me he enrollado más que las persianas.
Conclusiones: la soberbia es mala. La chulería en su justa medida tiene su punto. Ser un chulo de mierda y un creído es inaceptable. Tener sueños eróticos con alguien que te cae mal no mola nada.
La buena noticia es que no me considero soberbio, no digo que no me haya tenido mis arranques de “envanecimiento por la contemplación de las propias prendas”, como todos, pero nunca “con menosprecio de los demás”; con lo cual Pecados Capitales 2 (lujuria y envidia) Karma de Pau 1.
¡Solución!
Bueno, llega la hora de desvelar el ganador de nuestro concurso, muchas gracias a todos los participantes por sus respuestas, entre todos ustedes se sorteará un viaje a las maravillosa playa del Altet (Alicante) sin ningún gasto pagado, pero con un guía local la mar de salao.
Ahora sí, Vanessa, querida, si eres tan amable de acercarme el sobre.
Gracias.
Llegó el momento de desvelar el ganador. And the oscar goes to... ups, me he equivocado de gala, es que ya estoy ensayando para la que tengo en marzo.
Pues eso, el ganador es... ¡Zuhor! (aplausos), porque ha acertado el momento exacto donde la realidad de vuelve ficción. Ahora yo me preguntó: ¿Eres siempre así de intuitivo o es que yo soy demasiado transparente? No me puedo creer que con sólo 5 post ya sea tan predecible, jeje, en fin.
La verdad de la historia es que sí estuve intentando darle conversación a Alfie, cuando no estaba apretando los dientes por el dolor, jeje, pero como no me seguía el rollo desistí, y ese día ya me dieron el alta y me dijeron que me podía curar yo en casa. Pues sí, así de sosa es mi realidad.
En breve nos pondremos en contacto con el ganador del concurso para acordar el premio.
Próxima entrega: Sobre la soberbia y la crueldad del subconsciente.
Ahora sí, Vanessa, querida, si eres tan amable de acercarme el sobre.
Gracias.
Llegó el momento de desvelar el ganador. And the oscar goes to... ups, me he equivocado de gala, es que ya estoy ensayando para la que tengo en marzo.
Pues eso, el ganador es... ¡Zuhor! (aplausos), porque ha acertado el momento exacto donde la realidad de vuelve ficción. Ahora yo me preguntó: ¿Eres siempre así de intuitivo o es que yo soy demasiado transparente? No me puedo creer que con sólo 5 post ya sea tan predecible, jeje, en fin.
La verdad de la historia es que sí estuve intentando darle conversación a Alfie, cuando no estaba apretando los dientes por el dolor, jeje, pero como no me seguía el rollo desistí, y ese día ya me dieron el alta y me dijeron que me podía curar yo en casa. Pues sí, así de sosa es mi realidad.
En breve nos pondremos en contacto con el ganador del concurso para acordar el premio.
Próxima entrega: Sobre la soberbia y la crueldad del subconsciente.
Juego: Realidad y Ficción
Haciendo un paréntesis en mis reflexiones sobre los pecados (estoy empezando a coger complejo de pastor norteamericano) os propongo un juego: voy a contar una historia completamente cierta… hasta un punto en el que me la empezaré a inventar, el que quiera puede participar y opinar donde acaba la realidad y empieza la ficción. Luego daré la solución.
I. El enfermero
Estuve yendo una temporada a un centro de salud a curarme una herida, nada grave pero un poco molesto, pero ahorraré los detalles por si hay gente a la que le resulta desagradable la sangre, jeje; Sólo diré, para los más gores que había de por medio tijeras afiladas, betadine, antibiótico en pomada y nitrato de plata abrasando el tejido de granulación (quien acierte la dolencia premio extra, en plan número de serie, jeje).
Normalmente la enfermera era una chica majísima, estupenda y además muy guapa, me hubiera enamorado de ella de no ser porque no tengo costumbre de enamorarme de chicas, jeje. El caso es que un día mientras esperaba vi a un enfermero que me llamó la atención, era joven, tendría mi edad más o menos, no era guapísimo ni estaba buenísimo, pero era muy mono, y me molaba cómo vestía (los pantalones y las zapatillas, porque la parte de arriba es esa especie camisa blanca que usan y que tiene también su punto, jeje), le llamaremos Alfie. Ese día me curó mi enfermera estupenda y majísima y me fui a mi casa dolorido y pensando en Alfie, lo que mitigaba el dolor, jeje.
Al día siguiente volví con una amiga, y mientras esperábamos vi que Alfie también estaba en la sala de curas, yo ya estaba todo emocionado y rezando para que me curara él. Sale la enfermera y dice “Fulana de tal y detrás (mi nombre)”. Como había dos puertas y ella estaba de espaldas a una de ellas yo pensaba que se refería a que Fulana de tal entraba en la puerta donde estaba ella y yo en la que quedaba a su espalda y estaba… exacto, Alfie! Jejeje. Pero cuando entro él me dice: “no, es que tienes que esperar, vas detrás de Fulana” 0_0 ¡qué vergüenza! ¡tierra trágame!, y mi amiga partiéndose el culo. Total que salgo fuera a esperar a que me llamaran otra vez.
Me volvieron a llamar, al principio me iba a curar la chica, pero en ese momento la llamaron y se tuvo que ir (¡bien!) así que vino Alfie. Yo soy bastante cortado, pero decidí darle conversación a ver si me seguía el rollo y notaba que ahí había algo. Le pregunté si hacía mucho tiempo que trabajaba allí y tal, el chico al principio me contestaba muy majo, pero nada más, muy concentrado en no hacerme más daño del estrictamente necesario. Yo no sé si fue por el dolor que no me permitía pensar con claridad, pero le solté:
-Qué guapa es la otra enfermera, ¿no?
-Sí, es mi novia.
Tras esa frase, automáticamente alguien con mi voz y mi apariencia respondió:
-No jodas.
Sí, creo que fui yo quien dijo eso, aunque aún me sorprende.
-¿Qué pasa, que te gusta? -dijo y se rió, sin maldad ni nada.
Yo pensé, mira de perdidos al río:
-No, ella no.
El chico puso cara de póker (no sé si lo pillo o ya pasó de mí) y me dio cita para el día siguiente.
Si no hubiera estado blanco por el dolor, el color elegido por mi cara en ese momento habría sido rojo.
-Vale, gracias.
Y me fui.
Cuando se lo contaba a mi amiga se partía, y no dejó de recordármelo en toda la tarde. Lo peor es que al día siguiente tenía que volver. ¡Para una vez que me lanzo hago el ridículo!
Pero bueno, allí que volví yo al día siguiente, eso sí con el ipod y las gafas de sol como un famoso intentado esconderse en vano de la prensa. Ese día la espera se me hizo muy corta y en seguida me llamaron, o eso me pareció. Yo tenía la esperanza de que no estuvieran ni Alfie ni la novia. Cuando entré a la sala de curas había otro chico, muy mono también (si hay alguien estudiando enfermería que me lea le deseo que encuentre trabajo en un centro de salud con gente tan maja y guapa como el mío, jeje), pero yo ya había escarmentado. Pensé que era mi día de suerte porque no estaba Alfie, pero… no, estaba, además el otro chico se fue y me atendió él.
Me curó sin mediar palabra, yo había empezado a pensar que al salir del trabajo el día anterior se había pegado un golpe mientras se acostaba con la novia estupenda y había perdido la memoria, pero cuando acabó va y suelta:
-Oye, perdona por lo de ayer, pero no estoy acostumbrado a que liguen conmigo en el trabajo.
Me quería morir, me quería morir dos veces.
-De todas maneras –continuó- mi compañero es gay, si quieres te doy su número.
¿Dónde estaba la cámara oculta? Se suponía que tenía que contestar algo, pero se ve que mi Voz en ese momento había decidido irse de vacaciones.
-Déjalo, lo mismo él no quiere –por lo menos mi Voz había tenido la decencia de dejar un sustituto antes de irse de vacaciones: Hilo de Voz.
-No te preocupes, le conté lo de ayer y me dijo que te lo diera, lo que pasa es que es tímido.
Ya éramos dos.
-Bueno, vale.
Así que me apuntó el número del compañero en el papel de la cita y yo salí corriendo para no encontrármelo.
Al día siguiente, animado por algunas amigas (o más bien obligado) le mandé un mensaje para quedar. El chico era muy majo, se llamaba Roberto. Estuvimos saliendo una temporada y nos casamos, adoptamos un par de niños o tres, no me acuerdo bien, y al final me puso los cuernos con Alfie, que resultó que sí que era gay y me dejó.
Ala, a ver quien acierta donde acaba la realidad y empieza la ficción, pero recordad, a veces la segunda supera a la primera. ; ).
I. El enfermero
Estuve yendo una temporada a un centro de salud a curarme una herida, nada grave pero un poco molesto, pero ahorraré los detalles por si hay gente a la que le resulta desagradable la sangre, jeje; Sólo diré, para los más gores que había de por medio tijeras afiladas, betadine, antibiótico en pomada y nitrato de plata abrasando el tejido de granulación (quien acierte la dolencia premio extra, en plan número de serie, jeje).
Normalmente la enfermera era una chica majísima, estupenda y además muy guapa, me hubiera enamorado de ella de no ser porque no tengo costumbre de enamorarme de chicas, jeje. El caso es que un día mientras esperaba vi a un enfermero que me llamó la atención, era joven, tendría mi edad más o menos, no era guapísimo ni estaba buenísimo, pero era muy mono, y me molaba cómo vestía (los pantalones y las zapatillas, porque la parte de arriba es esa especie camisa blanca que usan y que tiene también su punto, jeje), le llamaremos Alfie. Ese día me curó mi enfermera estupenda y majísima y me fui a mi casa dolorido y pensando en Alfie, lo que mitigaba el dolor, jeje.
Al día siguiente volví con una amiga, y mientras esperábamos vi que Alfie también estaba en la sala de curas, yo ya estaba todo emocionado y rezando para que me curara él. Sale la enfermera y dice “Fulana de tal y detrás (mi nombre)”. Como había dos puertas y ella estaba de espaldas a una de ellas yo pensaba que se refería a que Fulana de tal entraba en la puerta donde estaba ella y yo en la que quedaba a su espalda y estaba… exacto, Alfie! Jejeje. Pero cuando entro él me dice: “no, es que tienes que esperar, vas detrás de Fulana” 0_0 ¡qué vergüenza! ¡tierra trágame!, y mi amiga partiéndose el culo. Total que salgo fuera a esperar a que me llamaran otra vez.
Me volvieron a llamar, al principio me iba a curar la chica, pero en ese momento la llamaron y se tuvo que ir (¡bien!) así que vino Alfie. Yo soy bastante cortado, pero decidí darle conversación a ver si me seguía el rollo y notaba que ahí había algo. Le pregunté si hacía mucho tiempo que trabajaba allí y tal, el chico al principio me contestaba muy majo, pero nada más, muy concentrado en no hacerme más daño del estrictamente necesario. Yo no sé si fue por el dolor que no me permitía pensar con claridad, pero le solté:
-Qué guapa es la otra enfermera, ¿no?
-Sí, es mi novia.
Tras esa frase, automáticamente alguien con mi voz y mi apariencia respondió:
-No jodas.
Sí, creo que fui yo quien dijo eso, aunque aún me sorprende.
-¿Qué pasa, que te gusta? -dijo y se rió, sin maldad ni nada.
Yo pensé, mira de perdidos al río:
-No, ella no.
El chico puso cara de póker (no sé si lo pillo o ya pasó de mí) y me dio cita para el día siguiente.
Si no hubiera estado blanco por el dolor, el color elegido por mi cara en ese momento habría sido rojo.
-Vale, gracias.
Y me fui.
Cuando se lo contaba a mi amiga se partía, y no dejó de recordármelo en toda la tarde. Lo peor es que al día siguiente tenía que volver. ¡Para una vez que me lanzo hago el ridículo!
Pero bueno, allí que volví yo al día siguiente, eso sí con el ipod y las gafas de sol como un famoso intentado esconderse en vano de la prensa. Ese día la espera se me hizo muy corta y en seguida me llamaron, o eso me pareció. Yo tenía la esperanza de que no estuvieran ni Alfie ni la novia. Cuando entré a la sala de curas había otro chico, muy mono también (si hay alguien estudiando enfermería que me lea le deseo que encuentre trabajo en un centro de salud con gente tan maja y guapa como el mío, jeje), pero yo ya había escarmentado. Pensé que era mi día de suerte porque no estaba Alfie, pero… no, estaba, además el otro chico se fue y me atendió él.
Me curó sin mediar palabra, yo había empezado a pensar que al salir del trabajo el día anterior se había pegado un golpe mientras se acostaba con la novia estupenda y había perdido la memoria, pero cuando acabó va y suelta:
-Oye, perdona por lo de ayer, pero no estoy acostumbrado a que liguen conmigo en el trabajo.
Me quería morir, me quería morir dos veces.
-De todas maneras –continuó- mi compañero es gay, si quieres te doy su número.
¿Dónde estaba la cámara oculta? Se suponía que tenía que contestar algo, pero se ve que mi Voz en ese momento había decidido irse de vacaciones.
-Déjalo, lo mismo él no quiere –por lo menos mi Voz había tenido la decencia de dejar un sustituto antes de irse de vacaciones: Hilo de Voz.
-No te preocupes, le conté lo de ayer y me dijo que te lo diera, lo que pasa es que es tímido.
Ya éramos dos.
-Bueno, vale.
Así que me apuntó el número del compañero en el papel de la cita y yo salí corriendo para no encontrármelo.
Al día siguiente, animado por algunas amigas (o más bien obligado) le mandé un mensaje para quedar. El chico era muy majo, se llamaba Roberto. Estuvimos saliendo una temporada y nos casamos, adoptamos un par de niños o tres, no me acuerdo bien, y al final me puso los cuernos con Alfie, que resultó que sí que era gay y me dejó.
Ala, a ver quien acierta donde acaba la realidad y empieza la ficción, pero recordad, a veces la segunda supera a la primera. ; ).
Envidia
P.D: (pre-data, jeje) Se me olvidó poner el nombre de la canción para el que se la quiera baj... quiero decir, para quien la quiera conseguir, jeje. Se llama Here Without You, y el grupo 3 Doors Down.
La envidia… según mi madre la envidia es lo peor del mundo, y como las madres siempre tienen razón (por lo menos la mía, aunque eso me ponga de los nervios a veces, jeje) supongo que será verdad.
Admitir que se siente envidia es jodido, es como hacerse de menos a uno mismo y se buscan otro tipo de sentimientos para enmascararla, como por ejemplo que alguien cae mal.
La envidia es un sentimiento tanto destructivo como autodestructivo. Sentirla nos perjudica a nosotros mismos y a nuestras relaciones con los demás, sobre todo cuando tenemos envidia de alguien cercano, la relación se acaba estropeando si no la controlamos. Y lo mismo ocurre cuando sienten envidia hacia nosotros, normalmente sin que podamos hacer nada para remediarlo.
Todos hemos vivido ambos casos, no hace falta ser una persona especialmente envidiosa (bueno, si alguien no ha tenido nunca envidia de nadie que lo diga, para que le demos un premio y de paso podamos odiarlo un poco, jeje).
Voy a confesar: ayer tuve envidia (si esto fuera una reunión de envidiosos anónimos los que estuvieran presentes me contestarían cosas como “sé fuerte”, “te comprendemos”).
Estaba en un chiringuito de la playa y en la mesa de enfrente, pero justo delante de mí para que no me perdiera detalle, había un par de chicos en esa primera fase de tonteo. Se hablaban al oído, se rozaban el brazo, se sonreían, se reían de lo que decía el otro (aunque estoy seguro de que no tenía ni puta gracia, jeje), etc. Al rato se levantaron y se fueron a la orilla donde se abrazaron y se besaron. Yo pensaba “jooo, ¡!quiero vivir eso otra vez!! (es que ya me toca)” y me puse un poco melancólico. No tenía envidia de ninguno de los chicos en particular, estaban bien pero no eran mi tipo, sino de la situación.
(Acabo de releer lo anterior: parece que me lo he inventado, pero os prometo que pasó en un chiringuito de la playa normal y corriente, por la noche, lleno de gente, pero ellos parecían ajenos a todo lo demás, y los demás a ellos, cosa que me moló mucho, ¡parece que la sociedad avanza!).
La solución que se propone a la envidia es la caridad, pero no entendida como el hecho de dar limosna y eso, sino como virtud contraria a la envidia (así de bien se explica la real academia española). Total, que me quedo sin saber lo que hay que hacer. Supongo que se referirá a la cualidad de alegrarse por los demás. Vale, eso se puede hacer cuando es gente a la que conoces; yo me alegré un montón el día que mi mejor amiga se lió con su novio, aunque sabía que tendría menos tiempo para mí, pero me cuesta alegrarme cuando no conozco a la persona.
Así que me siento mal, no me gusta ser así, quiero pensar que el ago puntual y pasajero… ¿alguna solución? Es que la de la caridad no me convence del todo, jeje.
Se me olvidaba poner foto, que además me va a servir de ejemplo. Si mi archienemigo, del que hablaré en otra ocasión (si se me olvida recordadme que os cuente lo del sueño) estuviera con un chico así, 1. me moriría de envidia 2.me daría mucha rabia (ira) 3. pensaría que la vida es muy injusta... Joer, este blog esta aflorando mis defectos... estoy destrozándome el Karma, jeje. ¡Sos!

P.D: (ahora sí, post data) en fin... de perdidos al río, en sí el chico de la foto también me da envidia, porque como han hecho notar mi hermano y mi cuñada, se parece a mí pero 352 veces más guapo... Por otra parte me alaga que me encuentren cierto parecido, jejeje.
La envidia… según mi madre la envidia es lo peor del mundo, y como las madres siempre tienen razón (por lo menos la mía, aunque eso me ponga de los nervios a veces, jeje) supongo que será verdad.
Admitir que se siente envidia es jodido, es como hacerse de menos a uno mismo y se buscan otro tipo de sentimientos para enmascararla, como por ejemplo que alguien cae mal.
La envidia es un sentimiento tanto destructivo como autodestructivo. Sentirla nos perjudica a nosotros mismos y a nuestras relaciones con los demás, sobre todo cuando tenemos envidia de alguien cercano, la relación se acaba estropeando si no la controlamos. Y lo mismo ocurre cuando sienten envidia hacia nosotros, normalmente sin que podamos hacer nada para remediarlo.
Todos hemos vivido ambos casos, no hace falta ser una persona especialmente envidiosa (bueno, si alguien no ha tenido nunca envidia de nadie que lo diga, para que le demos un premio y de paso podamos odiarlo un poco, jeje).
Voy a confesar: ayer tuve envidia (si esto fuera una reunión de envidiosos anónimos los que estuvieran presentes me contestarían cosas como “sé fuerte”, “te comprendemos”).
Estaba en un chiringuito de la playa y en la mesa de enfrente, pero justo delante de mí para que no me perdiera detalle, había un par de chicos en esa primera fase de tonteo. Se hablaban al oído, se rozaban el brazo, se sonreían, se reían de lo que decía el otro (aunque estoy seguro de que no tenía ni puta gracia, jeje), etc. Al rato se levantaron y se fueron a la orilla donde se abrazaron y se besaron. Yo pensaba “jooo, ¡!quiero vivir eso otra vez!! (es que ya me toca)” y me puse un poco melancólico. No tenía envidia de ninguno de los chicos en particular, estaban bien pero no eran mi tipo, sino de la situación.
(Acabo de releer lo anterior: parece que me lo he inventado, pero os prometo que pasó en un chiringuito de la playa normal y corriente, por la noche, lleno de gente, pero ellos parecían ajenos a todo lo demás, y los demás a ellos, cosa que me moló mucho, ¡parece que la sociedad avanza!).
La solución que se propone a la envidia es la caridad, pero no entendida como el hecho de dar limosna y eso, sino como virtud contraria a la envidia (así de bien se explica la real academia española). Total, que me quedo sin saber lo que hay que hacer. Supongo que se referirá a la cualidad de alegrarse por los demás. Vale, eso se puede hacer cuando es gente a la que conoces; yo me alegré un montón el día que mi mejor amiga se lió con su novio, aunque sabía que tendría menos tiempo para mí, pero me cuesta alegrarme cuando no conozco a la persona.
Así que me siento mal, no me gusta ser así, quiero pensar que el ago puntual y pasajero… ¿alguna solución? Es que la de la caridad no me convence del todo, jeje.
Se me olvidaba poner foto, que además me va a servir de ejemplo. Si mi archienemigo, del que hablaré en otra ocasión (si se me olvida recordadme que os cuente lo del sueño) estuviera con un chico así, 1. me moriría de envidia 2.me daría mucha rabia (ira) 3. pensaría que la vida es muy injusta... Joer, este blog esta aflorando mis defectos... estoy destrozándome el Karma, jeje. ¡Sos!

P.D: (ahora sí, post data) en fin... de perdidos al río, en sí el chico de la foto también me da envidia, porque como han hecho notar mi hermano y mi cuñada, se parece a mí pero 352 veces más guapo... Por otra parte me alaga que me encuentren cierto parecido, jejeje.
Lujuria II (continuación)
Se me olvidó comentar la virtud con la que se supone que hay que hacer frente a la lujuria... pero me parece tan absurdo y poco práctico... bueno lo digo por si lo preguntan en el trivial y alguien no lo sabe, es la castidad (se admiten risas).
Aunque pensándolo bien, en algún caso sí recomendaría la castidad, sobre todo la castidad individualizada; me explico:
Tengo una amiga, (parece un programa de radio, "no... yo es que tengo un amigo que.. pero a mi amigo...", jeje)... El caso es que esta amiga está enganchada a su ex que le ha hecho mil putadas y aún así no puede quitárselo de la cabeza y dejar de liarse con él (cuando él no tiene novia). Aunque digamos que está enganchada, no creo que sea sólo desde el punto de vista físico, sino también emocional, pero una buena forma de evitar esa especie de dependencia sería limitar esos contacto físicos, y no me refiero sólo al tema. Cuanto menos lo vea mejor; esto es, castidad individualizada hacia su persona y lujuria, si le apetece, con el resto. Pero claro, la teoría es muy bonita pero la práctica es más jodida. Le deseo mucha suerte porque es una buena tía y ese cerdo no se la merece (espero que no encuentre mi blog, si no me mata, jeje).
Próxima entrega: envidia
P.D: Como hoy no he escrito mucho os voy poner una canción que me encanta:
Aunque pensándolo bien, en algún caso sí recomendaría la castidad, sobre todo la castidad individualizada; me explico:
Tengo una amiga, (parece un programa de radio, "no... yo es que tengo un amigo que.. pero a mi amigo...", jeje)... El caso es que esta amiga está enganchada a su ex que le ha hecho mil putadas y aún así no puede quitárselo de la cabeza y dejar de liarse con él (cuando él no tiene novia). Aunque digamos que está enganchada, no creo que sea sólo desde el punto de vista físico, sino también emocional, pero una buena forma de evitar esa especie de dependencia sería limitar esos contacto físicos, y no me refiero sólo al tema. Cuanto menos lo vea mejor; esto es, castidad individualizada hacia su persona y lujuria, si le apetece, con el resto. Pero claro, la teoría es muy bonita pero la práctica es más jodida. Le deseo mucha suerte porque es una buena tía y ese cerdo no se la merece (espero que no encuentre mi blog, si no me mata, jeje).
Próxima entrega: envidia
P.D: Como hoy no he escrito mucho os voy poner una canción que me encanta:
Lujuria
La lujuria es uno de los pecados capitales que da más juego, pensaba dejarlo para el final pero esta mañana, después de mucho tiempo sin pisarlo, he vuelto al gimnasio y, para que negarlo, me ha servido de fuente de inspiración.
Según nuestros amigos de la real academia, la lujuria se puede entender de dos maneras, como el "Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales" o como el "Exceso o demasía en algunas cosas".
Pues bien, como decía esta mañana he ido al gimnasio, y lujuria es una de las palabras que primero me vienen a la cabeza cuando entro, jeje, ¿qué se le va a hacer si uno lleva cierto tiempo sin? Hoy precisamente había un par de tremendos, y además guapos, y además (y esto es importante) ¡no eran macarras de gym! Así que me he permitido el lujo de observarles a través de los espejos... dicho así suena como si fuera un viejo verde... más bien les miraba de vez en cuando, ¿vale? ¿Quién no lo hecho alguna vez?
Lo que me jode es cuando me descubro mirando a los típicos macarras, o lo que es peor, a bakalas... ahí sí es cuando pienso que la carne es débil y que los las mujeres tienen parte de razón cuando dicen que los tíos pensamos con la polla. Pero atención, sólo en parte, una cosa es que a veces los instintos tengan vida propia, y otra que dejemos que nos dominen: porque está claro que a mí a priori me puede poner un tío con el culo de granito y el cuerpo de una escultura griega, pero luego me digo: vamos a ver, ¿no ves que es un macarra que se pasa aquí la vida entera? seguro que no tiene conversación... (como si en ese momento lo que me apeteciera es comentar la Divina Comedia con él). El problema es cuando aparte de estar buenos, tienen pinta de ser majos e inteligentes... o a lo mejor es lo que yo me quiero imaginar, jeje.
Total, que me confieso: he pecado de lujuria, he sentido "apetito desordenado de los deleites carnales". Ahora que lo pienso soy un pringao. Si nos fijamos en la definición lujuria es precisamente eso, "apetito", con lo cual se deduce que si sacias ese apetito no estás cometiendo lujuria, será otro pecado, pero no lujuria, y como no está en la lista de los pecados capitales es menos grave. O sea, que si tienes ganas de tener tema con los (o las, no pretendo excluir a nadie, pero me sale automático) del gym, cometes lujuria, pero si consigues tener tema ya no... interesante.
Pues ya sabéis, si no queréis ser pecadores saciad vuestro apetito! Ahora, que si decidís pecar, tampoco pasa nada, ¡aquí nadie se va a ir de la lengua! ; )
Siguiendo con la mitología griega, ¿a quién lo le gustaría pecar de lujuria con Héctor de Troya? Y no me refiero sólo al físico, además es un guererro valiente, inteligente y un padrazo!

Según nuestros amigos de la real academia, la lujuria se puede entender de dos maneras, como el "Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales" o como el "Exceso o demasía en algunas cosas".
Pues bien, como decía esta mañana he ido al gimnasio, y lujuria es una de las palabras que primero me vienen a la cabeza cuando entro, jeje, ¿qué se le va a hacer si uno lleva cierto tiempo sin? Hoy precisamente había un par de tremendos, y además guapos, y además (y esto es importante) ¡no eran macarras de gym! Así que me he permitido el lujo de observarles a través de los espejos... dicho así suena como si fuera un viejo verde... más bien les miraba de vez en cuando, ¿vale? ¿Quién no lo hecho alguna vez?
Lo que me jode es cuando me descubro mirando a los típicos macarras, o lo que es peor, a bakalas... ahí sí es cuando pienso que la carne es débil y que los las mujeres tienen parte de razón cuando dicen que los tíos pensamos con la polla. Pero atención, sólo en parte, una cosa es que a veces los instintos tengan vida propia, y otra que dejemos que nos dominen: porque está claro que a mí a priori me puede poner un tío con el culo de granito y el cuerpo de una escultura griega, pero luego me digo: vamos a ver, ¿no ves que es un macarra que se pasa aquí la vida entera? seguro que no tiene conversación... (como si en ese momento lo que me apeteciera es comentar la Divina Comedia con él). El problema es cuando aparte de estar buenos, tienen pinta de ser majos e inteligentes... o a lo mejor es lo que yo me quiero imaginar, jeje.
Total, que me confieso: he pecado de lujuria, he sentido "apetito desordenado de los deleites carnales". Ahora que lo pienso soy un pringao. Si nos fijamos en la definición lujuria es precisamente eso, "apetito", con lo cual se deduce que si sacias ese apetito no estás cometiendo lujuria, será otro pecado, pero no lujuria, y como no está en la lista de los pecados capitales es menos grave. O sea, que si tienes ganas de tener tema con los (o las, no pretendo excluir a nadie, pero me sale automático) del gym, cometes lujuria, pero si consigues tener tema ya no... interesante.
Pues ya sabéis, si no queréis ser pecadores saciad vuestro apetito! Ahora, que si decidís pecar, tampoco pasa nada, ¡aquí nadie se va a ir de la lengua! ; )
Siguiendo con la mitología griega, ¿a quién lo le gustaría pecar de lujuria con Héctor de Troya? Y no me refiero sólo al físico, además es un guererro valiente, inteligente y un padrazo!

Pecados Capitales: Introducción
No es que sea religioso, pero hace dos semanas estuve de exámenes y ya se sabe, uno se pone a pensar en todo lo que puede apartar la mente del rollo que tiene delante y se le ocurren mil tonterías (cuando no en lo bueno que está el vecino de enfrente).
El caso es que me dio por enumerar los pecados capitales y a pesar de haber visto Seven no me acordaba de todos, así que acudí a mi colega Google que lo sabe todo. Una vez encontrados me puse a pensar los que yo cometía con más frecuencia y... ¡horror! Iba a pasarme en el purgatorio una buena temporada (de acuerdo con el manual "pecados, faltas y fallos con sus correspondientes castigos y penitencias" de la Iglesia Católica)... Menos mal que también encontré virtudes con las que contrarrestarlos, algo de lo que no informan con tanta insistencia, ¿por qué será?
Pues bien, me propuse intentar utilizar las virtudes para restar años de condena, o al menos para limpiarme el karma (áun no he decidido si cuando muera iré al cielo o me reencarnaré, sigo estudiando ofertas).
Se supone que el tema va así:
Conta la soberbia; humildad, contra la avaricia generosidad; lujuria-castidad :S, ira-paciencia, gula-templanza, envidia-caridad, pereza-diligencia.
Lo intenté, pero aparte de que se me olvidaba qué iba con qué me di cuenta de que al fin y al cabo según la Iglesia, como soy gay no tengo salvación haga lo que haga, así que decidí no esforzarme mucho (un poco sí, por aquello de que no me resten puntos en mi carnet de reencarnación).
Eso sí, observándome y observando a la gente de mi alrededor, he sacado algunas conclusiones sobre los pecados y las virtudes que iré comentando en varios artículos. Espero que os gusten.
¡Sed buenos/as! (o malos/as, cada uno según sus planes de futuro ; ) )
