Sobre la gula: el peor de todos los pecados
La gula es, a simple vista, el menos malo de todos los pecados capitales: se podría pensar que comer no es malo; comer mucho tampoco, no le haces daño a nadie, excepto a tu estómago si te pegas un atracón del quince o a tu bolsillo si vas a un restaurante de esos de cocina de diseño que cuestan una pasta y la comida, que suele ser poca pero muy bien presentada, se pierde en unos platos octogonales de un metro cuadrado… pero no.
La gula es el peor de todos los pecados porque está estrechamente relacionada con todos sus compañeros de equipo, se empieza sintiendo gula y se acaba experimentando cantidades indigestas de lujuria, avaricia, ira o pereza, y si no, ahora veréis.
Lo ilustraremos con un ejemplo:
Vas con tu grupo de amigos y amigas a un restaurante, por ejemplo a celebrar un cumpleaños. A medio día has comido poco porque sabías que por la noche te ibas a pegar el atracón. Llegas con ganas de comerte hasta los platos, eso es gula en estado puro.
El restaurante está lleno, pero como tenéis mesa reservada os sientan en seguida. Tú, que eres un ingenuo piensas que en seguida tendrás tu plato de comida delante. Os dan la carta, no sabes qué pedir, todo suena bien, te pones de acuerdo con la gente para no repetir y así probarlo todo. Decides y esperas a que venga el camarero, que no viene… no pasa nada, estás tan a gusto hablando con los amigos, que no hay prisa… algo ruge… tu estómago no piensa lo mismo. Levantas la vista: ¡oye! Les está tomando nota a los de la mesa de al lado que han llegado después, no pasa nada, buen rollo. Otro rugido. Todas las mesas de alrededor tienen su comida menos la tuya, te dan ganas de asesinar al camarero. Si alguna vez lo habéis experimentado eso es gula en combinación con ira.
El camarero os toma nota, tu estómago se relaja un poco.
Traen las entradas: ¡¡¡bien!!! Eh, un momento, ¿por qué hay 6 croquetas si sois ocho? Tu estómago que también sabe contar te dice: coge una antes de que te quedes sin. Pero tu mente responde: no, es de mala educación. Tienen buena pinta, a la mierda, coges una. Al rato queda una croqueta solitaria en el plato… tu estómago dice: pobrecita, sus hermanas han sido devoradas y ella está solita y triste, cómetela para que se reúna con ellas… y tu mente contesta: no, ya te has comido una, y hay gente que no las ha probado… pero ya lleva ahí como 30 segundos, eso es que nadie la quiere… no la cojas… cómetela… ¡no!... Uhm, que buena estaba.
-Oye, ¿Quién se ha comido las croquetas? –pregunta alguien a cuyo estómago no se le dan tan bien las matemáticas.
-Uy, no sé, podemos pedir otro plato –contestas con cara de inocente.
Enhorabuena, acabas de combinar la gula con la avaricia.
Traen los platos, se acaba el problema de la avaricia, cada uno con su plato y su comida. Pero la malicia de tu estómago no conoce límites y te suelta: “tiene buena pinta eso que nos vamos a comer, pero qué pena que tu plato no sea tan apetecible como el de tu amigo, y que tu novio no sea tan guapo como el suyo… ah no, que tu no tienes novio”
¿A qué coño ha venido este ensañamiento repentino? Ahora por malo no comes… bueno quizás un poco… total el cabrón tiene razón, el plato de mi amigo tiene una pinta genial y el novio más: gula más envidia, una cosa ha llevado a la otra, si no tuvieras tanta hambre (en ambos sentidos) te daría igual lo que se llevara tu amigo a la boca (en ambos sentidos, también).
Mientras libras la batalla en tu interior con tu estómago, en el exterior no se nota nada, o eso intentas… lo que sí se nota es que con todo lo que has zampado (las luchas internan es lo que tienen, que dan hambre) te va entrando sueño, y lo único que te apetece es apoyarte en el hombro de alguien (el novio de tu amigo sería el candidato ideal) y dormir un poco. Que la pereza y la gula se alíen pasa más a medio día, pero cuando hay sangría de por medio da igual la hora que sea.
Pero un aroma que proviene del plato que te acaban de poner te despierta…

Y piensas, mientras un hilito de baba está a punto de caer (promovido por el cabrón de tu estómago para ponerte en ridículo): dios mío, que buena pinta tiene, que bueno está, me lo comería enterito.
En ese momento levantas la cabeza para comprobar que no eres el único que está poniendo esa cara de placer y ves pasar por delante de vuestra mesa un pedazo de tío como este:

Entonces la mandíbula se te termina de desencajar y piensas: dios mío, que buena pinta tiene, que bueno está, me lo comería enterito. Exacto: la lujuria y la envidia se valen de las mismas expresiones para exteriorizar los deseos.
Justo en el momento en el que te estabas llevando un pedazo de tarta a la boca tu amigo suelta:
-No te molestes, no es gay.
Te concentras en la tarta para no tirarle un vaso a la cabeza (¿otra vez la ira?) pero tu estómago te tiene reservado un golpe de efecto y suelta: “ya sé que la tarta está de puta madre, pero si comes otro trozo voy a vomitar y no creo que al chulazo le ponga mucho, es que claro, no deberías haberte comido cuatro croquetas…”
O_O
Entonces haces algo de lo que nunca te creíste capaz. Le pides ayuda a la soberbia. Dejas la cucharita en el plato y dices con la mayor de las indiferencias.
-Total, no es para tanto.
Y con eso les contestas a ambos, al cabrón de tu amigo y al hijoputa de tu estómago.
La gula es el peor de todos los pecados porque está estrechamente relacionada con todos sus compañeros de equipo, se empieza sintiendo gula y se acaba experimentando cantidades indigestas de lujuria, avaricia, ira o pereza, y si no, ahora veréis.
Lo ilustraremos con un ejemplo:
Vas con tu grupo de amigos y amigas a un restaurante, por ejemplo a celebrar un cumpleaños. A medio día has comido poco porque sabías que por la noche te ibas a pegar el atracón. Llegas con ganas de comerte hasta los platos, eso es gula en estado puro.
El restaurante está lleno, pero como tenéis mesa reservada os sientan en seguida. Tú, que eres un ingenuo piensas que en seguida tendrás tu plato de comida delante. Os dan la carta, no sabes qué pedir, todo suena bien, te pones de acuerdo con la gente para no repetir y así probarlo todo. Decides y esperas a que venga el camarero, que no viene… no pasa nada, estás tan a gusto hablando con los amigos, que no hay prisa… algo ruge… tu estómago no piensa lo mismo. Levantas la vista: ¡oye! Les está tomando nota a los de la mesa de al lado que han llegado después, no pasa nada, buen rollo. Otro rugido. Todas las mesas de alrededor tienen su comida menos la tuya, te dan ganas de asesinar al camarero. Si alguna vez lo habéis experimentado eso es gula en combinación con ira.
El camarero os toma nota, tu estómago se relaja un poco.
Traen las entradas: ¡¡¡bien!!! Eh, un momento, ¿por qué hay 6 croquetas si sois ocho? Tu estómago que también sabe contar te dice: coge una antes de que te quedes sin. Pero tu mente responde: no, es de mala educación. Tienen buena pinta, a la mierda, coges una. Al rato queda una croqueta solitaria en el plato… tu estómago dice: pobrecita, sus hermanas han sido devoradas y ella está solita y triste, cómetela para que se reúna con ellas… y tu mente contesta: no, ya te has comido una, y hay gente que no las ha probado… pero ya lleva ahí como 30 segundos, eso es que nadie la quiere… no la cojas… cómetela… ¡no!... Uhm, que buena estaba.
-Oye, ¿Quién se ha comido las croquetas? –pregunta alguien a cuyo estómago no se le dan tan bien las matemáticas.
-Uy, no sé, podemos pedir otro plato –contestas con cara de inocente.
Enhorabuena, acabas de combinar la gula con la avaricia.
Traen los platos, se acaba el problema de la avaricia, cada uno con su plato y su comida. Pero la malicia de tu estómago no conoce límites y te suelta: “tiene buena pinta eso que nos vamos a comer, pero qué pena que tu plato no sea tan apetecible como el de tu amigo, y que tu novio no sea tan guapo como el suyo… ah no, que tu no tienes novio”
¿A qué coño ha venido este ensañamiento repentino? Ahora por malo no comes… bueno quizás un poco… total el cabrón tiene razón, el plato de mi amigo tiene una pinta genial y el novio más: gula más envidia, una cosa ha llevado a la otra, si no tuvieras tanta hambre (en ambos sentidos) te daría igual lo que se llevara tu amigo a la boca (en ambos sentidos, también).
Mientras libras la batalla en tu interior con tu estómago, en el exterior no se nota nada, o eso intentas… lo que sí se nota es que con todo lo que has zampado (las luchas internan es lo que tienen, que dan hambre) te va entrando sueño, y lo único que te apetece es apoyarte en el hombro de alguien (el novio de tu amigo sería el candidato ideal) y dormir un poco. Que la pereza y la gula se alíen pasa más a medio día, pero cuando hay sangría de por medio da igual la hora que sea.
Pero un aroma que proviene del plato que te acaban de poner te despierta…

Y piensas, mientras un hilito de baba está a punto de caer (promovido por el cabrón de tu estómago para ponerte en ridículo): dios mío, que buena pinta tiene, que bueno está, me lo comería enterito.
En ese momento levantas la cabeza para comprobar que no eres el único que está poniendo esa cara de placer y ves pasar por delante de vuestra mesa un pedazo de tío como este:

Entonces la mandíbula se te termina de desencajar y piensas: dios mío, que buena pinta tiene, que bueno está, me lo comería enterito. Exacto: la lujuria y la envidia se valen de las mismas expresiones para exteriorizar los deseos.
Justo en el momento en el que te estabas llevando un pedazo de tarta a la boca tu amigo suelta:
-No te molestes, no es gay.
Te concentras en la tarta para no tirarle un vaso a la cabeza (¿otra vez la ira?) pero tu estómago te tiene reservado un golpe de efecto y suelta: “ya sé que la tarta está de puta madre, pero si comes otro trozo voy a vomitar y no creo que al chulazo le ponga mucho, es que claro, no deberías haberte comido cuatro croquetas…”
O_O
Entonces haces algo de lo que nunca te creíste capaz. Le pides ayuda a la soberbia. Dejas la cucharita en el plato y dices con la mayor de las indiferencias.
-Total, no es para tanto.
Y con eso les contestas a ambos, al cabrón de tu amigo y al hijoputa de tu estómago.
Comentario:
jajajajajaj me he partido el culo.
Comentario:
Cuanto más paseo por tu blog, más me gusta leerte!! Genial la ilustración y los nexos que unen los siete pecados!! Como la vida misma!!
Un saludo enorme
Un saludo enorme
Comentario:
Hey! Un gusto leerte! Mira que son complejos esos pecados capitales. Yo no estaba muy segura de que la gula fuera el peor, pero ahora que lo mencionas, ¡pues ya está! que me has convencido. Muchas gracias por la historia, que me has hecho reir y siempre es bueno reir un poco al día y un muecho, mejor.
Seguiré paseándome por acá. Saludos y hasta pronto.
Seguiré paseándome por acá. Saludos y hasta pronto.
Comentario:
Pues sí, ha estado muy bien.
Y si, no tengo más que levantarme de la silla, ir al primer espejo que encuentre y comprobar que la gula... es lo peor... snifff... buaaaaaaaa.
Pero desde luego no ayuda que pongas esas fotos.
No.
Eso no se hace.
Ninguna de las dos. Vas a ser el culpable de que salga rápidamente ahora a buscar un especimen de cada. Ese chocolate... y ese heladito... y ese bizcochito... En fin...
Y el bizcochito de debajo...
Bueno, que tengo que ir a buscarlos.
Besos.
Y si, no tengo más que levantarme de la silla, ir al primer espejo que encuentre y comprobar que la gula... es lo peor... snifff... buaaaaaaaa.
Pero desde luego no ayuda que pongas esas fotos.
No.
Eso no se hace.
Ninguna de las dos. Vas a ser el culpable de que salga rápidamente ahora a buscar un especimen de cada. Ese chocolate... y ese heladito... y ese bizcochito... En fin...
Y el bizcochito de debajo...
Bueno, que tengo que ir a buscarlos.
Besos.
Comentario:
Muy bueno el post. Estáis entre paper y tú en un plan que no sabe uno con quien quedarse.Jajaja, es fácil, con los dos.
Yo lo que te aconsejo es que aunque tengas cena luego, almuerces bien, para que el estomago no esté tan desesperado.
Para lo del novio siento no tener opción que darte. Si la supiera la pondría en práctica, je, je.
Sigue pecando.
Besos.
Yo lo que te aconsejo es que aunque tengas cena luego, almuerces bien, para que el estomago no esté tan desesperado.
Para lo del novio siento no tener opción que darte. Si la supiera la pondría en práctica, je, je.
Sigue pecando.
Besos.
Comentario:
Jajajajaja, muy bueno todo el post. Me he reído mucho. Y es cierto. La gula es el peor de los pecados. Porque a mí me pasa que cuando siento los otros pecados los paso por alto, no me siento tan mal conmigo mismo. Pero cuando tengo gula... menudos arrepentimientos. Y más estando todo el día sentado en una oficina rodeado de personas que SOLO saben comer. Es alucinante. ¿Cuántas comidas dicen que se deben hacer en una tarde?
Besos (y reverencia, por supuesto)
Besos (y reverencia, por supuesto)
Comentario:
Como soy el primero q te escribe, tengo el DERECHO de pedirme PARA MÍ SOLO al tio q has puesto en la foto, jajajajaja. Muy bueno el post, está gracioso aunq hay alguna cosilla metida con calzador, eh??
Para cuando otra tierna y dulce historia como la de "la melodía"? Enga, un besazo wapo!
Para cuando otra tierna y dulce historia como la de "la melodía"? Enga, un besazo wapo!