DELIRIOS
El otro yo
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PRAGA (1ª entrega)
Chères amies

Heme aquí de vuelta, sana y salva, en nuestro querido país después de mi periplo por tierras (o debería decir aeropuertos) de la vieja Europa. Y os preguntaréis, con mucha razón, el porqué de mi paréntesis. Es muy simple, pero a ese tema le dedicaré el próximo post (que se lo merece).
Ahora quiero deciros que estoy emocionadísima de volver a encontrarme con todas vosotras again. ¡Cuánto os he echado de menos en aquella Bohemia checa llena de turistas donde pensaba que entendía perfectamente el checo al escuchar a la gente por las calles, pero no ... eran españoles! Para que luego digan que las españolas no viajan, y más aun las catalanas (a rebosar estaba Praga de ellas). ¡Cuánto os he añorado en mis paseos al cruzarme con los chulazos checos!, o eso creo, porque entre tanto turista no sabes quién es foraneo y quién autóctono (bueno, a los japoneses se les distinguía bien). En fin queridas, que Praga está de moda. Que se programa un viaje de la 3ª edad ... a Praga; que la asociación de vecinos del barrio rifa un jamón y un viaje ... no hay duda: a Praga. Y es que la ciudad imperial es mucha ciudad imperial. Eso sí, vengo algo molesta con las autoridades competentes porque, entre tanto palacio como hay, deberían reservar algunos para visitas exclusivas de alto standing. No quiere esto decir que yo tenga nada en contra del turista común, que mezclarse con él from time to time es hasta emocionante, pero claro, una no puede dejar de ser lo que es y necesita sus ratitos de asueto en un ambiente habitual (para esto, quizás me programe una semanita de relax en los balnearios exclusivos de Karlovy Vary).
Otra pequeña crítica, y no es que a mí me guste criticar, es para los señores responsables de obras públicas y pavimentos de Praga. ¡Cómo se nota que sus señoras esposas no caminan por esas calles y las llevan en coche a todas partes! El adoquinado da a la ciudad un aspecto rancio y de aquella época (no sé muy bien cuál, pero de aquella), sin embargo convierte el tranquilo paseo, admirando las hermosas fachadas entre empujones de turistas, en un calvario para las que, como Dios manda, usamos los debidos tacones apropiados a nuestro statut (que si el statut es muy alto, imaginad los tacones). Así que, queridas mías, si viajais a Praga cuidado con los zapatos que los esguinces, si no curan bien, son para toda la vida.
Pero no quiero yo dejar la impresión aquí de que mi viaje ha sido un suplicio turístico-taconero, ¡ni mucho menos!. Praga, y alrededores (porque hemos visitado otras ciudades de las que os hablaré más adelante), son dignas de ser recorridas y admiradas. Torres, palacios, iglesias, puentes, catedrales ... barroco en estado puro. Las fachadas no tienen desperdicio, y los tranvías dan un toque romántico a la ciudad.
Imprescindible será tomarse una cerveza, que aunque la bebida no es muy femenina (¡dónde se ponga un dry martini...!) y, menos aun, en esos tanques de medio litro el más pequeño, siempre quedas como una reina intentando acoplarte a la vida de la ciudad.

Y por ahora es todo, no podéis pretender que os cuente toda una semana en cuatro lineas (además tengo pedicura para remediar los estragos de los adoquines). Reitero mi felicidad por estar de nuevo con vosotras y me despido con la promesa de volver muy pronto.

Kisses
No