DELIRIOS
El otro yo
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Raining in paradise
Queridísimas mías

Convendréis conmigo en que hay cosas que no deberían existir. Sí, ya sé en lo que estáis pensando, pero yo me refiero a otro tipo de cosas intrínsecamente ligadas a la vida diaria. Por ejemplo: las chicas del servicio no deberían tener vacaciones. ¡Cuándo se ha visto que toda una dama tenga que hacer el trabajo de casa! Una señora debe cumplir fielmente su cometido los 365 días del año. A saber: recibir a sus distinguidas visitas, visitar (a su vez) a sus distinguidas amistades, tomar el té o un dry martini (eso va en gustos) a media tarde ... es decir, lo propio de nuestro rango, que para eso lo ocupamos.
Y debe ser así por varias razones. La primera y principal porque realizamos una función de ayuda psicológica hacia las susodichas chicas de servicio. Imaginaos el cacao mental que se puede hacer una muchacha si, gracias a un período vacacional en Benidorm, llegase a establecer comparaciones entre ella y su respectiva señora. Las depresiones y demás alteraciones psicológicas serían mayúsculas.
En segundo lugar, y no menos fundamental, es que establecemos un equilibrio social. Es como en los hormigueros: hay una reina, unas trabajadoras, unos zánganos (¿o esas son las abejas?, en fin, tanto da). El caso es que cada una ocupa su lugar, no se mezclan y les va de maravilla.
Y, como no hay dos sin tres, porque, cada vez que friego los platos tengo que llamar a mi manicura. A este paso, tendré que darle alojamiento en la habitación de invitados. Y, ¿quién me reembolsa a mí ese gasto extra? He acudido al Ministerio de Trabajo (en persona y divinamente arreglada, of course), pero tengo la sospecha de que no me harán caso.
En fin ... (suspiro) ... mientras tanto seguiré elevando mis plegarias al Niño Jesús de Praga para que el Mundo recobre la cordura.

Siempre vuestra

Kisses
No