DELIRIOS
El otro yo
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CRÓNICAS GERMANAS
La verdad es que nunca me creí capaz de hacer algo así. Eso de irme de viaje solo y, para más inri, a un país cuya lengua no hablo y sabiendo que tampoco me defiendo con el "idioma universal" (sí, no hablo inglés -ni quiero-, supongo que es tan raro como que cualquier jovenzuelo de hoy día no tenga messenger, pues los hay y doy fe de ello) ... como que no entraba dentro de mis planes. Pero mira, nunca sabemos lo que somos capaces de hacer. Y ahora, a toro pasado, veo que tampoco es nada del otro mundo, aunque ya digo, una vez que todo ha ido bien.
De todas formas, el viaje que he hecho no es el tipo de viajes que a mí me atraen, pero la premura y las circunstancias hicieron que fuese así. En principio parece que la cosa no pintaba nada bien, ¿verdad?. El resultado: un circuito por Alemania (un país que me ha sorprendido muy gratamente) visitando ciudades curiosas (en Friburgo por ejemplo no circulan los coches por la ciudad, sólo tranvías y bicicletas), interesantes y repletas de la historia que tenemos más cercana (en cualquier lugar que visitábamos la referencia obligada era la 2ª Guerra Mundial -Berlín, Nuremberg, Frankfurt, Munich ...-); he conocido una forma de entender la vida completamente distinta a la nuestra; la naturaleza es increíblemente bella (los parajes de la Selva Negra parecen irreales); he tenido compañeros de viaje muy agradables con los que he formado una pequeña familia durante esos días (claro que también estaban los insoportables, pero esos eran tema de conversación, de asombro y de risas) ... ¿Anécdotas? Pues también las ha habido: la niña petarda que viajaba con su mamá y que, en el aeropuerto de Frankfurt, decía que ella no se montaba en un coche con un desconocido para ir al hotel (a ver, niñata, ¿quién quieres que venga a recogerte que tú conozcas en Frankfurt?) o el conductor del bus (espaldas anchas, brazos fuertes y culito respingón que te hacían mirarlo a él más que al paisaje) que decía que empezó a gustarle el fútbol después de casarse (cuando nos hizo esa tremenda revelación yo no dije nada, por prudencia, pero mi mente se activó al 100% como podéis imaginar) o la guía de Heidelberg (no recuerdo su nombre, pero tampoco importa mucho ¿verdad?) que debió tomarse una sobredosis de prozac con café a juzgar por su forma de moverse y explicar ... ¡menudo estress! ... si es que era imposible ver las imágenes que sacaba de su bolso a lo Mary Poppins (flor de plástico incluída) para ilustrar las explicaciones que nos daba... En resumen, os recomiendo que visitéis Alemania en alguna ocasión porque os vais a sorprender.
Os dejo con una imagen típica de Berlín: los osos. Los encotrareis por todas partes, de todos los tamaños y materiales, pero los típicos son como el de la foto, aunque vestidos de mil formas diferentes.

Kisses

PD: Si os apetece ver más fotos, lo podéis hacer en mi última entrada del mes de agosto.

 
Comentario:
La verdad, dan ganas de ir a Alemania

Un saludo
No