Cuida con lo que deseas... puede hacerse realidad
Al día siguiente yo estaba como en una nube, no me podía creer que lo ocurrido la noche anterior hubiera sido real, pero lo fue.
No volvimos a vernos hasta pasados unos 3 días, el día que teníamos consulta. Como siempre yo era la última paciente del día, así que una vez terminada la consulta nos sentamos a hablar de lo ocurrido días atrás, y de lo que podíamos esperar la una de la otra. Ella, mucho más realista que yo, me dijo que lo ocurrido no tenía que haber ocurrido, que yo estaba casada y que aquello no estaba bien, que me conocía y que sabía que aquello me iba a crear un importante conflicto interno. Yo, que seguía flotando, le dije que no se preocupase que si bien adoraba a mi marido, hacía mucho tiempo que no eramos un matrimonio, y que mientras ella fuese a estar en mi ciudad que intentásemos darnos la oportunidad de vivir aquello que casi 5 años atrás no nos habíamos permitido.
Así que seguimos viéndonos y nuestros encuentros fueron "subiendo de tono", cuanto más nos veíamos más queríamos y ella, tan realista en un principio, empezó a demandar más y más atención, tenía celos de mi marido y se enfadaba cuando veía que, como es lógico, yo tenía que seguir haciendo mi vida. Yo intentaba robar tiempo al tiempo, sobre todo desde el día que me dijo que había adelantado su vuelta a su ciudad, pero no era suficiente. Nunca he mentido tanto como en aquellos meses y eso aunque me generaba una enorme ansiedad, a la vez no podía evitarlo, necesitaba estar con ella.
Un mes antes de que se marchase definitivamente, planeamos un fin de semana para las dos solas. Mentí en casa y me fui con ella. Ha sido el fin de semana más increíble que he pasado jamás, 48 horas seguidas juntas, sin relojes, sin horarios, sin mentiras, sin apenas preocuparnos por el que dirán, solas ella y yo.
Las mentiras y encuentros a escondidas seguían y la situación se me fue de las manos hasta el punto de que un día mi marido volvió antes de hora y nos pilló. El no vió nada porque en cuanto oí la puerta de la calle corriendo cerré la del cuarto de invitados (que es donde estábamos), pero él no es tonto y aunque le conté que ambas estábamos juntas en aquella habitación porque ella no se encontraba bien, no se lo creyó aunque no hizo ningún comentario.
Desde ese día mi marido ya no volvió a ser el mismo, a ella no la tragaba y a mi de vez en cuando me soltaba indirectas aludiendo a mi orientación y hábitos sexuales. Y como soy una cobarde me hacía la idiota ante sus insinuaciónes y rezaba porque llegase pronto la fecha en la que ella se volviese a su tierra, para poder retomar las riendas de mi vida.
Quería tenerlo todo, por un lado cuando estaba con ella me sentía viva y tenía la sensación de, por fin! haber llegado a puerto tras años a la deriva, pero por otro no quería renunciar a la vida que llevaba. No era una vida plena, pero sí cómoda. No tenía valor para romper con mi marido. Estaba cumpliendo con las espectativas de todo el mundo, incluyendo las mías aunque ello significase sacrificar una parte de mi misma.
No volvimos a vernos hasta pasados unos 3 días, el día que teníamos consulta. Como siempre yo era la última paciente del día, así que una vez terminada la consulta nos sentamos a hablar de lo ocurrido días atrás, y de lo que podíamos esperar la una de la otra. Ella, mucho más realista que yo, me dijo que lo ocurrido no tenía que haber ocurrido, que yo estaba casada y que aquello no estaba bien, que me conocía y que sabía que aquello me iba a crear un importante conflicto interno. Yo, que seguía flotando, le dije que no se preocupase que si bien adoraba a mi marido, hacía mucho tiempo que no eramos un matrimonio, y que mientras ella fuese a estar en mi ciudad que intentásemos darnos la oportunidad de vivir aquello que casi 5 años atrás no nos habíamos permitido.
Así que seguimos viéndonos y nuestros encuentros fueron "subiendo de tono", cuanto más nos veíamos más queríamos y ella, tan realista en un principio, empezó a demandar más y más atención, tenía celos de mi marido y se enfadaba cuando veía que, como es lógico, yo tenía que seguir haciendo mi vida. Yo intentaba robar tiempo al tiempo, sobre todo desde el día que me dijo que había adelantado su vuelta a su ciudad, pero no era suficiente. Nunca he mentido tanto como en aquellos meses y eso aunque me generaba una enorme ansiedad, a la vez no podía evitarlo, necesitaba estar con ella.
Un mes antes de que se marchase definitivamente, planeamos un fin de semana para las dos solas. Mentí en casa y me fui con ella. Ha sido el fin de semana más increíble que he pasado jamás, 48 horas seguidas juntas, sin relojes, sin horarios, sin mentiras, sin apenas preocuparnos por el que dirán, solas ella y yo.
Las mentiras y encuentros a escondidas seguían y la situación se me fue de las manos hasta el punto de que un día mi marido volvió antes de hora y nos pilló. El no vió nada porque en cuanto oí la puerta de la calle corriendo cerré la del cuarto de invitados (que es donde estábamos), pero él no es tonto y aunque le conté que ambas estábamos juntas en aquella habitación porque ella no se encontraba bien, no se lo creyó aunque no hizo ningún comentario.
Desde ese día mi marido ya no volvió a ser el mismo, a ella no la tragaba y a mi de vez en cuando me soltaba indirectas aludiendo a mi orientación y hábitos sexuales. Y como soy una cobarde me hacía la idiota ante sus insinuaciónes y rezaba porque llegase pronto la fecha en la que ella se volviese a su tierra, para poder retomar las riendas de mi vida.
Quería tenerlo todo, por un lado cuando estaba con ella me sentía viva y tenía la sensación de, por fin! haber llegado a puerto tras años a la deriva, pero por otro no quería renunciar a la vida que llevaba. No era una vida plena, pero sí cómoda. No tenía valor para romper con mi marido. Estaba cumpliendo con las espectativas de todo el mundo, incluyendo las mías aunque ello significase sacrificar una parte de mi misma.
Para que luego hablen de los culebrones
Sin darme cuenta ya estábamos viéndonos todos los días y volviendo a compartir risas y confidencias. Ella no es de mi ciudad y me comentaba lo sola que se sentía, que a mi ciudad ya sólo la unía la relación laboral, y que se estaba planteando darse un año de plazo, si durante ese año no se integraba en algún grupo de amistades, se volvería a su ciudad con su familia. Ni que decir tiene que mi mente empezó a idear formas de integrarla, no quería que se marchase.
Una noche la invitamos a cenar a nuestra casa. Cuando estábamos por los postres, entre lágrimas, soltó la noticia bomba: no podía más y no iba a esperar el año que se había dado, se iba a marchar en 6 meses. Yo casi me trago la cucharilla. Mi marido al verla tan desconsolada y siendo que tenía poca confianza con ella, con la excusa de ir a por algo de música nos dejó solas en el salón. Yo me senté a su lado ofreciéndole un pañuelo y ella entre llantos me pidió que le diese un beso. Como soy más simple que simple, le di un beso en la mejilla diciéndole que no se preocupase, que todo saldría bien y que en su ciudad iba a estar muy bien rodeada de todos los suyos.
Mi marido volvió con la música y casualmente entre los más de 300 discos que tenemos fué a elegir el único que tenia un especial significado para las dos, el primer disco de Rosana. Estuvo un rato con nosotras y se fue a dormir porque a él le tocaba madrugar a la mañana siguiente.
Nos quedamos las dos solas en el salón con Rosana de fondo. Nos sentamos en el sofá y yo seguía consolándola cuando me volvió a pedir otro beso (yo soy muy poco efusiva, nunca se cuando tengo que dar un abrazo o una palmada de ánimo) y le di otro beso en la mejilla.
-"no así no, dame un beso de verdad" y la besé.
No sé cómo ocurrió, pero ahí estábamos las dos abrazadas besándonos en el sofá, y con mi marido en la habitación de al lado.
Aquello era surrealista. Por un lado, había deseado durante tanto tiempo ese momento, y por otro... yo era una mujer casada y, si bien no estaba enamorada de mi marido, le quería con toda mi alma y le debía un respeto. Era como un dibujo animado en el que a un lado está el angelito diciéndote que no está bien lo que haces, y al otro lado un diablillo diciéndote que te dejes llevar, que es lo que habías deseado...
Y... me dejé llevar, no tanto como para hacer más locura de la que ya estábamos haciendo, pero si lo suficiente como para en ese momento sentirme capaz de volar. Le pregunté que porqué, porqué se había lanzado en ese momento y no 5 años atrás cuando yo era libre, y su respuesta fue, que por fin se había aceptado a sí misma y había derribado todos los muros que tenía, que ya estaba preparada y que en esos casi 5 años no había dejado de pensar en mi...
Una noche la invitamos a cenar a nuestra casa. Cuando estábamos por los postres, entre lágrimas, soltó la noticia bomba: no podía más y no iba a esperar el año que se había dado, se iba a marchar en 6 meses. Yo casi me trago la cucharilla. Mi marido al verla tan desconsolada y siendo que tenía poca confianza con ella, con la excusa de ir a por algo de música nos dejó solas en el salón. Yo me senté a su lado ofreciéndole un pañuelo y ella entre llantos me pidió que le diese un beso. Como soy más simple que simple, le di un beso en la mejilla diciéndole que no se preocupase, que todo saldría bien y que en su ciudad iba a estar muy bien rodeada de todos los suyos.
Mi marido volvió con la música y casualmente entre los más de 300 discos que tenemos fué a elegir el único que tenia un especial significado para las dos, el primer disco de Rosana. Estuvo un rato con nosotras y se fue a dormir porque a él le tocaba madrugar a la mañana siguiente.
Nos quedamos las dos solas en el salón con Rosana de fondo. Nos sentamos en el sofá y yo seguía consolándola cuando me volvió a pedir otro beso (yo soy muy poco efusiva, nunca se cuando tengo que dar un abrazo o una palmada de ánimo) y le di otro beso en la mejilla.
-"no así no, dame un beso de verdad" y la besé.
No sé cómo ocurrió, pero ahí estábamos las dos abrazadas besándonos en el sofá, y con mi marido en la habitación de al lado.
Aquello era surrealista. Por un lado, había deseado durante tanto tiempo ese momento, y por otro... yo era una mujer casada y, si bien no estaba enamorada de mi marido, le quería con toda mi alma y le debía un respeto. Era como un dibujo animado en el que a un lado está el angelito diciéndote que no está bien lo que haces, y al otro lado un diablillo diciéndote que te dejes llevar, que es lo que habías deseado...
Y... me dejé llevar, no tanto como para hacer más locura de la que ya estábamos haciendo, pero si lo suficiente como para en ese momento sentirme capaz de volar. Le pregunté que porqué, porqué se había lanzado en ese momento y no 5 años atrás cuando yo era libre, y su respuesta fue, que por fin se había aceptado a sí misma y había derribado todos los muros que tenía, que ya estaba preparada y que en esos casi 5 años no había dejado de pensar en mi...
Las casualidades no existen
Efectivamente, las casualidades no existen. El buscarla a ELLA como médico fue algo totalmente premeditado, Cada cierto tiempo la llamaba o le enviaba un mensaje o un correo electrónico, habían pasado casi 5 años desde aquello que habíamos sentido, nunca habíamos vuelto a mencionar el tema, pero yo nunca me la había quitado de la cabeza (aunque en ese tiempo sólo nos hubieramos visto en 5 o 6 ocasiones)
El caso es que la llamé y le pedí cita. No sé ni las veces que me cambié de ropa antes de ir a su consulta, tenía que sentirme guapa para volver a verla.
Cuando entré en su consulta... ufff!!!! que vuelco me dió el estómago. Estaba preciosa!!! Al verme entrar ella puso cara de sorpresa porque si bien sabía que yo tenía que acudir a su consulta, ella no sabía que la siguiente paciente en entrar era yo.
Tras hacerme el historial, nos pusimos a hablar como dos cotorras. Era como si el tiempo no hubiera pasado, de repente sonó su teléfono, era su enfermera diciéndole que llevábamos más de una hora y que tenía todavía muchos pacientes. Se nos había pasado el rato volando. Entre risas me echó de la consulta y quedamos en vernos la siguiente semana, pero que me dejaría la ultima para poder estar tranquilas.
Empezamos a vernos con la excusa de pasar consulta un día a la semana y después, pasamos a vernos dos días con la historia de que yo le volviese a dar clases...
El caso es que la llamé y le pedí cita. No sé ni las veces que me cambié de ropa antes de ir a su consulta, tenía que sentirme guapa para volver a verla.
Cuando entré en su consulta... ufff!!!! que vuelco me dió el estómago. Estaba preciosa!!! Al verme entrar ella puso cara de sorpresa porque si bien sabía que yo tenía que acudir a su consulta, ella no sabía que la siguiente paciente en entrar era yo.
Tras hacerme el historial, nos pusimos a hablar como dos cotorras. Era como si el tiempo no hubiera pasado, de repente sonó su teléfono, era su enfermera diciéndole que llevábamos más de una hora y que tenía todavía muchos pacientes. Se nos había pasado el rato volando. Entre risas me echó de la consulta y quedamos en vernos la siguiente semana, pero que me dejaría la ultima para poder estar tranquilas.
Empezamos a vernos con la excusa de pasar consulta un día a la semana y después, pasamos a vernos dos días con la historia de que yo le volviese a dar clases...
Qué poco dura la alegría...
Esperábamos ansiosos la fecha de nuestra primera ecografía, por fín veríamos a nuestr@ pequeñ@. Y llegó el día, qué nervios! qué ilusión!
Pasé yo sola a la sala, mi marido tuvo que quedarse fuera, me preparé, me extendieron el famoso gel, y empezaron a buscar, no se monitorizaba nada en la pantalla, ¿y de cuénto tiempo dices que estás? ¿cuando fue tu ultima regla? ¿estás segura de que estás embarazada? Yo no entendía nada y la angustia empezaba a apoderarse de mi. Como con la ecografía normal, no se veía nada probó con una transvaginal que son mucho más seguras.
Los minutos se hacían eternos y mi bebe no aparecía. Cuando el médico me confirmó que mi bebé ya no estaba ahí sentí como si el corazón se me parase durante dos o tres latidos.
Por fín dejaron entrar a mi marido y los dos nos fundimos en un silencioso abrazo, a ninguno nos salían las palabras, sólo lagrímas.
Con el resultado de la ecografía, me mandaron directa a ingresar en el hospital y al día siguiente me hicieron un legrado. Y ahí empezó el principio del fin, había perdido lo más preciado, y aunque no había causas ni culpables, yo no podía evitar sentirme culpable.
Me encerré en mi mundo, y volví a dejarme morir, mi marido estuvo apoyándome en todo momento, pero ya nada volvió a ser lo mismo. Yo había perdido un hijo, pero no fui consciente de que mi marido además de a un hijo, había perdido a su mujer (al pobre no le dejaba ni que me diese un beso)... Depresión, medicación, apatía, recuerdos que se agolpaban en mi cabeza... y sesiones con la psicóloga y la psiquiatra que, la verdad, no me servían de nada.
Me encontraba en un continuo estado de ansiedad que calmaba comiendo compulsivamente, y claro, si comes mucho y no haces ejercicio, inevitablemente te engordas, así que a mi depresión por haber perdido a mi hijo, se unió el hecho de que la imagen que me devolvía el espejo no era la mía.
Dos años después me di cuenta de que no podía seguir así, al menos tenía que empezar a controlar mi dieta. ¿Qué hice? buscar un médico especialista en nutrición, y qué casualidad que el médico que busqué fue precisamente ELLA...
Pasé yo sola a la sala, mi marido tuvo que quedarse fuera, me preparé, me extendieron el famoso gel, y empezaron a buscar, no se monitorizaba nada en la pantalla, ¿y de cuénto tiempo dices que estás? ¿cuando fue tu ultima regla? ¿estás segura de que estás embarazada? Yo no entendía nada y la angustia empezaba a apoderarse de mi. Como con la ecografía normal, no se veía nada probó con una transvaginal que son mucho más seguras.
Los minutos se hacían eternos y mi bebe no aparecía. Cuando el médico me confirmó que mi bebé ya no estaba ahí sentí como si el corazón se me parase durante dos o tres latidos.
Por fín dejaron entrar a mi marido y los dos nos fundimos en un silencioso abrazo, a ninguno nos salían las palabras, sólo lagrímas.
Con el resultado de la ecografía, me mandaron directa a ingresar en el hospital y al día siguiente me hicieron un legrado. Y ahí empezó el principio del fin, había perdido lo más preciado, y aunque no había causas ni culpables, yo no podía evitar sentirme culpable.
Me encerré en mi mundo, y volví a dejarme morir, mi marido estuvo apoyándome en todo momento, pero ya nada volvió a ser lo mismo. Yo había perdido un hijo, pero no fui consciente de que mi marido además de a un hijo, había perdido a su mujer (al pobre no le dejaba ni que me diese un beso)... Depresión, medicación, apatía, recuerdos que se agolpaban en mi cabeza... y sesiones con la psicóloga y la psiquiatra que, la verdad, no me servían de nada.
Me encontraba en un continuo estado de ansiedad que calmaba comiendo compulsivamente, y claro, si comes mucho y no haces ejercicio, inevitablemente te engordas, así que a mi depresión por haber perdido a mi hijo, se unió el hecho de que la imagen que me devolvía el espejo no era la mía.
Dos años después me di cuenta de que no podía seguir así, al menos tenía que empezar a controlar mi dieta. ¿Qué hice? buscar un médico especialista en nutrición, y qué casualidad que el médico que busqué fue precisamente ELLA...
Y me casé
El día de mi boda fue un día extraño. No estaba enamorada de él, pero si que puedo decir que lo quería con toda mi alma.
He de confesar que tuve una boda de ensueño. Los invitados de chaqué, las invitadas de largo, en una de las iglesias más bonitas de mi ciudad y rodeada de la gente a la que quería. Y ahí estaba yo, ante el Altar, ante Dios y ante los hombres diciendo "si quiero". Por tener tuve incluso la bendición del ya difunto Juan Pablo II, y para rematar, tres bancos más atrás estaba ELLA. Yo me estaba casando, y a sólo unos metros de mi: el amor de mi vida. Si, fuí tan masoquista que la invité.
Todo se desarrolló con normalidad y alegría, aunque ELLA no quiso venir a la cena.
Unos meses despues de nuestra boda me quedé embarazada, recuerdo el día que nos enteramos como si fuese ahora. Pocas veces me he sentido tan feliz como en aquel instante en el que el predictor dió positivo.
Con mi marido me llevaba fenomenal, y estabamos a punto de ser papás, incluso llegué a pensar que ELLA había sido una ilusión pasajera y que Dios me estaba dando la oportunidad de llevar una vida plena junto a mi marido, la felicidad se me estaba sirviendo en bandeja...
He de confesar que tuve una boda de ensueño. Los invitados de chaqué, las invitadas de largo, en una de las iglesias más bonitas de mi ciudad y rodeada de la gente a la que quería. Y ahí estaba yo, ante el Altar, ante Dios y ante los hombres diciendo "si quiero". Por tener tuve incluso la bendición del ya difunto Juan Pablo II, y para rematar, tres bancos más atrás estaba ELLA. Yo me estaba casando, y a sólo unos metros de mi: el amor de mi vida. Si, fuí tan masoquista que la invité.
Todo se desarrolló con normalidad y alegría, aunque ELLA no quiso venir a la cena.
Unos meses despues de nuestra boda me quedé embarazada, recuerdo el día que nos enteramos como si fuese ahora. Pocas veces me he sentido tan feliz como en aquel instante en el que el predictor dió positivo.
Con mi marido me llevaba fenomenal, y estabamos a punto de ser papás, incluso llegué a pensar que ELLA había sido una ilusión pasajera y que Dios me estaba dando la oportunidad de llevar una vida plena junto a mi marido, la felicidad se me estaba sirviendo en bandeja...
Seguimos haciendo historia
Dar clase me había devuelto algo la ilusión, pero aun con todo yo seguía sin estar bien, la falta de apetito y de sueño me estaban consumiendo. Lo más triste es que yo no hacía nada por remediarlo, por decirlo de alguna manera me estaba dejando morir. No tenía el valor suficiente como para suicidarme, pero si pensé que si poco a poco me iba consumiendo, mi familia, cuando llegase el momento, estaría preparada para mi marcha. Desde luego, cuando estamos depres que melodramáticos nos ponemos!!
Unos meses antes de empezar a darle clase de informática a mi gran amor, una de mis mejores amigas se empeñó en presentarme a su hermano. Con él quedaba de vez en cuando y la verdad es que con él me reía muchísimo. Cuando cai en aquella depre, él estuvo ahí apoyándome sin saber cuales eran las causas de mi infinita tristeza, y poco a poco fue entrando en mi vida. Sin apenas darme cuenta, estaba saliendo con él y unos meses después me sorprendí a mi misma diciendo que si cuando él me pidió que nos casásemos.
Ella seguía alojada en mi corazón, pero él s e había hecho un importante hueco. Era dulce, divertido, inteligente, trabajador, sensato... y como nunca me había planteado tener nada con él, es de las personas con las que desde el principio más autentica me había mostrado (salvo en un pequeño gran detalle), de todos modos, si tenía que haber un hombre en mi vida, tenía que ser él, Y nos casamos...
Unos meses antes de empezar a darle clase de informática a mi gran amor, una de mis mejores amigas se empeñó en presentarme a su hermano. Con él quedaba de vez en cuando y la verdad es que con él me reía muchísimo. Cuando cai en aquella depre, él estuvo ahí apoyándome sin saber cuales eran las causas de mi infinita tristeza, y poco a poco fue entrando en mi vida. Sin apenas darme cuenta, estaba saliendo con él y unos meses después me sorprendí a mi misma diciendo que si cuando él me pidió que nos casásemos.
Ella seguía alojada en mi corazón, pero él s e había hecho un importante hueco. Era dulce, divertido, inteligente, trabajador, sensato... y como nunca me había planteado tener nada con él, es de las personas con las que desde el principio más autentica me había mostrado (salvo en un pequeño gran detalle), de todos modos, si tenía que haber un hombre en mi vida, tenía que ser él, Y nos casamos...
Mirando hacia atrás (2ª Parte)
Todavía no había amanecido cuando recibí una llamada de ella preguntándome si aquel mensaje que le había enviado de madrugada iba en serio, a lo que le respondí que si.
Esa noche me invitó a cenar y dormir en su casa.
A la hora convenida ahí estaba yo en la puerta de su casa. Una cena exquisita y música de lo más romántica me esperaban. Tras cenar, cuando me pidió que bailase con ella, el corazón se me quería salir del pecho, pero mi cabeza tomó las riendas de la situación. Rechazé el baile y le dije que quería estar segura de que lo que sentía hacia ella era real y no una ilusión y que quería ir poco a poco. Ella se mostró contrariada, no entendía que le hubiese dicho que estaba enamorada de ella y que luego yo diese marcha atrás. Intenté hacerle ver que lo que sentía era demasiado serio como para tomármelo a la ligera, que era lo suficientemente importante como para querer estar segura y que me sentía confundida porque no podía ser posible que me hubiese enamorado de una "ella" e lugar de de un "el". aun contodo me quedé a dormir con ella, aunque no pegué ojo en toda la noche, primero haciéndo el tonto para rebajar la tensión en la que yo me encontraba y después... porque no quería dejar de poder contemplarla ni un instante, cerrar los ojos para dormir era un lujo que no me podía permitir.
No volvimos hablar abiertamente del tema, estuvimos tres meses viéndonos a diario, y cuando salía el tema siempre nos las arreglábamos para no llamar a las cosas por su nombre. La decisión que mostré con mi mensaje de madrugada parecía haberse difuminado y la decisión de ella pidiéndome bailar también.
Las dos eramos muy parecidas no en la forma de ser pero si en la de pensar, católicas radicales lo que sentíamos no estaba bien y como era inevitable sentirlo nos pasabamos parte del poco tiempo que teníamos para estar juntas... en Misa.
Jamás nos besamos, jamás hicimos nada que moralmente no fuese correcto. Como gran azaña vimos una película cogidas de la mano. Siempre recordaré ese momento como el más bonito, mágico y especial que he vivido jamás. Fue como rozar el cielo con las manos!! No me atrevía ni a respirar para no romper la magia.
Y así estuvimos durante 3 o 4 meses en un constante quiero pero no puedo. Tuvimos miles de discusiones en las que afloraban nuestras creencias religiosas culpabilizándonos por sentir y ella sufría bruscos cambios de humor que si bien yo no llegaba a entender, trataba de sobrellevar más que nada porque la quería más que a nada en el mundo.
Un buen día ella me dijo que había confundido sus sentimientos y que por favor no volviese a llamarla. Yo, la verdad es que no entendía nada, pero siempre he sido muy respetuosa con lo que la gente me pide, así que completamente destrozada me retiré de su camino.
Lloré durante meses, de hecho escribiendo estas lineas y 5 años despues siguen saltándoseme las lágrimas al recordarlo. Caí en una depresión de caballo, dejé de comer, dejé de dormir... la vida no tenía ningún aliciente, había perdido a la única persona a quien había amado.
Encontré trabajo como profesora en un colegio y gracias a los niños recuperé un poco la ilusión, aunque ella seguia en mi corazón, de vez en cuando yo le enviaba algún mensaje haciéndole saber que yo seguía ahí, pero ella la mitad de las veces ni me respondía...
Esa noche me invitó a cenar y dormir en su casa.
A la hora convenida ahí estaba yo en la puerta de su casa. Una cena exquisita y música de lo más romántica me esperaban. Tras cenar, cuando me pidió que bailase con ella, el corazón se me quería salir del pecho, pero mi cabeza tomó las riendas de la situación. Rechazé el baile y le dije que quería estar segura de que lo que sentía hacia ella era real y no una ilusión y que quería ir poco a poco. Ella se mostró contrariada, no entendía que le hubiese dicho que estaba enamorada de ella y que luego yo diese marcha atrás. Intenté hacerle ver que lo que sentía era demasiado serio como para tomármelo a la ligera, que era lo suficientemente importante como para querer estar segura y que me sentía confundida porque no podía ser posible que me hubiese enamorado de una "ella" e lugar de de un "el". aun contodo me quedé a dormir con ella, aunque no pegué ojo en toda la noche, primero haciéndo el tonto para rebajar la tensión en la que yo me encontraba y después... porque no quería dejar de poder contemplarla ni un instante, cerrar los ojos para dormir era un lujo que no me podía permitir.
No volvimos hablar abiertamente del tema, estuvimos tres meses viéndonos a diario, y cuando salía el tema siempre nos las arreglábamos para no llamar a las cosas por su nombre. La decisión que mostré con mi mensaje de madrugada parecía haberse difuminado y la decisión de ella pidiéndome bailar también.
Las dos eramos muy parecidas no en la forma de ser pero si en la de pensar, católicas radicales lo que sentíamos no estaba bien y como era inevitable sentirlo nos pasabamos parte del poco tiempo que teníamos para estar juntas... en Misa.
Jamás nos besamos, jamás hicimos nada que moralmente no fuese correcto. Como gran azaña vimos una película cogidas de la mano. Siempre recordaré ese momento como el más bonito, mágico y especial que he vivido jamás. Fue como rozar el cielo con las manos!! No me atrevía ni a respirar para no romper la magia.
Y así estuvimos durante 3 o 4 meses en un constante quiero pero no puedo. Tuvimos miles de discusiones en las que afloraban nuestras creencias religiosas culpabilizándonos por sentir y ella sufría bruscos cambios de humor que si bien yo no llegaba a entender, trataba de sobrellevar más que nada porque la quería más que a nada en el mundo.
Un buen día ella me dijo que había confundido sus sentimientos y que por favor no volviese a llamarla. Yo, la verdad es que no entendía nada, pero siempre he sido muy respetuosa con lo que la gente me pide, así que completamente destrozada me retiré de su camino.
Lloré durante meses, de hecho escribiendo estas lineas y 5 años despues siguen saltándoseme las lágrimas al recordarlo. Caí en una depresión de caballo, dejé de comer, dejé de dormir... la vida no tenía ningún aliciente, había perdido a la única persona a quien había amado.
Encontré trabajo como profesora en un colegio y gracias a los niños recuperé un poco la ilusión, aunque ella seguia en mi corazón, de vez en cuando yo le enviaba algún mensaje haciéndole saber que yo seguía ahí, pero ella la mitad de las veces ni me respondía...
Mirando hacia atrás (1ª parte)
Cuándo empecé a ser consciente de que mi razón y mi corazón llevan caminos distintos? No estoy segura de ello, supongo que siempre ha habido cosas que no me encajaban y a las que, bien no encontraba respuesta, bien buscaba justificación.
Recuerdo que siempre me he fijado en los chicos, el primer chico que me llamó la atención fue un compañero de EGB, luego pasé al instituto, y a la Universidad, siempre tonteando y coqueteando con los chicos que me gustaban, pero había un problema, podía pasarme meses suspirando por un chico y cuando el chico empezaba a hacerme caso, yo salía siempre corriendo. Si por alguna razón terminaba por darle una oportunidad al chico de turno, ninguna relación me duraba más de 3 meses, siempre encontraba un motivo u otro para cortar. Yo pensaba si la cosa no cuajaba era porque todavía no había aparecido mi príncipe azul. Siempre he sido muy peliculera y creía que cuando encontrase a la persona indicada iba a saberlo, no diré que vería fuegos artificiales al estar con ella, pero algo parecido.
Por lo demás mi vida transcurría tranquilamente. Pasaban los años y todo mi grupo de amigos se emparejó. Yo era la impar del grupo, pero no me importaba, tengo mucho sentido del humor y siempre era yo la primera en hacer bromas.
Después de tres años en un muy buen trabajo, un buen día me vi en el paro. Me surgió la oportunidad de darle clases de informática a una conocida, la cual pensaba que un ordenador era un señor que lo recogía todo y un ratón un simpático roedor y acepté encantada, me gusta muchísimo la enseñanza y además los ordenadores me divierten.
Mi alumna, 4 años mayor que yo, estaba casada desde hacía poco más de un año. Ella era una persona completamente distinta a mi, yo soy muy payasa y ella era bastante seria y la verdad es que al principio me daba incluso cierto respeto.
Poco a poco fuimos congeniando, ella estaba encantada con las clases pues según decía era el único momento del día en el que se relajaba y se divertía. De tener clase un par de días a la semana, ya casi teníamos clase a diario (aunque yo seguía cobrándole sólo dos).
Le creé una cuenta de correo electrónico, y le expliqué como se tenía que manejar por internet. El mirc fue todo un descubrimiento para ella y nos daban las 4 y las 5 de la mañana chateando como dos crías (yo por aquel entonces tenía unos 28 años y ella 32) Poco a poco la relación profesora-alumna pasó a ser la de dos amigas. . En nuestras conversaciónes a altas horas de la madrugada ella me contó que con su marido las cosas no funcionaban desde el primer día, que de hecho ellos no vivían juntos desde hacía meses, pero que no habían contado nada por guardar las apariencias ante la gente y la propia familia. Yo alucinaba, veía que ella lo pasaba muy mal y no sabía como ayudarla. Algo empezó a removerse en mi interior, me daba cuenta de que me gustaba estar con ella pero trataba de no darle mayor importancia "cuquina, no seas tonta, la quieres mucho como amiga y punto"
Cada vez nuestras conversaciones por chat eran más personales y un 19 de abril del 2000, cuando apagamos nuestros ordenadores yo no pude más y le envié un mensaje diciéndole que me sentía asustada y escandalizada ante lo que le iba a confesar, porque eso iba en contra de todo lo que yo pensaba hasta ese momento, pero que me había enamorado de ella...
Recuerdo que siempre me he fijado en los chicos, el primer chico que me llamó la atención fue un compañero de EGB, luego pasé al instituto, y a la Universidad, siempre tonteando y coqueteando con los chicos que me gustaban, pero había un problema, podía pasarme meses suspirando por un chico y cuando el chico empezaba a hacerme caso, yo salía siempre corriendo. Si por alguna razón terminaba por darle una oportunidad al chico de turno, ninguna relación me duraba más de 3 meses, siempre encontraba un motivo u otro para cortar. Yo pensaba si la cosa no cuajaba era porque todavía no había aparecido mi príncipe azul. Siempre he sido muy peliculera y creía que cuando encontrase a la persona indicada iba a saberlo, no diré que vería fuegos artificiales al estar con ella, pero algo parecido.
Por lo demás mi vida transcurría tranquilamente. Pasaban los años y todo mi grupo de amigos se emparejó. Yo era la impar del grupo, pero no me importaba, tengo mucho sentido del humor y siempre era yo la primera en hacer bromas.
Después de tres años en un muy buen trabajo, un buen día me vi en el paro. Me surgió la oportunidad de darle clases de informática a una conocida, la cual pensaba que un ordenador era un señor que lo recogía todo y un ratón un simpático roedor y acepté encantada, me gusta muchísimo la enseñanza y además los ordenadores me divierten.
Mi alumna, 4 años mayor que yo, estaba casada desde hacía poco más de un año. Ella era una persona completamente distinta a mi, yo soy muy payasa y ella era bastante seria y la verdad es que al principio me daba incluso cierto respeto.
Poco a poco fuimos congeniando, ella estaba encantada con las clases pues según decía era el único momento del día en el que se relajaba y se divertía. De tener clase un par de días a la semana, ya casi teníamos clase a diario (aunque yo seguía cobrándole sólo dos).
Le creé una cuenta de correo electrónico, y le expliqué como se tenía que manejar por internet. El mirc fue todo un descubrimiento para ella y nos daban las 4 y las 5 de la mañana chateando como dos crías (yo por aquel entonces tenía unos 28 años y ella 32) Poco a poco la relación profesora-alumna pasó a ser la de dos amigas. . En nuestras conversaciónes a altas horas de la madrugada ella me contó que con su marido las cosas no funcionaban desde el primer día, que de hecho ellos no vivían juntos desde hacía meses, pero que no habían contado nada por guardar las apariencias ante la gente y la propia familia. Yo alucinaba, veía que ella lo pasaba muy mal y no sabía como ayudarla. Algo empezó a removerse en mi interior, me daba cuenta de que me gustaba estar con ella pero trataba de no darle mayor importancia "cuquina, no seas tonta, la quieres mucho como amiga y punto"
Cada vez nuestras conversaciones por chat eran más personales y un 19 de abril del 2000, cuando apagamos nuestros ordenadores yo no pude más y le envié un mensaje diciéndole que me sentía asustada y escandalizada ante lo que le iba a confesar, porque eso iba en contra de todo lo que yo pensaba hasta ese momento, pero que me había enamorado de ella...
Presentándome
Bueno, no si si este blog va a tener mucha vida o poca, porque no se ni siquiera que es lo que voy a escribir en él.
Mi vida está en uno de esos momentos en los que no tienes muy claro si tirarte al tren o a la taquillera. Y es que estoy en momento de cambio.
Educada en una familia tradicional "y de las Jons", siempre me he definido como una persona católica, de derechas, y conservadora (menudo currículum).
Mi vida siempre había transcurrido sin altibajos de ningún tipo. Buena hija, buena hermana, buena amiga, buena estudiante (por Dios! que aburrimiento!) Tan perfecta que casi díria que siempre he perecido de plástico. Jamás he dado ningún disgusto (nisiquiera con la rebeldía de la adolescencia) y siempre he hecho lo que se esperaba de mi, sin plantearme nunca si eso es lo que yo quería hacer. Simplemente lo hacía porque era mi obligación y me sentia feliz de cumplir con mi obligación.
Pero los años pasan y vivencias y acontecimientos hacen que tengas que replantearte muchas cosas. Plantearte si seguir con tu vida tal cual la has vivido siempre o empezar a ser un poco más egoísta y vivir lo que tu realmente quieres. Sí claro, qué fácil, ya sé que la respuesta es: "vivir lo que realmente quieres."
El problema surge cuando no sabes lo que quieres. Y es que soy pura contradicción, por un lado mi herencia cultural e ideológica por la que tengo una determinada forma de pensar, y por otro lado esa cosa tan loca que se llaman sentimientos y que van a su bola
Y es que mi cabeza, desde hace ya unos años, va por un lado y mi corazón por otro....
Mi vida está en uno de esos momentos en los que no tienes muy claro si tirarte al tren o a la taquillera. Y es que estoy en momento de cambio.
Educada en una familia tradicional "y de las Jons", siempre me he definido como una persona católica, de derechas, y conservadora (menudo currículum).
Mi vida siempre había transcurrido sin altibajos de ningún tipo. Buena hija, buena hermana, buena amiga, buena estudiante (por Dios! que aburrimiento!) Tan perfecta que casi díria que siempre he perecido de plástico. Jamás he dado ningún disgusto (nisiquiera con la rebeldía de la adolescencia) y siempre he hecho lo que se esperaba de mi, sin plantearme nunca si eso es lo que yo quería hacer. Simplemente lo hacía porque era mi obligación y me sentia feliz de cumplir con mi obligación.
Pero los años pasan y vivencias y acontecimientos hacen que tengas que replantearte muchas cosas. Plantearte si seguir con tu vida tal cual la has vivido siempre o empezar a ser un poco más egoísta y vivir lo que tu realmente quieres. Sí claro, qué fácil, ya sé que la respuesta es: "vivir lo que realmente quieres."
El problema surge cuando no sabes lo que quieres. Y es que soy pura contradicción, por un lado mi herencia cultural e ideológica por la que tengo una determinada forma de pensar, y por otro lado esa cosa tan loca que se llaman sentimientos y que van a su bola
Y es que mi cabeza, desde hace ya unos años, va por un lado y mi corazón por otro....