Creyente si, pero a mi manera (aviso, me he enrrollado como una persiana) :S
Leía con detenimiento el último post de mi, ya amigo, DoNuTTz y me he parado un ratito a reflexionar conmigo misma acerca de cómo la religión ha influido en mi vida.
En otros post yo he comentado que he tenido relación con el Opus Dei, y aunque siempre he defendido mucho de lo que aprendí allí, realmente hay muchas cosas criticables.
Cuando tenía 15 años, yo salía con mis compañeros de colegio. Estos tenían un descaro que me atraía. Yo siempre fui una niña muy modosita y la verdad es que quería ser como ellos, rebelde, desinhibida, contestataria... pero aquello no me llenaba, no me llenaba ir de litronas, ni estar de ligoteo con soldados de reemplazo en las discotecas de moda, ni pegarme las hora vagando sin rumbo, viendo como Fulanita se pegaba el lote con Menganito, mientras Zutanito lo intentaba con nosequién y nosecuantos lo intentaba conmigo.
Un día mi amiga G, que no salía con esta gente, me propuso dar catequesis a niños, y me pareció una buena idea. Camino de donde íbamos a dar la catequesis, G me dijo casi como en secreto que la gente que iba a conocer eran del Opus. Ese decírmelo medio en secreto hizo que me picase la curiosidad, siempre había oído hablar de ellos y siempre con un cierto misterio y secretismo. ¡Por fin iba a conocerlos!
Cuando llegué a aquella casa G me fue presentando a todo el mundo. Todas eran compañeras suyas de colegio y me parecieron encantadoras, me acogieron entre ellas como si me conociesen de toda la vida y me explicaron las actividades que hacían al margen de la catequesis. Me gustó el ambiente, que digo? me encantó!!! Rebosaban alegría y se divertían de forma sencilla, sin alcohol, ni ligoteos tontos. Poco a poco empecé a frecuentar esa casa más a menudo. Iba a estudiar allí todas las tardes al salir del instituto, y los fines de semana quedábamos para ir al cine, comer una hamburguesa o pasarnos la tarde con una coca cola, unas patatas y una guitarra, berreando las canciones de moda. Tal vez haya quienes piensen que era una forma infantil de divertirnos, pero aquello me llenaba mucho más que las juergas con mi otro grupo.
Ya ves que por aquel entonces ya andaba yo con mis contradicciones. Por un lado quería ser rebelde como mis amigos, pero por otro no disfrutaba con ello, siempre tenía la sensación de estar fuera de lugar. Sin embargo, con las niñas del Opus me encontraba mucho más a gusto, mas en mi sitio.
La cosa es que poco a poco me fui metiendo y metiendo. Ya no era solo ir a estudiar, o a hacer el gamba con una guitarra, para dar bien la catequesis debía de "formarme", así que empecé a ir a charlas, meditaciones, retiros espirituales... y un buen día me planteé que tenía vocación religiosa, que quería entrar a formar parte de esa "familia" que tan bien me había acogido y que tanto me estaba dando.
En mi casa, al principio les gustó la idea de que frecuentase aquel centro porque me veían ilusionada y veían que allí nada malo iba a aprender, pero poco a poco se fueron mostrando más y más recelosos. Pasaba más tiempo en el centro que con ellos y eso no lo veían nada bien, y empezaron a poner pegas del tipo "te están comiendo el coco". Soy bastante reflexiva en mis cosas y como día a día yo estaba peor en casa y mejor con mis nuevos amigas, pensé " si fuese mayor de edad me iría de cabeza a vivir al centro del Opus, pero como soy menor hagamos la estancia en casa lo más llevadera hasta que cumpla los 18" y me fui distanciando del Opus (aunque nunca rompí la relación), siempre pensando que como mi vocación era real, cuando hiciese los 18 me largaría de casa.
Poco a poco, como te puedes imaginar esa vocación tan real se fue enfriando. Y a mis 17 años, cuando le diagnosticaron a mi padre un cáncer, mi vocación se congeló del todo, si Dios existía no podía permitir que a mi padre le hubiesen dado sólo 6 años de vida (la verdad es que los médicos se equivocaron porque mi padre sigue vivo) :)
Mi primer año de Universidad fue también cuando salí con mi primer chico. Desde el primer día yo me di cuenta que aquello no funcionaba, y me empecé a plantear que aquello no estaba bien, cuando nos enrollábamos yo no me sentía a gusto y volvieron los fantasmas del pasado. Sólo duramos 3 meses. Coqueteé y tonteé con otros chicos pero con todos se repetía la misma historia. Empecé a pensar que si no sentía nada cuando estábamos liados era porque en el fondo yo sabía que tenía vocación religiosa, aunque la tuviese un poco olvidada e incluso negado.
Como ya era mayor de edad, y el gusanillo de la vocación seguía reconcomiéndome (ya ves que la posibilidad de que me atrajesen las mueres ni me la planteaba) volví a acercarme a la Obra, donde volví a ser acogida con los brazos abiertos. Y si en algún momento mi vocación flojeaba, siempre tenía allí a una numeraria para recordarme que era lo que Dios esperaba de mi. Yo por aquel entonces, era miembro activo de las juventudes de un conservador partido político y tenía muchas reuniones. Justo en plena Novena de la Inmaculada me pusieron una importante reunión y le dije a mi directora espiritual que no podría asistir a la Misa. Ese mismo día, en la biblioteca donde yo estudiaba, escuché una conversación que me abrió los ojos respecto al Opus. La conversación era entre mi amiga G y mi directora espiritual y en ella, mi directora se mostraba muy enfadada conmigo porque había ante puesto mi reunión política a la dichosa Novena y que “habría que darme un par de sustos, a ver si reaccionaba y me decidía a seguir el camino que debía seguir” Mi amiga G, le dijo que no se pasase conmigo, no me podía a obligar a hacer las cosas y que yo ya era lo suficientemente mayorcita como para decidir hacia donde encaminar mis pasos.
Qué significaba aquello de “darme un par de sustos”? ¿Pero de qué iba? De repente fue como si se me cayese la venda de los ojos y desde ese mismo instante rompí toda relación con el Opus Dei.
Pero una cosa es que rompiese mi relación con el Opus y otra que todo lo que me habían metido en la cabeza desde los 15 años pudiese desaparecer de la noche a la mañana: el sexo es algo sucio, sólo se puede mantener dentro del matrimonio, el fin de las relaciones sexuales no es obtener placer sino tener hijos, los homosexuales son gente viciosa y desviada, y un largo etc de mentiras, miedos, tabúes y prejuicios, de los que a mis 33 años todavía no me he conseguido desprender del todo.
Soy consciente de que “el lavado de coco” al que fui sometida con 15 años, tiene mucho, muchísimo que ver con mis actuales angustias y mi dificultad para aceptar mis sentimientos. Algo debe de quedar de todo aquello que me “inculcaron” cuando todavía hay veces en las que me descubro defendiendo a la Obra.
Analizo mi vocación de aquel entonces y pienso que, dado que la homosexualidad femenina era algo que no entraba en mis esquemas, y que cuando entró la considere pecado, simplemente sublimé hacia un algo Superior ese amor que no podía entregar. No sé, es solo mi opinión acerca de lo que yo viví.
Si, sigo considerándome creyente, pero mi Dios, no debe de ser el mismo Dios del que habla la jerarquía eclesiástica, el mío ama, perdona, acoge e integra y pero ni castiga, ni acusa, ni excluye, ni condena. La Iglesia debería evolucionar y no involucionar, los valores que propugna no son malos, el problema está en la interpretación retorcida e interesada que determinado sector hace de ellos.
Bueno, que rollo he metido hoy. Si has llegado hasta el final, enhorabuena y gracias por tu paciencia!! Y si no… no sabes cómo te entiendo (aunque claro, como no has llegado hasta el final... esto no lo habrás leido) ;)
En otros post yo he comentado que he tenido relación con el Opus Dei, y aunque siempre he defendido mucho de lo que aprendí allí, realmente hay muchas cosas criticables.
Cuando tenía 15 años, yo salía con mis compañeros de colegio. Estos tenían un descaro que me atraía. Yo siempre fui una niña muy modosita y la verdad es que quería ser como ellos, rebelde, desinhibida, contestataria... pero aquello no me llenaba, no me llenaba ir de litronas, ni estar de ligoteo con soldados de reemplazo en las discotecas de moda, ni pegarme las hora vagando sin rumbo, viendo como Fulanita se pegaba el lote con Menganito, mientras Zutanito lo intentaba con nosequién y nosecuantos lo intentaba conmigo.
Un día mi amiga G, que no salía con esta gente, me propuso dar catequesis a niños, y me pareció una buena idea. Camino de donde íbamos a dar la catequesis, G me dijo casi como en secreto que la gente que iba a conocer eran del Opus. Ese decírmelo medio en secreto hizo que me picase la curiosidad, siempre había oído hablar de ellos y siempre con un cierto misterio y secretismo. ¡Por fin iba a conocerlos!
Cuando llegué a aquella casa G me fue presentando a todo el mundo. Todas eran compañeras suyas de colegio y me parecieron encantadoras, me acogieron entre ellas como si me conociesen de toda la vida y me explicaron las actividades que hacían al margen de la catequesis. Me gustó el ambiente, que digo? me encantó!!! Rebosaban alegría y se divertían de forma sencilla, sin alcohol, ni ligoteos tontos. Poco a poco empecé a frecuentar esa casa más a menudo. Iba a estudiar allí todas las tardes al salir del instituto, y los fines de semana quedábamos para ir al cine, comer una hamburguesa o pasarnos la tarde con una coca cola, unas patatas y una guitarra, berreando las canciones de moda. Tal vez haya quienes piensen que era una forma infantil de divertirnos, pero aquello me llenaba mucho más que las juergas con mi otro grupo.
Ya ves que por aquel entonces ya andaba yo con mis contradicciones. Por un lado quería ser rebelde como mis amigos, pero por otro no disfrutaba con ello, siempre tenía la sensación de estar fuera de lugar. Sin embargo, con las niñas del Opus me encontraba mucho más a gusto, mas en mi sitio.
La cosa es que poco a poco me fui metiendo y metiendo. Ya no era solo ir a estudiar, o a hacer el gamba con una guitarra, para dar bien la catequesis debía de "formarme", así que empecé a ir a charlas, meditaciones, retiros espirituales... y un buen día me planteé que tenía vocación religiosa, que quería entrar a formar parte de esa "familia" que tan bien me había acogido y que tanto me estaba dando.
En mi casa, al principio les gustó la idea de que frecuentase aquel centro porque me veían ilusionada y veían que allí nada malo iba a aprender, pero poco a poco se fueron mostrando más y más recelosos. Pasaba más tiempo en el centro que con ellos y eso no lo veían nada bien, y empezaron a poner pegas del tipo "te están comiendo el coco". Soy bastante reflexiva en mis cosas y como día a día yo estaba peor en casa y mejor con mis nuevos amigas, pensé " si fuese mayor de edad me iría de cabeza a vivir al centro del Opus, pero como soy menor hagamos la estancia en casa lo más llevadera hasta que cumpla los 18" y me fui distanciando del Opus (aunque nunca rompí la relación), siempre pensando que como mi vocación era real, cuando hiciese los 18 me largaría de casa.
Poco a poco, como te puedes imaginar esa vocación tan real se fue enfriando. Y a mis 17 años, cuando le diagnosticaron a mi padre un cáncer, mi vocación se congeló del todo, si Dios existía no podía permitir que a mi padre le hubiesen dado sólo 6 años de vida (la verdad es que los médicos se equivocaron porque mi padre sigue vivo) :)
Mi primer año de Universidad fue también cuando salí con mi primer chico. Desde el primer día yo me di cuenta que aquello no funcionaba, y me empecé a plantear que aquello no estaba bien, cuando nos enrollábamos yo no me sentía a gusto y volvieron los fantasmas del pasado. Sólo duramos 3 meses. Coqueteé y tonteé con otros chicos pero con todos se repetía la misma historia. Empecé a pensar que si no sentía nada cuando estábamos liados era porque en el fondo yo sabía que tenía vocación religiosa, aunque la tuviese un poco olvidada e incluso negado.
Como ya era mayor de edad, y el gusanillo de la vocación seguía reconcomiéndome (ya ves que la posibilidad de que me atrajesen las mueres ni me la planteaba) volví a acercarme a la Obra, donde volví a ser acogida con los brazos abiertos. Y si en algún momento mi vocación flojeaba, siempre tenía allí a una numeraria para recordarme que era lo que Dios esperaba de mi. Yo por aquel entonces, era miembro activo de las juventudes de un conservador partido político y tenía muchas reuniones. Justo en plena Novena de la Inmaculada me pusieron una importante reunión y le dije a mi directora espiritual que no podría asistir a la Misa. Ese mismo día, en la biblioteca donde yo estudiaba, escuché una conversación que me abrió los ojos respecto al Opus. La conversación era entre mi amiga G y mi directora espiritual y en ella, mi directora se mostraba muy enfadada conmigo porque había ante puesto mi reunión política a la dichosa Novena y que “habría que darme un par de sustos, a ver si reaccionaba y me decidía a seguir el camino que debía seguir” Mi amiga G, le dijo que no se pasase conmigo, no me podía a obligar a hacer las cosas y que yo ya era lo suficientemente mayorcita como para decidir hacia donde encaminar mis pasos.
Qué significaba aquello de “darme un par de sustos”? ¿Pero de qué iba? De repente fue como si se me cayese la venda de los ojos y desde ese mismo instante rompí toda relación con el Opus Dei.
Pero una cosa es que rompiese mi relación con el Opus y otra que todo lo que me habían metido en la cabeza desde los 15 años pudiese desaparecer de la noche a la mañana: el sexo es algo sucio, sólo se puede mantener dentro del matrimonio, el fin de las relaciones sexuales no es obtener placer sino tener hijos, los homosexuales son gente viciosa y desviada, y un largo etc de mentiras, miedos, tabúes y prejuicios, de los que a mis 33 años todavía no me he conseguido desprender del todo.
Soy consciente de que “el lavado de coco” al que fui sometida con 15 años, tiene mucho, muchísimo que ver con mis actuales angustias y mi dificultad para aceptar mis sentimientos. Algo debe de quedar de todo aquello que me “inculcaron” cuando todavía hay veces en las que me descubro defendiendo a la Obra.
Analizo mi vocación de aquel entonces y pienso que, dado que la homosexualidad femenina era algo que no entraba en mis esquemas, y que cuando entró la considere pecado, simplemente sublimé hacia un algo Superior ese amor que no podía entregar. No sé, es solo mi opinión acerca de lo que yo viví.
Si, sigo considerándome creyente, pero mi Dios, no debe de ser el mismo Dios del que habla la jerarquía eclesiástica, el mío ama, perdona, acoge e integra y pero ni castiga, ni acusa, ni excluye, ni condena. La Iglesia debería evolucionar y no involucionar, los valores que propugna no son malos, el problema está en la interpretación retorcida e interesada que determinado sector hace de ellos.
Bueno, que rollo he metido hoy. Si has llegado hasta el final, enhorabuena y gracias por tu paciencia!! Y si no… no sabes cómo te entiendo (aunque claro, como no has llegado hasta el final... esto no lo habrás leido) ;)
Comentario:
Que tema complicado ... fui a un colegio de monjas desde los 4 hasta los 18 años .. Claro que yo estaba en el grupo de las que no les haciamos mucho caso, asi que siempre estaban las que intentaban corregirnos, pero no tuvieron mucha suerte. Me gusto el párrafo en el que hablas de como actua "TU" Dios, y comparto todo lo que dices. Más allá de homosexual o no, soy creyente, pero no participo de la comunidad de la Iglesia ni concurro a misa, sé que no necesito intermediarios para hablar con Dios, que me hagan sentir culpables por las desiciones que he tomado en mi vida.
Saludos! Y adelante ... siempre sigo tu blog!
Saludos! Y adelante ... siempre sigo tu blog!
Comentario:
Yo estudié en colegio de monjas desde los 4 hasta los 18. En mi familia todos son bastante religiosos, aunque no fanáticos. No he tenido nunca relación con el Opus, pero sí fui catequista en su día. Y aún hoy, a mis casi 28 años, todavía no puedo decir ciertas cosas sin sentimiento de culpa, todavía me asalta ese sentimiento de "vas a ir al infierno" cuando pienso teorías contrarias a las que me enseñaron siempre, cuando reniego de esta iglesia que no trata bien a ciertas personas...
Me costó disfrutar del sexo sin sentirme culpable, me costó dejar de ir a misa los domingos...
No estoy descontenta con la educación que recibí, pero sí con ese sentimiento de culpa perenne que me inculcaron, y por eso cuando tenga hijos, irán a un colegio público. La religión ya se la enseñaré yo en casa... o no.
Bueno, a lo que venía es a que es difícil desembarazarse de la educación de media vida, pero si no quieres vivir con culpa contínua por hacer lo que crees que debes hacer, hay que librarse de los prejuicios.
Suerte, ánimo, y sé feliz.
Me costó disfrutar del sexo sin sentirme culpable, me costó dejar de ir a misa los domingos...
No estoy descontenta con la educación que recibí, pero sí con ese sentimiento de culpa perenne que me inculcaron, y por eso cuando tenga hijos, irán a un colegio público. La religión ya se la enseñaré yo en casa... o no.
Bueno, a lo que venía es a que es difícil desembarazarse de la educación de media vida, pero si no quieres vivir con culpa contínua por hacer lo que crees que debes hacer, hay que librarse de los prejuicios.
Suerte, ánimo, y sé feliz.
Comentario:
Vaya, qué curioso. Me has recordado los tiempos en los que mis amigas y yo empezamos a definirnos con respecto a la religión.
Yo, como tanta gente, también estudié en un colegio católico, y la verdad es que salí de allí agnóstica.
Hacia los once o doce años me reía un poco de la gente que hacía caso a las monjas y se apuntaba a hacer la confirmación, más tarde daba catequesis a niños... (lo siento, no es por ti, es lo que tiene la adolescencia). Todo aquello me parecía pura manipulación, además de una represión total, y me hacía sentir culpable en todo momento, por unas tonterías mayúsculas que a lo mejor un adulto ni se plantea. En parte, dejé mis antiguas creencias porque me resultaban muy dolorosas (la parte lógico-reflexiva del abandono vino a partir de los 17 años).
Lo peor es que la religión también fue uno de los factores por los que en 8º empecé a perder a una vieja amiga de toda la EGB: a ella le iban estos temas, a mí me despertaban el lado rebelde, no me la tomaba en serio ni a ella ni a sus nuevas amigas, y nos fuimos distanciando. Una lástima.
Bueno, espero no haberte parecido la niña de El exorcista, nos leemos ;-)
Yo, como tanta gente, también estudié en un colegio católico, y la verdad es que salí de allí agnóstica.
Hacia los once o doce años me reía un poco de la gente que hacía caso a las monjas y se apuntaba a hacer la confirmación, más tarde daba catequesis a niños... (lo siento, no es por ti, es lo que tiene la adolescencia). Todo aquello me parecía pura manipulación, además de una represión total, y me hacía sentir culpable en todo momento, por unas tonterías mayúsculas que a lo mejor un adulto ni se plantea. En parte, dejé mis antiguas creencias porque me resultaban muy dolorosas (la parte lógico-reflexiva del abandono vino a partir de los 17 años).
Lo peor es que la religión también fue uno de los factores por los que en 8º empecé a perder a una vieja amiga de toda la EGB: a ella le iban estos temas, a mí me despertaban el lado rebelde, no me la tomaba en serio ni a ella ni a sus nuevas amigas, y nos fuimos distanciando. Una lástima.
Bueno, espero no haberte parecido la niña de El exorcista, nos leemos ;-)
Comentario:
Hay tantas cosas que son de un oscurantismo tan pasado como los herejes y las brujas quemadas en la hoguera... soy una convencida de que mientras más recriminas, más tienes incluido en tu alter ego alguna desviación o trauma, y perdonando a los señores numerarios, yo por mi parte repudio a la "Obra"... bien por los valores, bien por las vocaciones inculcadas, bien por el catecismo... de acuerdo con todas esas cosas, pero mi Dios tampoco es castigador, también acoge, también es igualitario con todos (tenemos el mismo Dios Cuquina, enhorabuena!)
Bueno... está bien hablar con conocimiento de causa acerca de las cosas, yo no he vivido el Opus de cerca, pero he leído mucho al respecto (de hecho, mi lectura favorita tiene que ver con temas de la Iglesia, como el mentado Codigo Da Vinci y Angeles y Demonios, que me los devoré en un santiamén, entre otros que no son sólo novela), y creo definitivamente que su mente retrógrada y maliciosa sólo se refugia y encuentra asidero en el poder económico que tienen... si no fuera por eso, de seguro otro gallo cantaría
Un abracito ;)
Bueno... está bien hablar con conocimiento de causa acerca de las cosas, yo no he vivido el Opus de cerca, pero he leído mucho al respecto (de hecho, mi lectura favorita tiene que ver con temas de la Iglesia, como el mentado Codigo Da Vinci y Angeles y Demonios, que me los devoré en un santiamén, entre otros que no son sólo novela), y creo definitivamente que su mente retrógrada y maliciosa sólo se refugia y encuentra asidero en el poder económico que tienen... si no fuera por eso, de seguro otro gallo cantaría
Un abracito ;)
Comentario:
GRANDES PALABRAS de alguien como tú. Te alabo por tu sinceridad, y sobretodo, por ser tan valiente de luchar contra ese "lavado" como tú también le llamas y ser consciente de una realidad.
Estoy contigo cuando dices que no todo el mundo es igual, y tienes razón. Hay un sector que se aprovechará de la parte más conservadora de la iglesia para explotarla y meter embrollo. Y bien es cierto que la iglesia ha evolucinado, pero más bien a marchas forzadas. Ya no consideran a las pelirrojas brujas ni malvadas, ni creen que una epilepsia es la posesión por parte del diablo, con su consecuente sacrificio... pero también es cierto que están aún demasiado atrás. Ya viste que en el post, parecía que el "amigo sanador" hablaba como si la iglesia lo supiera todo... y realmente, cuánto más sabes, más te das cuenta que no sabes nada (y los niños... que defienden a capa y espada sus creencias... porque los inocentes saben muy poquita cosa jeje). Poco a poco, como siempre digo, el tiempo irá colocando las cosas en su sitio...
Yo, aún así, no soy creyente... entre otras cosas, porque mi futura profesión me está enseñando cosas contrarias a la iglesia, y como me las ha argumentado mejor y considero que debo elegir... me quedo con la ciencia. No entiendo cómo un médico puede creer en el origen "divino" de la vida... cuando le hicieron esa pregunta en el examen de Biología, ¿cuál fue su respuesta? Y el origen de las enfermedades, teorías tan diferentes... Formas de entender la vida tan dispares. Comprendo la ideología eclesiástica, y el porqué... ojalá fuera creyente, de verdad. Envidio la felicidad obtenida por parte de algunos de ellos, basada en ese Dios... pero no puedo compartirlo.
Gracias una vez más, de verdad, por compartir todo esto contigo (al menos conmigo). Gracias por considerarme ya un amigo :) Deseo poder ayudarte al menos lo más mínimo, porque no creo que haya derecho a que alguien como tú esté sufriendo por ese sector que ya sabemos reconocer (qué importante ser conscientes). Para mí, escribir está siendo de una gran ayuda... espero que para ti tenga el mismo efecto. De todo corazón, un beso muy grande desde Salou :) Hasta muy pronto :)
Estoy contigo cuando dices que no todo el mundo es igual, y tienes razón. Hay un sector que se aprovechará de la parte más conservadora de la iglesia para explotarla y meter embrollo. Y bien es cierto que la iglesia ha evolucinado, pero más bien a marchas forzadas. Ya no consideran a las pelirrojas brujas ni malvadas, ni creen que una epilepsia es la posesión por parte del diablo, con su consecuente sacrificio... pero también es cierto que están aún demasiado atrás. Ya viste que en el post, parecía que el "amigo sanador" hablaba como si la iglesia lo supiera todo... y realmente, cuánto más sabes, más te das cuenta que no sabes nada (y los niños... que defienden a capa y espada sus creencias... porque los inocentes saben muy poquita cosa jeje). Poco a poco, como siempre digo, el tiempo irá colocando las cosas en su sitio...
Yo, aún así, no soy creyente... entre otras cosas, porque mi futura profesión me está enseñando cosas contrarias a la iglesia, y como me las ha argumentado mejor y considero que debo elegir... me quedo con la ciencia. No entiendo cómo un médico puede creer en el origen "divino" de la vida... cuando le hicieron esa pregunta en el examen de Biología, ¿cuál fue su respuesta? Y el origen de las enfermedades, teorías tan diferentes... Formas de entender la vida tan dispares. Comprendo la ideología eclesiástica, y el porqué... ojalá fuera creyente, de verdad. Envidio la felicidad obtenida por parte de algunos de ellos, basada en ese Dios... pero no puedo compartirlo.
Gracias una vez más, de verdad, por compartir todo esto contigo (al menos conmigo). Gracias por considerarme ya un amigo :) Deseo poder ayudarte al menos lo más mínimo, porque no creo que haya derecho a que alguien como tú esté sufriendo por ese sector que ya sabemos reconocer (qué importante ser conscientes). Para mí, escribir está siendo de una gran ayuda... espero que para ti tenga el mismo efecto. De todo corazón, un beso muy grande desde Salou :) Hasta muy pronto :)