Susana
Con la muerte del abuelo de David y con la visita de una tía de mi padre me ha venido a la cabeza mi propia abuela este fin de semana. Mi abuela murió hace ya dos años por estas fechas, y sinceramente, nunca creí echarla tanto de menos.
De niño crecí con la idea de que mi abuela quería más a mis primos que a mí o a mi hermana, sobretodo por el hecho de que ella criaba a esos niños porque sus padre trabajaban. A ver, un poco de favoritismo hubo, o al menos un poco más de afecto, o eso veían mis ojos infantiles.
Luego cumpliendo más edad me di cuenta de que las cosas no eran tan ciertas como creía. Yo era el hijo varón de su hijo varón favorito (pozzi mi abuela sentía una adoración por su primogénito bastante fuerte, tanto como para hacerle la vida imposible a mi madre en un primer momento, como en las telenovelas), así que eso me dejaba en primer lugar en su lista, y así se manifestó múltiples veces malcriándome en la adolescencia y si lo pienso también en la infancia.
Aunque realmente no conocí a mi abuela, su verdadero carácter hasta que murió mi abuelo con tres años de diferencia a la muerte de ella misma. Mi abuela prácticamente murió con él, o mejor dicho murió su escudo protector, su escudo de mujer luchadora, que no era otra cosa que eso, luchadora.
Debido a la cercanía de mi casa con la suya, pasé un año durmiendo en su casa en lo que se acostumbraba a la soledad de su dormitorio. Era espantoso oírla rezar para luego echarse a llorar en su alcoba, muchas veces entraba en su habitación en ese momento para hablar con ella, conociéndola así por fín.
Mi abuela y yo creamos un lazo muy fuerte durante ese año, diciéndome incluso que esperaba que mi carácter no cambiara nunca, que era un niño de gran corazón y que esperaba que las putadas que el mundo me haría no lo destrozaran. Incluso llegó a comentar la falta de atención que me hacía cuando pequeño porque pensaba que mi corazón bondadoso me hacía débil, y a ella le habían enseñado que no se podía ser débil.
Murió una mañana sin previo aviso.
Se encontraba con una de las hijas hablando de su nieta la menor y de vanalidades como que comprarle en reyes a la niña. Mi abuela se levantó a quitar la cafetera del fuego y se desplomó en el suelo. Mi tía lo primero que hizo fue llamar a una ambulancia al ver que su madre no respondía y llamar a mi casa. Los médicos dijeron que había sido muerte súbita.
Cuando mi padre colgó el teléfono yo me levanté y fui hasta él medio dormido aún.
- ¿Qué ha pasado? ¿Abuela ha muerto? - le dije
Mi padre me miró con cara descompuesta y me preguntó por qué decía eso.
- Soñé con ella, - contesté - la acompañaba hasta un palacio de cristal, yo miraba al cielo y cuando volvía a mirar ella ya no estaba, miré al cielo de nuevo y miles de palomas blancas alzaban el vuelo.
Un amigo esotérico desde ese momento me dijo que mi abuela estaba conmigo, que velaría por mí y que no tenía que temer a la muerte. Desde entonces no le temo.
Lamento no haber pasado más tiempo con ella o el haberla maldecido muchas veces cuando pensaba que no me quería. Sea como sea te quiero abuela, estés donde estés.

De niño crecí con la idea de que mi abuela quería más a mis primos que a mí o a mi hermana, sobretodo por el hecho de que ella criaba a esos niños porque sus padre trabajaban. A ver, un poco de favoritismo hubo, o al menos un poco más de afecto, o eso veían mis ojos infantiles.
Luego cumpliendo más edad me di cuenta de que las cosas no eran tan ciertas como creía. Yo era el hijo varón de su hijo varón favorito (pozzi mi abuela sentía una adoración por su primogénito bastante fuerte, tanto como para hacerle la vida imposible a mi madre en un primer momento, como en las telenovelas), así que eso me dejaba en primer lugar en su lista, y así se manifestó múltiples veces malcriándome en la adolescencia y si lo pienso también en la infancia.
Aunque realmente no conocí a mi abuela, su verdadero carácter hasta que murió mi abuelo con tres años de diferencia a la muerte de ella misma. Mi abuela prácticamente murió con él, o mejor dicho murió su escudo protector, su escudo de mujer luchadora, que no era otra cosa que eso, luchadora.
Debido a la cercanía de mi casa con la suya, pasé un año durmiendo en su casa en lo que se acostumbraba a la soledad de su dormitorio. Era espantoso oírla rezar para luego echarse a llorar en su alcoba, muchas veces entraba en su habitación en ese momento para hablar con ella, conociéndola así por fín.
Mi abuela y yo creamos un lazo muy fuerte durante ese año, diciéndome incluso que esperaba que mi carácter no cambiara nunca, que era un niño de gran corazón y que esperaba que las putadas que el mundo me haría no lo destrozaran. Incluso llegó a comentar la falta de atención que me hacía cuando pequeño porque pensaba que mi corazón bondadoso me hacía débil, y a ella le habían enseñado que no se podía ser débil.
Murió una mañana sin previo aviso.
Se encontraba con una de las hijas hablando de su nieta la menor y de vanalidades como que comprarle en reyes a la niña. Mi abuela se levantó a quitar la cafetera del fuego y se desplomó en el suelo. Mi tía lo primero que hizo fue llamar a una ambulancia al ver que su madre no respondía y llamar a mi casa. Los médicos dijeron que había sido muerte súbita.
Cuando mi padre colgó el teléfono yo me levanté y fui hasta él medio dormido aún.
- ¿Qué ha pasado? ¿Abuela ha muerto? - le dije
Mi padre me miró con cara descompuesta y me preguntó por qué decía eso.
- Soñé con ella, - contesté - la acompañaba hasta un palacio de cristal, yo miraba al cielo y cuando volvía a mirar ella ya no estaba, miré al cielo de nuevo y miles de palomas blancas alzaban el vuelo.
Un amigo esotérico desde ese momento me dijo que mi abuela estaba conmigo, que velaría por mí y que no tenía que temer a la muerte. Desde entonces no le temo.
Lamento no haber pasado más tiempo con ella o el haberla maldecido muchas veces cuando pensaba que no me quería. Sea como sea te quiero abuela, estés donde estés.

Comentario:
Resulta increible leer algo de alguien que comete faltas de ortografía y se queda tan pancho.
Una "vanalidad" más de las que estropean el alma.
Lo siento
Suspenso
Una "vanalidad" más de las que estropean el alma.
Lo siento
Suspenso