Promesas A Uno Mismo
Después de discutir anoche con David de nuevo por el tema de llamarle durante el trabajo decidí prometerme a mí mismo sólo llamarle a la salida de su turno o como mucho dejarle mensajes a la espera que él me llame si es algo muy importante que contarle. Así que después de mucho darle vueltas y suprimir de mi mente ideas de ruptura y desamor pude conciliar el sueño a las 3 de la mañana volviendo loco a todos mis amigos por el messenger, algún día voy a conseguir que me desadmitan.
Como consecuencia de esta falta de sueño casi no me levanto esta mañana para acudir a una entrevista de trabajo. Primero apagué la alarma del móvil, luego el despertador (armando un espectáculo tremendo tirando los objetos colindantes sobre mí) y luego cerrándole la puerta en las narices a mi madre para que no volviera a gritar por mí. Pero una madre que además de madre es inteligente busca las maneras totalmente imaginables para llevar a cabo su cometido, la mía utilizó el viejo método de toma el juguito de naranja que tiene muchas vitaminas y es muy sano, haciéndote incorporar para tomártelo y ya desde ahí salir de la cama.
Luego de torturarme con la cuchilla mientras me afeitaba con las legañas pegadas como quien dice, dejarme amodorrar bajo el chorro de agua cálida de la ducha y tener una crisis existencial eligiendo la ropa adecuada para la entrevista salí de casa con el tiempo justo para llegar a la hora justa, siempre y cuando consiguiera aparcamiento a la primera, tarea más que complicada con todas las obras que se están llevando a cabo en la isla, además que realentizan el tráfico (si ya era eso más posible) en un 60%.
Mientras miraba el reloj compulsivamente esperanzado de que la cola mágicamente desapareciera y pillara todos los semáforos en verde mi móvil dejó escapar una llamada perdida, David. Lo siento amor, pero ahora no puedo llamarte, pensé, repitiéndome a mí mismo mi promesa nocturna y que no debo agobiarme ni agobiarle tanto, ya que ya de por sí la distancia ya es bastante complicada (Y que no tenía saldo).
Segunda llamada perdida. Coño, que te llamo en cuanto pueda...
Tercera llamada perdida. Joder, que no puedo yamarteeeeeeeeeeeeeeeeeee
Cuarta llamada perdida. ¿En esa gasolinera habrá cabina?
Quinta llamada perdida. ¿Por qué me haces esto? A punto de las lágrimas ya.
Llegué a mi entrevista con una mala leche tremenda y con una vena hinchada pensando en como hacía saber a David que me encontraba en la entrevista, porque parece que con el temita de la hora más se había olvidado de que era a las 10 hora canaria. Con la misma que entré en el despacho de Constantino Romero (es que tenía una voz radiofónica increíble, hipnótica, una voz de esas que enamoran, eso sí, el tipo es feo de cojones) cambié mi cara por un muchacho serio pero risueño con una educación de colegio cristiano practicante con ganas de trabajar aunque sea por dos perras pero eso sí, siempre y cuando el curriculum se engrose con un trabajo digno.
Sexta llamada perdida. Llamaré desde ese bar que vi antes de llegar, ehm, ¿que me está diciendo este hombre?
Al salir de la entrevista cogí el coche a toda ostia animado por Die another day sonando en el cassette. Aparqué casi derrapando en la gasolinera justo cuando Madonna suelta dos gemidos y recita I need to lay down. Salí del coche directo a la gasolinera y marqué el móvil de David...
Primera llamada. Estupendo, no me lo cojas.
Segunda llamada. Gilipollas, pos paso de volver a llamarte porque luego dirás que te echan.
Al llegar a casa le mandé un mensaje diciéndole donde estaba y que me llamara él en cuanto pudiera... aaaaaaaaains.
