Tic tac...
El tiempo, tan acusado de eslóganes y descosidos, tan lleno de pretensiones y olvidos decididos de antemano. El tiempo que te nombran como solvencia, como salvación disipada de tanto macerar segundos fallidos. El tiempo como escueta premonición sabida desde el primer minuto, el tiempo que no va encima ni debajo, al que no le valen los dados ni los deslices al oído.
Una vez asumido el descompás de las emociones me niego a rendirle mis brazos cruzados, le niego el desquite y el vacío, le aparto de mis vicios de luz y aire, de mis temores de blanco y negro.
No le susurres deseos prohibidos, ni le mires de reojo, ni le aprietes los dientes, el tiempo no usa tiritas, no precipita las tormentas.
El tiempo sin enclaustro no es más libre, tal vez más sincero, puede que menos traidor con la esperanza. Por eso no quiero contarlo a hurtadillas del presente. No quiero sacrificarlo ante la duda. No quiero regalárselo al miedo. No quiero negármelo. Soy así con mi reloj.
Que la dependencia no se vuelva entrega, que la penitencia no se vuelva camino, son pies distintos, unidos tal vez por un capricho de la vida.
Una vez asumido el descompás de las emociones me niego a rendirle mis brazos cruzados, le niego el desquite y el vacío, le aparto de mis vicios de luz y aire, de mis temores de blanco y negro.
No le susurres deseos prohibidos, ni le mires de reojo, ni le aprietes los dientes, el tiempo no usa tiritas, no precipita las tormentas.
El tiempo sin enclaustro no es más libre, tal vez más sincero, puede que menos traidor con la esperanza. Por eso no quiero contarlo a hurtadillas del presente. No quiero sacrificarlo ante la duda. No quiero regalárselo al miedo. No quiero negármelo. Soy así con mi reloj.
Que la dependencia no se vuelva entrega, que la penitencia no se vuelva camino, son pies distintos, unidos tal vez por un capricho de la vida.
Los amantes sin círculo
Amanece la semana (que no una que aún prefiere creer que está dormida) la niebla y el frío atiborran el lunes de aburridas escenas, hecho que me recuerda lo cotidiana que resulta la monotonía...
El fin de semana pasó, volví a elegir dos días para no hacer nada: el viernes y el domingo se perdieron entre las cuatro paredes de mi habitación. El Sábado dejé que me rescataran, pasé un rato muy divertido con Vir en el teleférico, aprovechamos las últimas horas de luz para dar un paseo, en las que animamos distintos planes, en las que aseguramos distintas promesas. Después quedé con S. y con A&P, Vir se quedó en malasaña con bebepop, S. como siempre tan atenta, apenas entré ya tenía mi cerveza freskita sobre la mesa, dispuesta a ayudarme con la sed y a corresponder la conversación, el tema, Ella.
Escuché las diferentes propuestas, omitiendo mi declinación por ninguna, para llegar a la conclusión de que es normal que esto me duela, y que también se pasará y llegará un día todo esto que veo grande no será nada más que algo pequeño, porque reharé mi vida y todo lo demás será un recuerdo. Pero todo eso pasará mañana, de momento vivo el hoy, con todo lo que eso conlleva, y sinceramente, pensar en un mañana ni me alivia ni me emociona. Se supone que el que lo deja pasa de la pena al alivio, y del alivio a la respuesta, pero no sé en que parte del proceso me perdí.
Necesito un sustitutivo para los consejos, apuesto más por un abrazo, por algo tan sencillo como que alguien se atreva a dejarte llorar. Por suerte acabamos pasando a las risas, a A&P se les da muy bien convencerme para una carcajada, hay que reconocer que la marihuana del ambiente contribuyó al gesto. En un despiste mis ojos se encontraron con los de Ella, bebepop apareció tras la puerta. No pude evitar un patinazo de pestañas, extraña velada para los que ya no son amantes, en la que te rodeas de las mismas cosas, de la misma gente, pero en la que ya no tienes la opción de besarla, a pesar de que veas sus labios tan apetecibles como siempre.
La noche acabó con un sonido roto, con una malcosida palabra entre la boca y el corazón.
El fin de semana pasó, volví a elegir dos días para no hacer nada: el viernes y el domingo se perdieron entre las cuatro paredes de mi habitación. El Sábado dejé que me rescataran, pasé un rato muy divertido con Vir en el teleférico, aprovechamos las últimas horas de luz para dar un paseo, en las que animamos distintos planes, en las que aseguramos distintas promesas. Después quedé con S. y con A&P, Vir se quedó en malasaña con bebepop, S. como siempre tan atenta, apenas entré ya tenía mi cerveza freskita sobre la mesa, dispuesta a ayudarme con la sed y a corresponder la conversación, el tema, Ella.
Escuché las diferentes propuestas, omitiendo mi declinación por ninguna, para llegar a la conclusión de que es normal que esto me duela, y que también se pasará y llegará un día todo esto que veo grande no será nada más que algo pequeño, porque reharé mi vida y todo lo demás será un recuerdo. Pero todo eso pasará mañana, de momento vivo el hoy, con todo lo que eso conlleva, y sinceramente, pensar en un mañana ni me alivia ni me emociona. Se supone que el que lo deja pasa de la pena al alivio, y del alivio a la respuesta, pero no sé en que parte del proceso me perdí.
Necesito un sustitutivo para los consejos, apuesto más por un abrazo, por algo tan sencillo como que alguien se atreva a dejarte llorar. Por suerte acabamos pasando a las risas, a A&P se les da muy bien convencerme para una carcajada, hay que reconocer que la marihuana del ambiente contribuyó al gesto. En un despiste mis ojos se encontraron con los de Ella, bebepop apareció tras la puerta. No pude evitar un patinazo de pestañas, extraña velada para los que ya no son amantes, en la que te rodeas de las mismas cosas, de la misma gente, pero en la que ya no tienes la opción de besarla, a pesar de que veas sus labios tan apetecibles como siempre.
La noche acabó con un sonido roto, con una malcosida palabra entre la boca y el corazón.
Nuestra primera vez...
La de mi coche y mía, esta mañana nos han desvirgado mecánicamente: hemos pasado nuestra primera ITV juntos. Nada de nervios, sesión rápida e indolora (eso si no contamos la fractura de bolsillo). Nos ha tocado madrugar media hora menos, tiempo excaso pero agradecido, y dar alguna que otra vuelta extra (no todas las señales indican). Hemos llegado hasta una nave grande y con el techo azul, a él le he dejado esperando fuera, junto con el par de sándwiches que llevaba en el bolso (por si acaso al abrirlo suena el albal) y nada.. he dado unos cuantos pasos hasta que un cartel me ha detenido, “Prepare su documentación”, claro hombre, la documentación, media vuelta para revolver la guantera del coche. Ya la tengo, ahora sí. Le he dado los buenos días a una señorita que retenía su bostezo tras la ventanilla y que amablemente me pedía esos papeles que relatan las características de mi coche, mientras la tia tecleaba he dudado en coger una de las muchas revistas de coches que había sobre el mostrador, pero luego me he dado cuenta de que no me interesan lo más mínimo. Pues nada, a esperar mirando alrededor, típico cuando alguien llega a un sitio nuevo y no sabe que hacer. Y bien, cuando ya me estaba animando visualmente la mujer me ha dicho que 30 eurillos por la excursión, que la podía empezar cogiendo mi coche y metiéndole por una de esas puertas grandes de la entrada. Pues bien, eso he hecho, he ido a por mi coche y he seguido las indicaciones de unos hombrecillos con mono, que con estilo mañanero me decían “por aquí, un poco más, para”.
Me han hecho bajar la ventanilla para darme los buenos días con tanta rapidez que cuando he ido a contestarles ya me estaban diciendo que diera las luces, que si largas, que si cortas, que si el intermitente... ahora acelera hasta 3.000 revoluciones, y una aquí toda sobada a puntito de quitar el freno de mano. Uno urgaba por el tubo de escape mientras que el otro tiraba del cinturón de seguridad, nosotros dos nos dejábamos hacer. Uno de los hombrecillos me ha dicho que me bajara a la vez que él entraba por la otra puerta, la indiscreción del papel albal no tardó en hacerse notar. He hecho caso al hombrecillo y me he ido hasta la puerta a encender el primer cigarro de la mañana, mientras a mi coche le metían mano por todos lados. Le han llevado hasta un elevador y lo han subido, uno de los hombrecillos lo revisaba con su linterna, al rato me ha invitado a ver los bajos de mi coche, “¿ves las ruedas? tienes que cambiar las dos delanteras, y el tubo de escape también, pero espérate a que comience a hacer ruido” Si tu lo dices.. Pues nada, que tienes premio, una pegatina que llevar en el cristalito para que los de verde no te pongan multa. Después una firmita y ale niña! con la desvirgación a otra parte.

Me han hecho bajar la ventanilla para darme los buenos días con tanta rapidez que cuando he ido a contestarles ya me estaban diciendo que diera las luces, que si largas, que si cortas, que si el intermitente... ahora acelera hasta 3.000 revoluciones, y una aquí toda sobada a puntito de quitar el freno de mano. Uno urgaba por el tubo de escape mientras que el otro tiraba del cinturón de seguridad, nosotros dos nos dejábamos hacer. Uno de los hombrecillos me ha dicho que me bajara a la vez que él entraba por la otra puerta, la indiscreción del papel albal no tardó en hacerse notar. He hecho caso al hombrecillo y me he ido hasta la puerta a encender el primer cigarro de la mañana, mientras a mi coche le metían mano por todos lados. Le han llevado hasta un elevador y lo han subido, uno de los hombrecillos lo revisaba con su linterna, al rato me ha invitado a ver los bajos de mi coche, “¿ves las ruedas? tienes que cambiar las dos delanteras, y el tubo de escape también, pero espérate a que comience a hacer ruido” Si tu lo dices.. Pues nada, que tienes premio, una pegatina que llevar en el cristalito para que los de verde no te pongan multa. Después una firmita y ale niña! con la desvirgación a otra parte.
Sentadita me kedé...
Bueno no exactamente, porque ando los metros que me recomiendan mis obligaciones, entiéndase por aquellas que te hacen madrugar, ir a trabajar... por lo demás, continúa la huelga de causas y respuestas.
En fin.. que no sé si me va bien o me va mal, creo que en estos momentos es mejor mandar a la mierda las balanzas mentales. No me encuentro en una fase tremendista, aunque a veces mis neuronas pecan de ello, tampoco hago porque mis ideas más profundas se tiñan caóticas, directamente trato de convencerlas para que se pierdan. Podría etiquetar mi estado de introspectivo, pero me identifican más ese par de horitas de sol que paso tumbada en el asiento trasero del coche, las de siesta y música rodeada de naves industriales. No hay nada como dejarse mimar por Lorenzo, aunque sea a través de un cristal.
Antes le he escrito un e-mail a bebepop, tonto y soso, para decirla nada, porque lo único que he hecho ha sido hilvanar cuatro frases en busca de sentido, me las debería de haber ahorrado, pero ya ves, quise gozar de un rato a través del tiempo y el espacio.
Supongo que en realidad lo que me pasa es que me faltan lacasitos, creo que una sobredosis de glucosa le bastará a mi sonrisa.
En fin.. que no sé si me va bien o me va mal, creo que en estos momentos es mejor mandar a la mierda las balanzas mentales. No me encuentro en una fase tremendista, aunque a veces mis neuronas pecan de ello, tampoco hago porque mis ideas más profundas se tiñan caóticas, directamente trato de convencerlas para que se pierdan. Podría etiquetar mi estado de introspectivo, pero me identifican más ese par de horitas de sol que paso tumbada en el asiento trasero del coche, las de siesta y música rodeada de naves industriales. No hay nada como dejarse mimar por Lorenzo, aunque sea a través de un cristal.
Antes le he escrito un e-mail a bebepop, tonto y soso, para decirla nada, porque lo único que he hecho ha sido hilvanar cuatro frases en busca de sentido, me las debería de haber ahorrado, pero ya ves, quise gozar de un rato a través del tiempo y el espacio.
Supongo que en realidad lo que me pasa es que me faltan lacasitos, creo que una sobredosis de glucosa le bastará a mi sonrisa.
0º
Así amaneció el termómetro esta mañana, rácano en grados y sobrado en frío. Mis ojeras se siguien alimentando de las vueltas que doy en la cama, y las de mi cabeza no se van aunque las amenace con una "bayer".
El finde.. bueeeeeeno... a decir verdad de lo más ñoño, pero que le vamos a hacer si lo único que me apetece es hacerme una arruguita en la cama. El viernes después del trabajo fui a clase, por suerte las dos horas fueron breves, ya en casa la peli de mar adentro con los pies calentitos y con alguna guarrería alimenticia que llevar a la boca. La noche acabó con la agradable charla que mantuve con Annita la kioskera, un de tú a tú muy espontáneo. El sábado no hice lo que hago siempre (lo de desayunar y volver a la cama) sino que me duché y salí de casa para compartir 4 horas de peluquería con mi prima, lo mío un retoque, lo suyo una pesadilla que casi me mata de hambre. Después de un atracón en el McDonalds volví a casa sin muchas ganas de ir al centro, me dio por una huelga social frente a la tele. Mi hermano sorprendido por mi sábado hogareño me hizo compañía, siempre me hace reír con sus ocurrencias, su deje tímido y su sonrisilla de niño que se hace mayor realzan ese metro setenta y algo con el que me abraza. En fin.. que es mi chico favorito. Y bueno.. para terminar el domingo (el único día de actividad) por la mañana fui al rastro con Vir, aprovechamos los rayos de sol para adentrarnos en la masa de gente que como hormiguitas, circulaban entre los puestos. Me compré una bufanda (recomendación de Vir que se empeñó que me pegaba el verde) paseamos de la mano para evitar que la aglomeración nos perdiese, me probé un vestido con gorro de gnomo que me hubiera gustado tener pero que se quedó colgado en la percha. Después nos fuimos de cañas, nos pateamos La Latina y Tirso, andamos lo suyo hasta encontrar un garito que nos convenciera, cayó una cervecita que acabó con la sed y con la congelación de mi pie izquierdo. De ahí nos fuimos a comer al mejor chino de la calle hortaleza, nos pusimos hasta el culo de arroz y rollitos, nos regalaron un calendario y nos invitaron a un chupito sin lagarto en la botella. Andando llegamos al parque de Colón para aprovechar un ratillo de sol y charla. Cuando el sol se cansó de mostrar su cara decidimos terminar la tarde en casa de Vir bebiendo té de frutas, hablando de realidad y formas de vivir.
Ya en casa me conecté un rato a internet, y ahí estaba bebepop, tenía ganas de hablarla, pero por otro lado sabía que aquello no era lo mejor. Al final acabamos hablando por teléfono, necesitaba escuchar su voz, para cometer el error de echarla de menos, para engañarme con un tiempo que ni yo misma sé si llegará, acabando fuera de lugar mientras la soledad escuece.
El finde.. bueeeeeeno... a decir verdad de lo más ñoño, pero que le vamos a hacer si lo único que me apetece es hacerme una arruguita en la cama. El viernes después del trabajo fui a clase, por suerte las dos horas fueron breves, ya en casa la peli de mar adentro con los pies calentitos y con alguna guarrería alimenticia que llevar a la boca. La noche acabó con la agradable charla que mantuve con Annita la kioskera, un de tú a tú muy espontáneo. El sábado no hice lo que hago siempre (lo de desayunar y volver a la cama) sino que me duché y salí de casa para compartir 4 horas de peluquería con mi prima, lo mío un retoque, lo suyo una pesadilla que casi me mata de hambre. Después de un atracón en el McDonalds volví a casa sin muchas ganas de ir al centro, me dio por una huelga social frente a la tele. Mi hermano sorprendido por mi sábado hogareño me hizo compañía, siempre me hace reír con sus ocurrencias, su deje tímido y su sonrisilla de niño que se hace mayor realzan ese metro setenta y algo con el que me abraza. En fin.. que es mi chico favorito. Y bueno.. para terminar el domingo (el único día de actividad) por la mañana fui al rastro con Vir, aprovechamos los rayos de sol para adentrarnos en la masa de gente que como hormiguitas, circulaban entre los puestos. Me compré una bufanda (recomendación de Vir que se empeñó que me pegaba el verde) paseamos de la mano para evitar que la aglomeración nos perdiese, me probé un vestido con gorro de gnomo que me hubiera gustado tener pero que se quedó colgado en la percha. Después nos fuimos de cañas, nos pateamos La Latina y Tirso, andamos lo suyo hasta encontrar un garito que nos convenciera, cayó una cervecita que acabó con la sed y con la congelación de mi pie izquierdo. De ahí nos fuimos a comer al mejor chino de la calle hortaleza, nos pusimos hasta el culo de arroz y rollitos, nos regalaron un calendario y nos invitaron a un chupito sin lagarto en la botella. Andando llegamos al parque de Colón para aprovechar un ratillo de sol y charla. Cuando el sol se cansó de mostrar su cara decidimos terminar la tarde en casa de Vir bebiendo té de frutas, hablando de realidad y formas de vivir.
Ya en casa me conecté un rato a internet, y ahí estaba bebepop, tenía ganas de hablarla, pero por otro lado sabía que aquello no era lo mejor. Al final acabamos hablando por teléfono, necesitaba escuchar su voz, para cometer el error de echarla de menos, para engañarme con un tiempo que ni yo misma sé si llegará, acabando fuera de lugar mientras la soledad escuece.
Marchando una tapita de corazones
Aquí estamos, sin timón ni bandera, sin guitarra y sin duracell. Aquí estamos, sólo con palabras. Me fumo un cigarro, que a lo largo de la mañana son muchos más que cuatro, estoy aburrida, aburridísima. El día de ayer acabó extraño, después de trabajar me tocó ir corriendo a casa a darme una ducha, para seguir corriendo y darle unos apuntes a una de mi clase, y ya de paso, pillarle un poquito de marihuana (necesitaba un verde y ahumado romance), y ya puestas a correr tuve que hacer lo mismo para llegar a clase. Un coñazo, ayer no tenía ganas de fingir que me apetecía, aguanté una clase, tenía frío y hambre, la coartada que me convenció para irme a casa. Llamé a S. necesitaba contar cómo me sentía sin que me dijeran que el tiempo lo cura todo. Después ingerí líquido en lata y degusté una pizza cocinada con desgana, eso sí, con queso, con muchísimo queso, y de postre un porrillo con el último papel que me quedaba. Luego risas con mi hermano, no sé si eran verdes o azules, el caso es que reí y reí sin recordar en qué consistía la gracia, mi madre también se apuntó, mientras que mi padre escondía una sonrisa de medio lado. De pronto me acordé que estaba triste, al principio me costó creerlo, ¿triste yo? Si tú, tú estás triste, ella está triste, como aquellos tres tristes tigres que comían trigo en un trigal. Fui a esconderme en la cama, frente a mí una de las tantas fotos que tenemos juntas, una de tantas que quisimos hacernos, con sus tantos momentos y sus tantas caricias.
Con sus tantos recuerdos...
Con sus tantos recuerdos...
Escalas sonoras
Un día de Noviembre... fresco pero soleado, como el imberbe rostro de un adolescente que quiere crecer, un día al que miro desde la ventana de siempre, se le puede añadir la voz de Leonard Cohen o la guitarra de Pearl Jam, así quedará más bonito, más limpio.
Hoy me encuentro... mmmm.. digamos que me encuentro, que recapacito y me doy cuenta que siguen aquí mis pies y mis brazos. Mi corazón sigue tan yonki como siempre.
Ayer hablé con ella, al principio la encontré entera, tranquila, después apuntilló un “por qué ya no me quieres” y mis acuarelas perdieron toda gana de pintar. “Si te quiero, es sólo que..” ¿en qué consiste ese maldito “que”? Ella dice que siempre le cambio el nombre, que a veces lo tacho de complicidad, otras de “clac” (ese sonidito que confirma que todo encaja) No lo sé, tal vez me esté equivocando, tal vez esté siendo injusta con las dos, es muy probable que sea un poco de todo. La echo de menos, lo comprobé ayer viendo las fotos que me mandó del fin de semana, cuando nuestras sonrisas no vaticinaban ningun cambio; la echo de menos, lo compruebo también hoy, cuando trato de imaginarme mi vida sin ella, y me doy cuenta de que un frío me congela las manos.
Está tan guapa con su abrigo rojo... Me dejo un mundo entre su cuello, allí solía ir a cerrar los ojos, y entre su piel me daba cuenta de todo.
¿Acaso no me podía aguantar? Pasar por alto la necesidad de leernos cuentos, de alimentar silencios, de mirarnos durante horas sin decirnos nada. Lo intenté, traté de aliarme con el tiempo de entrega y mimos, pero sentí que a todas las horas les faltaba un segundo.
¿Lo podremos recuperar?
Hoy me encuentro... mmmm.. digamos que me encuentro, que recapacito y me doy cuenta que siguen aquí mis pies y mis brazos. Mi corazón sigue tan yonki como siempre.
Ayer hablé con ella, al principio la encontré entera, tranquila, después apuntilló un “por qué ya no me quieres” y mis acuarelas perdieron toda gana de pintar. “Si te quiero, es sólo que..” ¿en qué consiste ese maldito “que”? Ella dice que siempre le cambio el nombre, que a veces lo tacho de complicidad, otras de “clac” (ese sonidito que confirma que todo encaja) No lo sé, tal vez me esté equivocando, tal vez esté siendo injusta con las dos, es muy probable que sea un poco de todo. La echo de menos, lo comprobé ayer viendo las fotos que me mandó del fin de semana, cuando nuestras sonrisas no vaticinaban ningun cambio; la echo de menos, lo compruebo también hoy, cuando trato de imaginarme mi vida sin ella, y me doy cuenta de que un frío me congela las manos.
Está tan guapa con su abrigo rojo... Me dejo un mundo entre su cuello, allí solía ir a cerrar los ojos, y entre su piel me daba cuenta de todo.
¿Acaso no me podía aguantar? Pasar por alto la necesidad de leernos cuentos, de alimentar silencios, de mirarnos durante horas sin decirnos nada. Lo intenté, traté de aliarme con el tiempo de entrega y mimos, pero sentí que a todas las horas les faltaba un segundo.
¿Lo podremos recuperar?
Y yo que sé!
Lunes.. soleado e inquietante lunes, lunes que amanece temprano. Lunes tonto y caprichoso. Culpable e inocente lunes.
Desde la última vez que escribí ya han pasado unos cuántos días, algunos de principio feliz y otros de dudoso final.
Tuvimos brindis y vaciamos las copas. También espuma en el baño y sábanas en la cama. Hubo besos y caricias, y sí, creo que las piezas encajaron y celebraron su año y medio. Todo fue tal y como quisimos que fuera, o por lo menos, no salió como no queríamos. ¿Los días posteriores? Como siempre, con alguna llamada, con algún te echo de menos.
Y llega otro fin de semana, y os veís, y lo pasaís más o menos bien, pero el domingo toca sorpresa, el domingo comienza tranquilo y después de una película tumbadas en la cama sale una conversación que termina con un “¿lo dejamos?”. No así, porque la conversación acaba con el agobio que me da en estos casos en los que tengo que “discutir” y encima sin poder encenderme un cigarro. Así que me marché de su casa con intenciones de volver a la mía, durante el trayecto hice que sonara una y otra vez la misma canción, como si su sonido tuviera algo que prestar en los momentos de vacío.
Llegué buscando escondite en mi habitación, después de un rato, con unos cuantos cigarros, decidí llamarla. Al escuchar su voz no supe que hacer con la mía, de una pregunta suya salieron todas mis dudas, y lo que parecía una conversación se convirtió en una confesión, en la que acabé diciendo que el tiempo se llevaba lo que sentía. Ella no lo entendía, o sí, o sólo en parte, mientras yo era más cobarde. Quiere luchar con espadas de verdad, y yo no tengo fuerzas para llevar una maleta. Para decir adiós.
Lunes que madruga cuando yo sólo quiero seguir soñando.
Desde la última vez que escribí ya han pasado unos cuántos días, algunos de principio feliz y otros de dudoso final.
Tuvimos brindis y vaciamos las copas. También espuma en el baño y sábanas en la cama. Hubo besos y caricias, y sí, creo que las piezas encajaron y celebraron su año y medio. Todo fue tal y como quisimos que fuera, o por lo menos, no salió como no queríamos. ¿Los días posteriores? Como siempre, con alguna llamada, con algún te echo de menos.
Y llega otro fin de semana, y os veís, y lo pasaís más o menos bien, pero el domingo toca sorpresa, el domingo comienza tranquilo y después de una película tumbadas en la cama sale una conversación que termina con un “¿lo dejamos?”. No así, porque la conversación acaba con el agobio que me da en estos casos en los que tengo que “discutir” y encima sin poder encenderme un cigarro. Así que me marché de su casa con intenciones de volver a la mía, durante el trayecto hice que sonara una y otra vez la misma canción, como si su sonido tuviera algo que prestar en los momentos de vacío.
Llegué buscando escondite en mi habitación, después de un rato, con unos cuantos cigarros, decidí llamarla. Al escuchar su voz no supe que hacer con la mía, de una pregunta suya salieron todas mis dudas, y lo que parecía una conversación se convirtió en una confesión, en la que acabé diciendo que el tiempo se llevaba lo que sentía. Ella no lo entendía, o sí, o sólo en parte, mientras yo era más cobarde. Quiere luchar con espadas de verdad, y yo no tengo fuerzas para llevar una maleta. Para decir adiós.
Lunes que madruga cuando yo sólo quiero seguir soñando.