Garabatos de invierno
Si los suspiros se pudieran meter en una caja de galletas, la mía pesaría cientos de kilos. Puede parecer una cantidad exagerada, incluso es probable que los suspiros ni tan siquiera se puedan calcular, pero yo sé que los míos pesan cientos de kilos, lo llevo notando varios días, cuando cada hora se empeña en convertir el oxígeno en una muestra de lo que ya es evidente. Estoy pillada, pilladísima para ser más concreta, y sí, lo tengo que reconocer, ésta vez me han dado en el centro de la diana, y ¡tachán! Se ha encendido la bombillita y han caído los confetis, ¡premio! Te has llevado mi corazón, ¿quieres que te lo envuelva o te lo llevas puesto?
Aún se me hace extraño, sabes que para mí no es fácil aceptar que un alto porcentaje de mis ilusiones dependan de ti, sabes que he luchado muchas veces contra eso, que la libertad emocional era la causa de mi rebeldía, que no quería ser de nadie, pero ya no me valen mis tácticas de pez escurridizo, tampoco cuenta ese currículum de 0 derrotas. Me has hecho decir “órdago” aún no teniendo nada con lo que envidar.
El viernes salí a la calle desnuda, sabía que me enfrentaba al frío y a tus manos, las que me podían cazar como a un insecto distraído. Subí a tu casa, con más miedo que tiempo, me enseñaste tu habitación y quise quedarme ahí, junto a tu ventana, para disfrazarme de luna. Hablabas tan de deprisa que no me di cuenta de que ya me estabas besando, supiste usar la corta distancia que separaba tus labios de los míos, me hiciste estremecer con tu lengua bailando sobre mi sonrisa. Fuimos a casa de tu hermana, una vez más nos prestaba un espacio para llenarlo de momentos; hablamos de ti y de mí, de ése “ahora” tan indefenso, que te tanto miedo te da y que a mí me vuelve vulnerable. Tu ex sigue ahí, queriendo volver contigo, atacando donde más te duele, te creo cuando me dices que se acabó, te creo porque durante mucho tiempo intercambiamos confesiones, cuando tú eras la amiga y yo la novia; a M la comprendo, yo también lucharía por ti, sé que no tengo que competir con ella así como tú sabes de ese orgullo que me impide caer en la trampa de los celos. También dejaste en el aire una frase: sabes que si te lo pusiera fácil ya te habrías cansado. La sinceridad acompasó nuestra charla, en mis turnos no te miré, no podía hacerlo por miedo a perder la convicción con la que te dije que no volvería a caer en la rutina de los milagros, que no iba a volver a parchear mis sueños. Te dije que no quería más treguas, que las había gastado todas cuando traté de enamorarme de ella, cuando alimenté una relación de casi dos años con la esperanza de que algún día las dos estaríamos en el mismo escalón, cuando he vivido muchas de puntillas sabiendo que no era yo la que tenía que perder. Te dije que ya me cansé de todo, sabes que lo decía en serio, lo sabes porque mis ojos estaban tristes, te diste cuenta porque mis manos estaban frías.
Te di el regalo que te había hecho, me diste las gracias y yo a ti, no sabes el tiempo que hacía que no usaba cartulinas de colores para demostrar mis sentimientos. Siempre me dices que me cuesta mirarte, por eso quería regalarte este pequeño foto-cuento, con todas las imágenes que me emocionaron tras la cámara, con el cuento que me sacaste en aquella mañana en la que me emborraché a solas pensando en ti. También te di un CD con las canciones que han sonado en los mejores momentos de mi vida, y en la portada te puse aquella poesía que escribí con mi torpe inglés.
Tus ojos me lo dijeron todo.
Pusiste el CD, caí en mi trampa, tenerte con aquella música sonando era demasiado para mí, mientras tanto tú tratabas de transmitirme todo lo que sentías, ahí me di cuenta de que ya no podía ni quería volver atrás. Luego vinieron A e I, los porros me ayudaron a estar más torpe, aquella situación era una prueba para todos aunque tal vez ninguno lo pensamos, estábamos los mismos, pero tú no tenías al lado a M ni yo a bebepop, éramos tú y yo las que intercambiábamos miradas, las tuyas siempre atentas a mi estado de ánimo, las de ellos para decirnos que no teníamos nada que esconder, que no tenían nada que juzgarnos.
Aquello supo hacerme feliz.
El sábado me fui a comer con mis padres y mi hermano, me sentí muy bien cuando brindamos, cuando mi madre decía “mira que chico tan guapo”, y la cómplice sonrisa de mi hermano sabía que una camarera hubiera estado mejor. Hacía tiempo que no compartíamos algo juntos, los cuatro, sin que ese detalle me hiciera pensar que quería despegarme de eso, sin esa extraña “vergüenza” adolescente cuando tu padre te pasa el brazo por el hombro. Después me fui al teatro yo sola, Error 108, tan abstracta como sugerente, tan irreal como sensata. Me encanta ir sola al teatro, ir con la mente en blanco, lejos de fijarme en los conceptos y dispuesta a emocionarme de principio a fin.
Después de la obra un mensaje de S, estaban en Tirso, en el bar dónde bebepop y yo nos conocimos, ése al que siempre me niego a ir por cuestiones aún no razonadas. De Chueca al metro, con mi característico despiste cuando estoy sola, ése que hasta me hace olvidarme de cómo se llega a los sitios a pesar de haber estado muchas veces. Allí estaban todos, I, A&P, “la Rakel” y S, llegar la última siempre me da cierta tensión, y más ahí que sentía que todos miraban con buenos ojos nuestro saludo, el corto beso que me dio lo interpreté como un “sigo aquí”. Su mano no dejó de acariciar mi espalda, ni de buscar las mías, y su voz preguntándole a mi oído que cómo estaba. Bien, estoy bien (me pasa siempre que estoy a tu lado). Tras un ameno rato nos fuimos al Artépolis, un sitio que conocí con “una_chica_con_la_que_estuve”, pero Madrid ya no es el mismo desde que lo comparto contigo. Mientras los demás se fumaban un porro fuera tú y yo estábamos dentro, es ahí cuando me preguntaste si había pensado en algo, te dije que me dejaría llevar. Me confesaste que el día anterior sentiste miedo, y que eso te hizo ver que lo que sentías no era algo esporádico. Es ahí cuando recuperé la sonrisa que durante unos días me había abandonado, ya no pude dejar de tocarte.
Hice algo atípico, negar mi cansancio y llevarte hasta tu casa, para que el tiempo me diera más segundos de estar contigo, cada semáforo en rojo significaba un beso, cada cambio de marcha rozar tu mano, Madrid estaba precioso.
Hoy sólo soy capaz de recordar, ¿y sabes qué? mis manos todavía huelen a ti.
Aún se me hace extraño, sabes que para mí no es fácil aceptar que un alto porcentaje de mis ilusiones dependan de ti, sabes que he luchado muchas veces contra eso, que la libertad emocional era la causa de mi rebeldía, que no quería ser de nadie, pero ya no me valen mis tácticas de pez escurridizo, tampoco cuenta ese currículum de 0 derrotas. Me has hecho decir “órdago” aún no teniendo nada con lo que envidar.
El viernes salí a la calle desnuda, sabía que me enfrentaba al frío y a tus manos, las que me podían cazar como a un insecto distraído. Subí a tu casa, con más miedo que tiempo, me enseñaste tu habitación y quise quedarme ahí, junto a tu ventana, para disfrazarme de luna. Hablabas tan de deprisa que no me di cuenta de que ya me estabas besando, supiste usar la corta distancia que separaba tus labios de los míos, me hiciste estremecer con tu lengua bailando sobre mi sonrisa. Fuimos a casa de tu hermana, una vez más nos prestaba un espacio para llenarlo de momentos; hablamos de ti y de mí, de ése “ahora” tan indefenso, que te tanto miedo te da y que a mí me vuelve vulnerable. Tu ex sigue ahí, queriendo volver contigo, atacando donde más te duele, te creo cuando me dices que se acabó, te creo porque durante mucho tiempo intercambiamos confesiones, cuando tú eras la amiga y yo la novia; a M la comprendo, yo también lucharía por ti, sé que no tengo que competir con ella así como tú sabes de ese orgullo que me impide caer en la trampa de los celos. También dejaste en el aire una frase: sabes que si te lo pusiera fácil ya te habrías cansado. La sinceridad acompasó nuestra charla, en mis turnos no te miré, no podía hacerlo por miedo a perder la convicción con la que te dije que no volvería a caer en la rutina de los milagros, que no iba a volver a parchear mis sueños. Te dije que no quería más treguas, que las había gastado todas cuando traté de enamorarme de ella, cuando alimenté una relación de casi dos años con la esperanza de que algún día las dos estaríamos en el mismo escalón, cuando he vivido muchas de puntillas sabiendo que no era yo la que tenía que perder. Te dije que ya me cansé de todo, sabes que lo decía en serio, lo sabes porque mis ojos estaban tristes, te diste cuenta porque mis manos estaban frías.
Te di el regalo que te había hecho, me diste las gracias y yo a ti, no sabes el tiempo que hacía que no usaba cartulinas de colores para demostrar mis sentimientos. Siempre me dices que me cuesta mirarte, por eso quería regalarte este pequeño foto-cuento, con todas las imágenes que me emocionaron tras la cámara, con el cuento que me sacaste en aquella mañana en la que me emborraché a solas pensando en ti. También te di un CD con las canciones que han sonado en los mejores momentos de mi vida, y en la portada te puse aquella poesía que escribí con mi torpe inglés.
Tus ojos me lo dijeron todo.
Pusiste el CD, caí en mi trampa, tenerte con aquella música sonando era demasiado para mí, mientras tanto tú tratabas de transmitirme todo lo que sentías, ahí me di cuenta de que ya no podía ni quería volver atrás. Luego vinieron A e I, los porros me ayudaron a estar más torpe, aquella situación era una prueba para todos aunque tal vez ninguno lo pensamos, estábamos los mismos, pero tú no tenías al lado a M ni yo a bebepop, éramos tú y yo las que intercambiábamos miradas, las tuyas siempre atentas a mi estado de ánimo, las de ellos para decirnos que no teníamos nada que esconder, que no tenían nada que juzgarnos.
Aquello supo hacerme feliz.
El sábado me fui a comer con mis padres y mi hermano, me sentí muy bien cuando brindamos, cuando mi madre decía “mira que chico tan guapo”, y la cómplice sonrisa de mi hermano sabía que una camarera hubiera estado mejor. Hacía tiempo que no compartíamos algo juntos, los cuatro, sin que ese detalle me hiciera pensar que quería despegarme de eso, sin esa extraña “vergüenza” adolescente cuando tu padre te pasa el brazo por el hombro. Después me fui al teatro yo sola, Error 108, tan abstracta como sugerente, tan irreal como sensata. Me encanta ir sola al teatro, ir con la mente en blanco, lejos de fijarme en los conceptos y dispuesta a emocionarme de principio a fin.
Después de la obra un mensaje de S, estaban en Tirso, en el bar dónde bebepop y yo nos conocimos, ése al que siempre me niego a ir por cuestiones aún no razonadas. De Chueca al metro, con mi característico despiste cuando estoy sola, ése que hasta me hace olvidarme de cómo se llega a los sitios a pesar de haber estado muchas veces. Allí estaban todos, I, A&P, “la Rakel” y S, llegar la última siempre me da cierta tensión, y más ahí que sentía que todos miraban con buenos ojos nuestro saludo, el corto beso que me dio lo interpreté como un “sigo aquí”. Su mano no dejó de acariciar mi espalda, ni de buscar las mías, y su voz preguntándole a mi oído que cómo estaba. Bien, estoy bien (me pasa siempre que estoy a tu lado). Tras un ameno rato nos fuimos al Artépolis, un sitio que conocí con “una_chica_con_la_que_estuve”, pero Madrid ya no es el mismo desde que lo comparto contigo. Mientras los demás se fumaban un porro fuera tú y yo estábamos dentro, es ahí cuando me preguntaste si había pensado en algo, te dije que me dejaría llevar. Me confesaste que el día anterior sentiste miedo, y que eso te hizo ver que lo que sentías no era algo esporádico. Es ahí cuando recuperé la sonrisa que durante unos días me había abandonado, ya no pude dejar de tocarte.
Hice algo atípico, negar mi cansancio y llevarte hasta tu casa, para que el tiempo me diera más segundos de estar contigo, cada semáforo en rojo significaba un beso, cada cambio de marcha rozar tu mano, Madrid estaba precioso.
Hoy sólo soy capaz de recordar, ¿y sabes qué? mis manos todavía huelen a ti.
¿Cueces o enriqueces?
Últimamente me rodean ciertas efervescencias que están haciendo de mi mente una alquimia incomprensible, mi cerebro es una especie de coctelera de suposiciones y anhelos, repleta de ideas que se sirven sin aviso, como si las llaves de mi escondite estuvieran puestas y la cerradura fuera de juguete.
Me lo revuelve todo, como el centrifugado de una lavadora, sepultándome bajo las suaves sedas de su incertidumbre. Pero aquí estoy, surfeando esas olas dudosas que se encrespan bajo mis pies, tratando de que el equilibrio me preste alguna postura capaz de resistir a tan extraño oleaje.
En fin.. todo esto para decir que ayer me llamó, sí, logré resistirme a coger el teléfono durante tres días, y ha sido ella la que cada 24 horas me ha ido recetando una frase en el móvil. Se sorprendió por mi falta de enfado. ¿Por qué iba a estarlo? Ya te dije que mi problema era que no entendía nada, en cuanto me lo expliques dejará de serlo. Me dice que el suyo es que todo le parece demasiado bonito, tanto que cuando lo piensa le parece irreal.
Hoy he quedado con ella, tengo ganas de verla pero tengo que pensarme si llevar la coraza sencilla, la doble o la de acero inoxidable; por mí iría desnuda, pero es la forma más fácil de acabar en manos ajenas.
Siempre hay tiempo me digo.
Tantas son las cartas como los folios inacabados, tantas las caras como las bocas, tantos los ojos como el miedo.
Me lo revuelve todo, como el centrifugado de una lavadora, sepultándome bajo las suaves sedas de su incertidumbre. Pero aquí estoy, surfeando esas olas dudosas que se encrespan bajo mis pies, tratando de que el equilibrio me preste alguna postura capaz de resistir a tan extraño oleaje.
En fin.. todo esto para decir que ayer me llamó, sí, logré resistirme a coger el teléfono durante tres días, y ha sido ella la que cada 24 horas me ha ido recetando una frase en el móvil. Se sorprendió por mi falta de enfado. ¿Por qué iba a estarlo? Ya te dije que mi problema era que no entendía nada, en cuanto me lo expliques dejará de serlo. Me dice que el suyo es que todo le parece demasiado bonito, tanto que cuando lo piensa le parece irreal.
Hoy he quedado con ella, tengo ganas de verla pero tengo que pensarme si llevar la coraza sencilla, la doble o la de acero inoxidable; por mí iría desnuda, pero es la forma más fácil de acabar en manos ajenas.
Siempre hay tiempo me digo.
Tantas son las cartas como los folios inacabados, tantas las caras como las bocas, tantos los ojos como el miedo.
Dieta sentimental
Contigo nunca me como los sándwiches, cada vez que vamos a comprar un picnic de salón hago lo mismo, tú me preguntas que de qué lo quiero, yo hago como que me lo pienso, cuando en realidad busco en las etiquetas algo que no lleve huevo. Siempre te digo que no me gusta nada el huevo, y tú sonríes, cómo si contarte algo tan convencional como eso activara un resorte en tus mejillas. Te digo que si lo quieres de cangrejo, me dices que no, que hoy te lo coges vegetal. Sigo mirando los estantes metálicos de la nevera, aguantando mis ganas de pegarme al cristal, eso nunca te lo he dicho, que me encanta pegarme en los cristales y aplastar la nariz, jugando a que veo cuando en realidad no miro.
Al final me decido por uno de atún, también tiene lechuga, creo que me gustará; me preguntas que si quiero patatas, te digo que muy pocas veces las como, sólo me gustan las de churrería, son más reales, pero en vez de decirte eso te digo que lo que me gusta es comerme las patatas crudas. ¿Crudas? Tu cara de asombro me hace pensar que me alimento de cosas raras. Sí, crudas, las pelo, las lavo, las corto y las echo un poco de sal, no me acuerdo cúando descubrí que me gustaban, supongo que cuando eres pequeña no piensas en por qué te gustan las cosas. Hay gente que come zanahorias crudas, te digo. Ya, pero no es igual. Claro, una patata y una zanahoria no son iguales, ¿pero por qué comer cruda una cosa u otra va a ser distinto? Me miras como dándome por imposible. Al final te digo que si quieres cogemos una de patatas con una pizca de sal, o algo así pone en la bolsa, pero no te garantizo que vaya a comerme ninguna, no sé, alomejor no me apetece.
Mientras la china te atiende miro la nevera de los helados, ¡hay mikolápices! ¿Te he dicho que me encantan los mikolápices? Me dices que no, que nunca te lo he dicho. Pues me encantan, ya lo sabes.
Contigo nunca me como los sándwiches, sólo una vez me atreví con la mitad de uno. Siempre el mío acaba en la bolsa, como si viniera para marcharse. Al principio me apetece comérmelo, pero claro, luego veo tus labios y me doy cuenta de que en realidad lo que me apetece es besarte. Tú no sabes a huevo, ni tampoco a atún, ni a cangrejo, ni a vegetales; tú no estás en una bolsa ni aburrida en un estante. Tú sabes como mis patatas crudas, ésas que pelo, corto, lavo y les echo una pizca de sal, ésas que me gustan sin saber por qué.



Al final me decido por uno de atún, también tiene lechuga, creo que me gustará; me preguntas que si quiero patatas, te digo que muy pocas veces las como, sólo me gustan las de churrería, son más reales, pero en vez de decirte eso te digo que lo que me gusta es comerme las patatas crudas. ¿Crudas? Tu cara de asombro me hace pensar que me alimento de cosas raras. Sí, crudas, las pelo, las lavo, las corto y las echo un poco de sal, no me acuerdo cúando descubrí que me gustaban, supongo que cuando eres pequeña no piensas en por qué te gustan las cosas. Hay gente que come zanahorias crudas, te digo. Ya, pero no es igual. Claro, una patata y una zanahoria no son iguales, ¿pero por qué comer cruda una cosa u otra va a ser distinto? Me miras como dándome por imposible. Al final te digo que si quieres cogemos una de patatas con una pizca de sal, o algo así pone en la bolsa, pero no te garantizo que vaya a comerme ninguna, no sé, alomejor no me apetece.
Mientras la china te atiende miro la nevera de los helados, ¡hay mikolápices! ¿Te he dicho que me encantan los mikolápices? Me dices que no, que nunca te lo he dicho. Pues me encantan, ya lo sabes.
Contigo nunca me como los sándwiches, sólo una vez me atreví con la mitad de uno. Siempre el mío acaba en la bolsa, como si viniera para marcharse. Al principio me apetece comérmelo, pero claro, luego veo tus labios y me doy cuenta de que en realidad lo que me apetece es besarte. Tú no sabes a huevo, ni tampoco a atún, ni a cangrejo, ni a vegetales; tú no estás en una bolsa ni aburrida en un estante. Tú sabes como mis patatas crudas, ésas que pelo, corto, lavo y les echo una pizca de sal, ésas que me gustan sin saber por qué.



El porro de los idiotas
¿Nunca os habéis sentido estúpidos? ¿Tan idiotas que parece que hasta las paredes se ríen? De momento no he escuchado ninguna carcajada de ladrillo, pero igualmente me siento como un payaso sin nariz roja.
El lunes pasé el día borracha de sueño y de ideas, todas positivas, todas bonitas, todas sonrientes... pero en el lunes sucedieron más cosas que las mías, y se pensaron otras ideas; no todas positivas, no todas bonitas, no todas sonrientes. Y precisamente esas ideas tan anti-mías me acabaron congelando antes de dormir. Llamé a S, necesitaba irme a la cama saboreando su voz en mis oídos; en la mano las verdes besos de maria, y en algún lugar de mi cuerpo un par de latidos tan desbocados como ingenuos. Su voz suena rara, dice que no, que es la mía, yo digo que sólo estoy fumada, ella que está agobiada. ¿Los exámenes no? Si bueno, pero no es sólo eso. ¿No? No, llevo un par de días rayada. Ayer te despediste de mí con una sonrisa, no entiendo. Ya bueno, es que hay agentes externos y no sé, tengo que pensar. ¿Agentes externos? Es ahí cuando me imagino a Pato WC luchando contra un montón de bacterias dentro del water. Estoy confundida, necesito estas 3 semanas para mí, para pensar, para organizar esta vorágine convulsa. De pronto el teléfono comienza a darme frío, un frío que empieza en mi oreja, que luego pasa a mi mano, y que poco a poco se va extendiendo por mi cuerpo como un incendio de hielo. No entiendo nada, absolutamente nada. Comprendo, pero ahora no sé qué decir, ya hablaremos. Perfecto, ya hablaremos, ahora tengo que colgar, estoy demasiado fumada como para sacar mi lado más comprensivo, no me quiero rayar, la negatividad me está aplastando, necesito aire, no quiero ser una mosca dando vueltas en un plato.
Al rato me manda un mensaje, y viene a decirme algo así como que no la entienda mal, que sólo tiene que organizar todo lo que está pasando, que no me pide que la espere, sólo que la comprenda. Me pienso la respuesta, y le digo que lo único que sé es que no quiero entorpecer la estabilidad de nadie y tampoco perder la mía. ¿Pero cómo puedo entender algo que no me explican?
Ayer traté de pensar, de ponerme en su lugar, pero no, seguí sin entenderlo, es como buscar en una foto vacía, no hay nada pero te dicen que hay un paisaje, y tú dices que no lo ves, pero te piden que comprendas.
Ella no tiene la culpa de que yo me haya pillado, tampoco tiene la culpa de haberme hecho sentir, ni de que yo haya dado un paso destruyendo otras cosas.
Yo miré el precipicio y vi flores, yo elegí saltar.
Es cierto que tengo todo el tiempo del mundo, pero tan sólo tengo una sonrisa.
El lunes pasé el día borracha de sueño y de ideas, todas positivas, todas bonitas, todas sonrientes... pero en el lunes sucedieron más cosas que las mías, y se pensaron otras ideas; no todas positivas, no todas bonitas, no todas sonrientes. Y precisamente esas ideas tan anti-mías me acabaron congelando antes de dormir. Llamé a S, necesitaba irme a la cama saboreando su voz en mis oídos; en la mano las verdes besos de maria, y en algún lugar de mi cuerpo un par de latidos tan desbocados como ingenuos. Su voz suena rara, dice que no, que es la mía, yo digo que sólo estoy fumada, ella que está agobiada. ¿Los exámenes no? Si bueno, pero no es sólo eso. ¿No? No, llevo un par de días rayada. Ayer te despediste de mí con una sonrisa, no entiendo. Ya bueno, es que hay agentes externos y no sé, tengo que pensar. ¿Agentes externos? Es ahí cuando me imagino a Pato WC luchando contra un montón de bacterias dentro del water. Estoy confundida, necesito estas 3 semanas para mí, para pensar, para organizar esta vorágine convulsa. De pronto el teléfono comienza a darme frío, un frío que empieza en mi oreja, que luego pasa a mi mano, y que poco a poco se va extendiendo por mi cuerpo como un incendio de hielo. No entiendo nada, absolutamente nada. Comprendo, pero ahora no sé qué decir, ya hablaremos. Perfecto, ya hablaremos, ahora tengo que colgar, estoy demasiado fumada como para sacar mi lado más comprensivo, no me quiero rayar, la negatividad me está aplastando, necesito aire, no quiero ser una mosca dando vueltas en un plato.
Al rato me manda un mensaje, y viene a decirme algo así como que no la entienda mal, que sólo tiene que organizar todo lo que está pasando, que no me pide que la espere, sólo que la comprenda. Me pienso la respuesta, y le digo que lo único que sé es que no quiero entorpecer la estabilidad de nadie y tampoco perder la mía. ¿Pero cómo puedo entender algo que no me explican?
Ayer traté de pensar, de ponerme en su lugar, pero no, seguí sin entenderlo, es como buscar en una foto vacía, no hay nada pero te dicen que hay un paisaje, y tú dices que no lo ves, pero te piden que comprendas.
Ella no tiene la culpa de que yo me haya pillado, tampoco tiene la culpa de haberme hecho sentir, ni de que yo haya dado un paso destruyendo otras cosas.
Yo miré el precipicio y vi flores, yo elegí saltar.
Es cierto que tengo todo el tiempo del mundo, pero tan sólo tengo una sonrisa.
Sumas y restas
Un bostezo, dos bostezos, tres bostezos... si me pusiera a contarlos todos necesitaría más de una hoja, y de dos también. Irremediablemente me muero de sueño, o me vivo de él. Al margen, hoy es un día que también ha amanecido alegre. El fin de semana se me antojó especial, el viernes bebepop inauguró su garito, el Espiral Pop por si alguien pasa por la madrileña calle de San Andrés en Malasaña; obviamente ni S ni yo estábamos invitadas, nosotras también inauguramos algo, o reinauguramos más bien, ese sentimiento que nos hace cada día más cómplices y que me sumerge en un estado de conciliación conmigo misma: me he atrevido, esto es así.
Alquilé dos películas que no vimos, bebimos de la misma botella en diferentes vasos, y sí, brindamos, tal vez no paramos de hacerlo en toda la noche, o sí, sí que paramos, cuando el reloj decidió despertarnos de nuestra intensidad onírica. Pero quedamos en que el día siguiente volvería a ser para soñar.
El sábado salí de casa temprano, fuera un día espléndido lejos de parecer Enero, me encantan las mañanas con sol, y las tardes con sol, y las noches con sol, el sábado Lorenzo pactó conmigo 24 horas de presencia. Fui a la peluquería, cortarme el pelo me aclara las ideas, o en su defecto las deja caer a la espera de que la gravedad las dé un lugar. Me han dejado un flequillo travieso, para que me lo despeine ella – pensé. Sé que a bebepop también le hubiera gustado, - pero qué pequeña eres Amelie – me diría, y yo hubiera puesto mi cara de bebé con mokitos y le hubiera sonreído. Pero no fue así, y nunca volverá a ser así. Tal vez aún me cueste frenar ese tipo de recuerdos, ¿pero para qué frenar las cosas que han sido aunque ya no sean?. Quedé con mi prima y sus amigas, hicimos una excursión en grupo por el Carrefour, nunca me había costado tanto encontrar un bote de aceitunas. En un apartamento de Usera comimos pizza y hablamos en inglés, Maurizzio cocinó para nosotros, Alberto me dejó sacar de un bote el verde que me gusta, el que se puede fumar aquí y allí también. Tomamos café, y también comimos tarta con mermelada casera, era de una vecina, de la abuela de, de un pueblo en el que nunca he estado.
Miré el reloj hasta que a las manecillas no les quedó más remedio que marcar la hora que esperaba; la vi apoyada en la pared, con esa falda que hace de sus piernas la lujuria, con algo de pelo jugando en una horquilla. Montamos en el coche, la Gran Vía volvía a parecerme distinta; su mismo tráfico, luces y gente ya no eran iguales, nunca lo han sido; conducí de otra manera, como si fuera la primera de la última vez, como cuando te despides tras una puerta pensando en que un día u otro la volverás a abrir, lo has hecho tantas veces...
Nos perdimos en la carretera que era una noche, que también eran farolas y señales que no quisimos ver; pero reímos, ¿para qué la prisa si tienes el momento? Al final llegamos a casa de P, A apareció con el pelo mojado y una sonrisa de esas que te preguntan, le contesté que sentirse era mejor que estar bien.
Horas, palabras, tragos, caladas, risas, silencios... tic... ahora tac... una cama, una ventana, una persiana, unas sabanas, ahora somos dos... ahora... somos... una.
Recomendación: ver la peli de Astronautas
Alquilé dos películas que no vimos, bebimos de la misma botella en diferentes vasos, y sí, brindamos, tal vez no paramos de hacerlo en toda la noche, o sí, sí que paramos, cuando el reloj decidió despertarnos de nuestra intensidad onírica. Pero quedamos en que el día siguiente volvería a ser para soñar.
El sábado salí de casa temprano, fuera un día espléndido lejos de parecer Enero, me encantan las mañanas con sol, y las tardes con sol, y las noches con sol, el sábado Lorenzo pactó conmigo 24 horas de presencia. Fui a la peluquería, cortarme el pelo me aclara las ideas, o en su defecto las deja caer a la espera de que la gravedad las dé un lugar. Me han dejado un flequillo travieso, para que me lo despeine ella – pensé. Sé que a bebepop también le hubiera gustado, - pero qué pequeña eres Amelie – me diría, y yo hubiera puesto mi cara de bebé con mokitos y le hubiera sonreído. Pero no fue así, y nunca volverá a ser así. Tal vez aún me cueste frenar ese tipo de recuerdos, ¿pero para qué frenar las cosas que han sido aunque ya no sean?. Quedé con mi prima y sus amigas, hicimos una excursión en grupo por el Carrefour, nunca me había costado tanto encontrar un bote de aceitunas. En un apartamento de Usera comimos pizza y hablamos en inglés, Maurizzio cocinó para nosotros, Alberto me dejó sacar de un bote el verde que me gusta, el que se puede fumar aquí y allí también. Tomamos café, y también comimos tarta con mermelada casera, era de una vecina, de la abuela de, de un pueblo en el que nunca he estado.
Miré el reloj hasta que a las manecillas no les quedó más remedio que marcar la hora que esperaba; la vi apoyada en la pared, con esa falda que hace de sus piernas la lujuria, con algo de pelo jugando en una horquilla. Montamos en el coche, la Gran Vía volvía a parecerme distinta; su mismo tráfico, luces y gente ya no eran iguales, nunca lo han sido; conducí de otra manera, como si fuera la primera de la última vez, como cuando te despides tras una puerta pensando en que un día u otro la volverás a abrir, lo has hecho tantas veces...
Nos perdimos en la carretera que era una noche, que también eran farolas y señales que no quisimos ver; pero reímos, ¿para qué la prisa si tienes el momento? Al final llegamos a casa de P, A apareció con el pelo mojado y una sonrisa de esas que te preguntan, le contesté que sentirse era mejor que estar bien.
Horas, palabras, tragos, caladas, risas, silencios... tic... ahora tac... una cama, una ventana, una persiana, unas sabanas, ahora somos dos... ahora... somos... una.
Recomendación: ver la peli de Astronautas
Momentos invertidos
Día tranquilo en el trabajo (cuando me propongo no hacer nada soy un crack), acabo de vaciar una lata de red bull a la espera de que se me concedan unas alas, mientras llegan me fumo un cigarro y escucho música, Edith Piaf con su Chançón me evoca aquellos días en París.. como si ahora formaran parte de una película en blanco y negro que me deja volver a caminar sus calles.
Tecleo tras una muralla de carpetas, para disimular que mi concentración en la pantalla es sólo laboral. El sol me da de refilón por la ventana, ojalá que en días como hoy no existiesen las paredes.
Anoche Sandra me mandó un mensaje, hacía mucho tiempo que la señal de un móvil no me emocionaba tanto, aún no controlo los respingos que se me escapan al escuchar ese sonido que me hace buscar con prisas su nombre. Y ahí estaban, sus palabras, deseándome bonitos sueños.. si ella supiera en qué consisten mis sueños..
Me siento llena, completa... como un circulito sonriente de los que se pintan con vaho en las ventanas, al que le pongo dos ojos, nariz y boca, al que le digo en bajito lo mucho que me gustas.
Shhhh... es un secreto
Tecleo tras una muralla de carpetas, para disimular que mi concentración en la pantalla es sólo laboral. El sol me da de refilón por la ventana, ojalá que en días como hoy no existiesen las paredes.
Anoche Sandra me mandó un mensaje, hacía mucho tiempo que la señal de un móvil no me emocionaba tanto, aún no controlo los respingos que se me escapan al escuchar ese sonido que me hace buscar con prisas su nombre. Y ahí estaban, sus palabras, deseándome bonitos sueños.. si ella supiera en qué consisten mis sueños..
Me siento llena, completa... como un circulito sonriente de los que se pintan con vaho en las ventanas, al que le pongo dos ojos, nariz y boca, al que le digo en bajito lo mucho que me gustas.
Shhhh... es un secreto
No todas las culpas tienen un culpable
Y bien, aquí de nuevo para escupir un poco. Acabo de hablar vía msngr con J, un amigo de bebepop, se me ha quedado un sabor agridulce tras la conversación, supongo que no soporto las frases que comienzan con un “yo no soy quién para juzgar pero...” pero ¿qué? ¿acaso tú lo harías mejor? Vale, puedo ser una cabrona porque ella está destrozada y yo estoy aquí en plan pastelón recordando lo mucho que disfruto con S. Es una putada que una tenga que sufrir mientras que la otra sonría, pero no me da la gana de latigarme y colgarme de una cruz de madera a esperar a que me tiren piedras. Me pueden tachar de egoísta, y de muchas cosas, lo que hice fue mucho más que una putada, pero no acepto culpas cristianas de nadie ¿Acaso alguien sabe cómo me siento?¿Acaso alguien sabe cómo acabar los finales? No tengo la culpa de ser yo, y la verdad, no voy a replantearme mi vida ni mucho menos condenarme a cuestiones; insisto, no soy ni mejor ni peor, paso de las radiografías sentimentales, siempre acaban borrosas ante los ojos de quién no quiere ver más allá de un diagnóstico moral. Claro que me ha dolido dejarlo con ella, claro que me hubiera encantado enamorarme y continuar a su lado hasta que una voz en off nos diera permiso para comer perdices, claro que me acuerdo de ella, que tengo fotografías a las que mirar, que a veces no puedo reprimir una tristeza que la echa de menos, que tengo un mundo hecho añicos. Pero detenerme ahí no me sirve, antes de que sucediera algo con S tenía claro que lo nuestro estaba más que acabado, y sufrí por ello, y maldecí por ello, sería mucho más fácil seguir siendo Amelia la novia de Daniela, pero las cosas no salen siempre como uno quiere.
Y la vida, o la casualidad, o la suerte... me ha dado la oportunidad de vivir lo que estoy viviendo; y la vida, o la casualidad, o la suerte... no te preguntan si estás preparada para vivir lo que se te ofrece.
Y la vida, o la casualidad, o la suerte... me ha dado la oportunidad de vivir lo que estoy viviendo; y la vida, o la casualidad, o la suerte... no te preguntan si estás preparada para vivir lo que se te ofrece.
Lunes... bonito lunes.
Aquí estamos, comenzando la semana con una sonrisa grande, tan grande que me da a pensar que de seguir así, acabará por no entrarme en la cara.
Esta vez mi alegría tiene una razón que la satisface, un nombre, una cara, unos labios, un olor, unos besos, unas manos... mi alegría tiene un conjunto que le crea sinfonías tan intensas, que aunque me tapara los oídos, no dejaría de escucharlas.
Es ella, la misma niña que me sorprende y atrapa, la que me emociona y saca a la luz mi lado más sencillo y dulce, mi faceta más insegura e inocente. Es ella, por la que ahora mismo sonrío, por la que anoche me agarré con fuerza a la almohada, por la que dejo escapar mi espacio con la única intención de retener cada instante de los que hemos compartido.
El viernes disfruté de un simpático concierto de Andy Changó, atrevido y singular, original desde el principio. Con Vir y L los aplausos me supieron mejor y las risas fueron más extensas, una noche para envidiar los días aburridos, para inventarse una canción que tararear borracha.
Con el sábado su llamada, con su llamada una propuesta, irnos las dos solas a pasar una bonita noche con su bonita mañana al Escorial, se había encargado de organizarlo todo, acceder ha sido lo mejor que he hecho en mucho tiempo, era el plan que más me apetecía, el que no me hubiera atrevido a proponer. Lo mejor de todo es que no hay calificativo capaz de explicar lo bien que me he sentido, con aquella improvisada cena, con nuestra charla porro en mano sobre la cama, con la timidez con la que poco a poco nos fuimos juntando, con... con todo el corazón encerrado en la 305.
Esta vez mi alegría tiene una razón que la satisface, un nombre, una cara, unos labios, un olor, unos besos, unas manos... mi alegría tiene un conjunto que le crea sinfonías tan intensas, que aunque me tapara los oídos, no dejaría de escucharlas.
Es ella, la misma niña que me sorprende y atrapa, la que me emociona y saca a la luz mi lado más sencillo y dulce, mi faceta más insegura e inocente. Es ella, por la que ahora mismo sonrío, por la que anoche me agarré con fuerza a la almohada, por la que dejo escapar mi espacio con la única intención de retener cada instante de los que hemos compartido.
El viernes disfruté de un simpático concierto de Andy Changó, atrevido y singular, original desde el principio. Con Vir y L los aplausos me supieron mejor y las risas fueron más extensas, una noche para envidiar los días aburridos, para inventarse una canción que tararear borracha.
Con el sábado su llamada, con su llamada una propuesta, irnos las dos solas a pasar una bonita noche con su bonita mañana al Escorial, se había encargado de organizarlo todo, acceder ha sido lo mejor que he hecho en mucho tiempo, era el plan que más me apetecía, el que no me hubiera atrevido a proponer. Lo mejor de todo es que no hay calificativo capaz de explicar lo bien que me he sentido, con aquella improvisada cena, con nuestra charla porro en mano sobre la cama, con la timidez con la que poco a poco nos fuimos juntando, con... con todo el corazón encerrado en la 305.
Me asusto/sonrío/me rindo
Aún es temprano, tan temprano que se me ha olvidado que tengo sueño.
Continúan los días fríos y mi impaciencia por sacar del armario las camisetas de manga corta. Necesito días con calor, para encapricharme de un picnic en el Retiro, o mirarme lo blancas que tengo las piernas.
A la semana le han vuelto sus costumbres, trabajo-cole-sueño-protesta, el tiempo pasa lento pero se cuenta rápido, parece que fue ayer cuando me atraganté con las uvas cuando a Enero ya le quedan pocos días.
Los reyes magos no me han hecho mucho caso, el mundo sigue igual.
Los otros reyes, los no-magos me han traído un regalo que resalta entre los otros, muy muy especial, uno que me hizo llorar de emoción.Un billete de interrail para este verano, 16 días para que los disfrute por Alemania, Austria, Suiza y Dinamarca, para que los comparta con Vir por tercer año consecutivo. Me puse muy contenta, tanto que ni tan siquiera lo voy a tratar de intensificar con palabras, en ocasiones es mejor el instante, es mucho más real.
Por lo demás.. pues bueno.. tengo mis ratos, resulta que hay muchas formas de una no-triste tristeza. He encajado que bebepop ha salido de mi vida, que el amor no lo podíamos compartir, y que le he hecho daño, tanto que no quiere volver a saber nada más de mí; me da pena, mucha pena, sobre todo cuando llego a mi casa y veo desparramados tantos recuerdos, pero no los voy a tirar, me los voy a guardar muy dentro, tan dentro que serán sólo para mí. Nada puedo hacer ahora, le hice una putada, una putada injusta, que ojalá no hubiera tenido estas consecuencias, pero mirar atrás y tratar de pensar en otra salida es encajarse en un error. Hice lo que mi corazón me pidió, lejos de ser un capricho.
Con S. las cosas van tranquilas, después de una semana de sentimientos enfrentados; en la que hemos hablado mucho, del derecho y del revés, con total sinceridad y ganas de escucharnos; hemos quedado en que improvisaremos nuestros sentimientos, sólo tenemos un corazón.
Y bueno.. aquí estamos.. navegando en una cáscara de nuez.
Continúan los días fríos y mi impaciencia por sacar del armario las camisetas de manga corta. Necesito días con calor, para encapricharme de un picnic en el Retiro, o mirarme lo blancas que tengo las piernas.
A la semana le han vuelto sus costumbres, trabajo-cole-sueño-protesta, el tiempo pasa lento pero se cuenta rápido, parece que fue ayer cuando me atraganté con las uvas cuando a Enero ya le quedan pocos días.
Los reyes magos no me han hecho mucho caso, el mundo sigue igual.
Los otros reyes, los no-magos me han traído un regalo que resalta entre los otros, muy muy especial, uno que me hizo llorar de emoción.Un billete de interrail para este verano, 16 días para que los disfrute por Alemania, Austria, Suiza y Dinamarca, para que los comparta con Vir por tercer año consecutivo. Me puse muy contenta, tanto que ni tan siquiera lo voy a tratar de intensificar con palabras, en ocasiones es mejor el instante, es mucho más real.
Por lo demás.. pues bueno.. tengo mis ratos, resulta que hay muchas formas de una no-triste tristeza. He encajado que bebepop ha salido de mi vida, que el amor no lo podíamos compartir, y que le he hecho daño, tanto que no quiere volver a saber nada más de mí; me da pena, mucha pena, sobre todo cuando llego a mi casa y veo desparramados tantos recuerdos, pero no los voy a tirar, me los voy a guardar muy dentro, tan dentro que serán sólo para mí. Nada puedo hacer ahora, le hice una putada, una putada injusta, que ojalá no hubiera tenido estas consecuencias, pero mirar atrás y tratar de pensar en otra salida es encajarse en un error. Hice lo que mi corazón me pidió, lejos de ser un capricho.
Con S. las cosas van tranquilas, después de una semana de sentimientos enfrentados; en la que hemos hablado mucho, del derecho y del revés, con total sinceridad y ganas de escucharnos; hemos quedado en que improvisaremos nuestros sentimientos, sólo tenemos un corazón.
Y bueno.. aquí estamos.. navegando en una cáscara de nuez.
Queridos Reyes Magos:
Os escribo horas antes de que os multipliqueís en un sin fin de cabalgatas, antes de que os bebaís unos cuántos millones de “tres copitas”, antes de que el Corte Inglés cierre sus puertas y la master card no pueda con todo lo demás.
Os escribo antes de que vuestros camellos dimitan o pidan auxilio en alguna asociación protectora de animales, antes de que un grupo de Skins la emprendan con Baltasar, antes de que a Melchor le dejen tirado en una gasolinera por resultar un estorbo, antes de que a Gaspar le den ganas de apropiarse del mundo, antes de que vuestros pajes se queden en paro, antes de que en vuestro lejano Oriente se escuche el sonido de una bomba.
También es cierto que os escribo después, después de ver en la televisión tantas imágenes que no pedí desenvolver.
Os escribo porque quiero muchos kilos de alimentos para los que tienen hambre, y mantas para los que pasan frío, y libertad para los que no la tienen, y un cerebro para los que lo han perdido.
Porque quiero que ningún tren viaje hasta el cielo, porque quiero que en Marzo sólo haya primaveras, porque no quiero volver a ver una cara destrozada tras una paliza, porque no quiero volver a escuchar un “la maté porque la quería”, porque no quiero cementerios llenos de flores secas que se despiden de su mamá, porque no quiero leer luto en las pancartas, porque no quiero más voces pidiendo auxilio.
Os escribo para que en vez de traer, os lleveís lejos de nosotros el odio, el rencor, el egoísmo, el ansia, la cobardía... y un sin fin de sensaciones a las que muchas personas se rinden. Os escribo para pediros un punto y final a tanta injusticia, ya que los bolígrafos que usamos los humanos andan carentes de tinta.
Dicen que sois Reyes y también Magos, dicen que vuestros ojos todo lo ven y que portaís algo más que oro, incienso y mirra. Durante muchos años creí fielmente en vosotros, os pedía juguetes y os prometía que me había portado bien. Hoy os escribo sabiendo que no soy ni buena ni mala, que mi corazón sueña y que eso en ocasiones le hace ser injusto.
He decepcionado, querido, olvidado, prometido, engañado, huido, añorado, soñado... muchas cosas; buenas, malas, regulares... hacia los que me querían, hacia los que no me querían, hacia los que me querían más, hacia los que me querían menos...
Os escribo porque aún sigo pensando que muchas cartas como ésta, encontrarán la dirección de vuestro lejano Oriente, y que no os quedará más remedio que devolvernos la magia y la felicidad que un día nos hicísteis creer.
Sin más me despido, esperando no tener que pediros lo mismo el año que viene.
Besos para los tres.
Os escribo antes de que vuestros camellos dimitan o pidan auxilio en alguna asociación protectora de animales, antes de que un grupo de Skins la emprendan con Baltasar, antes de que a Melchor le dejen tirado en una gasolinera por resultar un estorbo, antes de que a Gaspar le den ganas de apropiarse del mundo, antes de que vuestros pajes se queden en paro, antes de que en vuestro lejano Oriente se escuche el sonido de una bomba.
También es cierto que os escribo después, después de ver en la televisión tantas imágenes que no pedí desenvolver.
Os escribo porque quiero muchos kilos de alimentos para los que tienen hambre, y mantas para los que pasan frío, y libertad para los que no la tienen, y un cerebro para los que lo han perdido.
Porque quiero que ningún tren viaje hasta el cielo, porque quiero que en Marzo sólo haya primaveras, porque no quiero volver a ver una cara destrozada tras una paliza, porque no quiero volver a escuchar un “la maté porque la quería”, porque no quiero cementerios llenos de flores secas que se despiden de su mamá, porque no quiero leer luto en las pancartas, porque no quiero más voces pidiendo auxilio.
Os escribo para que en vez de traer, os lleveís lejos de nosotros el odio, el rencor, el egoísmo, el ansia, la cobardía... y un sin fin de sensaciones a las que muchas personas se rinden. Os escribo para pediros un punto y final a tanta injusticia, ya que los bolígrafos que usamos los humanos andan carentes de tinta.
Dicen que sois Reyes y también Magos, dicen que vuestros ojos todo lo ven y que portaís algo más que oro, incienso y mirra. Durante muchos años creí fielmente en vosotros, os pedía juguetes y os prometía que me había portado bien. Hoy os escribo sabiendo que no soy ni buena ni mala, que mi corazón sueña y que eso en ocasiones le hace ser injusto.
He decepcionado, querido, olvidado, prometido, engañado, huido, añorado, soñado... muchas cosas; buenas, malas, regulares... hacia los que me querían, hacia los que no me querían, hacia los que me querían más, hacia los que me querían menos...
Os escribo porque aún sigo pensando que muchas cartas como ésta, encontrarán la dirección de vuestro lejano Oriente, y que no os quedará más remedio que devolvernos la magia y la felicidad que un día nos hicísteis creer.
Sin más me despido, esperando no tener que pediros lo mismo el año que viene.
Besos para los tres.
Año nuevo ¿vida nueva?
Supongo que lo primero de todo es felicitar el año a quien se tope con estas líneas, lo segundo sumarme a los clásicos deseos de paz y alegría para los próximos 362 días, y lo tercero romper toda idea que se refiera a buenos propósitos. Y bien, a falta de unos oídos voy a aprovechar este ciber espacio para soltar ese manojo de palabras y momentos que corretean por mis venas como cuál manada de pequeñas hormigas, sin saber si el principio es la mejor manera de empezar. Me remonto al último post...tras ese miércoles llegó el jueves, quedé con S y con A para ir a una exposición de Andy Warhol, después fuimos a parar a nuestra mesa de siempre en el Nanay, aquella tarde de tres se convirtió en confidente, con cierto deje que afianzaba más nuestra amistad, la que mantendríamos a pesar de que bebepop fuera la amiga de ambas y yo su ex. Antes de meterme en la cama una escueta conexión a internet me trajo un e-mail de “una_chica_con_la_que_estuve”, palabras hirientes y algo estúpidas para un dardo que no cumplió su misión de envenenarme. Después del jueves el viernes, Nochebuena para muchos, la mía la pasé en cama, cierto virus se acomodó en mi organismo, estuve k.o hasta el lunes por la mañana, mañana en la que bebepop me coló una llamada después de una semana de silencio mutuo, la excusa era felicitarme la Navidad, el propósito un acercamiento. Ya en Cáceres encontré esa calma que tanto necesitaba, días para abrazar y mimar, para coger fuerzas y olvidar por unos días la otra cara de mi realidad. De jueves a jueves y tiro porque me toca, bebepop al teléfono, el viernes a las 11.30 llegaba su autobús, traté de convencerla de que era una tontería que se diera la paliza, que nos veríamos en Madrid, después de su llamada una de Vir, sus planes para Nochevieja habían cambiado, si no la pasaba con ella tendría que cenar sola, ¿cómo dejar que tu mejor amiga pase sola la última noche del año? no me quedaba otro remedio que olvidarme de mi noche en familia, recoger a bebepop en la estación de autobuses, darle una vuelta por Trujillo y traerla conmigo de vuelta. Mi relax comenzaba a perder fuerza. Llegó el viernes, allí estaba esperando con un gorrito a lo Baqueira y una sonrisa, dimos un paseo, visitamos el museo de Pizarro, nos hicimos unas fotos y montamos en el coche de vuelta a Madrid. Sonaba un cd de Suede, reíamos mientras pensábamos en qué nombre ponerle a su garito, planeábamos la inauguración, Vir y yo seríamos camareras, me habló de cómo serían los colores de las paredes, todo iría sobre ruedas. Llegamos a mi casa, me buscó las cosquillas, las encontró, acabamos en el sofá... aquello no estaba bien, ya basta de hacernos daño, me pidió una oportunidad para las dos, le dije que no, que ya no creía en lo nuestro y que el rollo de besarnos o acostarnos juntas se tenía que acabar. Pasé la última noche del año con Vir y el Gato que había vuelto de Nueva York y no quiso dejarnos solas, nos curramos una cenita para 12 uvas, nos emborrachamos de alcohol con una pizca de m.d.m.a
El sábado quedé con S para ir a la sierra, iríamos a la casa que tiene P, su cómplice A estaría con ella, pasaríamos un tranquilo día de año nuevo, o eso creía yo. Las encontramos fumadas jugando a la play, junto con “la Rakel”, nos unimos a su clan, buen rollo y lambrusco, teorías de amor y Dvds.. la hermana de P vendría también con su novio, lo cuál reducía el número de camas libres, un escalofrío me tocó el hombro, 4 camas para 7 personas, dos parejas y un trío, S dijo que se iba a la cama, dos opciones, o dormir con ella o dormir con “la Rakel”, como con ésta no tengo mucha confianza opté por dormir con S, en teoría aquello no tenía nada de raro, S y yo somos amigas, es cierto que llevaba tiempo notando cosas raras entre nosotras, es cierto que S siempre me ha parecido muy guapa, es cierto que me costaba mantenerle la mirada, pero también era cierto que en ningún momento me planteé nada, S es una de las mejores amigas de bebepop, S lo acababa de dejar con M, S aseguraba que no le gustaban rubias... Hice tiempo para que cuando me acostara S estuviera dormida, y eso creí cuando me metí en la cama, acurrucada en una esquinita para no rozarla, ¿por qué tanta inquietud? Después de dos horas dando vueltas en la cama y pensando que ella estaba dormida escuché su voz diciéndome que teníamos que hablar, la sorpresa aún fue mayor cuando la escuché decir que la inquietud era mutua, que notaba que ambas sentíamos algo, que nuestra amistad siempre ha estado entrecomillada, y bien, así una larga lista de confesiones. Mi cerebro no daba crédito a lo que estaba pasando, mi corazón estaba al borde del infarto. ¿Qué estábamos haciendo? Obviamente no pegué ojo en toda la noche, no podía dejar de mirarla mientras dormía, no podía evitar que millones de imágenes y momentos pasaran por mis ojos, que en mis oídos sonaran una y otra vez sus palabras, las irremediables y contenidas ganas de tocarla.
Fue extraño amanecer con sus ojos mirándome, con el tímido silencio del que sabe que ha dado un paso, con el miedo del que no sabe las consecuencias que su paso le va a dar. Su voz me dice que siente ganas de tocarme, la miro, me coje la mano, durante una hora ella mima mi mano y yo la suya, nuestras miradas no se separan, está tan cerca.. anoche dijimos que no podríamos besarnos, que teníamos que tomárnoslo con calma.. sus labios me hacen volar, su beso es dulce, muy dulce, no quiero separarme de ella, no quiero que la mañana acabe. Me cuesta creer que sea ella quién lo diga, que sea ella con quién comparto tanta dulzura, que sea a ella a quién me esté entregando. Nada de sexo, existen otras formas de hacer el amor. Extraño amanecer para extraño desayuno, por la casa rondan el resto de los habitantes, soy incapaz de mirar a S a la cara, demasiada luz para un suicidio. Tenemos que volver a Madrid, éstas se van a esquiar, nos queda un viaje para las dos solas, el mismo coche, el mismo asiento, diferentes sensaciones, diferente persona.. suena la voz de Carla Bruni, nos miramos de reojo, me dice que no quiere llegar, su olor se me cuela dentro, muy dentro, le digo que yo tampoco, que conduciré despacio, me sonríe. La dejo en Moncloa, nos miramos con pena, ¿qué va a pasar? Me besa, mis ojos se clavan en el retrovisor mientras la veo marchar.
Tras varias horas no puedo evitar llamarla, necesito su voz, la conversación es demasiado especial para un teléfono, mi corazón comienza a volverse loco. Llamo a Vir, necesito contárselo a alguien, no sé cuál de las dos alucina más.
Son las 11, estoy apunto de dejarme caer en los brazos de Morfeo cuando el teléfono suena, es bebepop, me pregunta qué tal el día en la sierra, es ahí cuando comienzo a sentirme mal, hipócrita por no saber contestar a sus preguntas, no aguanto el mentirle y le acabo diciendo lo que ha pasado, me grita, me insulta, no puedo sino comprenderla, darle la razón a su herida. Me pide una excusa, una explicación como que las dos íbamos borrachas, pero no, estaba en mi sano juicio, ella también, ninguna de las dos elegimos a quién darle lo que sentíamos, estoy convencida que de poder ser así no hubiera escogido el camino más complicado. Una parte de mí se siente culpable por hacerle daño a alguien que no lo merece, pero no puedo evitar que mi corazón se sienta feliz por haber sentido tanto en aquella mañana en la que despertar ?ha sido lo mejor que me ha pasado?
El sábado quedé con S para ir a la sierra, iríamos a la casa que tiene P, su cómplice A estaría con ella, pasaríamos un tranquilo día de año nuevo, o eso creía yo. Las encontramos fumadas jugando a la play, junto con “la Rakel”, nos unimos a su clan, buen rollo y lambrusco, teorías de amor y Dvds.. la hermana de P vendría también con su novio, lo cuál reducía el número de camas libres, un escalofrío me tocó el hombro, 4 camas para 7 personas, dos parejas y un trío, S dijo que se iba a la cama, dos opciones, o dormir con ella o dormir con “la Rakel”, como con ésta no tengo mucha confianza opté por dormir con S, en teoría aquello no tenía nada de raro, S y yo somos amigas, es cierto que llevaba tiempo notando cosas raras entre nosotras, es cierto que S siempre me ha parecido muy guapa, es cierto que me costaba mantenerle la mirada, pero también era cierto que en ningún momento me planteé nada, S es una de las mejores amigas de bebepop, S lo acababa de dejar con M, S aseguraba que no le gustaban rubias... Hice tiempo para que cuando me acostara S estuviera dormida, y eso creí cuando me metí en la cama, acurrucada en una esquinita para no rozarla, ¿por qué tanta inquietud? Después de dos horas dando vueltas en la cama y pensando que ella estaba dormida escuché su voz diciéndome que teníamos que hablar, la sorpresa aún fue mayor cuando la escuché decir que la inquietud era mutua, que notaba que ambas sentíamos algo, que nuestra amistad siempre ha estado entrecomillada, y bien, así una larga lista de confesiones. Mi cerebro no daba crédito a lo que estaba pasando, mi corazón estaba al borde del infarto. ¿Qué estábamos haciendo? Obviamente no pegué ojo en toda la noche, no podía dejar de mirarla mientras dormía, no podía evitar que millones de imágenes y momentos pasaran por mis ojos, que en mis oídos sonaran una y otra vez sus palabras, las irremediables y contenidas ganas de tocarla.
Fue extraño amanecer con sus ojos mirándome, con el tímido silencio del que sabe que ha dado un paso, con el miedo del que no sabe las consecuencias que su paso le va a dar. Su voz me dice que siente ganas de tocarme, la miro, me coje la mano, durante una hora ella mima mi mano y yo la suya, nuestras miradas no se separan, está tan cerca.. anoche dijimos que no podríamos besarnos, que teníamos que tomárnoslo con calma.. sus labios me hacen volar, su beso es dulce, muy dulce, no quiero separarme de ella, no quiero que la mañana acabe. Me cuesta creer que sea ella quién lo diga, que sea ella con quién comparto tanta dulzura, que sea a ella a quién me esté entregando. Nada de sexo, existen otras formas de hacer el amor. Extraño amanecer para extraño desayuno, por la casa rondan el resto de los habitantes, soy incapaz de mirar a S a la cara, demasiada luz para un suicidio. Tenemos que volver a Madrid, éstas se van a esquiar, nos queda un viaje para las dos solas, el mismo coche, el mismo asiento, diferentes sensaciones, diferente persona.. suena la voz de Carla Bruni, nos miramos de reojo, me dice que no quiere llegar, su olor se me cuela dentro, muy dentro, le digo que yo tampoco, que conduciré despacio, me sonríe. La dejo en Moncloa, nos miramos con pena, ¿qué va a pasar? Me besa, mis ojos se clavan en el retrovisor mientras la veo marchar.
Tras varias horas no puedo evitar llamarla, necesito su voz, la conversación es demasiado especial para un teléfono, mi corazón comienza a volverse loco. Llamo a Vir, necesito contárselo a alguien, no sé cuál de las dos alucina más.
Son las 11, estoy apunto de dejarme caer en los brazos de Morfeo cuando el teléfono suena, es bebepop, me pregunta qué tal el día en la sierra, es ahí cuando comienzo a sentirme mal, hipócrita por no saber contestar a sus preguntas, no aguanto el mentirle y le acabo diciendo lo que ha pasado, me grita, me insulta, no puedo sino comprenderla, darle la razón a su herida. Me pide una excusa, una explicación como que las dos íbamos borrachas, pero no, estaba en mi sano juicio, ella también, ninguna de las dos elegimos a quién darle lo que sentíamos, estoy convencida que de poder ser así no hubiera escogido el camino más complicado. Una parte de mí se siente culpable por hacerle daño a alguien que no lo merece, pero no puedo evitar que mi corazón se sienta feliz por haber sentido tanto en aquella mañana en la que despertar ?ha sido lo mejor que me ha pasado?