Diario de un lacasito
Sobre lacasitos, piruletas y otras cosas que suceden con la lengua :P
Acerca de
Erase una vez un lacasito...
Sindicación
 
A mí me daban dos
Hay frases que no deberíamos de escribir nunca, y secuencias de nuestra vida que se deberían rebobinar solas. Pero no, hoy es lunes y tengo una sonora patada en el culo.
Como todo, esto tiene un principio, aunque eso sólo signifique que en algún momento tuvo que empezar.
El viernes no tuve que trabajar y quedé con S para ayudarle con la mudanza; hicimos la compra, fuimos a comer juntas a un coqueto restaurante, conversamos de mil cosas, fuimos hasta su casa nueva, todo decorado con besos, caricias y miradas prometedoras. Estuvimos con I y el mexicano, que si un porrillo, que si una risa, que si ahora colocamos la habitación, que si echamos un polvo para estrenarla... luego fuimos al Nanay con A&P y estuvimos cenando antes de volver a casa donde dormimos muy juntitas. Por la mañana me sorprendió con un desayuno en la cama (batido de chocolate incluído) para después continuar con las tareas de expansión, comer con las hermanas de I, y J el otro compañero de piso, darnos una ducha, ir de compras, hablar de sexo y celebrar los días 2. Alquilamos una peli, me asoció con ella, y me dijo que si quería podía llevar un cepillo de dientes a su casa. Vimos la peli, follamos escuchando una y otra vez el “Para Elisa” con el que acababa la película, vinieron A&P y la Rakel, nos pillamos un pedo singular, echamos un polvo de buenas noches y dejamos el domingo para ir al rastro. Entre medias frases como: soy feliz por compartir todo esto contigo.
Ya en el rastro me encontré con Elena; la que fue mi “lokera” en el Caid (tuve que ir para no pagar aquella multa que me pusieron cuando nos pillaron a Marta y a mí con porros); y la cuál ha sido mi fantasía sentimental durante dos años, dos años en los que deseé encontrármela algún día por la calle, y justo cuando menos me lo espero la veo subida en una acera. Lo que sucedió durante aquellos minutos me lo reservo (¿nunca habéis visto a los Reyes Magos?)
S y yo fuimos bailando con el ritmo de los músicos callejeros (me encantan), paramos en la plaza de la Latina a comer unos bocatas, después un capuccino lleno de miradas dulces, y besos que se despiden con pena...
Cualquiera que hubiera pasado 72 horas junto a una persona de esta forma se levantaría el lunes sumida en una extasiada resaca, cualquier persona a la que la llevaran conquistando durante casi 3 meses se levantaría un martes contenta por estar viviendo una historia, cualquier persona a la que le dieran la oportunidad de estar disfrutando de algo sin prisas se levantaría un miércoles, un jueves y un viernes sintiéndose llena. Así es como estaba yo, contenta, feliz, dispuesta a todo: dejándome conquistar por los colores, olores y sonidos, viviendo sin corazas ni estrategias. Pero llegó el lunes y sólo obtuve un mensaje suyo en el contestador, muy tierno en el que me decía que se iba al cine, que hablaríamos el martes, y llegó el martes y hablamos, eso sí, 15 minutos en los que parecía que ese fin de semana tan espléndido no había existido. Al colgar me quedé un poco en suspense, no entendía muy bien cómo una persona que durante 72 horas te regala su lado más dulce, otras 24 horas después te trata como a su vecina. Pero bueno, no me quise rayar para no ver el cielo nublado.
El viernes llovió en mi metro cuadrado de existencia, la llamé para quedar y me encontré con una voz rancia que me dijo: sobre las 9.
¿En tu casa? Fui a clase pensando que después no quedaría con ella, pero claro, un mensaje suyo diciendo que sentía haber estado tan fría pero que no podía hablar porque estaba con su madre me hizo cambiar de opinión,. Y nada, llego a su casa, la saludo con un beso en la mejilla, me dice que está cansada, le digo que yo también, optamos por quedarnos tiradas en el sofá. Me dice que qué me pasa, le digo que nada, y así andamos cuando llegan I y el mexicano, nos bebemos unas cervecitas, nos fumamos unos porrillos, poco a poco vuelvo a la normalidad, dejamos caer unas caricias, se recuesta sobre mí, me pone caras tiernas... nos vamos a la cama, y llega el momento de hablar, me dice que si me pasa algo con ella y le digo que sí, que no la entiendo, que no comprendo sus cambios. Me dice que después de vivir con tanta intensidad el fin de semana optó por poner el freno, pero que no pensaba que se notara tanto. Ahí me quedo flipando, ahora si que no entiendo nada, resulta que estás viviendo lo que tú quieres como tú quieres y decides poner el freno a las cosas y encima ¿pretendes que la otra persona no se entere de nada?, le digo que paso de esas movidas, que a mí nadie me tiene que digerir, que nadie me tiene que dar las cosas y luego arrepentirse y quitármelas, que a mí nadie me castiga por sus miedos racionales, que yo no le he pedido nada, que no le quiero pedir nada, ni juzgar, pero que conmigo no cuente para hacer el idiota. Le digo que todo esto me está generando muchos conflictos, porque una parte de mí está acobardada, insegura, a la espera.. y otra me dice que dé un paso atrás y me vaya por donde he venido. Le digo que bueno, que esté tranquila, que no quiero responsabilizarla de mis cosas, que son mías y que ya me apañaré. Me dice que no, que son nuestras. Sugiere que tal vez llevemos ritmos distintos, que después de todo no quiere comprometerse. Le digo que en ningún momento le he pedido ningún compromiso, pero le recuerdo que fue ella la que me condujo a ciertas situaciones, que aunque yo acepté, no la eximen de la honestidad. Pero bien, a fin de cuentas estoy probando mi propia medicina. Me dice que necesita algo más que 2 días a la semana, le digo que yo también, pero que hasta ahora las circunstancias han sido así, reconoceque sí, pero que por otra parte tampoco se ve con fuerzas para dedicar más tiempo. Vamos a ver, ¿en qué quedamos? Me reprochas que no nos vemos más, que necesitas más, te digo que no ha podido ser por las circunstancias y luego me respondes que en realidad no tienes fuerzas para hacerlo. Me habla de soluciones, le digo que no tengo intención de pensar en ninguna, que me muevo por mis sentimientos y que no tengo intención de cambiarlos. Me dice que si voy a huir, le digo que no, que hace tiempo que me prometí enfrentarme a las cosas y que así lo voy a hacer. Me habla de márgenes, pero ahí ya casi no la escucho.
Y se me escapan un par de lágrimas, y se da cuenta, y me dice que eso no es justo, le digo que tranquila, que es sólo que el flipar tanto me nubla los ojos.
Me dice que al tocarme me siente fría, me encantaría decirle que cuando a una persona le roban el corazón se queda sin temperatura, pero perder los papeles sólo me empujaría al ridículo.
Nos dormimos, y a veces me abrazo a ella, las veces en las que algo me punza y me escuece, pero cuando me doy cuenta me separo, me pego a la pared y miro tras la ventana buscando una salida. Duermo un par de horas, el despertador estaba puesto a las 8, la ironía del día me depara una boda, tengo que ir a la peluquería y bla bla bla.. pero como no duermo y no aguanto tenerla al lado me levanto antes, me visto y cojo su libreta y su boli, le dejo unas palabras antes de cerrar la puerta. Y me voy a la pelu, y llamo a Vir, y Vir flipa, y Vir me consuela, y Vir me cuida. Y me voy a la boda, y el cura me raya con sus palabras sobre el amor incondicional, sobre la importancia del matrimonio, sobre el hombre y la mujer, sobre Dios y sobre un montón de cosas que me anudan la garganta. Los novios se miran entregados, y el coro canta canciones bonitas al lado de flores que huelen, y todos sonríen mientras yo quiero llorar. No hombre no, Ame ahora no llores. Y al final no lloro, y tiro arroz como todos. Llegamos a la cena y me sientan en una mesa en la que no conozco a nadie, la mesa de las primas solteras, así me lo pintaron, y yo que me imagino con un montón de tias que me van a contar las ganas que tienen de celebrar ellas también una boda en la que el cura cuente las mismas historias que en ésta. En la mesa una de "las primas" me da que me tira los trastos, la corta un tipo que me habla de viajes, y como el tema me interesa, y a estas alturas ya voy un tanto borracha, le sigo el rollo hasta que llegan los bailes. El tipo que enreda, que si me trae una copa, que si estudia Historia del Arte, que si toca el piano, que me vaya con ellos a la discoteca... y yo pensando que a las malas me follaría a la prima de Córdoba en el lavabo que por ahí sigue bailando y mirándome con ojos de cuchara. Ya descalza, cansada de bailar y de aguantar las insinuaciones del tipo, decido perderme por ahí. Pero lo peor llegó de mano de la madre del tipo y su comentario de: a ver si una boda va a traer otra. Eso me llevó a aprovecharme de la barra libre, lugar que dejé sólo para irme a la cama.
El domingo fue día telefónico con Vir.
Hoy es lunes y recuerdo parte de aquella nota que le escribí por la mañana:
Hay renglones que cuestan más que otros. Estrellas que se descuelgan solas sin mirar el suelo al que van a caer. En realidad suceden demasiadas cosas, tantas que contarlas sería querer poseer el tiempo. Siempre acaba por amanecer, las noches no son eternas, tampoco los cielos son los mismos. Y a pesar de eso, siguen sucediendo cosas; algunas tan imprecisas que parecen silencio, otras tan fascinantes que resulta difícil no echarlas de menos.
Las cosas suceden y tú sigues siendo tú, se descuelguen o no las estrellas, amanezcan o no las mañanas, acaben o no las noches.
Y nos queda soñar, y despertar aunque no queramos.
Y tú seguirás siendo tú, sucedan o no las cosas.

 
A la sombra de cuatro paredes y un calendario
La monotonía de mi semana acaba hoy, dentro de unas horas podré ser todas las cosas que quiera, el despertador estará mudo hasta el lunes. No sé qué fiesta es mañana, si es local o sacada de alguna manga, pero igualmente ¡benditos sean los redondos circulitos en el calendario!
El martes hablé con ella, la verdad que la actividad (trabajo, clase) me hace olvidarme (a ratitos) que la echo de menos, a veces no puedo evitar empalagarme con tanta añoranza, por suerte voy controlando un poco esas ansias que me sofocan cuando no la tengo cerca, no me gusta centrarme en una sola cosa/persona, resulta demasiado monotemático y siempre he preferido la diversidad.
Hay cambio de planes en el fin de semana, al final no iremos a Cáceres como teníamos pensado (prometió recompensar mi paciencia), mañana, después de llevar el currículum al Ayuntamiento le ayudaré con la mudanza, al final aceptó la propuesta de I (a la que aún no he visto desde que volvió de México) para irse a vivir con ella, su novio el mexicano y uno de su clase; la verdad es que el plan me hace ilusión, y no sólo porque su independencia aporta una habitación a nuestra historia, sino porque sé que para ella es importante y me alegra saber que lo quiere compartir conmigo.
El sábado tenemos fiesta de inauguración de la casa, y el domingo hay pactada una excursión por el Rastro para acabar por la Latina bebiendo cañas. Creo que el cambio está bien recompensado.
No he podido evitar pensar en una cosa, o en recordar más bien, aquella confianza trazada con bebepop en la que un cepillo de dientes, unas zapatillas y un pijama me guiñaban una estancia entre sus paredes, era la primera vez que tenía un lugar en el cuarto de otro, algo tan sencillo y tan sumamente significante. De momento ahora sólo tengo el hueco de una cama para unas noches contadas, lo nuestro sigue llamándose “esto”, y me doy cuenta que en el fondo soy un tanto clásica, el último post de Ricci me ha recordado que echo de menos el apelativo “novia”, sí, lo añoro, y eso que siempre he maldecido las etiquetas, pero no sé, siento la necesidad de tener una fecha que nos felicite, saber que si algún día se me escapa un “cariño” no tendré por qué sonrojarme.
Supongo que entre otras muchas cosas, la rapidez con la que ha ido sucediendo todo (romper una relación y meterme en otra sin tiempo para asumir), me tiene un poco traspuesta, se hace raro pasar de una confianza plena a una incertidumbre suspensiva, dicen que las personas somos animales de costumbres, creo que quién lo dijo tenía razón.
Con bebepop ya estaba todo hecho; sí, también tuvimos ese principio inseguro, pero por algún motivo no lo recuerdo, sin embargo de lo que no me olvido es de la tranquilidad que me daba saber que era mi novia y que en sus cajones había algo mío.
El día 1 me acordaré que haríamos un año y diez meses, y el 2 pensaré que son dos los meses que han pasado desde que salió de mi vida y entró ella. Se me antoja un tanto curioso el orden de las fechas, demasiado correlativas, casualmente metafóricas.
A veces los números y las paredes divagan sobre la misma sombra.

 
Un día feliz... o montones de ellos
Martes/música/pienso/tecla/sol/frío/anhelo/cigarro/humo/cenicero/sonrío.
Estoy escuchando popadas, canciones que se disfrazan de verano, de refrescos con burbujas, de espontáneos sonrojos; estoy escuchando fines de semana, globos de agua, piruletas de corazón, de las que me gustan, de las que me dejan los labios rojos, como las que escondo debajo de la almohada cuando me hago la dormida, la que te regalo cuando me das un beso antes de marcharte, ¡aún es tan temprano!
Y fue viernes, para mí esperándote a la salida del metro, para ti en el asiento de al lado, para las dos en en el coche. Y fue viernes, para las dos en mi casa, con cena, vino y tangos. Fue viernes y tantas cosas, qué despacio pasó la noche y qué pronto amaneció.
Y fue sábado y tú ya no estabas, una nota sobre mi colchón y un pijama vacío, en tu calendario una semana de exámenes; vi dibujos animados y comí pastelitos de chocolate, maté la ansiedad tratando de aprender a planchar, la escupí grabando los videos del interrail. Y seguía siendo sábado. Llamé a Vir y quedé para ir a comer al chino, cámara en mano grabamos Madrid como dos turistas más, bailamos a los músicos callejeros, nos inventamos unas vacaciones hasta que la lluvia nos llevó hasta un bar, dos jarras para dos amigas. En la calle tu mensaje, me echabas de menos, yo también a ti. En el cristal de mi coche una multa, de ésas que casi nunca llegan, en el suelo la exclamación de Vir por haber pisado la sustancia de un perro. Tranquila amiga, hoy tenemos suerte. Y otro bar y mini de mojito, con dos pajitas, para dos cómplices del mismo día. Manolo García nos hace cantar, querer miles de kilómetros para no dejar de hacerlo, y damos vueltas, y vueltas, como una peonza que son ruedas y se pierden en las calles, pero nosotras seguimos cantando ajenas a las luces del retrovisor, fumando los mismos cigarros que Gardel.
“Si ahora pudiese estar mirando tus ojos iba yo a estar escribiendo esta canción”
En casa unas copas para un casi domingo, y amanece, y otra vez vuelve a ser temprano, ya ves, la cama se me queda grande cuando tú no estás a mi lado. Te llamo mientras Vir duerme, sólo quedan cuatro días. Vir y yo compramos golosinas mientras unas niñas discuten, nos vemos en dos semanas, acuérdate de mí cuando la cante, no te olvides de regalarme un guiño en la barceloneta, recuérdame cuando camines por la rambla.
Y fue tarde de domingo sola en casa, al son de una cocacola con dos hielos y medio limón, al compás de las aceitunas, con el sabor de tus labios.
Fue lunes discreto, hoy es martes y falta menos.

 
Si fuera hormiga...
Si fuera hormiga caminaría con mis finas patitas, llevaría migas de pan y sería feliz dentro de un agujero de arena.
Si fuera hormiga iría de excursión por la corteza de los árboles y jugaría al escondite en las meriendas del parque.
Si fuera hormiga caminaría por los bancos solitarios en busca de uno de esos corazones que pintan las niñas que quieren ser princesas.
Y correría entre las hojas en otoño, y hablaría con las abejas en primavera.
Si fuera hormiga contaría las estrellas y no me faltaría ninguna.
Si fuera hormiga tomaría el sol sobre una piedra, bailaría al son de un tiovivo de muñecas.
Y vería las nubes lejanas danzando en el viento mis antenas, y soñaría con cruzar el mundo sobre una cáscara.
Si yo fuera hormiga atravesaría la hierba en busca de tu brazo, te haría cosquillas en el ombligo y me columpiaría en los cordones de tu zapato.
 
Y hoy llueve
Tengo una colección de gotas impresas en el cristal, un escaparate cristalino de agua y nubes para un lunes sin sombrero. Los bolsillos están vacíos pero tengo un puñado de pipas, un mechero y una cajetilla llena de cigarros; mi garganta no deja de ser un acantilado de vocales que quieren salida.
Acabo de leer lo último que escribí, tengo que reírme por ello, por ése torpe egoísmo que se asusta cuando ve caer una hoja al suelo, por el temor que le produce pensar que tal vez esa hoja sea suya, por el pavor que le produce verla sucia.
Sí, soy bufón de mi cobardía, participo en el circo de los corazones torpes, soy equilibrista de la duda, la que imagina preguntas, la que agarra la mal pensada idea de la coraza.
No me hagas caso, mejor ríe, así mi mueca de niña mohína se convierte en moraleja.
Me gustas, mucho/tanto/demasiado, que no hay adverbio, ni cabida, ni número contable ni finito palpable; me gustas, y la luz es vereda y la vereda una estrella, y entonces salto, y cuando salto no me caigo, y mis rodillas se vuelven cielo y mis manos cometa, y es entonces cuando me enredo entre tus dedos y no quiero bajar. No, no quiero bajar, no quiero suelo, ni arena, ni colillas húmedas ni charcos en la acera.
No me hagas caso, mejor ríe, así mis labios se divierten con el paisaje de tu sonrisa, así tus ojos y los míos se encuentran, y hacemos de rabiar a nuestros cuerpos, y la piel se convierte en un océano y el deseo en olas, entonces me soplas al oído y yo chapoteo, entonces el agua se evapora, entonces las nubes se emocionan, y es así como llega hasta aquí una colección de gotas impresas en el cristal, un escaparate cristalino que me hace quitarme el sombrero.

 
Sobre humos y otras nubes negras
No me gusta cuando te despides de mí con un “ya hablaremos”, como si ese “ya” tan inconcreto dejara para un segundo plano el “hablaremos”. Lo reconozco, soy una maniática con determinadas palabras, pero no puedo evitar que me suenen: ¿frías? Supongo que todo esto no es más que una de mis muchas incoherencias ocupando un terreno, que lo dices porque es tu forma de acabar una conversación, pero no sé, esas dos palabras me suenan sin apego, tal vez el ladrón se cree que todos son de su condición, y eso me resta cordura.
Ayer te llamé, créeme si te digo que me lo estuve pensando un rato antes de hacerlo, ésa es otra de las cosas que no me gusta, volverme tan dubitativa, nunca le he dado vueltas al cable del teléfono como si estuviera deshojando margaritas, “si.. no.. si.. no”, y todo por no saber si ese día te apetecerá hablar. Supongo de nuevo que todo esto que pienso no es más que una tontería, una tontería de ésas que cobran importancia por sí solas, o una incertidumbre poco acostumbrada, aún no puedo evitar querer escurrirme, sentir cierta desconfianza, pero es la primera vez que siento algo tan profundo en tan poco tiempo, normalmente a estas alturas ya se me hubiera pasado el efecto “hormigas en el estómago” e incluso ya hubiera visto algunos de tus defectos, lo cuál me daría un margen de seguridad que me ahorraría todas estas cruzadas mentales.
A veces pienso que sabes que lo tienes todo en tu mano, como si me hubieras hecho una radiografía y en ella hubieras comprobado que mis latidos se ponen de rodillas cada vez que te ven, mis ojos son demasiado transparentes qué le vamos a hacer. Por otra parte no quiero caer en juegos idiotas, ésos en los que las dos personas luchan contra sí mismas y contra el otro, por mantener la cabeza fuera del agua, como si ésa fuera la forma de llevarse una inmunidad temporal.
Tus reservas me confunden, no estoy acostumbrada a tener tantas cosas en el aire, uno tras otro han ido sumando treinta y tantos días y aún no sé en qué consiste este lazo; no quiero pegatinas, ni lugares, ni etiquetas con caducidad, sólo quiero que hagamos un viaje sin maletas, que no nos tracemos líneas.
 
Pichaflor silvestre de los limones del Caribe
Estoy escuchando Duncan Dhu, aquellas canciones que cantaba con aquellas amigas, en aquellos sitios con aquellas sensaciones. De aquellas tantas cosas sólo quedan recuerdos, una mirada que se gira a un lado, unos labios que sonríen al darse cuenta de aquel presente. Cómo cambia todo, parece que fue ayer cuando aquel niño rubio de ojos verdes me robó el corazón, cuando borrachas bailábamos sobre la hierba del parque, cuando Montse y yo nos pintábamos los brazos con bolígrafo, cuando aquellas frases significaban todo.
Hoy no somos las mismas, apenas caen un par de llamadas al año, apenas nos vemos una vez cada mucho tiempo, ya no voy a su casa, ya no nos metemos en su bodega para inventarnos chupitos con nombres extraños, ya no me roza el aire montada en su moto; ya no tenemos 16 años, ni apostamos por quién se sacará primero el carnet de conducir, ni tenemos por qué esconder el cigarro, tampoco la inocencia brilla en nuestras retinas. Pero las canciones siguen ahí, las letras no se han movido de su sitio; al escucharlas ahora siento como esa vida que dejó de existir me dice que un día estuvo ahí.
A veces me olvido de todo eso, es entonces cuando como ahora, una canción se encarga de hacerte mirar atrás, es entonces cuando te das cuenta de cómo tu vida ha ido avanzando, de las cosas que has perdido, y de que a pesar de eso, todo perdura en tu memoria, como si en ese lugar las cosas estuvieran intactas, como si aquellas personas nunca se hubieran marchado.
Y son estos pequeños homenajes los que te emocionan, los que te evocan caras y nombres, los que te hacen revivir el olor que tenían las cosas por aquel entonces, los que te devuelven al momento en el que aquellas canciones eran magia en tu garganta, y las vuelves a cantar, como si aquellas amigas siguieran ahí, borrachas, bailando sobre la hierba del parque.