Diario de un lacasito
Sobre lacasitos, piruletas y otras cosas que suceden con la lengua :P
Acerca de
Erase una vez un lacasito...
Sindicación
 
No sé si vivo mi vida o la de mi vecina
Son las 10 de la mañana de un lunes de finales de abril, como en casi todos mis lunes, el sueño y la falta de coordinación neuronal están presentes. El día es estupendo, con un solecito de los que hacen cosquillas cuando les miras un rato, que me hace muy feliz porque significa que puedo abrir la ventana sin congelarme. Acabo de llegar del super de al lado, dos latas de red bull reposan en el frigorífico, dispuestas a rehabilitarme de los excesos del fin de semana. Gloria, la chica del super, ha vuelto después de varios meses de baja, la verdad es que me ha dado buen rollo poder despedirme también de ella, porque hoy, por fin, es mi último día.
El viernes a pesar de que era festivo en mi empresa, tuve que currar, y todo porque algunos de los chicos vendrían a hacer horas extras y el teléfono, ajeno a nuestro día libre, sonaría como si tal cosa, y claro, a mis jefes que les encanta hacerte el lío, y se piensan que a ti te encanta que te lo hagan, contestaron a mi pregunta de: ¿mañana no hay que venir no? Con cara de: ¿ah si?Y claro, aquí una que es de lo más panchu y que ha acabado convencida de que en esta vida cuanto menos te cabrees mucho mejor, les miró con cara de: menos mal que ya os pierdo de vista, y optó por venir un día más por estos lares. Ahora, que no hice absolutamente nada, me limité a coger el teléfono, y en muchas de las ocasiones, para despedirme de mis voces amigas.
A las 14:00 abandoné la jaula para comer en casa y disfrutar de un ratito de siesta, la familia abandonó el hogar a media tarde, justo para despertarme de los brazos de Morfeo, así que llamé a Vir, la verdad es que no me apetecía nada salir, pero la charla con mi amiga me acabó convenciendo de lo contrario. Me conecté un ratín a internet, justo para leer un post de la niña de naranja que me llenó la cara con una sonrisa, que se la agradecí con un mensaje al móvil. Salí para comprar una botella de vodka e ir en busca de Vir, que había quedado con dos coleguillas suyos para tomar la primera cervecita en una terraza. Tras un ameno rato Vir y yo nos fuimos al centro, compramos los ingredientes con los que aliñar el vodka y acabamos las dos mano a mano en una calle vaciándola. En teoría íbamos a estar las dos solas, pero el amigo rubio de Vir se apuntó a la fiesta. Les convencí de ir a Chueca, lo de estar de sujetavelas y sin nadie a quién mirar no me apetecía mucho, pero antes pasamos por el Garito a saludar a Lau, la que estaba un poco triste porque el Lobo (su rollete asturiano) le dijo que no era seguro que viniera a verla en el puente. Nos echamos unas risas con ella antes de ir al Fulanita, que por suerte, tenía algo de espacio en el que poder bailar. Como aún quedaba líquido en la botella, nos dedicamos a pedir refrescos de limón con los que hacer combinados en el baño. Y así estábamos, los tres, opinando sobre las niñas del lugar, Vir que si aquella está bien, el rubio y yo que la morena mejor. Cuando divisé a una rubia con pelo a lo Bebe que hizo sonreír a mi retina, pero claro, como mi sensor funciona al revés, pensé que la niña en cuestión, era novia de la chica que la acompañaba. Así que centré mi vista en las paredes, hasta que en una de mis muchas visitas al bolso para coger tabaco, escuché su voz. Y en ésas estaba, charlando con la rubia cuando otra voz me llevó hasta la sorpresa. ¿No me das un abrazo? Miré y volví a mirar a aquel chico que me hablaba, casi un minuto tardé en reconocer que aquel supuesto desconocido se trataba de Isaac, hermano trillizo de Rubén, con el que me encontré el otro día. ¿Hacía cuánto que no nos veíamos? Por lo menos dos años, entre otras muchas cosas, porque el Isaac en cuestión, no es que fuera santo de mi devoción, pero el encuentro fortuito confirmó mi teoría de: en cuanto salga del armario y deje de reprimirse no será tan mal tipo. Y tanto que ha salido, menudo plumazo que tiene el colega. Así que corté los besos de Vir y el rubio para compartir la sorpresa con mi amiga, la que también alucinó con el change del mencionado Isaac. Acabamos fusionando grupos, y brindando por nuestra mutua salida del armario; así supe que la rubia se llamaba Iztiar, que la amiga que no novia, se llamaba Merche, y que era la conserja del sitio donde estudia Isaac. Vir y el rubio intimaban, Isaac y Merche hacían excursiones, e Izti y yo charlábamos cada vez más cerca, hasta que en un momento dado, me encontré besándome con ella.
Vir y el rubio optaron por marchar, como el Fulanita estaba a punto de clausurar la noche y nosotros aún teníamos pilas, optamos por ir al Escape, lugar que no conocía. Una vez allí y en cuestión de 20 minutos le conseguimos un niño a Isaac, un Granadino que se le llevó a su hotel. También me encontré con Susú, con la que compartí un rato cómplice de risas. Itzi y yo que estábamos en plan Cupido, acabamos juntando a Merche con una rubia amiga, y claro, dos Cupidas juntas también tenían mucho que compartir, aunque en un principio la propuesta de Izti para que me fuera a su casa no me convenció mucho. Al final, como tenía que llevar a Vir a su casa y la mía estaba sola, Izti se acabó viniendo conmigo. Mientras conducía iba pensando en la situación, que no me convencía del todo, eso de amanecer en mi cama con una desconocida que no sabía si me iba a gustar... pero acabé rindiéndome ante el momento, el cuál, me reservaba alguna sorpresa. Ya en casa, y contrario a lo que yo pensaba, Izti y yo compartimos muchos besos y algún roce más, pero nada de sexo. Acabamos durmiendo a las 10 de la mañana con la nana de los pajaritos, abrazadas y sin dobles intenciones. Se me hizo extraño despertar con ella en mi cama ¿Se iría nada más despertar? ¿Se quedaría a comer? Opté por no pensar, estuvimos como dos horas de charla, besos y abrazos antes de invitarla a probar mis espaguetis con roquefort, nos echamos una mini siesta mientras veíamos de refilón la típica película de sobremesa. Me duché, se duchó y pasamos a recoger a Vir a última hora de la tarde. La dejamos en P.Pío, ¿contestarás a mi mensaje? Me dijo antes de salir de casa. Aún no sabía muy bien cuánto tiempo iba a aguantar, tanto Izti, como Vir y yo estábamos k.o del día anterior, pero había quedado con AC para ir a Chueca. Vir y yo pasamos por fuencarral a recoger mi vestido, el cuál insistí en estrenar encima de los pantalones. Fuimos a comprar unas medias amarillas cuando nos encontramos a AC a puntito de entrar en la peluquería. De ahí nos fuimos a la tetería de la C/Pez a ver si nos reanimábamos antes de recoger al rubio en Tribunal, que también quiso apuntarse. En Tribunal nos reencontramos con el rubio, AC, una colega de AC, y causalmente con Koke. Fuimos a una sidreria a escanciar unas botellas, Vir y yo sabíamos que era la única forma de reanimarnos (nuestro viaje a Asturias nos ha cundido mucho). Al salir Vir y el rubio se fueron a casa de éste, y AC, su amiga y yo nos fuimos a la Bohemia. Allí nos soltamos entre bailes y tragos, entablando amistad con un grupo de niñas que tanto a AC como a mí nos habían llamado la atención, recíproca según parecía. También jugamos al hielo con el grupo de colegas de esa noche, a AC le gustaba una morena llamada Eli, y a mí me llamó la atención otra morena llamada Irene, la cuál estuvo tonteando conmigo hasta que llegó su novia. Convencimos a las niñas para ir al Fulanita, en la calle mientras que esperábamos para entrar, pasó una chica a la que miré con cara de: mmm.. me suena mucho.. hasta que la chica en cuestión me saludó, y tachán! Era Elena que no Elenita, me hizo mucha ilusión conocer a la niña de los cuentos, pero la charla fue breve porque ella se marchaba justo cuando nosotras entrábamos, espero que la próxima vez que nos veamos sea con una larga charla. Del grupo de niñas sólo entraron dos, Eli y Alba junto con AC, la amiga de AC y yo. Para variar nos encontramos con Laura y con Susú, y con otra niña que vimos en la Bohemia y que le gustó a AC, así que dejé la vergüenza y se la presenté, y ahí estábamos cuando Eli me empezó a tirar indirectas que pasaron a ser directas y que acabaron en besos. Aquello no entraba directamente en mis planes, hacía unas horas que había rechazado la invitación de Izti para ir a su casa cambiándola por un batido el domingo por la tarde, pero como estas cosas pasan una vez y es primavera y total la tía estaba buena y no tenía intenciones de alargarlo más de una noche... pues le seguí el rollo. En un principio me quedé a cuadros, porque yo estaba tratando de juntarla con AC y no me esperaba que ella pretendía hacerlo conmigo, mi segundo pensamiento fue: joder, AC se va a mosquear conmigo, pero AC se estaba enrollando con la que conocimos en la Bohemia así que no se mosquearía por el cambio. En fin... lo dicho, que estas cosas pasan una vez y que mirándolo desde un punto de vista diferente, porque cambie mis principios (los cuáles a veces dudo tener) una noche tampoco pasaba nada, una alegría p’al cuerpo siempre viene bien. Así que nada, disfruté del plan hasta que llegó la hora de irse, primero la amiga de AC luego Alba y Eli, a la que le acabé pidiéndo su número de teléfono sabiendo que lo más seguro es que no la llamaría.
AC y yo paseamos hasta el coche intercambiando aventuras, nos habíamos quitado la vergüenza del finde anterior y salimos del garito muy triunfantes.
Llegué a casa más tarde de lo que planeé, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Ya el domingo cuando amanecí opté por ser un poquito más objetiva, sin excederme con la autocrítica. Necesitaba hacer un balance.
Mis primeros pensamientos se remitían a un buen rollo absoluto, en el fondo necesitaba un paréntesis como el de ahora, de desfasar un poquito y no hacerme muchas preguntas, es la parte complementaria a la otra parte del proceso en el que me encuentro.
Por otro lado pensé que bueno, que todo esto estaba siendo muy divertido, que no me arrepiento del último mesecito que llevo, que está siendo una buena terapia para desengancharme de los últimos efectos de S, pero que en el fondo esto no puede durar mucho, porque no quiero caer en un juego frívolo de cada finde con una, porque me conozco y lo del cancaneo está muy bien para un par de meses con la tontería de la primavera, pero que en realidad lo que quiero es encontrar una cómplice con la que compartir mis aventuras y desventuras, ir al teatro, al cine o a dar un sencillo paseo. Resumiendo, que no quiero ir de promiscua por la vida, que aunque por un rato es divertido, lo que quiero es vivir algo de verdad, conocer a la persona y que la persona me conozca a mí. Así que cuando Izti me llamó para quedar, aunque tenía un rebujito en el estómago, acepté su plan. Nos vimos en Gran Vía, estaba muy guapa, vestida de sonrisa y casualidad, fuimos a casa de unas amigas suyas, estuvimos un rato y luego nos fuimos al Imperfecto, un sitio muy chulo para entablar conversaciones profundas. Izti y yo estuvimos bromeando, caminando como dando saltitos, invitándos a risas y a caritas alegres, acabamos en el Nanay que había quedado allí con A, su inseparable P, futura ejecutiva agresiva, no la acompañaba, I estaba currando y S, de la que no sé nada desde aquel sábado estaba desaparecida. Al principio estuve un poco cortada, llevar a una niña con mis amigas me daba mucho que pensar, es una tontería, es sólo una chica que he conocido que me cae muy bien, y que se la presento a mi amiga para pasar unas horas de cerveza y charla, pero claro, estoy acostumbrada al rollito de parejas que llevábamos, y se me hacía rara la situación. En una visita de Izti al baño, A me dio el aprobado, no como algo superficial, sino que Izti le había dado buen rollo; me dio tiempo a conversar un poco con A, le confié que sí, que me interesaba, pero que me daba un poco de cosa, que con tantos cambios me cuesta ubicarme, y que el rubujito de mi estómago a veces me daba un poco de miedo, que Izti con sus 27 flaqueaban un pelín mis 22, que lo de la edad es una tontería, pero que después de la experiencia que tuve con una_chica_con_la_que_estuve y sus 30 tacos.. pues que aunque el rollito de Izti es muy de “tú a tú”, me daba cosilla, que aunque cada persona es diferente y todas las experiencias no son iguales, no quería encontrarme con otra profesora de la vida, que una tiene mucho que aprender es cierto, pero no quiero una persona que me corrija y me haga alardes de lo mucho que sabe. Por otra parte, también se me antoja un poco precipitado, sé que yo misma soy la que se acaba enredando en las situaciones, supongo que mis ganas de disfrutar con alguien se olvidan de que quizá aún necesite un pelín de tiempo para poder estar en forma. A nivel personal estoy de lujo, quiero decir, que me he quitado el pavo que tenía encima, he aprendido mucho sobre el respeto, la sinceridad y la importancia de la comunicación entre las personas. Pero también han sido muchos cambios serios en poco tiempo, y aunque insisto que los he llevado mejor de lo que imaginaba, tengo miedo de que un día me llegue una sesión de temblores, y me gustaría pisar sobre seguro. De todas maneras pasa lo de siempre, o por lo menos es lo que siempre me pasa a mí, que las pocas teorías en las que me baso acaban pasando a un segundo plano, supongo que al final los hechos pesan más que las palabras, pero necesito tener cierto control sobre ese equilibro para evitar contratiempos que me alejen de mi camino.
Llevo casi dos horas con esta parrafada, entre medias he bajado a por el segundo red bull, me he despedido de los chicos y de un par de secretarias amigas. Me acaban de mandar por mail mi finiquito y creo que este mes me voy a ir de compras, así que el transcurso de la mañana va muy bien encaminada.
Y bueno, retomando un poco el domingo, decir que después acompañé a Izti a su casa, y tras unos besos, muy tiernamente me dijo que le hiciera una perdida para saber que había llegado bien, pero opté por un mensaje que fue contestado con mucho cariño.
Esta noche no he dormido nada, tengo unas ojeras que me llegan a los pies, y con tanto red bull empieza a darme tembleque en las manos. Mañana a estas horas estaré en otra mesa, con otras tareas, con otros nombres, con otras voces... estoy en un momento tan extraño que como dice el título de esta biblia en forma de post: no sé si vivo mi vida o la de mi vecina, creo que el ’05 pasará a ser importante en mi calendario emocional.
Bueno, creo que va siendo hora de currar aunque sea un poquito, y no es plan de alargar esto más que a este paso creo que ni yo misma voy a ser capaz de leerlo.
Besos y lacasitos


 
Agur
Ya me va quedando menos para no volver aquí, al que era mi sitio, donde tenía una ventana. La etapa fue larga si se mira desde aquí, aún más larga si se mira desde atrás.
Ahora tan sólo dura lo mismo que dos días, los que faltan para que éste deje de ser mi sitio.
Supongo que lo extrañaré porque ya me parece extraño.
Hoy es jueves, el sol y el aire están tibios; llevo toda la mañana mudando las carpetas de mi ordenador, terminado de bajarme música, borrando las fotos, las palabras del word. Hace un ratito que ha venido uno de los proveedores a los que más simpatía tengo, Juan, y me ha regalado una caja de bombones porque según él, tenía que compensar las tantísimas llamadas telefónicas diarias. Me ha hecho mucha ilusión su regalo, con esos corazoncitos inlcuidos en la pegatina de: espero que te guste. Todo un caballero a sus sesenta y muchos.
Hay más voces que durante cinco años han alegrado o enfurruñado mis días aquí, algunas de ellas me son tan familiares como las de un amigo, y sin embargo, nunca las vi salir de sus bocas. No puedo evitar cierto sentimentalismo, un trabajo no es sólo un trabajo, ocho horas de tu tiempo son un pedazo de tu vida.
Llevo varios días pensando en si debería despedirme o no de ellos, cuando me dicen que el próximo martes hablamos para la entrega de un pedido, o que la semana que viene me pasarán un fáx con determinada tarifa. Pero sólo respondo que sí, que el martes hablamos, que la semana que viene lo leeré.
Aquí he pensado muchas cosas, incluso también he llorado.
Hay anécdotas, comidas, cervezas, desayunos y risas con mis jefes, pero de eso hace ya mucho; a pesar de que todo cambiara (de ahí mi decisión) ahora me cuesta pensar en las cosas que no me gustaban a la par que se agrandan las que sí.
Podría llenar muchos renglones, en los que hablaría de los chicos de la tienda, donde cada mañana les piso de dos en dos las baldosas recién fregadas, en busca de mi ansiado red bull; de un andaluz llamado Jorge, y también de Santi, un compañero con el que últimamente me llevaba muy bien. De mis siestas en el coche para tomar el sol, y de que aquí cogí por primera vez un coche, el de uno de mis jefes, con el que a veces me he fumado algún porro y me he metido alguna raya, cuando también éramos primos y no estaba decepcionada.
En fin, las cosas cambian.
Mañana no tengo que venir, otro circulito redondo en el calendario me da día libre, después de hoy, el lunes será el último y las teclas que ahora suenan ya no escribirán en este blog, tendrán que ser otras las que sigan contando historias.
Por lo demás todo va bien, ayer hablé con Vir, que ha empezado con las clases prácticas, y con Anilla por el mesenger, que este finde quedamos para repetir anécdotas en el Fulanita. Llevo toda la semana sin ir a clase, he estado escribiendo, también vi a Rubén, aquél que me acompañó en muchas excursiones de nariz, cuando aquella sustancia blanca aspiraba mi atención y cambié su amistad por besos. Mañana se va toda la familia a Cáceres, por lo que auguro buenos momentos sola o acompañada. Me encanta quedarme sola en casa, y comprarme una botella de lambrusco, y coger uno de los copazos de mi padre, y bebérmela mientras escucho a Nina Simone, Ella Fiztgeral o Fiona Apple, a la par que enciendo una vela y degusto unos espaguettis con roquefort. Antes mis cenas eran para dos, o para cuatro, y ponía también velas en el baño, en el pasillo, en la habitación. Algún día volveré a hacerlo. Y ella no se llamará bebepop ni tampoco S, y yo no volveré a cometer los mismos errores.
 
Los garabatos de un porro
Podría pensar que no estás tan lejos. Que estás aquí al lado, a escasos centímetros de mis besos.
Podría creer que una causa lo es todo, que una decepción no es suficiente.
Derrochar la alegría en una máquina de escribir, y teclear mil veces tu nombre.
Si quisiera, también podría quererte.
Y la distancia sería un reloj, y las horas una trampa. Volverías a estar lejos y yo al lado, a incontables kilómetros de tus besos.
Podría creer que tú eres mi causa, y la decepción un mundo en pedazos.
Derrocharía ausencia en las teclas de un papel, y teclearía mil nombres distintos.
Si quisiera, yo también podría olvidarte.
 
Sobre "hoys" y otros tiempos
Hay días que parecen fotocopias de otros, sobre todo aquéllos que están premeditados por lo cotidiano, sabes que a determinada hora estarás en determinado lugar y que el después no será muy distinto de los otros “después”. A veces te encuentras con alguna sorpresa, una llamada con retraso, una canción a la que subir el volumen...
También hay días que se van a dormir como no se te ocurrió imaginar.
Ahora mis días son un poco de cada uno, hay momentos, en los que parece que no hay nada nuevo, en los que apenas encuentro algo con lo que fantasear. Hay días en los que me faltan razones para sentir, supongo que porque me faltan iconos, o una musa que rellene con sus labios los renglones que dejo vacíos.
Otras veces mis días se vuelven inocentes, y todo, absolutamente todo me parece nuevo, las personas, los lugares... como si de pronto tuviera ganas de descubrir las cosas con los ojos impregnados de sorpresa.
Y a veces también, siento que vivo mis días a cámara lenta, intensificando con la mirada los detalles más frágiles, pensando que es la mejor forma de no romperlos.
Sí, mis días son un collage de muchas realidades; en todos soy yo, pero en ninguno soy la misma.
Supongo que estoy en un momento de escribir finales para comenzar principios, desde que empezó el año no he dejado de hacerlo.
En muchas ocasiones me he sentido difuminada, como si hubiera pintado mi vida en una hoja y al pasar la mano por encima, las manchas de color se borraran con mis dedos. A veces también, he sentido miedo, miedo de que esos colores dejaran de ser intensos.
Mis días de ahora tienen vida propia, piensan y sienten por sí mismos, y sólo cuando están a punto de acabar, me permiten decir algo, casi siempre un silencio, como si la posibilidad de sentenciarlos con una palabra les hiciera perder el tiempo.
Este fin de semana también ha tenido días tan iguales como distintos; el viernes después de salir de trabajar fui a pillar unos porros, aquello me recordó la etapa en la que no necesitaba a alguien para ir a los sitios, para entablar una conversación que acabara con una china en mi bolsillo, para comprar un libro, para ir a la cama. Luego fui a casa para vestirme de improvisación y meter en agua con hielos dos botellas de sidra para brindar en casa de Vir su 22 cumpleaños. Escanciamos en su jardín, le dimos a probar nuestros “tanques” de líquido a su madre, comimos pastelitos y brindamos con sustancias atípicas; té y fanta de naranja. Salimos de su casa alegres y con prisas porque llegábamos tarde, recogimos a Lau en Bilbao, y fuimos un rato de tiendas por Fuencarral, hasta pararnos en una en la que me compré un vestido de círculitos retro, me gustó verme con él en el espejo; lejos de un detalle superficial o coqueto; aquella persona que vi en el espejo era tan parecida a mí como desconocida, y salí de la tienda con la alegría de descubrir de quién se trataba.
Fuimos a un bar con pinta de asturiano, y escanciamos un par de botellas antes de ir a buscar al resto, en Tribunal recogimos a Bea, Pat, Ferni y una amiga de la universidad de Vir, ya en el chino fotos, cánticos y brindis, le preguntámos a la camarera cómo se cantaba el cumpleaños feliz en chino, y a pesar de que lo cantamos varias veces, mi memoria ha sido incapaz de recordar cómo se tarareaba. También le preguntamos a un camarero si sabía lo que significaban las dos letras que llevo tatuadas en el cuello, sentí cómplice su voz al decirme “para siempre”.
Después del chino fuimos al Garito, la gente estaba un poco salvaje, un grupo de “sin-neuronas” se dedicaron a destrozar un local y luego a pegarse entre ellos. La noche acabó con música en el coche y mirada de final feliz.
El sábado me dediqué a estar tirada en la cama hasta última hora de la tarde, merendé con Vir y nos fuimos al centro. Habíamos quedado con Marchante, Isa y AC vaciamos la botella de vodka con conversaciones espontáneas, fumamos humo verde, y ACy yo nos miramos cómplices al descubrir en el garito a la doble de Bebe. Anduvimos por malasaña hasta que llegó el rubio, y como vimos que Vir se quedaba en buena compañía AC y yo nos fuimos al Fulanita, pasando antes por el Soho, allí nos encontramos con Laura, la chica que siempre aparece por sorpresa, la vimos acompañada de una chica, y acto seguido tanto AC como yo nos miramos con cara de: has visto a la ex? En fin... será la primavera... ya en la calle vivimos un momento del revés cuando apareció la ex de AC, alcohol y nervios en una misma persona... pero salimos de la situación con bromas. Ya en el Fulanita me encontré de nuevo con la pija, tan mona como siempre, y con Bebe y su clan de amigas, AC y yo brindamos por nuestra buena suerte visual hasta que Bebe y su amiga rubia se engancharon en un largo beso. Luego ubicamos a un grupo de niñas que movían con gracia el esqueleto, fui al baño y al volver AC me dijo que la morena con top plateado me esperaba en el Escape, eso me hizo pensar en por qué la gente no es más directa, tal vez si me lo hubiera dicho... el caso es que en el baño me encontré con una chica que trataba de intercambiar miradas conmigo, pero como para eso soy muy despistada pues no sabía si mi radar seguía en off, chica que al rato apareció porque era amiga de Anilla, Susú acabó participando en nuestra noche. En una visita de ACal baño me llegó la friki del lugar a decirme que me invitaba a su casa a jugar con el ordenador, que su juego favorito era el del camión. Es lo único que logré traducir de aquel personaje etílico, y como la tia era un poco babosa Anilla tuvo que hacer de novia para que se largara. Al rato ubicamos un grupo con dos niñas que resaltaban, AC y yo, ya contentas por los brindis, tratamos de acercarnos, más que nada por transformar la vergüenza en anécdota, Susú se dedicaba a animarnos: venga niñas, aquí se juega con la mirada, me dijo que no podía ser tan parras, que en el baño me miró pero que yo lo hice con el techo, y que claro, que así muy mal camino. Pero ni AC ni yo nos animábamos, hasta que una de las niñas que nos gustaba se acercó para preguntarme cómo me llamaba. Así que AC y yo nos acercamos e intercambiamos nombres por besos. Y Susú acaba con un hielo diciendo ¿jugamos?, y me toca a mí y la de rastas que me gustaba me mira con cara de ¿me lo pasas? Pero como no me decidía casi acabo con la lengua congelada, de la siguiente ronda no pasa, otro hielo, intercambio con la de rastas, no están mal sus labios, la que le gustaba AC tiene novia, la música se acaba, Susú se insinúa a AC, es hora de cerrar y no se nos ocurre otro sitio para ir. Vir llama, que nos espera en la plaza de chueca con el rubio, se vienen las niñas que son de Alicante, y llegamos, y la indecisión acaba finalizando la noche, y me quedo sin la rastas y sin probar sus besos, a cambio de unas risas de camino a casa, y la promesa rotunda de: no me volverá a pasar.
El domingo Morfeo sólo me regala cuatro horas de sueño, comida familiar con los abuelitos, aguanto un par de horas con los ojos entrecerrados, ya en casa un porillo y charla telefónica con Vir, ella está muy entusiasmada con su rubio y yo sorprendida con mi actitud de quinceañera, dejé escapar a una niña con rastas.
Y hoy pienso, en mis días, en los que duran mucho y acaban pronto, en los que me aburren o sugieren, en los que me divierto o me conformo, en los que vivo y viví, en lo diferentes que son ahora las cosas, en las ganas que tengo de que sigan pintando un collage de realidades sobre mi balanza, ¿para qué decidir? No, no hoy no toca, hoy es pronto para muchas cosas y tarde para otras tantas. No me importa si el día de hoy es de los monótonos, o de los que se acabarán o de los de final raro. Hoy es sólo un regalo, de mí depende la ilusión con la que abrirlo. De mí depende la constancia de mantenerla mañana.

 
¿?
Yo no sé muchas cosas, sólo algunas.
Sé que no sé restar cuando quiero sumar, ni tampoco aceptar los errores cuando me doy cuenta que puedo aprender de ellos, porque ya no se llaman error sino experiencia.
Sé que no sé cocinar las migajas de un desconsuelo, porque no sé consolarme de las zancadillas, ni guardar rencor, porque mi corazón es pequeño y no tengo espacio.
No sé llorar si no merece la pena, ni reír si es por dar envidia.
No sé olvidarme de lo que me hace recordar, ni conservar en cloroformo las mentiras.
No sé hablar deprisa cuando el sentimiento me hace daño, ni vivir despacio cuando la ilusión me hace brincar a cada paso.
No sé guardar secretos cuando miro a los ojos, ni decir adiós porque el tiempo se acaba.
No sé creer en imposibles mientras exista la posibilidad de cambiarlo.
Y sí, hay muchas cosas que no sé.
Ni bostezar cuando estoy soñando.
Ni morirme sin vivir.
Ni decir no.
Ni decir sí.
Ni terminar estas letras.
 
Lo tuyo no tiene nombre
Supongo que hay cosas que es mejor no nombrar, porque el nombrar implica pensar, y esto a su vez te incita a desplegar cuatro o cinco sentimientos, que no siempre son agradables para el consumidor de emociones. Y yo las consumo, siempre siempre, como una yonki que sin dosis de lo suyo se mece en los brazos de una esquina maltrecha.
Y no, no estoy en el suelo de ninguna esquina, sigo volando porque yo sí que me quité el peso de los miedos mientras tú mentías, y lo sigues haciendo, no sé si te darás cuenta que tu boca dice lo que no hacen tus ojos. Pero no, nonono, no seré yo quién te diga que las traiciones se acaban volviendo tu propio verdugo; no seré yo quién te diga que el agua moja y también ahoga si te olvidas de nadar, porque sí niña, nos guste o no tenemos que nadar, que con el agua al cuello los suspiros suicidan el alma.
Sólo sé que tras tu nombre escribo decepción, de ti sólo esperaba ver tus verdades en hechos, y me encontré con una baraja de cartas marcadas, con demasiados ases en el bolsillo. Pero yo no quiero jugar, nononono, yo no quiero tus siseos de serpiente ofreciendo manzanas, yo no quiero que reptes tus intenciones tras mi espalda, ni que me muerdan tus palabras buscando hacerme daño, porque lo has intentado, porque no me lo esperaba.

El viernes tuve una entrevista de trabajo, de la que salí muy contenta, la dueña es del estilo a la “Hierbas” la de la serie de antena3, y el marido sintonizaba con ella, era la segunda entrevista de mi existencia, y la verdad es que se antojó pelín subrealista. Al decirles mi fecha de nacimiento, me dieron un pequeño discurso sobre los Libra, que si somos muy tranquilos, muy bohemios... que si tenía novio ¿novio yo? Y la mujer en un impulso de los suyos me dice que uno de sus hijos pegaría mucho conmigo, que lleva rastas y que es de los “míos”, que qué opinaba de esta sociedad, que a qué me dedicaría sino tuviera que trabajar, que si tus ojos son muy bonitos... en fin... me dieron muy buen rollo los dos, y las condiciones son mejores que las de mi actual trabajo. Salí de allí intuyendo que me llamarían. A la que llamé al llegar a casa fue a Vir, para ver qué tal le había salido el exámen, y tachán! Aprobó! Dentro de nada habrá una conductora más. Luego fui al centro, que había quedado con la Guaja en San Bernardo, en la boca del metro me di la vuelta antes que la madre de bebepop viera mi cara de “ahoraquehago”, porque sí, porque me dio mucha pena tener que evitar cruzarme con ella, con aquella mujer que me trató como a una hija, la que cocinaba los domingos aquellos platos que tanto me gustaban, la que sin decir nada, siempre respetó nuestra relación.
Nos fuimos a casa de la Yaya, amiga de la Guaja, y allí se me escapó una sonrisa al ver el regalo que me había traído: dos botellas de sidruca y un vasín para escanciarla. Fuimos a comprar unas cuántas botellas que bebimos con otras amiguitas suyas que se apuntaron, y reí escuchando sus historias. Acabamos en malasaña, y nos encontramos con Vir, Koke, Marchante e Isa, y un rubiales que me encantó para Vir, y al que noté como mi amiguita no le desagradaba; como el frío se me antojó más fuerte que las calzas y mi vestido, no tardamos mucho en irnos a casa, y el niño no quería que Vir se fuera, y en un arrebato sinvergüenza le pedí su número de teléfono, por si Vir quería invitarle a su cumple el próximo finde. Dejamos a Vir en su casa y la Guaja se vino a dormir a la mía, aprovechando que mis padres estaban de fin de semana, y que ni a mi hermano ni al perro les importaba que durmiera abrazada.
Nos acostamos bastante tarde, incluso nos permitimos la broma de caernos de la cama, por lo que el despertar me pareció demasiado temprano. Llevé a la Guaja al centro porque había quedado con sus amigas, comí con mi hermano y me pasé unas horas rompiéndome el cuello en el sillón, alternando cabezadas con las patéticas películas de sobremesa. Hablé con Vir, al final no salía, tenía que estudiar y no era plan de eludir responsabilidades, y para puntualizar no le apetecía ver la cara de borde de S. Luego me llamó A, quedaríamos en el Nanay, traté de cambiar un poco los planes que habían acordado con S, me apetecía cambiar la costumbre de estar de “trankas” por unas copas y unos bailes, así que llamé a S para proponérselo; omitió el cambio y se centró más en un ligero sarcasmo refieriéndose a la Guaja, no le había dicho nada al respecto, básicamente porque no me apetecía que se pensara que si le decía que me había enrollado con otra persona, pensara que lo hacía con intenciones de darle celos. La conversación no llegó a rayarme, pero sí que me sentí un poco “dardeada” con tanta pregunta y equivocadas conclusiones.
El tráfico hasta el centro me hizo llegar tarde, había quedado con la Guaja para que dejara ropa en mi coche, de ahí me fui al Nanay, a los cinco minutos llegó S, para variar A&P llegarían tarde, así que me mentalicé que tendría que estar sola con S como mínimo una hora. Al principio todo muy cordial, que si trabajo, que si universidad... me sentí bien, podía mirarla a los ojos sin que me quemara su mirada, algo que me agradó, ya que me sirvió para comprobar que seguía teniendo las ideas claras con respecto a ella. Al rato de llegar A&P salió el tema de la Guaja, como no podía omitir la curiosidad marujil de mis amigas fui contestando a sus preguntas, pasando por alto las caras de S, que comenzaron a afinarse y que no pararían en lo que quedaba de noche. Les expliqué la situación, que la Guaja y yo habíamos hablado, que éramos amigas, buenas amigas que podían compartir algo más en un momento concreto, pero que las dos sabíamos que la situación no nos llevaría más lejos. S al enterarse que la Guaja dormía en mi casa comenzó a atacarme un poco, a preguntarme si mientras estaba con la Guaja le ponía la misma música que a ella, no es que su actitud me molestara (obviamente no me agradó), simplemente me pareció patética, ¿a qué coño estás jugando? Pero bien, no perdí la sonrisa ni la naturalidad en ningún momento. Cambiamos de garito, y en un inciso en la conversación escucho a P decirle a S que qué tal con Marian, y escucho a S responder con una maliciosa sonrisa que muy bien, que hasta incluso está experimentando celos y alguna chorrada más que no quise escuchar. De coña, totalmente de coña, ha vuelto con su ex y se lo guarda para soltarlo de esa manera, la verdad es que no sé cómo pude mantener la cara sin alteraciones, y no por celos, sino porque aquello me parecía una puñalada trapera, algo que en todo momento se suponía que no iba a suceder.
Luego llegaron las míticas charlas sobre tríos y cuartetos, relaciones y rollos esporádicos; S estaba muy convencida de que quería montárselo con otras tres chicas más, y con ironía me dijo que qué pensaba yo, sólo se me ocurrió regalarle una sonrisa y darle un trago a mi cerveza. Como la niña parecía no estar satisfecha con el bombardeo quiso sacar los típicos jueguecitos morbosos de preguntas y respuestas subidas de tono, por suerte A&P intuyeron que por ahí la cosa acabaría tirante y la intención de S se quedó en nada. De ahí nos fuimos al fulanita, entre risa y baile me encontré con Laura, una chica que conocí el finde pasado, y cuando estaba hablando con ella me llega una chica tan mona como pija que me dice.. tú no serás lacasitos no? Y yo sip sip, era una niña que conocí hace tiempo en un chat y con la que hablé alguna que otra vez por el mesenger... Y nada, S regalándole al personal sus caras de borde, Laura se rayó con ella y se marchó, S me dijo que por qué se iba “mi amiga” y con una sonria le dije que se iba por su cara de borde. La cara que puso después no sabría explicarla, pero mi comentario sirvió para que bajara los humos durante un rato, y los cambiara por miradas de niña buena que rechacé por falsas. Como hacía mucho calor y me estaba empezando a rayar, salimos fuera justo para coger la llamada de la Guaja, que estaba en un garito de Chueca, así que fuimos a buscarla, se las presenté a todas y se marcharon, estuve un rato en el Queen con la Guaja y sus amigas, pero lo que quería era llegar a casa y concluir una noche tan tensa como ilógica. Estaba cansada y harta, harta de tanta estupidez sin ton ni son ni base. La Guaja, como buena amiga, me dio su punto de vista y algún que otro consejo al respecto, al llegar a casa mi humor volvió a su estado, vimos algún que otro video para acabar durmiendo como niñas.
Ya por la mañana un ratín de rastro, en el que las niñas se podían contar con las dos manos, unas cañitas con la Guaja y sus amigas, acabamos la tarde dando un paseo por el Templo de Debod para despedirnos en el coche.
Hoy es lunes y pienso muchas cosas, hace un rato me ha llamado la hierbas y me ha dicho que el trabajo es mío, así que esta tarde me toca hablar con mis jefes porque en 15 días me marcho. Estoy acojonada porque todo esto es nuevo, la verdad es que desde que empezó el año no dejo de vivir cosas nuevas, de momento me estoy sorprendiendo a mí misma, los cambios siempre han tendido a desestabilizarme, pero sin saber cómo, he encontrado la manera de ir aceptándolos sobre la marcha. Por un lado me da pena dejar mi trabajo, llevo aquí muchos años, echaré de menos mis siestas en el coche, las charlitas por internet, mis descargas musicales... pero a cambio podré comer todos los días en casa y los viernes salir a las 14.30, madrugar menos, tener el trabajo al lado de casa... me da pena pero sé que es lo mejor, hace mucho tiempo que me decepcioné con mis jefes, no me considero la empleada del año, pero siempre he dado lo mejor de mí y a cambio he recibido puñaladas como la del cambio en la nómina. Mis jefes tienen tendencia a hacer las cosas mal, a no dar la cara, a quitarse marrones sin importarles que recaiga en otros. Y bueno, las etapas terminan, desde hace unos meses han sido muchas, supongo que el último cambio que me faltaba era a nivel laboral, y parece ser que ha llegado el momento de que suceda.
Respecto a S me sobran las palabras, lo único que sé es que como persona me ha decepcionado mucho, siempre pensé que su racionalidad no consistía sólo en teoría sino en práctica, y veo que no, que es mucho más cobarde e inestable de lo que demostraba, no quiero guardarle rencor, pero con su actitud no sé hasta donde nos puede llevar una posible amistad, lo veo improbable, no puedo ser amiga de alguien que pretende jugar conmigo, creo que he sido muy sincera con ella, y que nunca le he faltado el respeto, siempre he aceptado sus diversas situaciones, pero lo de ahora me sobrepasa. Ella verá lo que hace, si en lo que hace busca una forma de joderme, podrá sentirse victoriosa en momentos puntuales, pero si es honesta consigo misma, se tiene que dar cuenta que al final eso no le va a conducir a ningún sitio. ¿Quiere creerse más fuerte que yo? ¿Más mala? Genial, ella misma, si pretende hacerme daño muy bien, que lo haga, pero que no se olvide que los sentimientos no duran siempre, y menos cuando se le añaden decepciones, es lo único que no soporto, que no tolero, que me decepcionen, porque irremediablemente lo que consiguen en mí, es frío, mucho frío, y con S me siento congelada.
Voy a aprovechar la tarde de sol para dar un paseito por los alrededores, ahora mismo no me apetece pensar en nada más.
 
Y es que es taaannn alucinaaannnnteeee!
Tal vez yo no pueda contar mi vida uniendo casualidades. Pero en mi vida, siempre hay casualidades.
Ahora mismo, aquí sentada, no sabría ponerle palabras a todas. Sin embargo, si me quedo en silencio, sería capaz de sentirlas una por una.
Supongo que las casualidades no comienzan en día que suceden, sino tiempo atrás, cuando no eres consciente. Tal vez ese día; el que gestaba las casualidades; te pasó de largo, alomejor incluso, estuviste triste, y pensabas que la vida te sorprendía menos, o puede que lloraras porque una decepción se te metió en el ojo.
Tú no sabías que tu casualidad era un embrión del ¿destino?, del día torpe y aburrido, del instante amargo de no saber qué hacer. Tú no lo sabías, sólo comprendías las 24 horas que tenías por delante, y ni tan siquiera acertabas a saber en qué consistían.
Las sensaciones/emociones/detalles-importantes, usan un tiempo distinto, nacen sin pensar, como si fueran la consecuencia de un deseo, quizá por eso, por lo menos para mí, son tan intensamente especiales. Si las casualidades se forzaran, se convertirían en meros resultados, concedidos o no, pero serían sólo eso, ejes de intención, y las casualidades, son círculos sin mitad ni principio, las casualidades sólo giran si tú quieres girar.
Ayer fue un día de casualidad-es, yo no lo sabía cuando me desperté, ni cuando como siempre engañé al despertador para estar diez o quince minutos más bajo las sábanas. Ayer yo no sabía muchas cosas que luego sí supe; porque tras mi colacao y las tareas de LávateLaCaraDientesPonteLaRopaQueLlegasTarde, para montarme en el coche y subir el volumen porque Calamaro quería cantar y yo también; seguía sin saber que al llegar a las cuatro paredes que me encierran durante 8 horas diarias, las casualidades iban a sucederse, haciendo que mi jueves aparentemente normal, se convirtiera en uno de esos días extrañamente mágicos.
Tras trabajar un poco, me conecté al mesenger y me encontré con un mail de Elena, algo que me hizo mucha ilusión, llevaba así un rato cuando la kioskera se conectó: ohh que bien, pensé. Nos saludamos con caritas que sacan la lengua y con signos de exclamación. Estuvimos charlando un ratillo, de lo curioso que era esto de los blogs, y le hablé de lo que pensaba que sería la única casualidad; la de que ella conociera a “la luz” y que “la luz” a su vez conociera a Elena, y que ella y yo nos medioconociéramos (nos falta la cervecita kioskera), y en ésas estábamos cuando me dijo: vaya.. “la luz” se acaba de conectar, ¿hacemos una conversación de 3? Y la hicimos, y conocí a “la luz”, y hablamos de cosillas, y un poco en catalán y un poco en euskera, y sonreímos un rato. Ahí tenía mi primera casualidad, la de conocerse en cadena. Eso me hizo pensar en lo curioso que resulta haber estado en lugares en los que a su vez han estado otras personas (como el caso del “Garito” que tanto la kioskera como ecomuere conocen de sobra), y eso a su vez me hizo pensar que tal vez a ésas personas que conozco a través de mis lecturas por sus blogs, en algún momento hayan caminado por la misma acera, hasta incluso pensé en la posibilidad de que nos miráramos sin saber que un día íbamos a conocernos en un lugar virtual.
En fin... que todo aquello ya de por sí me tenía muy contenta; últimamente esta terapia cibernética refuerza el resto de alegrías cotidianas; cuando con algunas horas más en el reloj; después de haber hablado con la niña de naranja sobre lo divertido que resultaría una excursión en las barcas del Retiro, sobre la necesidad de pintar las paredes con todo aquello que nos emociona y demás sueños despiertos; Elena se conectó. Ohh volví a exclamar, y estuvimos hablando un rato, que no era una conversación sino cuentos que saltaban de uno en uno sobre la pantalla, y “emes” y “enes” que recogen las manitas en la playa, y que las niñas como ella buscan agua en la orilla para poder mojarse. Y hablamos de la hormiga atómica, de si llevaba o no paracaídas, de su casco y de las manos locas y los regalos de los petitsuise. Entonces me di cuenta de que estaba muy feliz, que mi vida llevaba unas semanas regalándome muchas cosas, que las cosas no tan felices de mi vida se estaban quedando en meras lecturas de grises tardes.
Luego fui a casa, y a clase también. Le hice de rabiar a la friki de Malú, compartí caramelos con Pilar, y le dije a la de Ciencias que los caballitos de mar macho son los que cargan con los bebés sin saber si me lo había inventado o lo había visto en la tele.
Y llegué a casa, y tenía un mensaje de Helen, ¡Ohh Helen! aquella niña que era Lorenzo, una amiga de la que llevababa mucho, muchísimo tiempo sin saber nada. Llamé a Vir para que tuviera suerte, hoy se examina del teórico. Y luego a A, que desde hace unas semanas no sabía nada. Como la tele me aburría me conecté a internet, encontrándome un comentario en el blog que me gustó mucho, y que lo firmaba la niña de naranja :) cuando estaba despidiéndome de la kioskera para ir a cenar vi que se conectaba Elena, tras los saludos y algunas frases me dijo: ¿la de la foto eres tú? Sip sip. ¿tú no estarías el sábado pasado en el Fulanita con un baby que tenía chapitas no? Sip sip. Ése pequeño diálogo dio lugar a un montón de NoMeLoPuedoCreer/EstoEsDeCoña/VivanLasCasualidades y demás expresiones que se iban sucediendo. ¿Que nos habíamos visto? ¿Que habíamos estado al lado? La verdad es que las casualidades no se pueden escribir, no se pueden plasmar las caritas que se te quedan al vivirlas, nonononono, no se pueden expresar porque no alcanza a ser ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que se siente en el instante mismo de sentirlas.
Y hoy estoy aquí sólo para decir: ¡Me encantan las casualidades!

"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades. (Ana)"
 
Así cosía así así... así cosía que yo la vi.
El día está pelín nublado, el aire barre y desparrama los sobrantes del suelo, el ruido de un camión aniquila durante unos instantes el sonido de la radio, Radio3 como cada mañana. Mientras, finjo que todo me es ajeno, mis armas: un sándwich de atún vegetal y una lata de red bull fresquita. En la mesa de enfrente, uno de mis jefes y el gestor teclean y hablan de cobros y pagos, de fechas, de confirmings; no me interesan las conversaciones de plástico, ni las corbatas anudadas, ni las americanas con botones. A ellos sí, y sus relojes de anuncio, y sus coches de revista, y sus perfumes sólo para hombres. Les hace felices, importantes; sin sus metas materiales se quedan pequeños, serían hombrecillos minúsculos a los que el viento barrería, los juegos de llaves en sus bolsillos les dan peso / exceso de gravedad que les impide el secuestro aéreo; también el betún en sus zapatos / ellos no saben andar descalzos.
Pero no me importa, las críticas son cepos en la lengua, y la mía, la mía sólo sabe hacer volteretas.

Estoy agusto, agustito con la vida, porque yo no guardo llaves en mis bolsillos, sino semillas, y cada vez que escupo (una ilusión, un sueño) ellas crecen un poquito más, como yo, que soy un poco menos pequeña. Aunque a mí me gusta ser pequeña y que el viento me barra, allí, en los remolinos, se encuentran muchas cosas: papeles, hierbajos, bolsas... tesoros desterrados, utensilios para el reino de la imaginación. Prefiero los zapatos sucios, eso significa que he andado, caminado y tropezado. Me agrada saber que mis rodillas han tenido heridas, y mercromina roja, porque he jugado, he jugado muchas veces, con tirachinas de globo y botella, he hecho cabañas con mi prima en el portalón de la casa de la abuela, porque una vez tuve muchas manos locas que pegar en el techo, mis manos locas... lo que daría por volver a tener una.

Ayer no fui a clase y el sábado me corté el pelo; me dolía la tripa / tenía ganas de hacer una travesura capilar. Se me pasó el dolor y limpié mi coche / ahora tengo algún trasquilón al que invito a guiños frente al espejo.

Juan Luis Cordero ya no es concursante del pasapalabra, y como ya no fumo porros por las tardes y él no está, he dejado de verlo; aún así, sigo queriendo una chapa con su cara, para mí es el campeón.

Hoy me he acordado de un libro que me mandaron en el colegio “Yo te cuidaré dijo el pequeño oso”, trataba sobre un pequeño oso que encontraba a un pequeño tigre enfermo, entonces el pequeño oso le recogía en su casa y le preguntaba cuáles eran sus platos favoritos, el pequeño tigre se lo decía y el pequeño oso los cocinaba pensando que así, el pequeño tigre se curaría; le daba de comer ricas sopas y frutos silvestres, también le arropaba con su pequeña mantita. El pequeño tigre estaba contento de haber encontrado al pequeño oso, y el pequeño oso era feliz cuidando al pequeño tigre. Un pelícano traía desde lejos en su pico una poción de color azul para el pequeño tigre, pero no se curaba a pesar de las atenciones del pequeño oso. Al final le llevaron al hospital de animales, de camino, el pequeño oso y el pequeño tigre, se encontraron con un montón de animalitos que querían ser sus amigos, y visitar en el hospital de animales al pequeño tigre. Crearon una variopinta cabalgata multiracial, presidida por el pequeño tigre en hombros del pequeño oso, y también de la mantita. En el hospital había otros animalitos enfermos; zorros con la pata escayolada y otros que ya no recuerdo; allí le hicieron una radiografía: el pequeño tigre tenía una raya torcida.
Las enfermeras; patas con cofia que ponían inyecciones de nubes (así se lo contaban a los enfermos) que daban sueño pero no dolían; y los médicos que eran también animales con bata blanca y fonendoscopio; operaron al pequeño tigre de su raya torcida, y cuando despertó de la inyección del sueño, se encontró con todos sus amiguitos, entre ellos el pequeño oso. Todos estaban contentos y festejaron que el pequeño tigre se hubiera recuperado. El pequeño tigre se fue a vivir con el pequeño oso, y éste se puso malito pero ya no me acuerdo de qué, entonces el pequeño tigre le dijo: yo te cuidaré.

Eso me ha hecho pensar en una poesía que me escribió S, de Benedetti, que se llama Vicerversa, y que según ella, definía muy bien lo que sentía por mí.

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Recuerdo que me gustaba mucho el libro de: Yo te cuidaré dijo el pequeño oso, y también que me daba hambre cuando lo leía; entonces iba a la despensa a buscar frutas silvestres y ricas sopitas, pero claro, en mi casa no había las mismas cosas que en la casa del pequeño oso. Lo mismo me sucedía con Heidi, yo también quería beber leche en cuencos de madera y comer queso como el que le daba su abuelo. En mi casa había leche y queso, pero debe de ser que no sabían igual, porque a mí no se me quedaba la misma cara que a Heidi; tal vez porque el salón de mi casa no se parecía a la cabaña del abuelo de Heidi en la montaña.

Cuando era más pequeña que ahora, a mí también me ponían inyecciones porque siempre tenía problemas con las anginas, durante mucho tiempo pensé que el practicante cumplía el trato pactado: sin aguja. Entonces cuando me pinchaba en un cachete a mí no me dolía, y miraba a mi padre o a mi madre, con cara de: ¿has visto que valiente soy? Hasta que un día, me dio por darme la vuelta, y allí, amenazante, me econtré con una aguja.
Desde ese momento ya siempre me dolió.
Al final me operaron de las anginas, recuerdo que tenía unos capuchones que eran cabezas de animales y que regalaban con los petit-suise (siempre los comía, a veces mi madre me los mezclaba en un cuenco con yogur de fresa). Los llevaba en la mano cuando me operaron, el anestesista me dijo que contara hasta diez, como mucho llegué hasta el 3 (odio el 3) y me quedé dormida, alomejor a mí también me pusieron una inyección de nube (como al tigre del cuento), tal vez porque llevaba animalitos en mi mano. Eso ya no lo recuerdo, pero sí que al despertar lo primero que hice fue preguntar por ellos, y allí estaban, en el bolso de mi madre.
Desde ese momento, aprendí que tras el dolor siempre hay una recompensa.

Me acuerdo de una canción que me enseñaron en parvulitos que también trataba sobre osos y decía así: El oso y el osito se fueron a pasear, el oso iba delante el osito iba detrás. El osito le preguntaba: papá papá papá... y el oso le contestaba: lará lará lará.

No sé porque escribo aquí todo esto, supongo que porque echo de menos poder contárselo a alguien, antes lo hacía con bebepop, a ella siempre le gustaba que le contara estas historias, se las representaba con caritas y voces, y ella, siempre, siempre sonreía y me decía: ¡pero que pequeña eres Amelie! A mí me encantaba que dijera eso, porque significaba que en ese momento ella era feliz. Bebepop no siempre era feliz, bebepop tuvo el corazón muchas veces roto. Durante mucho tiempo quise arreglárselo, pero cuánto más quería, más fallidas resultaban mis intenciones. Ella decía que era porque no estaba enamorada de ella, yo decía que era mi rebeldía la que me hacía trampas, pero ella siempre lo negaba: el día que te enamores no serás así. Yo no sabía en qué consistía el “así”, a veces lo acertaba, pero nunca encontraba la forma de que la nube negra que ella mencionaba se fuera lejos de nuestro cielo. Ella decía aquello de “querer es poder” pero yo pensaba que “querer no siempre es suficiente”. A veces, cuando dormía con ella, la abrazaba mucho, porque sabía que algún día, como hoy, no podría volver a hacerlo. Bebepop olía muy bien, su piel era muy suave y del color del chocolate; a veces le decía que me dejara probar las líneas de sus manos, porque parecían finas líneas de chocolate, ella me decía que no: Ame no puede ser, pero cuando no se daba cuenta iba con mi lengua en busca de su mano para chupárselas, y le ponía caritas, y le compensaba la travesura enseñándole una esquina de mi pelo, “la eskini”, que era más rubia que el resto del pelo y que a ella le encantaba. Tal vez gracias a eso descubrió que me encantan los besos en la frente, sólo mi padre cuando era pequeña me los daba, y casi siempre cuando dormía. También me leía cuentos; mi padre digo; el que más me gustaba era el de Simbad el marino, él sabía cómo luchar contra las águilas Rot, y a mí me encantaba beberme el colacao que mi padre me traía cada noche mientras le escuchaba. También metía a todos mis peluches conmigo en la cama, había uno que era mi favorito “Cervezón”, me lo trajo mi tía de Alemania, de una fiesta de la cerveza... de ahí el nombre. Es blanco y pequeño, tan pequeño que no le podía abrazar y tenía que conformarme con ponerlo junto a mi hombro. Siempre dormía con él y le contaba cosas, las cosas que no le contaba a nadie. A los otros peluches les quería menos, pero me daba pena que durmieran en el suelo cuando era invierno, por eso los metía todos conmigo: a los lados, debajo de las piernas... para que así no pasaran frío, de esa forma podía dormir tranquila. Pero por las mañanas nunca estaban, mi padre me los quitaba porque según él, no podía dormir entre aquella multitud.
Un día dejó de contarme cuentos y de traerme el colacaó, me dijo que tenía que aprender a leer yo los cuentos. Por aquella época en el colegio teníamos la cartilla de Micho, y mi padre me hacía dibujos en folios grandes con las vocales: si era A de araña, me pintaba una “a” y también una araña. Mi padre también me enseñó a silbar, a montar en bicicleta y las horas del reloj. Antes, cuando era pequeña, me encantaba que mi padre me enseñara cosas, hasta el día que me dijo que era yo la que tenía que aprender, aquellas palabras se volvieron en contra de los dos, porque desde ese día (seguramente fue mucho después), tras asumir la decepción de los cuentos, me rebelé contra todo lo que mi padre me quiso enseñar, y así hasta hoy; él todavía quiere enseñarme lo que es la vida, pero ya no le dejo, no, no quiero que me la enseñe, comprendo y respeto su papel de padre, y se lo agradezco sin que él lo sepa, pero ya no quiero que me enseñe, se olvidó que yo aprendí a leer.

Bebepop sabía todo esto: lo del colacaó y los cuentos, lo del beso en la frente; las conclusiones de después no, las acabo de descubrir ahora. Con ella también existió un viceversa; distinto al del pequeño oso y el pequeño tigre, también al de Benedetti y al que pensaba S; tras algún tiempo he podido aprender y entender aquellas cosas de las que me hablaba y a las que siempre le contesté con excusas, con mis filosofías de andar por casa, según ella eran teorías baratas; a mí me hacían gracia.
Un viceversa de emociones sin ser recíprocas con las de nada ni con las de nadie, un viceversa de actitudes quizá, pero sólo dentro del corazón porque mi actitud no ha encontrado aún los ojos que la intencionen a salir fuera; S sólo las llevo hasta la puerta.
Un viceversa de sentimientos, sin compartir ni circunstancias ni actos. Hoy sé que la comprendo y también sé que no sirve de nada, ni tan siquiera se lo puedo decir, y aunque pudiera, no significaría nada. No creo que le importe que haya aprendido, la cadena de favores se rompió, le importaría si mi cambio le sirviera a ella, pero las dos sabemos (si acaso ella lo piensa) que no, que ya no importa que cambiemos, o que pensemos, o que crezcamos, porque ella y yo ya no tenemos viceversa, sólo el que ahora me invento, y puede, que ni tan siquiera se llame viceversa.

No sé por qué cuento todo esto; tal vez porque ni el gestor ni mi jefe teclean ya cobros y pagos, porque se me acabó el red bull fresquito y el sándwich de atún vegetal. Puede que escriba todo esto porque estoy agustito con la vida, porque el cielo está menos nublado y el viento ha dejado de barrer los tesoros que nadie quiere ni en su isla ni en su mapa.
Tal vez lo haga porque me pareció escuchar una voz que decía: ¡pero que pequeña que eres Amelie! Y me hizo pensar que la dueña de aquella voz es feliz aunque no la vuelva a escuchar decir eso, aunque no la escuche decir nada.
Pero yo lo escribo, porque me acordé del cuento del pequeño oso que cuidaba del pequeño tigre, y de la canción de los otros dos ositos, y de los cuentos de Simbad, y de los colacaós.
Lo escribo porque S me regaló las vocales de un viceversa, porque yo le di las mías, porque cada una conserva las suyas.
Yo lo escribo porque la Guaja viene este fin de semana, y me ha prometido una sonrisa, y con su sonrisa la imagen de la mellita; lo escribo porque siempre quise tener una mellita en el diente, porque durante mucho tiempo me golpeaba flojito (con cucharas, contra la pared de mi habitación) para tener una, pero una un poco más pequeña que la de Mikel Erentxun, porque si yo tuviera una mellita mi lengua haría volteretas con ella.
Escribo esto porque Vir también es un tesoro, de los que no se entierran, de los que no necesitan mapa. Sí, Vir es un tesoro de carne y hueso, un tesoro real en un mundo real con la que comparto mis sueños.
También escribo esto porque estoy contenta de que la Kioskera y ecomuere conozcan "El garito", porque ellas también han comido las pipas de allí, porque allí siempre se acaba comiendo pipas. Lo escribo porque "la luz" ha visitado estos renglones, porque Elena los lee y me encantan sus cuentos. Porque a todas ellas las invito a lacasitos, porque ellas me invitan a sus historias, porque sus historias me gustan, porque me gusta que les gusten las mías.
Lo escribo porque me dejo llevar, como las cosas que vuelan cuando alguien las sopla.
Escribo todo esto porque el día de hoy es tan importante como todos, tal vez a simple vista no parezca especial, pero para mí lo es, lo va a ser, lo van a ser. Porque hoy, al escribir todo esto sin saber, me doy cuenta que lo hago para sentir, y sentir, siempre, siempre me hace feliz.

 
Trazos para un boceto
El día de hoy se llama Domingo, la resaca no es mucha, la alegría puede que más. Después de una ducha me he vuelto a encerrar en mi habitación, a la que ayer le dediqué unas cuantas horas de mi tiempo en una limpieza a fondo. Ayer que se llamaba Sábado. ¿Debería de empezar por el viernes? No hice nada, me quedé en casa, se suponía que iba a quedar con S y P, con la segunda hablé antes de salir de trabajar, su inseparable A no salía y ella dudaba de asaltar las calles sin su compañía, así que por unanimidad decidí comprarme una botella de lambrusco y fumarme los últimos porros que me quedaban, y acabar así esta etapa de descuidos premeditados (las neuronas ya fallan con tanto humo). Si P no salía no iba a quedar sola con S, y una vez más no era por orgullo o por falta o exceso de ganas, simplemente no me apetecía, y como su llamada no llegaba opté por olvidar que la esperaba. La que sí volvió a llamar fue P, fue una conversación... mmm.. no sé, rara no acierta, extraña me parece exagerada... tal vez mi “sensación” consistía en unos vasos de más y una nube de humo, quizá por eso no entendí que de pronto me dijera que qué pensaba de bebepop, que si la echaba de menos, que entendía que la había enterrado de cara a todos. Después de cuatro meses me sorprendió la pregunta, no porque llegara ni tarde ni pronto, simplemente porque no lo esperaba. De cara a ellas he restado importancia, supongo que los fantasmas me dan miedo, y no quería que uno estuviera presente cada vez que nos viéramos. A veces al romper los hilos uno se siente más libre, a pesar de que el peso de las cosas no varíe.
También hablé con Vir, con ella no tengo que cortar hilos, ensayamos montones de risas, como si los cables de un teléfono se convirtieran en cartas, donde la vergüenza de mostrarse se queda sin vestido. Está un poco ¿triste? aunque sonría, por aquél moreno con acento argentino, que la besó y la hizo sentir, que se marchó sin decirle nada, el mismo que aparece en su correo unos meses después y le promete una disculpa, le habla de días de un calendario, no ha vuelto a saber nada. Sólo se me ocurre hacerla bromas, decirla ese millón de millones de cosas que la hacen especial, porque lo es, y no lo dice mi boca de amiga, lo dice mi corazón de persona.
Y bueno, como decía, el viernes me emborraché de muchas cosas, escuché la lluvia y leí Melocotones helados, quise haber escrito algo, lo necesitaba, intuía en mi garganta un sin fin de cosas, sin embargo, no dije nada, supongo que uno mismo también es un renglón.
El sábado complací a mi madre, mis cuatro paredes necesitaban agua y jabón, vaciar las estanterías y llenar alguna bolsa con cosas inservibles. La verdad es que se me hace difícil desprenderme de las cosas, ¿es inservible el ticket de un café en Helsinki? ¿un billete de metro de Barcelona? ¿unas piedras de la Torre Eiffel? ¿un caramelo de Venecia? Para mí no lo es, es tan servible como el aire, porque ése una vez fue mi oxígeno.
Vacié el armario, y con él mi colección de cajas de recuerdos, al abrirlas sentí que me miraba en un espejo, allí había tanto de mí como en mí de otras personas, una vez más me prometí que mi presente no se olvidaría de las cosas que lo crearon.
Horas después recogí a Vir, tenía un mensaje de Anilla Circodelia, una chica que conocí hace tiempo en un chat, un finde más dejaba Logroño para asistir a un curso que está haciendo aquí, y me dije que era un buen momento para conocerla, eso sería después de ir con Vir a la Fnac a comprarle un libro para su madre, y recoger a Lau en el kilómetro cero para ir en busca de una sidrería, teníamos mono asturiano. La verdad es que lo de organizar cosas siempre se me ha dado fatal, hasta tal punto que hace años que no celebro mi cumpleaños (salvo el último que me lo hicieron por sorpresa), me agobia mucho “encargarme” de algo que mueva a más de una persona, y como ayer no era una excepción, me olvidé que había dicho que era yo la que buscaría una sidrería por internet, mejor dicho, me olvidé del nombre y de la calle donde se encontraba. Así que invité a Vir y a Lau a improvisar por las calles abarrotadas de gente, hasta que por fin, la casualidad en la que siempre creo, nos llevó hasta una en la que podíamos escanciar nosotras mismas, recordando todo lo aprendido en Gascona gracias a la Guaja. Cuando el primer trago viajó por mi boca noté como una molécula de intensidad me llenaba, el alcohol era lo de menos, el sabor a estrellas era lo que necesitaba. Le mandamos un mensaje a la Guaja, el que nos contentó con su respuesta. De allí, un poco achispadas, nos fuimos hasta Malasaña, donde Lau conocía de otro establecimiento con acento del norte, allí conocimos a un hombrecillo que nos quiso sorprender con su estilo de escanciador profesional, si quería ligar no lo consiguió, eso sí, de allí nos hizo salir borrachas.
Entonces llamé a Anilla y quedamos en Gran Vía, ¿la reconocería? Fue ella la que me reconoció, y tras un segundo, ella, Vir y yo, parecíamos conocernos de toda la vida. Fuimos a buscar a Lau al “garito” allí cayeron tres minis de ése delicioso mojito, y cantamos alguna de Extremo, y nos hicimos dos fotos. Anilla y yo nos fuimos a Chueca, después de una llamada a la Guaja, con las demás ya nos encontraríamos luego. Tenía ganas de conocer el Fulanita, Anilla ya había estado y convencer a Vir... me parecía exigir demasiado. Así que nada, borracha me fui con Anilla, sin sentir esos nervios que me dan en circunstancias parecidas, y allí que bailamos un poco, y nos reímos, y me quedé sin ver a niñas de miradas brillantes, no las buscaba ni altas ni guapas, ni rubias ni morenas, sólo quería un guiño que no acabara en un lavabo, no quería un intercambio de nombres, no quería besos, sólo quería encontrar complicidad en unos ojos.
Vir nos llamó y fuimos a buscarla a Fuencarral, al salir del garito y sin saber porqué, Anilla y yo nos dimos la mano durante lo que pudo ser un minuto, aquel gesto me sorprendió mucho, tan despistado como honesto. Seguimos andando hasta encontrar a Vir con dos niñas que acababa de conocer, feliz porque habían estado pidiendo dinero para que las niñas se compraran un kitkat, contenta porque un rastas la hizo sonreír. Volvimos al Fulanita antes de que cerraran, apuramos un par de canciones y de camino al coche, larga caminata que chascó mi rodilla y me aireó los vasos bebidos. Dejamos a Anilla en su hostal y nos fuimos a casa, eso sí, sin perder la buena costumbre de estar en el coche hablando un rato de nuestras cosas, una vez más me fui a casa con una agradable sensación, la de vivir, la de improvisar, la de no rendirme, la de seguir descubriendo, la de dejarme sorprender, la de no subestimar bienes con males. Me di cuenta que una vez más rompía un cascarón, y salía fuera como si se tratara de la primera vez, los pájaros amanecían con sus canciones matutinas, y yo era feliz de ser yo.
Y bien, hoy es domingo, el cielo ya se ha puesto oscuro, me fumo un cigarro con la ventana abierta, el parque está en silencio, Ani DiFranco suena en estas cuatro paredes, y tengo una arruga de cariño entre los brazos.
 
Noches que son tardes
Tengo dos manos, dos, como las que se necesitan para tocar el acordeón. Yo no sé tocar el acordeón, pero sé que los pianos tienen teclas negras. Ella también lo sabe, sabe que las teclas de los pianos sirven para saltar, y pincelar el aire con el pelo, que no es de un color, sino de dos, el tuyo y el mío, pero no nos vemos.
Hoy huele a cielo, a cuatro gotas de agua, a una acera con farolas. Quiero un sillón azul de ésos en los que las rodillas sirven para columpiar las canicas de un bolsillo, y una cerilla, quiero una esfera de luz para acabar a oscuras.
Por mi nariz entra el sonido de una pelota acariciando las tejas de un tejado, y yo sólo me atrevo a sonreír, a silbar vocales que no rimen con la mente. Porque tengo dos manos, dos, como las que necesito para acariciar lo que quiero.
Hoy me apetece saltar en una comba imaginaria que me despeine el flequillo, que me intrigue con sus dedos.