De tú a tú y sigo siendo yo (carta de Ame a Izti después de unos días extraños y pasar la noche juntas)
Unas horas después de que nos despidiéramos esta mañana, he recibido un mensaje tuyo que me ha hecho pensar; pero más que por lo que has dicho, es por lo que has transmitido.
Eres una tía legal, no hay nada que demuestre lo contrario, y sé que tienes tu vida; la que a veces te alegra y otras te enoja, la que te va mejor o peor, pero que a fin de cuentas te va. Y tus amigos, y tus risas, y tus porros después del trabajo, y sueño por las mañanas... y sé también que tienes tus circunstancias, y tus miedos, y tus historias pasadas.
Lo sé, sé que haces todo lo posible para ser feliz.
Como lo hacen Lidi y Amaya, como lo hace Marti, o Mey, o Guada... como lo hago yo, como lo hace todo el mundo.
Y todos, absolutamente todos, somos tan víctimas como culpables de lo que sentimos. A veces podemos ser más cobardes, en ocasiones más sensatos. Pero no nos libramos de ser indecisos, caprichosos, sinceros, débiles, en general humanos. Unas veces más otras veces menos, debatimos con nuestras acciones aquello que nos enseñaron sobre el bien y el mal; descubrimos la conciencia y la excusa, el hecho y la trampa, la injusticia y la necesidad. Y a diario nos movemos entre todo ello, alcanzando a veces una ilusión que nos despega del suelo, convirtiéndose todo en algo más bonito. Y parece que cuando respiramos, una galería completa de colores se nos instala en aquello a lo que llamamos corazón para colorearlo de ternura y suerte, convenciéndonos de que la sonrisa de ese instante es mejor que ninguna.
Sin embargo no todas las veces son así, y nos topamos con sensaciones contrarias, en las que sentimos que vivimos aplastados por el suelo, y que las cosas de nuestra vida no son más que un montón de gotitas de lluvia pegadas en un cristal.
Imagínate cuando entre nosotros nos cruzamos; cuando dejamos de ser anónimos para acabar siendo amigos, enemigos o amantes.
Tenía razón aquél que dijo que cada persona es un mundo, ¿y qué sucede cuando dos mundos distintos se juntan? Pues lo mismo que en el mundo en el que vivimos; hay guerras, esperanza, codicia, prosperidad, intención, lugares maravillosos, personas inolvidables, y muertes de las que no se curan. La diferencia es que en nuestro mundo vivimos gracias a las emociones, y sobrevivimos por culpa de las razones.
Cuando “una Izti” se cruza con “una Ame” en el momento más inesperado de una noche y la casualidad se antoja especial, cuando ambos mundos interactuan junto con sus percepciones, y se sienten bien, y se sonríen, y se agradan, y se besan... ambos mundos irradian una luz con la que se buscan sin decirse nada, exclamando atención por saber qué hay detrás de esos ojos.
Ambos mundos dan lo mejor de sí, intercambian anécdotas, quedan en verse, dicen echarse de menos, se dan besos de buenas noches, y empiezan las mañanas con ganas de más.
Los dos mundos son felices, y se olvidan de que dentro de su mundo hay un submundo; en el que hay cicatrices, victorias y derrotas, lecciones aprendidas y descosidos varios. Un submundo que a veces se mantiene estable, que controla sus exigencias, y hace que el mundo que convive con él de fuera, se sienta fuerte para dejar que un “intruso” lo visite, lo explore, pase una temporada en él, arriesgándose a que le contaminen y destrocen sus bellas vistas.
No siempre ese submundo permite que se viva sin contar con él, haciendo que al mundo que llevamos dentro le falten ganas de descubrir y ser descubierto.
Cuando “una Izti” y “una Ame” se cruzan en el momento más inesperado de una noche; pueden acabar sucediendo ambas cosas.
Y ni Izti, ni Ame, ni tan si quiera sus mundos y submundos, pueden hacer que eso no suceda. Así como ni Izti, ni Ame, se tienen que sentir mal por no haber ganado algo que nunca ha sido tuyo, por no haber sentido algo que ni tan siquiera sabían si querían sentir. Ni la una ni la otra son culpables de ser ellas mismas, de vivir con sus necesidades, de buscar lo que no encuentran. No hay un después porque nunca ha habido un principio, porque ese principio dará los pasos que necesite si es que necesita andar.
Objetivamente puede ser una razón para decirse tantos “no” como la boca aguante, para pedir explicaciones de un suceso natural que no tiene más ciencia que la vida, para exigir una recompuesta a un esfuerzo que ni tan siquiera tenía claro por qué luchaba.
Hay que ser muy amigo de uno mismo para no traicionarse de esta manera, para no auto convencerse de que la culpa siempre la tuvo el otro, para no convertirse en una víctima de carne y hueso que busca la letra pequeña de una promesa. ¿Qué promesa? No hemos firmado ninguna, ni tan siquiera la sugerimos en un momento de efusividad. Nuestra única promesa fue la casualidad en el momento más inesperado de una noche, un intercambio de besos y una mañana durmiendo abrazadas. Un día después y la lluvia, el tráfico y la resaca, la invitación a una reunión de amigas, una cerveza en un bar, y en el bar el cajón de una mesa en el que la gente deja sus cuentos.
Nuestra promesa fue la de dejarnos ver durante más días, la de permitirnos sensaciones en la piel, la de compartir un desayuno de labios después de que el despertador nos separase.
Nuestra única promesa fue la de coincidir, y las coincidencias no siempre siguen coincidiendo.
Es entonces cuando los dos mundos se dan cuenta de que juntos no son un mundo mejor, sino dos mundos buenos.
Ninguno ha querido invadir al otro, ninguno necesita alargar su estancia.
Ambos mundos tienen la obligación y el derecho de ser felices; intentarlo, es la recompensa que nunca encuentra derrota.
Y no hacen falta despedidas, ni telones rojos para lágrimas azules; aquel momento inesperado de la noche, nos hizo coincidir para compartir unas sonrisas, y estoy convencida de que ya lo hemos hecho.
Eres una tía legal, no hay nada que demuestre lo contrario, y sé que tienes tu vida; la que a veces te alegra y otras te enoja, la que te va mejor o peor, pero que a fin de cuentas te va. Y tus amigos, y tus risas, y tus porros después del trabajo, y sueño por las mañanas... y sé también que tienes tus circunstancias, y tus miedos, y tus historias pasadas.
Lo sé, sé que haces todo lo posible para ser feliz.
Como lo hacen Lidi y Amaya, como lo hace Marti, o Mey, o Guada... como lo hago yo, como lo hace todo el mundo.
Y todos, absolutamente todos, somos tan víctimas como culpables de lo que sentimos. A veces podemos ser más cobardes, en ocasiones más sensatos. Pero no nos libramos de ser indecisos, caprichosos, sinceros, débiles, en general humanos. Unas veces más otras veces menos, debatimos con nuestras acciones aquello que nos enseñaron sobre el bien y el mal; descubrimos la conciencia y la excusa, el hecho y la trampa, la injusticia y la necesidad. Y a diario nos movemos entre todo ello, alcanzando a veces una ilusión que nos despega del suelo, convirtiéndose todo en algo más bonito. Y parece que cuando respiramos, una galería completa de colores se nos instala en aquello a lo que llamamos corazón para colorearlo de ternura y suerte, convenciéndonos de que la sonrisa de ese instante es mejor que ninguna.
Sin embargo no todas las veces son así, y nos topamos con sensaciones contrarias, en las que sentimos que vivimos aplastados por el suelo, y que las cosas de nuestra vida no son más que un montón de gotitas de lluvia pegadas en un cristal.
Imagínate cuando entre nosotros nos cruzamos; cuando dejamos de ser anónimos para acabar siendo amigos, enemigos o amantes.
Tenía razón aquél que dijo que cada persona es un mundo, ¿y qué sucede cuando dos mundos distintos se juntan? Pues lo mismo que en el mundo en el que vivimos; hay guerras, esperanza, codicia, prosperidad, intención, lugares maravillosos, personas inolvidables, y muertes de las que no se curan. La diferencia es que en nuestro mundo vivimos gracias a las emociones, y sobrevivimos por culpa de las razones.
Cuando “una Izti” se cruza con “una Ame” en el momento más inesperado de una noche y la casualidad se antoja especial, cuando ambos mundos interactuan junto con sus percepciones, y se sienten bien, y se sonríen, y se agradan, y se besan... ambos mundos irradian una luz con la que se buscan sin decirse nada, exclamando atención por saber qué hay detrás de esos ojos.
Ambos mundos dan lo mejor de sí, intercambian anécdotas, quedan en verse, dicen echarse de menos, se dan besos de buenas noches, y empiezan las mañanas con ganas de más.
Los dos mundos son felices, y se olvidan de que dentro de su mundo hay un submundo; en el que hay cicatrices, victorias y derrotas, lecciones aprendidas y descosidos varios. Un submundo que a veces se mantiene estable, que controla sus exigencias, y hace que el mundo que convive con él de fuera, se sienta fuerte para dejar que un “intruso” lo visite, lo explore, pase una temporada en él, arriesgándose a que le contaminen y destrocen sus bellas vistas.
No siempre ese submundo permite que se viva sin contar con él, haciendo que al mundo que llevamos dentro le falten ganas de descubrir y ser descubierto.
Cuando “una Izti” y “una Ame” se cruzan en el momento más inesperado de una noche; pueden acabar sucediendo ambas cosas.
Y ni Izti, ni Ame, ni tan si quiera sus mundos y submundos, pueden hacer que eso no suceda. Así como ni Izti, ni Ame, se tienen que sentir mal por no haber ganado algo que nunca ha sido tuyo, por no haber sentido algo que ni tan siquiera sabían si querían sentir. Ni la una ni la otra son culpables de ser ellas mismas, de vivir con sus necesidades, de buscar lo que no encuentran. No hay un después porque nunca ha habido un principio, porque ese principio dará los pasos que necesite si es que necesita andar.
Objetivamente puede ser una razón para decirse tantos “no” como la boca aguante, para pedir explicaciones de un suceso natural que no tiene más ciencia que la vida, para exigir una recompuesta a un esfuerzo que ni tan siquiera tenía claro por qué luchaba.
Hay que ser muy amigo de uno mismo para no traicionarse de esta manera, para no auto convencerse de que la culpa siempre la tuvo el otro, para no convertirse en una víctima de carne y hueso que busca la letra pequeña de una promesa. ¿Qué promesa? No hemos firmado ninguna, ni tan siquiera la sugerimos en un momento de efusividad. Nuestra única promesa fue la casualidad en el momento más inesperado de una noche, un intercambio de besos y una mañana durmiendo abrazadas. Un día después y la lluvia, el tráfico y la resaca, la invitación a una reunión de amigas, una cerveza en un bar, y en el bar el cajón de una mesa en el que la gente deja sus cuentos.
Nuestra promesa fue la de dejarnos ver durante más días, la de permitirnos sensaciones en la piel, la de compartir un desayuno de labios después de que el despertador nos separase.
Nuestra única promesa fue la de coincidir, y las coincidencias no siempre siguen coincidiendo.
Es entonces cuando los dos mundos se dan cuenta de que juntos no son un mundo mejor, sino dos mundos buenos.
Ninguno ha querido invadir al otro, ninguno necesita alargar su estancia.
Ambos mundos tienen la obligación y el derecho de ser felices; intentarlo, es la recompensa que nunca encuentra derrota.
Y no hacen falta despedidas, ni telones rojos para lágrimas azules; aquel momento inesperado de la noche, nos hizo coincidir para compartir unas sonrisas, y estoy convencida de que ya lo hemos hecho.
Mi plato está enmarañado, ¿quién lo desenmarañará?
Ahora mismo estoy bajo uno de esos efectos de idiotez enfurruñada, estoy aburrida, y mi pequeño gran constipado no me deja respirar a la par que me vuelve más ñoña.
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, pero precisamente tiempo es lo que me falta, en fin, que sigo bajo los efectos de las prisas para según qué cosas, y del derroche para según que otras.
El curro me quita mucho tiempo, se puede decir que hoy por hoy sé lo que es trabajar, aquellas horas de ventana y red bull no son más que un recuerdo que nada tiene que ver con mi nueva realidad. Pero estoy contenta, fumo menos, y como tengo tantas facturas que hacer/revisar/archivar... y tanta orgía de papeles sobre mi mesa... y tanta llamada pendiente... me ayuda a no darle vueltas innecesarias al coco, ya sabéis, aunque se esté bien, se tiene cierta tendencia a resumir alguna catástrofe, alguna nostalgia o inconformismo, pero como digo, las 24 horas que tiene un día, en mi caso, están prácticamente invertidas antes de despertar en ellas.
Con la_secre_de_toda_la_vida me voy llevando mejor, la mujer tiene su carácter y sus rarezas, borderías también, pero vaya, no sé, parece que le voy cogiendo el punto y mientras que la convivencia no se vea alterada... que sea como quiera.
Con Carlos no hablo mucho, está en el otro despacho, nos damos los buenos días, comentamos lo hartos que estamos de papeles y lo bien que nos sentará el siguiente viernes. Con Marci y Primi coincidido algunas veces en el baño para echarnos un cigarrito, eso después del café, que aunque no me gustaba me estoy iniciando, es lo que tiene la integración.
Luego están Luis y Edu, con el primero bromeo de vez en cuando, es un tipo bastante majo, Edu también lo parece, a pesar de que en su taquilla tenga una foto de Sonia Monroy desnuda.
Y hablando de “famosos”... el martes me quedé a comer en el curro, estamos ubicados en una calle paralela a los estudios de Tele5, y bien, cuando entrábamos por la puerta para ir a comer me crucé con varios actores de la serie Hospital Central, vi a una que en la serie se llama Laura, muy mona la niña... pero mis ojos se clavaron en Patricia Vico, la actriz que hace de Maca en la serie... en fin... ¡cómo está la niña! Tuve que disimular mi cara de embobá con el tal Vilches, con el que intercambié un hola, y reprimirme cuando Edu y Luis comentaban con mi jefe lo buenas que estaban las chicas de la serie.
Más cositas... pues con Izti no va mal... el sexo genial... estas dos últimas semanas nos hemos visto, incluso algún día entre diario me he quedado a mimir en su casa. El viernes estuve con Vir, Marchante, Isa, el Gato que ha vuelto de Nueva York para quedarse, Claudio... estuvimos hablando de Koke, que otra vez vuelve a estar chunguísimo... en fin.. paso de hablar de eso porque me da mucha pena, es increíble darse cuenta de lo que ha cambiado, es casi imposible asumir que él que fue tu mejor amigo y que casi te enamoró, hoy por hoy tenga esquizofrenia a causa de las drogas. Ese día fue un poco raro, entre otras cosas porque aparqué mi coche justo enfrente del bar de bebepop, me llené de risas nerviosas, ¿y si la veo? Suerte que la cosa se quedó ahí, si dejé ahí mi coche es porque no había más aparcamiento, es lo que tiene Madrid, espero que no lo viera, más que nada por ahorrarnos malas interpretaciones al respecto, parece ser que ha visto mi coche aparcado en más ocasiones y no le ha hecho mucha gracia, me lo dijo Vir, sintiéndolo mucho no puedo hacer otra cosa.
Después de estar en casa de Claudio me fui a casa de Izti, su amiga Marti celebraba el cumple, cuando llegué estaba todo lleno de niñas, amiguitas todas y compañeras de equipo de fútbol. La verdad es que el cambio de ambiente, los porros fumados, la vergüenza (que cuando me sale no hay quién la domine), los vasos de vodka... me desorientaron un poco, y tuve ratos en los que no me sentí bien, básicamente porque me notaba dependiente de Izti, era el único vínculo que tenía en un salón con unas 12 chicas. Entablé conversación con Georgina, una italiana que tenía su puntillo, y Bea (un show de niña) jugaba a hacerme preguntas.
Al final acabaron todas en el Escape, e Izti y yo dando vueltas a la manzana para ver si bajábamos el pedo, cerrar los ojos y marearse no triunfaba mucho.
Desayunamos juntas y me vine para casa, tenía comida familiar por el cumple de mi padre, en el que solté alguna que otra indirecta sobre mis relaciones sentimentales; me agobia un poco cuando me preguntan, y una vez más dejé escapar algún comentario ambiguo.
Por la noche quedé con A&P en el Nanay, estuvimos charlando de nuestras cosas, flipé cuando me dijeron que han pasado una mala racha, que casi lo dejan. Por suerte sólo fue un lapsus, y espero que lo superen porque hoy por hoy es la única pareja de lesbianas en la que veo auténtico amor (no digo que sea la única eh?).
De S sé que sigue con M, no hemos vuelto a hablar, lo único que sé es que A le echó la peta por no contarme lo de M, se hizo la loca, no sé, a mí no me convencen sus excusas, la última vez que hablamos y dijimos de quedar fue en el puente, pues bien, hoy hablando con A me entero que M también estaba en casa de S y de I, vamos... que si no tuvo suficiente con la sorpresa de su vuelta con M, tenía pensado metérmela por los ojos aquél día, que por suerte, y sin saberlo, no fui.
También hablamos de celebrar el orgullo de otra forma diferente, en realidad nunca lo hemos celebrado, por eso este año queríamos hacer una bacanal a lo lesbos, todas con todas, buena música, bebidas y algún disfraz. La Rakel dice que se apunta, que quiere tener una experiencia con una tia, A&P también participan, yo he dicho que sí con la cosa de que no me creo del todo que lo hagamos. Lo de S está por ver, la verdad es que gracia no me hace, pero claro, en parte por miedo, sólo de imaginarme que me tendría que volver a acostar con ella... lo considero un riesgo innecesario, y un placer que no quiero volver a compartir con ella. Por unanimidad hemos dicho que a M no la aceptamos, ni nos pone ni nos entusiasma. Nos encantaría que I participara, pero es hetero y a ella la primavera no le afecta como a nosotras.
Retomando el finde anterior, después de estar en el Nanay y en el Alkamaru nos fuimos a Chueca porque había quedado con Izti, estuvimos un rato en el Fulanita, pero no sé, ese día no estaba muy receptiva con el ambiente, y el resto tampoco, así que no tardamos en irnos, en la puerta me encontré con Isaac... que haber si quedábamos... bla bla bla... el domingo nos fuimos con dos amigas de Izti a tomar unas cervecitas por la Latina, a pillar comida del B.K y a comérnosla viendo L word... nunca había visto esa serie... el contexto me parece un poco irreal... entiende hasta la tia del correo... pero por otro lado me gustó mucho, demasiado morbo y niñas guapas.
Hace un rato que he leído los blogs que me gustan... el de Elena, la niña de naranja, la kioskera, ecomuere, la luz, gata azul... últimamente paro poco por internet, por un lado no está mal mi desenganche, pero por otro... echo de menos las charlas con la Guaja, con Luli, con la kioskerea, con la niña de naranja, Elena... en fin... algún día escribiré un post para cada una, después de leer cuentos como el de la magdalena de Elena, o los de la niña de naranja... se me quedan sensaciones increíbles, que algún día me gustaría regalárselas.
Bueno, creo que es hora de irse a mimir, por segunda noche consecutiva, sin llamada o mensaje de Izti, algo que me incita a la tontería, no porque necesite su llamada, no porque esté enamorada de ella (que no lo estoy), sino porque me he acostumbrado a que me llame a diario (a veces yo), y de pronto dos días sin saber nada... resaltan.
No sé, tampoco lo voy a pensar en profundidad, sería un incentivo para no despertarme con una sonrisa, y la verdad, de momento no me merece la pena perderme una mañana de sol. Y si varío el punto de vista, en el fondo no está nada mal que te hagan extrañar a la persona, acostumbrarse a algo no es sano.
En fin... me voy con mi plato a otra parte... a soñar con niñas de miradas intensas y labios de verdad.
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí, pero precisamente tiempo es lo que me falta, en fin, que sigo bajo los efectos de las prisas para según qué cosas, y del derroche para según que otras.
El curro me quita mucho tiempo, se puede decir que hoy por hoy sé lo que es trabajar, aquellas horas de ventana y red bull no son más que un recuerdo que nada tiene que ver con mi nueva realidad. Pero estoy contenta, fumo menos, y como tengo tantas facturas que hacer/revisar/archivar... y tanta orgía de papeles sobre mi mesa... y tanta llamada pendiente... me ayuda a no darle vueltas innecesarias al coco, ya sabéis, aunque se esté bien, se tiene cierta tendencia a resumir alguna catástrofe, alguna nostalgia o inconformismo, pero como digo, las 24 horas que tiene un día, en mi caso, están prácticamente invertidas antes de despertar en ellas.
Con la_secre_de_toda_la_vida me voy llevando mejor, la mujer tiene su carácter y sus rarezas, borderías también, pero vaya, no sé, parece que le voy cogiendo el punto y mientras que la convivencia no se vea alterada... que sea como quiera.
Con Carlos no hablo mucho, está en el otro despacho, nos damos los buenos días, comentamos lo hartos que estamos de papeles y lo bien que nos sentará el siguiente viernes. Con Marci y Primi coincidido algunas veces en el baño para echarnos un cigarrito, eso después del café, que aunque no me gustaba me estoy iniciando, es lo que tiene la integración.
Luego están Luis y Edu, con el primero bromeo de vez en cuando, es un tipo bastante majo, Edu también lo parece, a pesar de que en su taquilla tenga una foto de Sonia Monroy desnuda.
Y hablando de “famosos”... el martes me quedé a comer en el curro, estamos ubicados en una calle paralela a los estudios de Tele5, y bien, cuando entrábamos por la puerta para ir a comer me crucé con varios actores de la serie Hospital Central, vi a una que en la serie se llama Laura, muy mona la niña... pero mis ojos se clavaron en Patricia Vico, la actriz que hace de Maca en la serie... en fin... ¡cómo está la niña! Tuve que disimular mi cara de embobá con el tal Vilches, con el que intercambié un hola, y reprimirme cuando Edu y Luis comentaban con mi jefe lo buenas que estaban las chicas de la serie.
Más cositas... pues con Izti no va mal... el sexo genial... estas dos últimas semanas nos hemos visto, incluso algún día entre diario me he quedado a mimir en su casa. El viernes estuve con Vir, Marchante, Isa, el Gato que ha vuelto de Nueva York para quedarse, Claudio... estuvimos hablando de Koke, que otra vez vuelve a estar chunguísimo... en fin.. paso de hablar de eso porque me da mucha pena, es increíble darse cuenta de lo que ha cambiado, es casi imposible asumir que él que fue tu mejor amigo y que casi te enamoró, hoy por hoy tenga esquizofrenia a causa de las drogas. Ese día fue un poco raro, entre otras cosas porque aparqué mi coche justo enfrente del bar de bebepop, me llené de risas nerviosas, ¿y si la veo? Suerte que la cosa se quedó ahí, si dejé ahí mi coche es porque no había más aparcamiento, es lo que tiene Madrid, espero que no lo viera, más que nada por ahorrarnos malas interpretaciones al respecto, parece ser que ha visto mi coche aparcado en más ocasiones y no le ha hecho mucha gracia, me lo dijo Vir, sintiéndolo mucho no puedo hacer otra cosa.
Después de estar en casa de Claudio me fui a casa de Izti, su amiga Marti celebraba el cumple, cuando llegué estaba todo lleno de niñas, amiguitas todas y compañeras de equipo de fútbol. La verdad es que el cambio de ambiente, los porros fumados, la vergüenza (que cuando me sale no hay quién la domine), los vasos de vodka... me desorientaron un poco, y tuve ratos en los que no me sentí bien, básicamente porque me notaba dependiente de Izti, era el único vínculo que tenía en un salón con unas 12 chicas. Entablé conversación con Georgina, una italiana que tenía su puntillo, y Bea (un show de niña) jugaba a hacerme preguntas.
Al final acabaron todas en el Escape, e Izti y yo dando vueltas a la manzana para ver si bajábamos el pedo, cerrar los ojos y marearse no triunfaba mucho.
Desayunamos juntas y me vine para casa, tenía comida familiar por el cumple de mi padre, en el que solté alguna que otra indirecta sobre mis relaciones sentimentales; me agobia un poco cuando me preguntan, y una vez más dejé escapar algún comentario ambiguo.
Por la noche quedé con A&P en el Nanay, estuvimos charlando de nuestras cosas, flipé cuando me dijeron que han pasado una mala racha, que casi lo dejan. Por suerte sólo fue un lapsus, y espero que lo superen porque hoy por hoy es la única pareja de lesbianas en la que veo auténtico amor (no digo que sea la única eh?).
De S sé que sigue con M, no hemos vuelto a hablar, lo único que sé es que A le echó la peta por no contarme lo de M, se hizo la loca, no sé, a mí no me convencen sus excusas, la última vez que hablamos y dijimos de quedar fue en el puente, pues bien, hoy hablando con A me entero que M también estaba en casa de S y de I, vamos... que si no tuvo suficiente con la sorpresa de su vuelta con M, tenía pensado metérmela por los ojos aquél día, que por suerte, y sin saberlo, no fui.
También hablamos de celebrar el orgullo de otra forma diferente, en realidad nunca lo hemos celebrado, por eso este año queríamos hacer una bacanal a lo lesbos, todas con todas, buena música, bebidas y algún disfraz. La Rakel dice que se apunta, que quiere tener una experiencia con una tia, A&P también participan, yo he dicho que sí con la cosa de que no me creo del todo que lo hagamos. Lo de S está por ver, la verdad es que gracia no me hace, pero claro, en parte por miedo, sólo de imaginarme que me tendría que volver a acostar con ella... lo considero un riesgo innecesario, y un placer que no quiero volver a compartir con ella. Por unanimidad hemos dicho que a M no la aceptamos, ni nos pone ni nos entusiasma. Nos encantaría que I participara, pero es hetero y a ella la primavera no le afecta como a nosotras.
Retomando el finde anterior, después de estar en el Nanay y en el Alkamaru nos fuimos a Chueca porque había quedado con Izti, estuvimos un rato en el Fulanita, pero no sé, ese día no estaba muy receptiva con el ambiente, y el resto tampoco, así que no tardamos en irnos, en la puerta me encontré con Isaac... que haber si quedábamos... bla bla bla... el domingo nos fuimos con dos amigas de Izti a tomar unas cervecitas por la Latina, a pillar comida del B.K y a comérnosla viendo L word... nunca había visto esa serie... el contexto me parece un poco irreal... entiende hasta la tia del correo... pero por otro lado me gustó mucho, demasiado morbo y niñas guapas.
Hace un rato que he leído los blogs que me gustan... el de Elena, la niña de naranja, la kioskera, ecomuere, la luz, gata azul... últimamente paro poco por internet, por un lado no está mal mi desenganche, pero por otro... echo de menos las charlas con la Guaja, con Luli, con la kioskerea, con la niña de naranja, Elena... en fin... algún día escribiré un post para cada una, después de leer cuentos como el de la magdalena de Elena, o los de la niña de naranja... se me quedan sensaciones increíbles, que algún día me gustaría regalárselas.
Bueno, creo que es hora de irse a mimir, por segunda noche consecutiva, sin llamada o mensaje de Izti, algo que me incita a la tontería, no porque necesite su llamada, no porque esté enamorada de ella (que no lo estoy), sino porque me he acostumbrado a que me llame a diario (a veces yo), y de pronto dos días sin saber nada... resaltan.
No sé, tampoco lo voy a pensar en profundidad, sería un incentivo para no despertarme con una sonrisa, y la verdad, de momento no me merece la pena perderme una mañana de sol. Y si varío el punto de vista, en el fondo no está nada mal que te hagan extrañar a la persona, acostumbrarse a algo no es sano.
En fin... me voy con mi plato a otra parte... a soñar con niñas de miradas intensas y labios de verdad.
Yo transmito / tú transmites
Tu vez... mi vez... tu disfraz de india... el mío de momia...
Tus bellas montañas... las olas de mi asfalto...
Tu amarillo... mi azul... tu naranja / mi verde.
Y no sé; si es un desliz con una canción, un cuento sin escribir, o un tarareo con el aire.
Pero sé; que dos y dos son cuatro, y que hay mañanas en las que tú y yo nos levantamos manchadas de colores.
Tus bellas montañas... las olas de mi asfalto...
Tu amarillo... mi azul... tu naranja / mi verde.
Y no sé; si es un desliz con una canción, un cuento sin escribir, o un tarareo con el aire.
Pero sé; que dos y dos son cuatro, y que hay mañanas en las que tú y yo nos levantamos manchadas de colores.
Sentadita en mi tejado
Érase una vez de tantas; una persona, una niña, un amago de mujer, que vivía entre las prisas de sus sueños y la quietud de sus miedos, que amaba del revés y sobrevivía del derecho.
Érase también su vida, tan suya como anónima, tan errónea como acertada, tan sencilla como complicada.
Y la niña, y su vida, transcurrían en una ciudad, con árboles y ladrillos, con aceras levantadas y farolas encendidas. En una ciudad de ruidos, y por qué no, también de mares escondidos en los que poder salpicarse de brisas que no existen. Una ciudad de asombros, de frases que nadie quiere o que buscan todos. Una ciudad con noches tan oscuras como días tan radiantes, con amores imposibles y posibles desencantos.
La niña recortaba cartulinas, que eran soles, y también estrellas pegadas en los dedos. Las cartulinas eran universos sin conquistar, ocurrencias en la mirada y sonrisas ancladas en los capítulos de su cuento.
Allí encontraba la paz, sin paloma ni ángel de la guarda, la paz sin derrochar la fe, y la fe sin pecado concebido.
La niña, más que nunca, era amiga de sus horas, de sus días, de los segundos que no dan tiempo para contar; los quería, sin ambición, ni multitud ni deuda en sus deseos. La niña era así, su vida también; discontinuas y paralelas, infinitas en su cajón de los momentos.
Se equivocaba muchas veces, la necesidad de descubrir la convertía en rehén de sus errores, pero tras ellos, siempre había un trueque con la vida, un momento en el que entender, una pausa con la que aceptar, una razón para olvidar la lógica y valorar el cariño.
Comenzó a entender sus miedos, sus carencias, sus mentiras; a no temer a las balas de la incertidumbre, ni a las heridas de la desnudez.
La niña seguía viviendo como cualquiera, soñando con una futura hipoteca y un juego de café, con un salón que llenar de amigos y una cocina con la que fabricar sabores. Una bañera sin peces de colores y una cama que no caducara con sus amantes.
La niña escribía derechos al lado de obligaciones, sin dejar entre ambas palabras espacios para el reproche. No era libre del todo, tenía un despertador, una jornada de 40 horas semanales, facturas y una hucha exclamando cuando llega final de mes.
Lo único que tenía la niña era su vida; y en ella había padres, un hermano, una lista muy concreta de buenos amigos, una un poco más larga de colegas, y otra que añoraba a los ausentes seres queridos.
A día de hoy se queja de la falta de tiempo, a la vez que mima el que tiene, su conciencia le pide explicaciones cediéndola una oportunidad para los hechos. Añora aquella ventana que la acompañaba en el trabajo, se imagina que aún la ve desde su nueva oficina. Ha encontrado a otra niña que le hace sonreír, que con su presencia le reta a valerse por sí misma, a actuar sin estrategias que tratan de no sufrir. Una niña que apareció una noche cualquiera pero que desde entonces no hay día que no la regale una palabra al oído; que le recuerda que no es ninguna, que no es un remiendo. Que sin decir le dice que está ahí, que convive con su tiempo sin prisas por alargarlo.
La niña es feliz porque es primavera, porque el sol poco a poco va cambiando el color de su cuerpo, y el de sus ojos, y el de su pelo. Porque ya pasó su guerra con el invierno, con el cementerio de hojas secas y corazones muertos.
Miente, sí, cuando en su casa le preguntan por aquella amiga, cuando rehusa un novio por necesidades de independencia, cuando dice que no va a dormir porque otra amiga le ofrece su cama después de un concierto.
Viaja cuando puede, como este fin de semana, la ciudad fue Cáceres, la excusa ir al Womad. Con Vir, con Izti, con el rubio; y la niña le enseñó a la otra niña el lugar más especial de su vida, donde está el pasillo de baldosas amarillas, el patio donde en verano su abuelita le enseñaba a mirar las estrellas, donde cazaba sus moscas en botes de cristal, donde se hacía heridas en las rodillas. La niña lo compartió con la otra niña, sabiendo que aquello era demasiado especial para ella, sin pensar si era pronto o merecido, durmiendo con ella en aquella cama que fue de sus abuelos y ahora de sus padres sin sentir que era un lugar prohibido, sin exceder el recuerdo de que antes estuvo otra.
Y la niña lo pasó bien con sus amiguitos, con su niña, y se emborracharon, y comieron en un imaginario mantel de cuadros, y escucharon música, y respiraron de otro cielo.
Y la niña es feliz, feliz porque tiene su vida, una primavera que huele a esperanza, personas capaces de hacerla sentir, porque se ve capaz de seguir aprendiendo, y mucho más de seguir soñando. Porque ya no le teme tanto al gris, ni a la monotonía, ni a los contratiempos; porque sabe que la exigencia es un auto engaño, y la cobardía el efecto más práctico. También que el perdón se presta igual que se quita, que la mirada es la bandera que hondea nuestro corazón.
La niña es feliz porque tiene su vida, y sabe que en ella está la verdad de su cuento, y no empieza con Érase una vez, sino con un, serán muchas las veces.
La niña deja de escribir para leer a otras niñas, otras vidas, otros cuentos.
Érase también su vida, tan suya como anónima, tan errónea como acertada, tan sencilla como complicada.
Y la niña, y su vida, transcurrían en una ciudad, con árboles y ladrillos, con aceras levantadas y farolas encendidas. En una ciudad de ruidos, y por qué no, también de mares escondidos en los que poder salpicarse de brisas que no existen. Una ciudad de asombros, de frases que nadie quiere o que buscan todos. Una ciudad con noches tan oscuras como días tan radiantes, con amores imposibles y posibles desencantos.
La niña recortaba cartulinas, que eran soles, y también estrellas pegadas en los dedos. Las cartulinas eran universos sin conquistar, ocurrencias en la mirada y sonrisas ancladas en los capítulos de su cuento.
Allí encontraba la paz, sin paloma ni ángel de la guarda, la paz sin derrochar la fe, y la fe sin pecado concebido.
La niña, más que nunca, era amiga de sus horas, de sus días, de los segundos que no dan tiempo para contar; los quería, sin ambición, ni multitud ni deuda en sus deseos. La niña era así, su vida también; discontinuas y paralelas, infinitas en su cajón de los momentos.
Se equivocaba muchas veces, la necesidad de descubrir la convertía en rehén de sus errores, pero tras ellos, siempre había un trueque con la vida, un momento en el que entender, una pausa con la que aceptar, una razón para olvidar la lógica y valorar el cariño.
Comenzó a entender sus miedos, sus carencias, sus mentiras; a no temer a las balas de la incertidumbre, ni a las heridas de la desnudez.
La niña seguía viviendo como cualquiera, soñando con una futura hipoteca y un juego de café, con un salón que llenar de amigos y una cocina con la que fabricar sabores. Una bañera sin peces de colores y una cama que no caducara con sus amantes.
La niña escribía derechos al lado de obligaciones, sin dejar entre ambas palabras espacios para el reproche. No era libre del todo, tenía un despertador, una jornada de 40 horas semanales, facturas y una hucha exclamando cuando llega final de mes.
Lo único que tenía la niña era su vida; y en ella había padres, un hermano, una lista muy concreta de buenos amigos, una un poco más larga de colegas, y otra que añoraba a los ausentes seres queridos.
A día de hoy se queja de la falta de tiempo, a la vez que mima el que tiene, su conciencia le pide explicaciones cediéndola una oportunidad para los hechos. Añora aquella ventana que la acompañaba en el trabajo, se imagina que aún la ve desde su nueva oficina. Ha encontrado a otra niña que le hace sonreír, que con su presencia le reta a valerse por sí misma, a actuar sin estrategias que tratan de no sufrir. Una niña que apareció una noche cualquiera pero que desde entonces no hay día que no la regale una palabra al oído; que le recuerda que no es ninguna, que no es un remiendo. Que sin decir le dice que está ahí, que convive con su tiempo sin prisas por alargarlo.
La niña es feliz porque es primavera, porque el sol poco a poco va cambiando el color de su cuerpo, y el de sus ojos, y el de su pelo. Porque ya pasó su guerra con el invierno, con el cementerio de hojas secas y corazones muertos.
Miente, sí, cuando en su casa le preguntan por aquella amiga, cuando rehusa un novio por necesidades de independencia, cuando dice que no va a dormir porque otra amiga le ofrece su cama después de un concierto.
Viaja cuando puede, como este fin de semana, la ciudad fue Cáceres, la excusa ir al Womad. Con Vir, con Izti, con el rubio; y la niña le enseñó a la otra niña el lugar más especial de su vida, donde está el pasillo de baldosas amarillas, el patio donde en verano su abuelita le enseñaba a mirar las estrellas, donde cazaba sus moscas en botes de cristal, donde se hacía heridas en las rodillas. La niña lo compartió con la otra niña, sabiendo que aquello era demasiado especial para ella, sin pensar si era pronto o merecido, durmiendo con ella en aquella cama que fue de sus abuelos y ahora de sus padres sin sentir que era un lugar prohibido, sin exceder el recuerdo de que antes estuvo otra.
Y la niña lo pasó bien con sus amiguitos, con su niña, y se emborracharon, y comieron en un imaginario mantel de cuadros, y escucharon música, y respiraron de otro cielo.
Y la niña es feliz, feliz porque tiene su vida, una primavera que huele a esperanza, personas capaces de hacerla sentir, porque se ve capaz de seguir aprendiendo, y mucho más de seguir soñando. Porque ya no le teme tanto al gris, ni a la monotonía, ni a los contratiempos; porque sabe que la exigencia es un auto engaño, y la cobardía el efecto más práctico. También que el perdón se presta igual que se quita, que la mirada es la bandera que hondea nuestro corazón.
La niña es feliz porque tiene su vida, y sabe que en ella está la verdad de su cuento, y no empieza con Érase una vez, sino con un, serán muchas las veces.
La niña deja de escribir para leer a otras niñas, otras vidas, otros cuentos.
Navegando por mi nuevo planeta
Sabes que una tarde puede tocarte, advertirte de los soles que están por estrenar, de una lluvia a última hora sin paraguas ni tejado de cartón.
Sabes que una tarde dura tanto como un amor incompleto, al que le faltan las luces para dejar de ser inacabado.
Y sabes que las líneas se fueron del dibujo, y se quedó un folio en blanco, tan blanco que ni tan siquiera ahí puedes explicarlo.
Una tarde no es arena, tampoco la saliva de un sabio. No, una tarde es una pared de letras, la escena efímera de dos ojos y un antes, en el que una tarde sólo eras tú.
Escribo hoy aquí lo que pensé ayer, ayer que era un día soleado y lleno de escenas, cuando también la cama y la ventana eran el mejor mundo para sentir.
Todo empezó el viernes al salir del nuevo trabajo, habíamos quedado para tomar unas cervecitas algunos de los compañeros (ya os hablaré de ellos), a la fiesta se nos unieron una comercial de la empresa y su amiga. Las primeras cañas fueron las típicas de ir restando vergüenza hablando de trabajo, en las segundas, las niñas se animan hablando de niños, y los niños empiezan a aliarse con miras de : ¡mujeres, no hay quién las entienda! ¿por qué van de dos en dos al lavabo? Y yo viviendo la escena como un partido de pin pon. En las terceras sufrimos una baja, Luis, el encargado del almacén y joven padre, tenía que ir a la guardería a por el niño. Las chicas, ganando en mayoría monopolizan la conversación, el tema: los chicos. Que si el último no aguantaba nada, que si mi marido me folla en cuanto me descuido, que si los más guapos son gays... en fin, que Carlos, el Contable dos años mayor que yo y con una semana más en la empresa, se acaba marchando. Y una, que con las cañitas y el sol está animada, sigue atentamente la conversación de las tres niñas. Pero claro, me invitan a participar. Durante dos segundos pienso, ¿y si les digo que soy lesbiana? Si les digo eso, tal vez Almudena (la comercial) se sienta incómoda porque un rato antes pretendía “enseñarnos” la silicona de sus tetas. Porque a Pilar (la secre de toda la vida) la he reído los comentarios sobre el pivón que trabaja en una gasolinera cerca de su casa. Y porque a Marta, alomejor le da yuyu ver a otra que cambió de acera igual que uno de sus novios. Así que me callo y saco de la memoria alguno de mis últimos niños, animando batallitas como si esa guerra fuera también la mía.
Luego fui a casa, había quedado con Vir, desde hacía unas semanas y como parte de su regalo de cumple, pillé unas entradas para la Katarsis del Tomatazo; quería regalarle un momento.
Me di una ducha para desperezarme de las cervezas a sol y sombra, luego llamé a Izti que acababa de salir del trabajo, intercambiamos algunas bromas, y la ilusión contenida en una semana sin vernos.
Vir y yo nos dimos una caminata tremenda, eso por no haberme informado de dónde caía el teatro. De camino me llamó mi primo, que aún sigue en Helsinki, me hizo mucha ilusión, me encantan las llamadas sin motivo. Ya en el teatro, nos quedamos en una terracita que tenían fuera, ideal para la noche casi veraniega de un Madrid con playa urbana. Los actores se empezaron a mezclar con la gente que esperaba, así conocimos a la niña de los espárragos, a Timo, a Maximiliano el taxista que quería hacer un trío, hasta incluso pude charlar con Cupido sobre el amor y su falta de puntería en las flechas.
Decir que la obra es impresionante, genial, muy divertida. Y no sólo por la oportunidad que te dan de lanzar tomates, sino por la capacidad de los actores para cambiar de personaje en un abrir y cerrar de ojos. La puesta en escena increíble, las coreografías, las improvisaciones... en fin, altamente recomendable. Vir y yo nos lo pasamos como enanas, incluso intercambiamos unos cortos besos con la boca de Maximiliano, que ya no era un taxista en busca de putas, sino un gay fuera del armario.
Nos tocó otra larga caminata para buscar el coche, de camino hablé con Izti para quedar en Gran Vía. Después de mil vueltas por el centro (conducir por Madrid requiere paciencia) encontré a la niña esperando. Un beso, una canción, y llevamos a Vir a coger el bus. De ahí nos fuimos a su casa, aprovechamos los semáforos en rojo para besarnos, y la oscuridad de la noche para no decir nada. Me enseñó a sus gatas, su habitación, su cama... puso a Beck, encendió unas velas, y me invitó a una velada de tactos bajo las sábanas. Me gustó sentirla, saborearla, explorarla... descubrir las reacciones de su cuerpo con mis manos, con mi oído, con mis labios. Me gustó su abrazo de después, su corazón latiendo un poco más rápido, su sonrisa agradeciendo el orgasmo. Y así nos quedamos dormidas hasta la mañana siguiente, en la que me regaló un libro de euskera, en la que desayunamos más besos y en la que ninguna prometió un viaje largo.
La invité a comer al chino, nos tomamos un café y hablamos del mundo, de las fronteras, del exceso de gritos y la falta de oídos. De nuestros mundos desconocidos y de una llave que los abre.
Nos despedimos, ella se iba de puente a Barcelona; yo a las cuatro paredes de mi habitación, a lanzar besos al aire, a contarle cuentos al colchón.
Pasé el resto del día sin hacer nada, Anilla me mandó un mensaje para quedar, pero ir a chueca no me convencía mucho, estaba fumada y con el alma cargada de placer. Traté de alquilarme una peli, pero mi videoclub ahora es una tienda de chinos. La mejor opción era dormir.
El domingo quedé con Marta, antes de que viniera llamé a S, hacía unos días que su silencio se rompió con un mensaje, la conversación fue breve, comentamos los últimos cambios, nos preguntamos por nuestro respectivo humor, por nuestros posibles proyectos... hasta me preguntó por la gallega, ¿gallega? Es vasca. ¿No era gallega? ¿Te refieres a la asturiana? ¿Estás con otra? La guaja y yo somos buenas amigas, ¿y la vasca? ¿Izti? Un sol que me encontré una noche. Ah. ¿Qué tal con Marian? Bien. Me quedé flipada. Pensé que lo sabías. No, espero que esta vez os vaya bien. Sí, supongo, te llamo el martes a ver si podemos quedar todas. Un beso. Otro para ti.
Llegó Marta, abrimos unas cervezas, hablamos de nuestras cosas, intercambiamos anécdotas, nos fuimos a pillar unos porros, como en los viejos tiempos, una vez nos pillaron, solo una de cientos, ¿te acuerdas? Que putada tía. Si lo piensas ahora, fue divertido. Esta calada va por ti. Te dedico la mía.
Luego recogí a Vir en su casa, nos esperaba una velada de dvds, a pesar de que ya la había visto, Mi vida sin mí y su exceso de sentimentalismo sumado a “me va a venir la regla”, me sacaron unas cuántas lágrimas. La historia me volvió a parecer bonita, utópica sí, pero con detalles, con mensajes, con una invitación a vivir.
Luego vimos la de Requiem por un sueño, otra que ya había visto, pero que volvió a llenarme el cerebro de excesos. En fin... que las emociones se nos confrontaron de tal manera que nos fuimos a dormir en un estado sobrecogido.
Teóricamente ayer íbamos a quedar para ir a Aranjuez con Lau y Pat, pero Vir y yo optamos por otro día más de aislamiento. Vimos otra peli, hablé con Izti mientras Vir bajó a comprar algo, a la vuelta mi amiga me sorprendía con unas botellitas de vodka y limón, con los espaguetis a la espera de una salsa. Mientras tanto escuché una canción de Amaral que me recordó mucho a bebepop, a lo que sentía justo en el día en el que hubiéramos hecho dos años, el día en el que me picaban los números de un teléfono entre las manos, en el que tan sólo podía hacer eso, mirar, mirar una tarde tras la ventana mientras la canción hablaba de que no quedaban días de verano para borrar del pasado las heridas. Pensé en bebepop, ¿pensaría ella en mí? ¿Recordaría aquel primer beso en el Gris? ¿que una vez nos quisimos durante muchos días?. Yo si lo hice, recordé las veces en las que hicimos el amor, en las que sus ojos brillaban, en la que sus labios le pedían a mi oído una vez más. Y recordé el mismo día de hace un año, en el que fuimos a cenar y una cajita de música se escondió bajo el plato, la misma que quisiste que sonara para las dos, la misma que hoy suena pidiendo perdón.
Vir estuvo atenta para el rescate emocional, después de comer estuvimos filosofando durante un par de horas, volví a inundarme con una sensación de plenitud, por vivir ese preciso instante, por sentir que éramos dos, porque entre nosotras nunca hay mentiras, porque es precioso liberarse frente a unos ojos.
Luego vimos otra peli, concluyendo la media noche con un abrazo en el coche. Ya en casa, con la sola compañía del hachís pensé; en los mensajes que me había mandado la niña de naranja, con la que me hubiera gustado quedar, para ver de qué color son sus nubes, para escucharla hablar de Teo, para traducirnos en un mutuo sonrojo por estar ahí. Pero no pude quedar con ella, estaba demasiado borracha de circunstancias, en uno de esos momentos sensibles y aislados, que no tristes, en los que quizá, lo hubiera dado todo por un abrazo.
También pensé en Izti, que está ahí, en un escalón de mi vida, uno que no es ni alto ni bajo, pensé en su “te echo de menos”, en su corazón rojo, en sus “mi niña” y en la niña que soy, ¿de quién? Soy mía, tan mía que soy de muchas, de pocas, tal vez de ninguna. Tras las caladas me salen nombres, bebepop, S, Izti... y más nombres que no pronuncio, ¿Quién es quién? Un recuerdo de lo que una vez fue. Es cierto, ya no hay días de verano, ya no la quiero en presente. Un amor de los fugaces, un paréntesis en mi cobardía, un acertijo en el corazón. Una niña, una noche, una oportunidad, un sin “hasta cuándo”.
Me vuelvo a permitir un coqueteo con la nostalgia, las vuelvo a ver en mis brazos, donde una vez quise hacerla feliz, donde otra me lo hizo a mí, en el que ahora alguien se abraza. Y son los mismos brazos, las mismas manos que han acariciado sus cuerpos y los de otr@s. Sí, son las mismas manos que se han despedido, las mismas que ahora parecen tenerlos a todos, en un mismo gesto, en un mismo tacto.
Y hoy es martes, hace horas del último porro, de la llamada de Izti, de la charla con Elena y la niña de naranja. Hoy es martes y siento que aún tengo muchas cosas que contarme, porque me falta tiempo para detenerme en mis ganas de andar.
Tengo ganas de escribir, de escribir una verdad tan triste como alegre, que sea tan larga como un sueño, y tan corta como lo que no existe.
Y leo, y me pregunto si esta cantidad de letras han sido capaces de decir algo, de mostrarme como soy sin clasificarme en una frase. Esto es un texto, de los que se escriben a solas, en los que quizá se acaba pecando de nostalgia, porque la nostalgia en voz alta no tiene el mismo sentido. Y uso esto, para decir que en mi vida lo que entra no sale, y que por eso están aquí, todas, todos, mis eternos anónimos y mis presentes desconocidos, porque hoy también ha tenido su tarde, porque hoy también he vuelto a estar alegre, y por qué no, quizá algo triste, porque ambas cosas a la vez significan lo mismo: tú.
Sabes que una tarde dura tanto como un amor incompleto, al que le faltan las luces para dejar de ser inacabado.
Y sabes que las líneas se fueron del dibujo, y se quedó un folio en blanco, tan blanco que ni tan siquiera ahí puedes explicarlo.
Una tarde no es arena, tampoco la saliva de un sabio. No, una tarde es una pared de letras, la escena efímera de dos ojos y un antes, en el que una tarde sólo eras tú.
Escribo hoy aquí lo que pensé ayer, ayer que era un día soleado y lleno de escenas, cuando también la cama y la ventana eran el mejor mundo para sentir.
Todo empezó el viernes al salir del nuevo trabajo, habíamos quedado para tomar unas cervecitas algunos de los compañeros (ya os hablaré de ellos), a la fiesta se nos unieron una comercial de la empresa y su amiga. Las primeras cañas fueron las típicas de ir restando vergüenza hablando de trabajo, en las segundas, las niñas se animan hablando de niños, y los niños empiezan a aliarse con miras de : ¡mujeres, no hay quién las entienda! ¿por qué van de dos en dos al lavabo? Y yo viviendo la escena como un partido de pin pon. En las terceras sufrimos una baja, Luis, el encargado del almacén y joven padre, tenía que ir a la guardería a por el niño. Las chicas, ganando en mayoría monopolizan la conversación, el tema: los chicos. Que si el último no aguantaba nada, que si mi marido me folla en cuanto me descuido, que si los más guapos son gays... en fin, que Carlos, el Contable dos años mayor que yo y con una semana más en la empresa, se acaba marchando. Y una, que con las cañitas y el sol está animada, sigue atentamente la conversación de las tres niñas. Pero claro, me invitan a participar. Durante dos segundos pienso, ¿y si les digo que soy lesbiana? Si les digo eso, tal vez Almudena (la comercial) se sienta incómoda porque un rato antes pretendía “enseñarnos” la silicona de sus tetas. Porque a Pilar (la secre de toda la vida) la he reído los comentarios sobre el pivón que trabaja en una gasolinera cerca de su casa. Y porque a Marta, alomejor le da yuyu ver a otra que cambió de acera igual que uno de sus novios. Así que me callo y saco de la memoria alguno de mis últimos niños, animando batallitas como si esa guerra fuera también la mía.
Luego fui a casa, había quedado con Vir, desde hacía unas semanas y como parte de su regalo de cumple, pillé unas entradas para la Katarsis del Tomatazo; quería regalarle un momento.
Me di una ducha para desperezarme de las cervezas a sol y sombra, luego llamé a Izti que acababa de salir del trabajo, intercambiamos algunas bromas, y la ilusión contenida en una semana sin vernos.
Vir y yo nos dimos una caminata tremenda, eso por no haberme informado de dónde caía el teatro. De camino me llamó mi primo, que aún sigue en Helsinki, me hizo mucha ilusión, me encantan las llamadas sin motivo. Ya en el teatro, nos quedamos en una terracita que tenían fuera, ideal para la noche casi veraniega de un Madrid con playa urbana. Los actores se empezaron a mezclar con la gente que esperaba, así conocimos a la niña de los espárragos, a Timo, a Maximiliano el taxista que quería hacer un trío, hasta incluso pude charlar con Cupido sobre el amor y su falta de puntería en las flechas.
Decir que la obra es impresionante, genial, muy divertida. Y no sólo por la oportunidad que te dan de lanzar tomates, sino por la capacidad de los actores para cambiar de personaje en un abrir y cerrar de ojos. La puesta en escena increíble, las coreografías, las improvisaciones... en fin, altamente recomendable. Vir y yo nos lo pasamos como enanas, incluso intercambiamos unos cortos besos con la boca de Maximiliano, que ya no era un taxista en busca de putas, sino un gay fuera del armario.
Nos tocó otra larga caminata para buscar el coche, de camino hablé con Izti para quedar en Gran Vía. Después de mil vueltas por el centro (conducir por Madrid requiere paciencia) encontré a la niña esperando. Un beso, una canción, y llevamos a Vir a coger el bus. De ahí nos fuimos a su casa, aprovechamos los semáforos en rojo para besarnos, y la oscuridad de la noche para no decir nada. Me enseñó a sus gatas, su habitación, su cama... puso a Beck, encendió unas velas, y me invitó a una velada de tactos bajo las sábanas. Me gustó sentirla, saborearla, explorarla... descubrir las reacciones de su cuerpo con mis manos, con mi oído, con mis labios. Me gustó su abrazo de después, su corazón latiendo un poco más rápido, su sonrisa agradeciendo el orgasmo. Y así nos quedamos dormidas hasta la mañana siguiente, en la que me regaló un libro de euskera, en la que desayunamos más besos y en la que ninguna prometió un viaje largo.
La invité a comer al chino, nos tomamos un café y hablamos del mundo, de las fronteras, del exceso de gritos y la falta de oídos. De nuestros mundos desconocidos y de una llave que los abre.
Nos despedimos, ella se iba de puente a Barcelona; yo a las cuatro paredes de mi habitación, a lanzar besos al aire, a contarle cuentos al colchón.
Pasé el resto del día sin hacer nada, Anilla me mandó un mensaje para quedar, pero ir a chueca no me convencía mucho, estaba fumada y con el alma cargada de placer. Traté de alquilarme una peli, pero mi videoclub ahora es una tienda de chinos. La mejor opción era dormir.
El domingo quedé con Marta, antes de que viniera llamé a S, hacía unos días que su silencio se rompió con un mensaje, la conversación fue breve, comentamos los últimos cambios, nos preguntamos por nuestro respectivo humor, por nuestros posibles proyectos... hasta me preguntó por la gallega, ¿gallega? Es vasca. ¿No era gallega? ¿Te refieres a la asturiana? ¿Estás con otra? La guaja y yo somos buenas amigas, ¿y la vasca? ¿Izti? Un sol que me encontré una noche. Ah. ¿Qué tal con Marian? Bien. Me quedé flipada. Pensé que lo sabías. No, espero que esta vez os vaya bien. Sí, supongo, te llamo el martes a ver si podemos quedar todas. Un beso. Otro para ti.
Llegó Marta, abrimos unas cervezas, hablamos de nuestras cosas, intercambiamos anécdotas, nos fuimos a pillar unos porros, como en los viejos tiempos, una vez nos pillaron, solo una de cientos, ¿te acuerdas? Que putada tía. Si lo piensas ahora, fue divertido. Esta calada va por ti. Te dedico la mía.
Luego recogí a Vir en su casa, nos esperaba una velada de dvds, a pesar de que ya la había visto, Mi vida sin mí y su exceso de sentimentalismo sumado a “me va a venir la regla”, me sacaron unas cuántas lágrimas. La historia me volvió a parecer bonita, utópica sí, pero con detalles, con mensajes, con una invitación a vivir.
Luego vimos la de Requiem por un sueño, otra que ya había visto, pero que volvió a llenarme el cerebro de excesos. En fin... que las emociones se nos confrontaron de tal manera que nos fuimos a dormir en un estado sobrecogido.
Teóricamente ayer íbamos a quedar para ir a Aranjuez con Lau y Pat, pero Vir y yo optamos por otro día más de aislamiento. Vimos otra peli, hablé con Izti mientras Vir bajó a comprar algo, a la vuelta mi amiga me sorprendía con unas botellitas de vodka y limón, con los espaguetis a la espera de una salsa. Mientras tanto escuché una canción de Amaral que me recordó mucho a bebepop, a lo que sentía justo en el día en el que hubiéramos hecho dos años, el día en el que me picaban los números de un teléfono entre las manos, en el que tan sólo podía hacer eso, mirar, mirar una tarde tras la ventana mientras la canción hablaba de que no quedaban días de verano para borrar del pasado las heridas. Pensé en bebepop, ¿pensaría ella en mí? ¿Recordaría aquel primer beso en el Gris? ¿que una vez nos quisimos durante muchos días?. Yo si lo hice, recordé las veces en las que hicimos el amor, en las que sus ojos brillaban, en la que sus labios le pedían a mi oído una vez más. Y recordé el mismo día de hace un año, en el que fuimos a cenar y una cajita de música se escondió bajo el plato, la misma que quisiste que sonara para las dos, la misma que hoy suena pidiendo perdón.
Vir estuvo atenta para el rescate emocional, después de comer estuvimos filosofando durante un par de horas, volví a inundarme con una sensación de plenitud, por vivir ese preciso instante, por sentir que éramos dos, porque entre nosotras nunca hay mentiras, porque es precioso liberarse frente a unos ojos.
Luego vimos otra peli, concluyendo la media noche con un abrazo en el coche. Ya en casa, con la sola compañía del hachís pensé; en los mensajes que me había mandado la niña de naranja, con la que me hubiera gustado quedar, para ver de qué color son sus nubes, para escucharla hablar de Teo, para traducirnos en un mutuo sonrojo por estar ahí. Pero no pude quedar con ella, estaba demasiado borracha de circunstancias, en uno de esos momentos sensibles y aislados, que no tristes, en los que quizá, lo hubiera dado todo por un abrazo.
También pensé en Izti, que está ahí, en un escalón de mi vida, uno que no es ni alto ni bajo, pensé en su “te echo de menos”, en su corazón rojo, en sus “mi niña” y en la niña que soy, ¿de quién? Soy mía, tan mía que soy de muchas, de pocas, tal vez de ninguna. Tras las caladas me salen nombres, bebepop, S, Izti... y más nombres que no pronuncio, ¿Quién es quién? Un recuerdo de lo que una vez fue. Es cierto, ya no hay días de verano, ya no la quiero en presente. Un amor de los fugaces, un paréntesis en mi cobardía, un acertijo en el corazón. Una niña, una noche, una oportunidad, un sin “hasta cuándo”.
Me vuelvo a permitir un coqueteo con la nostalgia, las vuelvo a ver en mis brazos, donde una vez quise hacerla feliz, donde otra me lo hizo a mí, en el que ahora alguien se abraza. Y son los mismos brazos, las mismas manos que han acariciado sus cuerpos y los de otr@s. Sí, son las mismas manos que se han despedido, las mismas que ahora parecen tenerlos a todos, en un mismo gesto, en un mismo tacto.
Y hoy es martes, hace horas del último porro, de la llamada de Izti, de la charla con Elena y la niña de naranja. Hoy es martes y siento que aún tengo muchas cosas que contarme, porque me falta tiempo para detenerme en mis ganas de andar.
Tengo ganas de escribir, de escribir una verdad tan triste como alegre, que sea tan larga como un sueño, y tan corta como lo que no existe.
Y leo, y me pregunto si esta cantidad de letras han sido capaces de decir algo, de mostrarme como soy sin clasificarme en una frase. Esto es un texto, de los que se escriben a solas, en los que quizá se acaba pecando de nostalgia, porque la nostalgia en voz alta no tiene el mismo sentido. Y uso esto, para decir que en mi vida lo que entra no sale, y que por eso están aquí, todas, todos, mis eternos anónimos y mis presentes desconocidos, porque hoy también ha tenido su tarde, porque hoy también he vuelto a estar alegre, y por qué no, quizá algo triste, porque ambas cosas a la vez significan lo mismo: tú.