Como tú quieras
¿Alguien se acuerda de las caligrafías Micho? Aquéllas en las que un pequeño gato...
A veces pregunto y me dicen que no. Yo sí me acuerdo, eran de un pequeño gato que...
Pero nada más.
Me pregunto dónde estará Micho, y sus vocales en las que todo lo que sucedía acababa por ser una historia feliz.
Yo ya no creo en las historias felices; en ésas que dicen que sólo con querer... querer sólo sirve para intentarlo.
Estoy afónica de hablar sola, de contarme que nada es lo que era ni será algún día como fue. Quizá seca, de tanto repetirme que cuando llegue el momento podré librarme de éste cínico equipaje.
Es inevitable darse cuenta de que los colores colorean, y que no sirven para arreglar vidas; como mucho para pintar las paredes, y con ellas las escenas que suceden. Pero nada más, no reparan errores ni camuflan las mentiras. No abren puertas por las que volver.
Hace unas semanas que cumplí un año que ya había celebrado; el anterior, cuando al soplar las velas pedí que todo fuera así.
Desde hace unos meses no duermo sola.
Hoy vuelvo a escribir.
No de amor en letras rojas; no de metas que esperan su turno. Ni tampoco de euforias que se ponen tristes si los planes cambian.
Quiero volar por una vez en algo que no sea el cielo, sólo para decir que a veces uno puede dejar de ser quién era.
Podría contar del uno al diez y en el siete sentirme cansada; porque las historias pesan y ya no sé hacerlas volar. No ya no, sólo algunas, las que no tienen voz que las quite lo único que las hace libres; su silencio.
¿Qué pensaría Micho de todo esto? En sus renglones siempre había un sol al lado de una nube que nunca se volvía gris.
A veces pasa eso, que todo es azul para que estés contenta.
Mis palabras ya no son mías, son sólo de mi voz, tal vez porque el corazón me escuece cuando me olvido de todo.
Ya no sé lo que es estar bien o estar mal, ni distinguir entre el más y el menos; tal vez porque ya no necesito medir la altura de mis sueños con las cantidades de otros.
Sé que aún creo en algo, pequeño y distraído, capaz de sanar las malas hierbas de mi patio.
Y no contaré hasta diez sino hasta cinco.
Como los sentidos.
Como los lobitos que tenía la loba detrás de su escoba.
Querido Micho:
Nos volveremos a encontrar.
A veces pregunto y me dicen que no. Yo sí me acuerdo, eran de un pequeño gato que...
Pero nada más.
Me pregunto dónde estará Micho, y sus vocales en las que todo lo que sucedía acababa por ser una historia feliz.
Yo ya no creo en las historias felices; en ésas que dicen que sólo con querer... querer sólo sirve para intentarlo.
Estoy afónica de hablar sola, de contarme que nada es lo que era ni será algún día como fue. Quizá seca, de tanto repetirme que cuando llegue el momento podré librarme de éste cínico equipaje.
Es inevitable darse cuenta de que los colores colorean, y que no sirven para arreglar vidas; como mucho para pintar las paredes, y con ellas las escenas que suceden. Pero nada más, no reparan errores ni camuflan las mentiras. No abren puertas por las que volver.
Hace unas semanas que cumplí un año que ya había celebrado; el anterior, cuando al soplar las velas pedí que todo fuera así.
Desde hace unos meses no duermo sola.
Hoy vuelvo a escribir.
No de amor en letras rojas; no de metas que esperan su turno. Ni tampoco de euforias que se ponen tristes si los planes cambian.
Quiero volar por una vez en algo que no sea el cielo, sólo para decir que a veces uno puede dejar de ser quién era.
Podría contar del uno al diez y en el siete sentirme cansada; porque las historias pesan y ya no sé hacerlas volar. No ya no, sólo algunas, las que no tienen voz que las quite lo único que las hace libres; su silencio.
¿Qué pensaría Micho de todo esto? En sus renglones siempre había un sol al lado de una nube que nunca se volvía gris.
A veces pasa eso, que todo es azul para que estés contenta.
Mis palabras ya no son mías, son sólo de mi voz, tal vez porque el corazón me escuece cuando me olvido de todo.
Ya no sé lo que es estar bien o estar mal, ni distinguir entre el más y el menos; tal vez porque ya no necesito medir la altura de mis sueños con las cantidades de otros.
Sé que aún creo en algo, pequeño y distraído, capaz de sanar las malas hierbas de mi patio.
Y no contaré hasta diez sino hasta cinco.
Como los sentidos.
Como los lobitos que tenía la loba detrás de su escoba.
Querido Micho:
Nos volveremos a encontrar.