Diario de un lacasito
Sobre lacasitos, piruletas y otras cosas que suceden con la lengua :P
Acerca de
Erase una vez un lacasito...
Sindicación
 
Sones
El calor pesa, como las bolsas de la compra, como las mudanzas.
Las paredes son moradas, y poco a poco se van pareciendo a sí mismas, como si ya hubieran existido en un pensamiento y fuera éste el que las trajo hasta aquí.

Una vez más he llegado cansada, el trabajo a veces (o muchas) es un sinsabor que pesa, y que agota con su monotemática existencia. Debería planchar, pero prefiero escuchar a Los Panchos e imaginar que uno de sus boleros habla de hoy, de ése día que nunca se acaba, porque si tú me dices ven...
Estoy sola,
algo extraño ya que tres es un número que basta para llenar algo, Ana creo que está en clase, y “la Rakel” (que ya no es “la Rakel” sino Raquel) a ver a su madre. Así que sólo tengo la música y las dos flores amarillas que sobresalen de un vaso, sibaritas de plástico que contrastan con la mesa azul.

Te estoy viendo, dudosa en tu aparente inmovilidad, como si supieras que me cuesta mirarte. Aún eres más hábil que yo y te vales con cerrar los ojos, entonces me jodes, porque me vuelves a dejar muda y gritando a voces.

Ya no suenan los Panchos, Pastora habla de un niño silvestre y me imagino un árbol, con las ramas esparcidas de puntos-hoja que inventan un nuevo paisaje, en el que la luna está pariendo estrellas y de éstas nacen soles.
Me apetece creémerlo ¿por qué no? no tengo nada mejor que hacer y se me ocurre que así, en el fondo, te estoy jodiendo a ti.
Con estos renglones, con Beck que ahora hace que la habitación baile sin pisar los susurros.

Me pesa el agua en la boca,
la vida en el pecho es un corazón.
 
Trapos
No siempre se puede escribir, ni decir quién eres en la abajo firmante esquina de un papel.
No siempre vale el momento elegido, y elegir no es el fin de aquello por lo que te decidiste.
Hoy me huele a desodorante, quizá el de algún vecino que bajó contento a comprar el pan y quiso celebrar que hacía sol con el gas de un frasco.
Yo estoy en pijama, y podría decir que ni tan siquiera me he lavado la cara, después de darle un repasito al salón (salpicándome los pies con friegasuelos para madera) he decidido venir hasta aquí, a mirar lo que el blanco de esta hoja me lleva callando tanto tiempo. Quizá hoy sea más de lo mismo, y no salgas quedándote ahí dentro, suspendida en tu condición de palabra, siendo cruel con mis ganas de hablar.
Lo intento, quitarme el polvo de los días ciertos, que sabían que lo que escribía quedaría dicho para siempre. Lo hago, aquí, ahora, cuando digo, otra vez.
Es diferente, la habitación es diferente, y la ventana, y lo que hay fuera y dentro de aquí, de esta nueva casa, de este otro rincón de la ciudad, donde ahora vivo.

Escucho Tiza mientras canturreo >> por un beso tuyo, contigo me voy>>, no me concentro y sé que esta noche hay sueño.
Ya sólo huele a aire.
Fue otro día que se me escapó...