Lunes... bonito lunes.
Aquí estamos, comenzando la semana con una sonrisa grande, tan grande que me da a pensar que de seguir así, acabará por no entrarme en la cara.
Esta vez mi alegría tiene una razón que la satisface, un nombre, una cara, unos labios, un olor, unos besos, unas manos... mi alegría tiene un conjunto que le crea sinfonías tan intensas, que aunque me tapara los oídos, no dejaría de escucharlas.
Es ella, la misma niña que me sorprende y atrapa, la que me emociona y saca a la luz mi lado más sencillo y dulce, mi faceta más insegura e inocente. Es ella, por la que ahora mismo sonrío, por la que anoche me agarré con fuerza a la almohada, por la que dejo escapar mi espacio con la única intención de retener cada instante de los que hemos compartido.
El viernes disfruté de un simpático concierto de Andy Changó, atrevido y singular, original desde el principio. Con Vir y L los aplausos me supieron mejor y las risas fueron más extensas, una noche para envidiar los días aburridos, para inventarse una canción que tararear borracha.
Con el sábado su llamada, con su llamada una propuesta, irnos las dos solas a pasar una bonita noche con su bonita mañana al Escorial, se había encargado de organizarlo todo, acceder ha sido lo mejor que he hecho en mucho tiempo, era el plan que más me apetecía, el que no me hubiera atrevido a proponer. Lo mejor de todo es que no hay calificativo capaz de explicar lo bien que me he sentido, con aquella improvisada cena, con nuestra charla porro en mano sobre la cama, con la timidez con la que poco a poco nos fuimos juntando, con... con todo el corazón encerrado en la 305.
Esta vez mi alegría tiene una razón que la satisface, un nombre, una cara, unos labios, un olor, unos besos, unas manos... mi alegría tiene un conjunto que le crea sinfonías tan intensas, que aunque me tapara los oídos, no dejaría de escucharlas.
Es ella, la misma niña que me sorprende y atrapa, la que me emociona y saca a la luz mi lado más sencillo y dulce, mi faceta más insegura e inocente. Es ella, por la que ahora mismo sonrío, por la que anoche me agarré con fuerza a la almohada, por la que dejo escapar mi espacio con la única intención de retener cada instante de los que hemos compartido.
El viernes disfruté de un simpático concierto de Andy Changó, atrevido y singular, original desde el principio. Con Vir y L los aplausos me supieron mejor y las risas fueron más extensas, una noche para envidiar los días aburridos, para inventarse una canción que tararear borracha.
Con el sábado su llamada, con su llamada una propuesta, irnos las dos solas a pasar una bonita noche con su bonita mañana al Escorial, se había encargado de organizarlo todo, acceder ha sido lo mejor que he hecho en mucho tiempo, era el plan que más me apetecía, el que no me hubiera atrevido a proponer. Lo mejor de todo es que no hay calificativo capaz de explicar lo bien que me he sentido, con aquella improvisada cena, con nuestra charla porro en mano sobre la cama, con la timidez con la que poco a poco nos fuimos juntando, con... con todo el corazón encerrado en la 305.