Sumas y restas
Un bostezo, dos bostezos, tres bostezos... si me pusiera a contarlos todos necesitaría más de una hoja, y de dos también. Irremediablemente me muero de sueño, o me vivo de él. Al margen, hoy es un día que también ha amanecido alegre. El fin de semana se me antojó especial, el viernes bebepop inauguró su garito, el Espiral Pop por si alguien pasa por la madrileña calle de San Andrés en Malasaña; obviamente ni S ni yo estábamos invitadas, nosotras también inauguramos algo, o reinauguramos más bien, ese sentimiento que nos hace cada día más cómplices y que me sumerge en un estado de conciliación conmigo misma: me he atrevido, esto es así.
Alquilé dos películas que no vimos, bebimos de la misma botella en diferentes vasos, y sí, brindamos, tal vez no paramos de hacerlo en toda la noche, o sí, sí que paramos, cuando el reloj decidió despertarnos de nuestra intensidad onírica. Pero quedamos en que el día siguiente volvería a ser para soñar.
El sábado salí de casa temprano, fuera un día espléndido lejos de parecer Enero, me encantan las mañanas con sol, y las tardes con sol, y las noches con sol, el sábado Lorenzo pactó conmigo 24 horas de presencia. Fui a la peluquería, cortarme el pelo me aclara las ideas, o en su defecto las deja caer a la espera de que la gravedad las dé un lugar. Me han dejado un flequillo travieso, para que me lo despeine ella – pensé. Sé que a bebepop también le hubiera gustado, - pero qué pequeña eres Amelie – me diría, y yo hubiera puesto mi cara de bebé con mokitos y le hubiera sonreído. Pero no fue así, y nunca volverá a ser así. Tal vez aún me cueste frenar ese tipo de recuerdos, ¿pero para qué frenar las cosas que han sido aunque ya no sean?. Quedé con mi prima y sus amigas, hicimos una excursión en grupo por el Carrefour, nunca me había costado tanto encontrar un bote de aceitunas. En un apartamento de Usera comimos pizza y hablamos en inglés, Maurizzio cocinó para nosotros, Alberto me dejó sacar de un bote el verde que me gusta, el que se puede fumar aquí y allí también. Tomamos café, y también comimos tarta con mermelada casera, era de una vecina, de la abuela de, de un pueblo en el que nunca he estado.
Miré el reloj hasta que a las manecillas no les quedó más remedio que marcar la hora que esperaba; la vi apoyada en la pared, con esa falda que hace de sus piernas la lujuria, con algo de pelo jugando en una horquilla. Montamos en el coche, la Gran Vía volvía a parecerme distinta; su mismo tráfico, luces y gente ya no eran iguales, nunca lo han sido; conducí de otra manera, como si fuera la primera de la última vez, como cuando te despides tras una puerta pensando en que un día u otro la volverás a abrir, lo has hecho tantas veces...
Nos perdimos en la carretera que era una noche, que también eran farolas y señales que no quisimos ver; pero reímos, ¿para qué la prisa si tienes el momento? Al final llegamos a casa de P, A apareció con el pelo mojado y una sonrisa de esas que te preguntan, le contesté que sentirse era mejor que estar bien.
Horas, palabras, tragos, caladas, risas, silencios... tic... ahora tac... una cama, una ventana, una persiana, unas sabanas, ahora somos dos... ahora... somos... una.
Recomendación: ver la peli de Astronautas
Alquilé dos películas que no vimos, bebimos de la misma botella en diferentes vasos, y sí, brindamos, tal vez no paramos de hacerlo en toda la noche, o sí, sí que paramos, cuando el reloj decidió despertarnos de nuestra intensidad onírica. Pero quedamos en que el día siguiente volvería a ser para soñar.
El sábado salí de casa temprano, fuera un día espléndido lejos de parecer Enero, me encantan las mañanas con sol, y las tardes con sol, y las noches con sol, el sábado Lorenzo pactó conmigo 24 horas de presencia. Fui a la peluquería, cortarme el pelo me aclara las ideas, o en su defecto las deja caer a la espera de que la gravedad las dé un lugar. Me han dejado un flequillo travieso, para que me lo despeine ella – pensé. Sé que a bebepop también le hubiera gustado, - pero qué pequeña eres Amelie – me diría, y yo hubiera puesto mi cara de bebé con mokitos y le hubiera sonreído. Pero no fue así, y nunca volverá a ser así. Tal vez aún me cueste frenar ese tipo de recuerdos, ¿pero para qué frenar las cosas que han sido aunque ya no sean?. Quedé con mi prima y sus amigas, hicimos una excursión en grupo por el Carrefour, nunca me había costado tanto encontrar un bote de aceitunas. En un apartamento de Usera comimos pizza y hablamos en inglés, Maurizzio cocinó para nosotros, Alberto me dejó sacar de un bote el verde que me gusta, el que se puede fumar aquí y allí también. Tomamos café, y también comimos tarta con mermelada casera, era de una vecina, de la abuela de, de un pueblo en el que nunca he estado.
Miré el reloj hasta que a las manecillas no les quedó más remedio que marcar la hora que esperaba; la vi apoyada en la pared, con esa falda que hace de sus piernas la lujuria, con algo de pelo jugando en una horquilla. Montamos en el coche, la Gran Vía volvía a parecerme distinta; su mismo tráfico, luces y gente ya no eran iguales, nunca lo han sido; conducí de otra manera, como si fuera la primera de la última vez, como cuando te despides tras una puerta pensando en que un día u otro la volverás a abrir, lo has hecho tantas veces...
Nos perdimos en la carretera que era una noche, que también eran farolas y señales que no quisimos ver; pero reímos, ¿para qué la prisa si tienes el momento? Al final llegamos a casa de P, A apareció con el pelo mojado y una sonrisa de esas que te preguntan, le contesté que sentirse era mejor que estar bien.
Horas, palabras, tragos, caladas, risas, silencios... tic... ahora tac... una cama, una ventana, una persiana, unas sabanas, ahora somos dos... ahora... somos... una.
Recomendación: ver la peli de Astronautas
Comentario:
Leer tus articulos es como leer cuentos de hadas...gracias por hacerme disfrutar tanto con tus palabras.
Besotes.
Besotes.