Y hoy llueve
Tengo una colección de gotas impresas en el cristal, un escaparate cristalino de agua y nubes para un lunes sin sombrero. Los bolsillos están vacíos pero tengo un puñado de pipas, un mechero y una cajetilla llena de cigarros; mi garganta no deja de ser un acantilado de vocales que quieren salida.
Acabo de leer lo último que escribí, tengo que reírme por ello, por ése torpe egoísmo que se asusta cuando ve caer una hoja al suelo, por el temor que le produce pensar que tal vez esa hoja sea suya, por el pavor que le produce verla sucia.
Sí, soy bufón de mi cobardía, participo en el circo de los corazones torpes, soy equilibrista de la duda, la que imagina preguntas, la que agarra la mal pensada idea de la coraza.
No me hagas caso, mejor ríe, así mi mueca de niña mohína se convierte en moraleja.
Me gustas, mucho/tanto/demasiado, que no hay adverbio, ni cabida, ni número contable ni finito palpable; me gustas, y la luz es vereda y la vereda una estrella, y entonces salto, y cuando salto no me caigo, y mis rodillas se vuelven cielo y mis manos cometa, y es entonces cuando me enredo entre tus dedos y no quiero bajar. No, no quiero bajar, no quiero suelo, ni arena, ni colillas húmedas ni charcos en la acera.
No me hagas caso, mejor ríe, así mis labios se divierten con el paisaje de tu sonrisa, así tus ojos y los míos se encuentran, y hacemos de rabiar a nuestros cuerpos, y la piel se convierte en un océano y el deseo en olas, entonces me soplas al oído y yo chapoteo, entonces el agua se evapora, entonces las nubes se emocionan, y es así como llega hasta aquí una colección de gotas impresas en el cristal, un escaparate cristalino que me hace quitarme el sombrero.
Acabo de leer lo último que escribí, tengo que reírme por ello, por ése torpe egoísmo que se asusta cuando ve caer una hoja al suelo, por el temor que le produce pensar que tal vez esa hoja sea suya, por el pavor que le produce verla sucia.
Sí, soy bufón de mi cobardía, participo en el circo de los corazones torpes, soy equilibrista de la duda, la que imagina preguntas, la que agarra la mal pensada idea de la coraza.
No me hagas caso, mejor ríe, así mi mueca de niña mohína se convierte en moraleja.
Me gustas, mucho/tanto/demasiado, que no hay adverbio, ni cabida, ni número contable ni finito palpable; me gustas, y la luz es vereda y la vereda una estrella, y entonces salto, y cuando salto no me caigo, y mis rodillas se vuelven cielo y mis manos cometa, y es entonces cuando me enredo entre tus dedos y no quiero bajar. No, no quiero bajar, no quiero suelo, ni arena, ni colillas húmedas ni charcos en la acera.
No me hagas caso, mejor ríe, así mis labios se divierten con el paisaje de tu sonrisa, así tus ojos y los míos se encuentran, y hacemos de rabiar a nuestros cuerpos, y la piel se convierte en un océano y el deseo en olas, entonces me soplas al oído y yo chapoteo, entonces el agua se evapora, entonces las nubes se emocionan, y es así como llega hasta aquí una colección de gotas impresas en el cristal, un escaparate cristalino que me hace quitarme el sombrero.