Sin cadenas ni bozales
Soy una persona libre, y no porque la libertad dependa exclusivamente de estar o no con alguien; digo que soy libre porque por primera vez en mi vida le he echado un par y me he enfrentado a mis propios miedos. Al miedo de hablar claro, al miedo que me dan los finales, al miedo de aceptar que las cosas no han salido como pensaba.
Ayer la llamé, tenía pensado esperar hasta que ella diera el paso, pero me di cuenta que esa actitud almacenaba cierto orgullo, y detesto el exceso de ego, y detesto estar a expensas de que alguien me diga por donde debo continuar. No quiero cometer los mismos errores.
No fui a clase, me dediqué unas horas a mí misma, sentía que me las debía, después de una super merienda vitaminante y una cocacola (siempre con dos hielos y medio limón) cogí el teléfono. En realidad estaba un poco acojonada y antes de marcar el último número me volví a preguntar si estaba segura de lo que iba a hacer. Un segundo fue suficiente para que la respuesta esperara los pitidos oportunos para decir que hasta aquí habíamos llegado. Su voz en un principio era una mezcla de sorpresa, tal vez porque pensaba que le iba a pedir una oportunidad. Tengo que reconocer que ni yo me lo creía, jamás había hablado con tanta serenidad cuando me estaba despidiendo de alguien. Le dije todo lo que pensaba, que lo nuestro no tenía sentido, que no estábamos en el mismo escalón y que no iba a aceptar empujones para lograrlo, que lo que me gustaba de esta historia se había desvanecido por lo que inevitablemente había dejado de creer en ella, que no me arrepentía de nada, que gracias a ella había aprendido muchas cosas, que me había dado cuenta de que me estaba perdiendo a mí misma y que no lo podía consentir, que no estaba huyendo de ella que tan sólo me enfrentaba a una realidad. Le dije que habíamos pasado de vivir algo bonito a entrar en una especie de telenovela, y que jamás iba a consentir que mis sentimientos se vieran envueltos en procesos mecánicos, en teorías, en soluciones milagrosas, que era mejor que nos olvidáramos de todo en este mismo momento, antes de corromperlo con exigencias, que no teníamos una base que nos permitiera cambiar nuestra forma de ver la vida. Le dije que obviamente en todo esto había una parte que se sentía triste, pero que no era momento para detenerse en ella, que tenía muchas cosas por hacer, y que me había dado cuenta que vivir sin corazas y luchar por lo que se siente, son de las mejores cosas que nos ofrece la vida. Me dijo que estaba de acuerdo conmigo, que no quería perderme del todo, que podíamos ser amigas, que ella tampoco se arrepentía de nada, que la llamara cuando quisiera... sé que no me lo dijo todo, sé que faltaba algo, de todas formas es mejor que lo dejáramos así.
Y sí, seremos amigas, volveremos al lugar que nos corresponde, no es plan de representar otro drama, pero todo tiene un proceso.
Fueron 20 minutos en los que me sentí fuerte, hasta feliz, a pesar de estar despidiéndome de alguien de quien me estaba a punto de enamorar; ayer me sentí libre, porque me había dado la oportunidad de arriesgarme, de vivir, de perder, de aceptar, de serme fiel. He sentido cosas maravillosas, me he dado cuenta de que lo que quiero está ahí fuera, que existe, que tengo que luchar por ello, que no tengo que negarlo, que siempre habrá motivos por los que mirar, y que en el fondo mi corazón no está vacío, está lleno de muchas cosas, de muchas personas, y que no importa que algunas se hayan ido; siempre, siempre estarán ahí, sólo por el hecho de haberlas sentido.
Ayer la llamé, tenía pensado esperar hasta que ella diera el paso, pero me di cuenta que esa actitud almacenaba cierto orgullo, y detesto el exceso de ego, y detesto estar a expensas de que alguien me diga por donde debo continuar. No quiero cometer los mismos errores.
No fui a clase, me dediqué unas horas a mí misma, sentía que me las debía, después de una super merienda vitaminante y una cocacola (siempre con dos hielos y medio limón) cogí el teléfono. En realidad estaba un poco acojonada y antes de marcar el último número me volví a preguntar si estaba segura de lo que iba a hacer. Un segundo fue suficiente para que la respuesta esperara los pitidos oportunos para decir que hasta aquí habíamos llegado. Su voz en un principio era una mezcla de sorpresa, tal vez porque pensaba que le iba a pedir una oportunidad. Tengo que reconocer que ni yo me lo creía, jamás había hablado con tanta serenidad cuando me estaba despidiendo de alguien. Le dije todo lo que pensaba, que lo nuestro no tenía sentido, que no estábamos en el mismo escalón y que no iba a aceptar empujones para lograrlo, que lo que me gustaba de esta historia se había desvanecido por lo que inevitablemente había dejado de creer en ella, que no me arrepentía de nada, que gracias a ella había aprendido muchas cosas, que me había dado cuenta de que me estaba perdiendo a mí misma y que no lo podía consentir, que no estaba huyendo de ella que tan sólo me enfrentaba a una realidad. Le dije que habíamos pasado de vivir algo bonito a entrar en una especie de telenovela, y que jamás iba a consentir que mis sentimientos se vieran envueltos en procesos mecánicos, en teorías, en soluciones milagrosas, que era mejor que nos olvidáramos de todo en este mismo momento, antes de corromperlo con exigencias, que no teníamos una base que nos permitiera cambiar nuestra forma de ver la vida. Le dije que obviamente en todo esto había una parte que se sentía triste, pero que no era momento para detenerse en ella, que tenía muchas cosas por hacer, y que me había dado cuenta que vivir sin corazas y luchar por lo que se siente, son de las mejores cosas que nos ofrece la vida. Me dijo que estaba de acuerdo conmigo, que no quería perderme del todo, que podíamos ser amigas, que ella tampoco se arrepentía de nada, que la llamara cuando quisiera... sé que no me lo dijo todo, sé que faltaba algo, de todas formas es mejor que lo dejáramos así.
Y sí, seremos amigas, volveremos al lugar que nos corresponde, no es plan de representar otro drama, pero todo tiene un proceso.
Fueron 20 minutos en los que me sentí fuerte, hasta feliz, a pesar de estar despidiéndome de alguien de quien me estaba a punto de enamorar; ayer me sentí libre, porque me había dado la oportunidad de arriesgarme, de vivir, de perder, de aceptar, de serme fiel. He sentido cosas maravillosas, me he dado cuenta de que lo que quiero está ahí fuera, que existe, que tengo que luchar por ello, que no tengo que negarlo, que siempre habrá motivos por los que mirar, y que en el fondo mi corazón no está vacío, está lleno de muchas cosas, de muchas personas, y que no importa que algunas se hayan ido; siempre, siempre estarán ahí, sólo por el hecho de haberlas sentido.
Comentario:
dios! si fuera tu amiga, me hiría contigo a tomarme una cerbeza y fumarme un porro ahora mismo!
Comentario:
Vaya rubia..hace mucho q no hablamos... Me he kedado un poko atonita al leer esto...creo q ese paso te hace ser mas fuerte... Un besote