Diario de un lacasito
Sobre lacasitos, piruletas y otras cosas que suceden con la lengua :P
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Erase una vez un lacasito...
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Tenías razón al decir que son muchas las cosas que se quedan en el aire, en la boca, o en alguno de esos rincones donde no llegan las cuerdas vocales.
Tenías razón al decir que es difícil transmitir lo que uno siente. Se queda en nada cuando sale a la superficie... tan poco que es la mitad de una mitad de una mitad... aún así, se dice, se cuenta, se imprecisa, uno parece sentirse mejor, pero cuando se miran las frases con distancia, ves que sólo tradujiste un silencio de tantos.
Y aquí estoy, necesitando de un lunes borroso para intentar lo que un claro domingo enmudeció; supongo que me podía ahorrar estos párrafos, claudicarlos con algún razonamiento de ésos que convencen, pero soy demasiado rebelde como para permitirme un amago de falsa memoria, mi causa es otra.
Ayer no te dije lo mucho que me intrigaron tus miradas, ni que me hubiera gustado apuntarme a un cursillo de telépatas para aprender a interpretarlas; y si me permites jugar con el dramatismo, te diría que casi intercambio con una cruz de madera, una penitencia a cambio de un milagro, o en su defecto, por un consejo sobre cómo soportar con dignidad los clavos. Tampoco te dije que aquel intento de casualidad con piano de fondo me animó a pensar una sola vez que aún podía desenterrar un “te necesito”, que tenía ganas de verte para no despedirme, que no respiré para no tener que olerte.
Todo esto importa lo mismo que una burbuja en un refresco, hoy no vale más que ayer, la diferencia es que ahora el contenido se disipa, y dudo sobre qué es lo que debo beber.
Y sí, confesé entre líneas mi intención de olvidarte un día de éstos, cuando deje de darme cuenta que te echo de menos. Mientras tanto comprendo que no puedo hipotecar mis sueños sólo porque la añoranza sea una baldosa que me cuesta pisar, y acepto que con exceso de equipaje las alas no responden.
Sin embargo mi motivo no es ése; ni los que te he dicho ni los que se quedarán en el cajón de los recortes; si hoy transformo mi muralla en hilo es porque antes de “marcharme” me parece justo que sepas que si no me quedé fue porque me enamoré de ti; dos minutos más en esas circunstancias hubieran significado muchas cosas, y tú reloj y el mío no marcaban la misma hora.
Las partidas se pierden o se ganan, eso sí, con todas las cartas sobre la mesa, y ésta era la que me faltaba.
No