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Despertó un día claro tras una noche de lluvia, el sol roza mi lado izquierdo, el humo alcanza el techo mientras Sabina le canta a sus Wendys. Y me dio por cuadrar la contrapartida de mi deuda con Cupido, para dejar la cuenta a 0, aquella que me proveyó sentimientos, a la que le he entregado mi pago más sincero.
Hace unos días que fue viernes, a mi madre la operaron de “noseké” huesos de los dos pies, pasé un rato en la planta de un hospital para después ir con Vir a tomar algo por Malasaña, nos pusieron aceitunas y sonreímos contentas, de ahí a Clamores a ver como Andy Changó hacía música en pijama, una vez más el tipo de la nariz inquieta quiso hacernos disfrutar, y nosotras, como buenas alumnas de la alegría, aplaudimos con diez dedos.
Pasamos un rato de risas aparcadas en el coche, nos invitamos a un momento loco de matices cuerdos, divagamos sobre las formas de vivir y de lo difícil que resulta salir ileso, nos dimos cuenta que a las dos nos gusta ser amiguitas.
Un porro y a los brazos de Morfeo.
Mañana inerte en un colchón, de las sábanas a la calle, ¡ah sí! casi lo olvidaba, felicidades papá. Quedé con mi prima y su novio para ir a ver a mi madre, hacía tiempo que no paseaba por Madrid sin que fueran mis manos las que estuvieran en el volante, y como cuando era pequeña, me pegué muy cerca del cristal y saludé a la gente en los semáforos.
Fuimos a comprar las botellas del cumpleaños, de ahí al B.K a comerme un menú infantil con un petit suise de postre, ya en casa estuvimos viendo fotos de antaño botella de lambrusco en mano, es curioso como se era con 7 años menos, tiendes a señalar con el dedo aquello que hoy tachas de pintas y te das cuenta que en realidad posees muchos recuerdos.
La noche era tibia en aquel parking de Alcorcón, competían Bisbales y bakalaós por amenizar los bailes en grupo, mi prima celebraba sus 24 y ahí quise estar para verlo. Su amiga Noelia sigue teniendo ese puntillo que llama mi atención cada cumpleaños, ella sigue sin novio y yo pensando “que lástima que sea hetero”. No lo pasé mal a pesar de estar en un ambiente tan distinto al mío, un grupo formado por parejas, la que no lleva 4 lleva 8 años, en el que las chicas hablan de sus chicos, en el que los chicos hablan de sus coches. A veces se besan, otras se abrazan, se guiñan desde lejos, “sí cariño, ahora estoy contigo”. Yo tengo mi vaso y las chapas de mi abrigo, la posibilidad de pensar qué es lo que quiero.
El domingo la llamada de mi primo me despierta, olvidé que llegó el viernes de Helsinki para conocer a su nuevo sobrino, hay cita familiar para vaciar unas cervezas y celebrarlo todos juntos. Mi hermano se apunta, y nos vemos los tres comprándole una rosa roja a su novia finlandesa, quiere que sea lo primero que huela cuando llegue a Barajas, el detalle me enternece, demasiado amor últimamente.
Mi tía, sin perder su tradición de creyente, nos sugiere que una excursión a la iglesia le haría muy feliz, en otro momento hubiera protestado expresando una larga lista de razones por las que mi fe no alza altares, pero al ver que mi media hora perdida allí le hace feliz, me hace callar y asentir. Así que allá vamos, con ramito de olivo incluido, la iglesia hasta arriba de devotos, el cura repartiendo bendiciones en nombre del hijo del señor, y sus coros festejándolo con guitarras y panderetas. Todos nos miramos con caras de circunstancias, mi tía sólo al frente dándonos las gracias por regalarle ese momento “seguro que la abuelita nos está viendo desde el cielo”, entonces le mando un beso.
Y por fin las merecidas cañitas en una terraza, mi tía nos deleitó con su diplomacia, con esa humilde elegancia que le hace estar cada día más guapa, es una mujer con luz, con el cariño dispuesto las 24h. Estuvimos filosofando un rato, me encantan esas conversaciones familiares en las que nos tratamos de tú a tú, en el que cada uno cuenta su manera de sobrevivir a los contratiempos, en el que el resto escucha con atención, y asiente o sugiere según lo que escucha. Me encanta mi familia, desde el más grande hasta el más pequeño, me gustaría haber dicho algo más en aquel momento comuna, pero la tradición de sus costumbres aún me hace callar que tengo las puertas de un armario esperando su “par en par”.
Ya por la tarde quedé con S en el nanai, verla en la mesa de siempre, en la que han pasado y se han hablado tantas cosas, me traspasó un ligero escalofrío de ésos que se ubican en la nuca. Estuvimos hablando de los últimos días, de lo que había hecho cada una, de las vacaciones que están a la vuelta, una vez nos relajamos sacamos el tema que nos reunió.
Le dije que no quería que me explicara nada, que sus palabras conformarían a mi cerebro pero que lo que me unía a ella nunca fueron pensamientos, sino emociones, y que eso no se aplacaría con una explicación. Te escucharé tantas veces como haga falta, pero no me convenzcas de que no vale la pena sentirte, yo no lo haré para que me quieras.
Como bien dijo, por mucho que se diga no se explica nada; una vez más recalcó que no imaginó que me despidiera tan pronto, frenó porque le punzaba el capítulo sin cerrar de su otra historia, no la quería, pero aún no estaba ordenada, optó por cambiar su actitud, no quería mantenerme si no estaba segura. Y bueno, intercambiamos puntos de vista y cosas por el estilo, la sinceridad estuvo presente en todo momento, en lo único que fingí fue en pasar por alto su insinuación de que tal vez con el tiempo... claro que me encantaría que el tiempo nos reencontrara, pero no quiero aferrarme a nada de eso, no me voy a obligar a quererte ni tampoco a olvidarte, no quiero caer en esas trampas, retenerme a la espera de algo que tal vez nunca llegue, si no pudimos prometer un presente ¿cómo hacerlo con un futuro?
Y bien, ya en casa me pasó lo mismo de siempre, cuando hablo con ella me siento hasta eufórica, porque me atrevo a ser yo misma, pero cuando vuelvo ahí, a mis cuatro paredes, la losa aumenta su peso, y me digo que se pasará sabiendo que se está pasando.
Todo esto me hace sentir muy viva, y eso es con lo que me quedo.
Ayer estuve hablando con la Guaja, ¡mañana por fin nos conocemos!, me reí muchísimo con ella, si es que es un sol de niña. Y eso, que tengo muchísimas ganas de recorrer unos cuántos kilómetros y cantar canciones en el coche. Tengo ganas de una foto en un prado, de un paseo por la playa, de escribir en una botella un mensaje sin palabras.
Después de ir a pillar unos porrillos y hacer de ama de casa (hay que cuidar a mamá), volví a engancharme al “Pasapalabra”, me encanta verlo cuando estoy fumada, y nada, quería hacerle un hueco a cierto personaje del que me estoy haciendo fan, Juan Luis Cordero, un tipo muy peculiar que ya lleva unas cuantas semanas invencible. Aquí su foto, con la que me pienso hacer una chapita.
Y nada más que decir, a Elena que vuelva, que añoro subirme a nube cada vez que la leo.
Disfrutad de las vacaciones.

Hace unos días que fue viernes, a mi madre la operaron de “noseké” huesos de los dos pies, pasé un rato en la planta de un hospital para después ir con Vir a tomar algo por Malasaña, nos pusieron aceitunas y sonreímos contentas, de ahí a Clamores a ver como Andy Changó hacía música en pijama, una vez más el tipo de la nariz inquieta quiso hacernos disfrutar, y nosotras, como buenas alumnas de la alegría, aplaudimos con diez dedos.
Pasamos un rato de risas aparcadas en el coche, nos invitamos a un momento loco de matices cuerdos, divagamos sobre las formas de vivir y de lo difícil que resulta salir ileso, nos dimos cuenta que a las dos nos gusta ser amiguitas.
Un porro y a los brazos de Morfeo.
Mañana inerte en un colchón, de las sábanas a la calle, ¡ah sí! casi lo olvidaba, felicidades papá. Quedé con mi prima y su novio para ir a ver a mi madre, hacía tiempo que no paseaba por Madrid sin que fueran mis manos las que estuvieran en el volante, y como cuando era pequeña, me pegué muy cerca del cristal y saludé a la gente en los semáforos.
Fuimos a comprar las botellas del cumpleaños, de ahí al B.K a comerme un menú infantil con un petit suise de postre, ya en casa estuvimos viendo fotos de antaño botella de lambrusco en mano, es curioso como se era con 7 años menos, tiendes a señalar con el dedo aquello que hoy tachas de pintas y te das cuenta que en realidad posees muchos recuerdos.
La noche era tibia en aquel parking de Alcorcón, competían Bisbales y bakalaós por amenizar los bailes en grupo, mi prima celebraba sus 24 y ahí quise estar para verlo. Su amiga Noelia sigue teniendo ese puntillo que llama mi atención cada cumpleaños, ella sigue sin novio y yo pensando “que lástima que sea hetero”. No lo pasé mal a pesar de estar en un ambiente tan distinto al mío, un grupo formado por parejas, la que no lleva 4 lleva 8 años, en el que las chicas hablan de sus chicos, en el que los chicos hablan de sus coches. A veces se besan, otras se abrazan, se guiñan desde lejos, “sí cariño, ahora estoy contigo”. Yo tengo mi vaso y las chapas de mi abrigo, la posibilidad de pensar qué es lo que quiero.
El domingo la llamada de mi primo me despierta, olvidé que llegó el viernes de Helsinki para conocer a su nuevo sobrino, hay cita familiar para vaciar unas cervezas y celebrarlo todos juntos. Mi hermano se apunta, y nos vemos los tres comprándole una rosa roja a su novia finlandesa, quiere que sea lo primero que huela cuando llegue a Barajas, el detalle me enternece, demasiado amor últimamente.
Mi tía, sin perder su tradición de creyente, nos sugiere que una excursión a la iglesia le haría muy feliz, en otro momento hubiera protestado expresando una larga lista de razones por las que mi fe no alza altares, pero al ver que mi media hora perdida allí le hace feliz, me hace callar y asentir. Así que allá vamos, con ramito de olivo incluido, la iglesia hasta arriba de devotos, el cura repartiendo bendiciones en nombre del hijo del señor, y sus coros festejándolo con guitarras y panderetas. Todos nos miramos con caras de circunstancias, mi tía sólo al frente dándonos las gracias por regalarle ese momento “seguro que la abuelita nos está viendo desde el cielo”, entonces le mando un beso.
Y por fin las merecidas cañitas en una terraza, mi tía nos deleitó con su diplomacia, con esa humilde elegancia que le hace estar cada día más guapa, es una mujer con luz, con el cariño dispuesto las 24h. Estuvimos filosofando un rato, me encantan esas conversaciones familiares en las que nos tratamos de tú a tú, en el que cada uno cuenta su manera de sobrevivir a los contratiempos, en el que el resto escucha con atención, y asiente o sugiere según lo que escucha. Me encanta mi familia, desde el más grande hasta el más pequeño, me gustaría haber dicho algo más en aquel momento comuna, pero la tradición de sus costumbres aún me hace callar que tengo las puertas de un armario esperando su “par en par”.
Ya por la tarde quedé con S en el nanai, verla en la mesa de siempre, en la que han pasado y se han hablado tantas cosas, me traspasó un ligero escalofrío de ésos que se ubican en la nuca. Estuvimos hablando de los últimos días, de lo que había hecho cada una, de las vacaciones que están a la vuelta, una vez nos relajamos sacamos el tema que nos reunió.
Le dije que no quería que me explicara nada, que sus palabras conformarían a mi cerebro pero que lo que me unía a ella nunca fueron pensamientos, sino emociones, y que eso no se aplacaría con una explicación. Te escucharé tantas veces como haga falta, pero no me convenzcas de que no vale la pena sentirte, yo no lo haré para que me quieras.
Como bien dijo, por mucho que se diga no se explica nada; una vez más recalcó que no imaginó que me despidiera tan pronto, frenó porque le punzaba el capítulo sin cerrar de su otra historia, no la quería, pero aún no estaba ordenada, optó por cambiar su actitud, no quería mantenerme si no estaba segura. Y bueno, intercambiamos puntos de vista y cosas por el estilo, la sinceridad estuvo presente en todo momento, en lo único que fingí fue en pasar por alto su insinuación de que tal vez con el tiempo... claro que me encantaría que el tiempo nos reencontrara, pero no quiero aferrarme a nada de eso, no me voy a obligar a quererte ni tampoco a olvidarte, no quiero caer en esas trampas, retenerme a la espera de algo que tal vez nunca llegue, si no pudimos prometer un presente ¿cómo hacerlo con un futuro?
Y bien, ya en casa me pasó lo mismo de siempre, cuando hablo con ella me siento hasta eufórica, porque me atrevo a ser yo misma, pero cuando vuelvo ahí, a mis cuatro paredes, la losa aumenta su peso, y me digo que se pasará sabiendo que se está pasando.
Todo esto me hace sentir muy viva, y eso es con lo que me quedo.
Ayer estuve hablando con la Guaja, ¡mañana por fin nos conocemos!, me reí muchísimo con ella, si es que es un sol de niña. Y eso, que tengo muchísimas ganas de recorrer unos cuántos kilómetros y cantar canciones en el coche. Tengo ganas de una foto en un prado, de un paseo por la playa, de escribir en una botella un mensaje sin palabras.
Después de ir a pillar unos porrillos y hacer de ama de casa (hay que cuidar a mamá), volví a engancharme al “Pasapalabra”, me encanta verlo cuando estoy fumada, y nada, quería hacerle un hueco a cierto personaje del que me estoy haciendo fan, Juan Luis Cordero, un tipo muy peculiar que ya lleva unas cuantas semanas invencible. Aquí su foto, con la que me pienso hacer una chapita.
Y nada más que decir, a Elena que vuelva, que añoro subirme a nube cada vez que la leo.
Disfrutad de las vacaciones.

Comentario:
"parejas, la que no lleva 4 lleva 8 años, en el que las chicas hablan de sus chicos, en el que los chicos hablan de sus coches. A veces se besan, otras se abrazan, se guiñan desde lejos, “sí cariño, ahora estoy contigo”. Yo tengo mi vaso y las chapas de mi abrigo, la posibilidad de pensar qué es lo que quiero."
Todo el post genial, pero esta parte, sublime; de nuevo me dejas con la boca abierta. He sentido algo parecido muchas veces en mi pueblo, pero nunca lo habría dicho tan bien.
Todo el post genial, pero esta parte, sublime; de nuevo me dejas con la boca abierta. He sentido algo parecido muchas veces en mi pueblo, pero nunca lo habría dicho tan bien.
Comentario:
Es que me parto...seguro que mi padre te dedicarìa con mucho gusto la chapa.
Comentario:
..nube nodriza
..nube nodriza
¿Permiso para aterrizar? Permiso denegado...
Si es que.. ya ves, tendremos que volar un rato más. Anda sube (guiño dos ojos)!
Y lleva un cofre de tesoros, algo así como una caja de zapatos mágica.. y en ella le gusta guardar palabras. Le encantaría guardar colores, olores, el tacto de muchas cosas, pero siempre se escapan (para que corra detrás de ellos)..Ahora guardó una frase
me digo que se pasará sabiendo que se está pasando.
y guarda su sonrisa tonta (que nadie ve, así que puede ser todo lo grande y tonta como ella quiera)...
nube nodriza
nube nodriza...
Elena
..nube nodriza
¿Permiso para aterrizar? Permiso denegado...
Si es que.. ya ves, tendremos que volar un rato más. Anda sube (guiño dos ojos)!
Y lleva un cofre de tesoros, algo así como una caja de zapatos mágica.. y en ella le gusta guardar palabras. Le encantaría guardar colores, olores, el tacto de muchas cosas, pero siempre se escapan (para que corra detrás de ellos)..Ahora guardó una frase
me digo que se pasará sabiendo que se está pasando.
y guarda su sonrisa tonta (que nadie ve, así que puede ser todo lo grande y tonta como ella quiera)...
nube nodriza
nube nodriza...
Elena