Y es que es taaannn alucinaaannnnteeee!
Tal vez yo no pueda contar mi vida uniendo casualidades. Pero en mi vida, siempre hay casualidades.
Ahora mismo, aquí sentada, no sabría ponerle palabras a todas. Sin embargo, si me quedo en silencio, sería capaz de sentirlas una por una.
Supongo que las casualidades no comienzan en día que suceden, sino tiempo atrás, cuando no eres consciente. Tal vez ese día; el que gestaba las casualidades; te pasó de largo, alomejor incluso, estuviste triste, y pensabas que la vida te sorprendía menos, o puede que lloraras porque una decepción se te metió en el ojo.
Tú no sabías que tu casualidad era un embrión del ¿destino?, del día torpe y aburrido, del instante amargo de no saber qué hacer. Tú no lo sabías, sólo comprendías las 24 horas que tenías por delante, y ni tan siquiera acertabas a saber en qué consistían.
Las sensaciones/emociones/detalles-importantes, usan un tiempo distinto, nacen sin pensar, como si fueran la consecuencia de un deseo, quizá por eso, por lo menos para mí, son tan intensamente especiales. Si las casualidades se forzaran, se convertirían en meros resultados, concedidos o no, pero serían sólo eso, ejes de intención, y las casualidades, son círculos sin mitad ni principio, las casualidades sólo giran si tú quieres girar.
Ayer fue un día de casualidad-es, yo no lo sabía cuando me desperté, ni cuando como siempre engañé al despertador para estar diez o quince minutos más bajo las sábanas. Ayer yo no sabía muchas cosas que luego sí supe; porque tras mi colacao y las tareas de LávateLaCaraDientesPonteLaRopaQueLlegasTarde, para montarme en el coche y subir el volumen porque Calamaro quería cantar y yo también; seguía sin saber que al llegar a las cuatro paredes que me encierran durante 8 horas diarias, las casualidades iban a sucederse, haciendo que mi jueves aparentemente normal, se convirtiera en uno de esos días extrañamente mágicos.
Tras trabajar un poco, me conecté al mesenger y me encontré con un mail de Elena, algo que me hizo mucha ilusión, llevaba así un rato cuando la kioskera se conectó: ohh que bien, pensé. Nos saludamos con caritas que sacan la lengua y con signos de exclamación. Estuvimos charlando un ratillo, de lo curioso que era esto de los blogs, y le hablé de lo que pensaba que sería la única casualidad; la de que ella conociera a “la luz” y que “la luz” a su vez conociera a Elena, y que ella y yo nos medioconociéramos (nos falta la cervecita kioskera), y en ésas estábamos cuando me dijo: vaya.. “la luz” se acaba de conectar, ¿hacemos una conversación de 3? Y la hicimos, y conocí a “la luz”, y hablamos de cosillas, y un poco en catalán y un poco en euskera, y sonreímos un rato. Ahí tenía mi primera casualidad, la de conocerse en cadena. Eso me hizo pensar en lo curioso que resulta haber estado en lugares en los que a su vez han estado otras personas (como el caso del “Garito” que tanto la kioskera como ecomuere conocen de sobra), y eso a su vez me hizo pensar que tal vez a ésas personas que conozco a través de mis lecturas por sus blogs, en algún momento hayan caminado por la misma acera, hasta incluso pensé en la posibilidad de que nos miráramos sin saber que un día íbamos a conocernos en un lugar virtual.
En fin... que todo aquello ya de por sí me tenía muy contenta; últimamente esta terapia cibernética refuerza el resto de alegrías cotidianas; cuando con algunas horas más en el reloj; después de haber hablado con la niña de naranja sobre lo divertido que resultaría una excursión en las barcas del Retiro, sobre la necesidad de pintar las paredes con todo aquello que nos emociona y demás sueños despiertos; Elena se conectó. Ohh volví a exclamar, y estuvimos hablando un rato, que no era una conversación sino cuentos que saltaban de uno en uno sobre la pantalla, y “emes” y “enes” que recogen las manitas en la playa, y que las niñas como ella buscan agua en la orilla para poder mojarse. Y hablamos de la hormiga atómica, de si llevaba o no paracaídas, de su casco y de las manos locas y los regalos de los petitsuise. Entonces me di cuenta de que estaba muy feliz, que mi vida llevaba unas semanas regalándome muchas cosas, que las cosas no tan felices de mi vida se estaban quedando en meras lecturas de grises tardes.
Luego fui a casa, y a clase también. Le hice de rabiar a la friki de Malú, compartí caramelos con Pilar, y le dije a la de Ciencias que los caballitos de mar macho son los que cargan con los bebés sin saber si me lo había inventado o lo había visto en la tele.
Y llegué a casa, y tenía un mensaje de Helen, ¡Ohh Helen! aquella niña que era Lorenzo, una amiga de la que llevababa mucho, muchísimo tiempo sin saber nada. Llamé a Vir para que tuviera suerte, hoy se examina del teórico. Y luego a A, que desde hace unas semanas no sabía nada. Como la tele me aburría me conecté a internet, encontrándome un comentario en el blog que me gustó mucho, y que lo firmaba la niña de naranja :) cuando estaba despidiéndome de la kioskera para ir a cenar vi que se conectaba Elena, tras los saludos y algunas frases me dijo: ¿la de la foto eres tú? Sip sip. ¿tú no estarías el sábado pasado en el Fulanita con un baby que tenía chapitas no? Sip sip. Ése pequeño diálogo dio lugar a un montón de NoMeLoPuedoCreer/EstoEsDeCoña/VivanLasCasualidades y demás expresiones que se iban sucediendo. ¿Que nos habíamos visto? ¿Que habíamos estado al lado? La verdad es que las casualidades no se pueden escribir, no se pueden plasmar las caritas que se te quedan al vivirlas, nonononono, no se pueden expresar porque no alcanza a ser ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que se siente en el instante mismo de sentirlas.
Y hoy estoy aquí sólo para decir: ¡Me encantan las casualidades!
"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades. (Ana)"
Ahora mismo, aquí sentada, no sabría ponerle palabras a todas. Sin embargo, si me quedo en silencio, sería capaz de sentirlas una por una.
Supongo que las casualidades no comienzan en día que suceden, sino tiempo atrás, cuando no eres consciente. Tal vez ese día; el que gestaba las casualidades; te pasó de largo, alomejor incluso, estuviste triste, y pensabas que la vida te sorprendía menos, o puede que lloraras porque una decepción se te metió en el ojo.
Tú no sabías que tu casualidad era un embrión del ¿destino?, del día torpe y aburrido, del instante amargo de no saber qué hacer. Tú no lo sabías, sólo comprendías las 24 horas que tenías por delante, y ni tan siquiera acertabas a saber en qué consistían.
Las sensaciones/emociones/detalles-importantes, usan un tiempo distinto, nacen sin pensar, como si fueran la consecuencia de un deseo, quizá por eso, por lo menos para mí, son tan intensamente especiales. Si las casualidades se forzaran, se convertirían en meros resultados, concedidos o no, pero serían sólo eso, ejes de intención, y las casualidades, son círculos sin mitad ni principio, las casualidades sólo giran si tú quieres girar.
Ayer fue un día de casualidad-es, yo no lo sabía cuando me desperté, ni cuando como siempre engañé al despertador para estar diez o quince minutos más bajo las sábanas. Ayer yo no sabía muchas cosas que luego sí supe; porque tras mi colacao y las tareas de LávateLaCaraDientesPonteLaRopaQueLlegasTarde, para montarme en el coche y subir el volumen porque Calamaro quería cantar y yo también; seguía sin saber que al llegar a las cuatro paredes que me encierran durante 8 horas diarias, las casualidades iban a sucederse, haciendo que mi jueves aparentemente normal, se convirtiera en uno de esos días extrañamente mágicos.
Tras trabajar un poco, me conecté al mesenger y me encontré con un mail de Elena, algo que me hizo mucha ilusión, llevaba así un rato cuando la kioskera se conectó: ohh que bien, pensé. Nos saludamos con caritas que sacan la lengua y con signos de exclamación. Estuvimos charlando un ratillo, de lo curioso que era esto de los blogs, y le hablé de lo que pensaba que sería la única casualidad; la de que ella conociera a “la luz” y que “la luz” a su vez conociera a Elena, y que ella y yo nos medioconociéramos (nos falta la cervecita kioskera), y en ésas estábamos cuando me dijo: vaya.. “la luz” se acaba de conectar, ¿hacemos una conversación de 3? Y la hicimos, y conocí a “la luz”, y hablamos de cosillas, y un poco en catalán y un poco en euskera, y sonreímos un rato. Ahí tenía mi primera casualidad, la de conocerse en cadena. Eso me hizo pensar en lo curioso que resulta haber estado en lugares en los que a su vez han estado otras personas (como el caso del “Garito” que tanto la kioskera como ecomuere conocen de sobra), y eso a su vez me hizo pensar que tal vez a ésas personas que conozco a través de mis lecturas por sus blogs, en algún momento hayan caminado por la misma acera, hasta incluso pensé en la posibilidad de que nos miráramos sin saber que un día íbamos a conocernos en un lugar virtual.
En fin... que todo aquello ya de por sí me tenía muy contenta; últimamente esta terapia cibernética refuerza el resto de alegrías cotidianas; cuando con algunas horas más en el reloj; después de haber hablado con la niña de naranja sobre lo divertido que resultaría una excursión en las barcas del Retiro, sobre la necesidad de pintar las paredes con todo aquello que nos emociona y demás sueños despiertos; Elena se conectó. Ohh volví a exclamar, y estuvimos hablando un rato, que no era una conversación sino cuentos que saltaban de uno en uno sobre la pantalla, y “emes” y “enes” que recogen las manitas en la playa, y que las niñas como ella buscan agua en la orilla para poder mojarse. Y hablamos de la hormiga atómica, de si llevaba o no paracaídas, de su casco y de las manos locas y los regalos de los petitsuise. Entonces me di cuenta de que estaba muy feliz, que mi vida llevaba unas semanas regalándome muchas cosas, que las cosas no tan felices de mi vida se estaban quedando en meras lecturas de grises tardes.
Luego fui a casa, y a clase también. Le hice de rabiar a la friki de Malú, compartí caramelos con Pilar, y le dije a la de Ciencias que los caballitos de mar macho son los que cargan con los bebés sin saber si me lo había inventado o lo había visto en la tele.
Y llegué a casa, y tenía un mensaje de Helen, ¡Ohh Helen! aquella niña que era Lorenzo, una amiga de la que llevababa mucho, muchísimo tiempo sin saber nada. Llamé a Vir para que tuviera suerte, hoy se examina del teórico. Y luego a A, que desde hace unas semanas no sabía nada. Como la tele me aburría me conecté a internet, encontrándome un comentario en el blog que me gustó mucho, y que lo firmaba la niña de naranja :) cuando estaba despidiéndome de la kioskera para ir a cenar vi que se conectaba Elena, tras los saludos y algunas frases me dijo: ¿la de la foto eres tú? Sip sip. ¿tú no estarías el sábado pasado en el Fulanita con un baby que tenía chapitas no? Sip sip. Ése pequeño diálogo dio lugar a un montón de NoMeLoPuedoCreer/EstoEsDeCoña/VivanLasCasualidades y demás expresiones que se iban sucediendo. ¿Que nos habíamos visto? ¿Que habíamos estado al lado? La verdad es que las casualidades no se pueden escribir, no se pueden plasmar las caritas que se te quedan al vivirlas, nonononono, no se pueden expresar porque no alcanza a ser ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que se siente en el instante mismo de sentirlas.
Y hoy estoy aquí sólo para decir: ¡Me encantan las casualidades!
"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases. Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades. (Ana)"
Comentario:
sabes? esta tarde me puse muy contenta porque vi que habíamos conseguido lo que nos propusimos con nuestras acuarelas. tu utilizaste el celeste y yo hice lo mismo con el amarillo y asi dibuje a Lorenzo con una sonrisa para tu entrevista. supongo que existen las casualidades y que por eso te conocí. supongo que también existen porque a veces somos simples marionetas cuyos hilos tienden a enredarse y necesitamos ayuda para separarlos. pero sabes que? que las casualidades las encuentran los que no esperan nada y buscan todo, las casualidades son para los valientes que se atreven a decribir la vida con adjetivos como ese. los adultos no creen en las casualidades porque les da mucho miedo pensar que hay cosas que no pueden controlar.
quiero navegar algún día contigo (con manguitos, por supuesto!!) por el lago del Retiro :)
quiero navegar algún día contigo (con manguitos, por supuesto!!) por el lago del Retiro :)
Comentario:
es taaaaaaaan alucinannteeeeeee
No puedo decir nada más...
Voy a comer y a perder el tiempo un ratito (dicen que es perderlo, pero yo creo que es encontrarlo, que el tiempo no es de nadie ni de nada...el tiempo esta ahí para jugar con el)
AnA y OttO
las casualidades existen...
un besoo alucinado para ti
Elena
No puedo decir nada más...
Voy a comer y a perder el tiempo un ratito (dicen que es perderlo, pero yo creo que es encontrarlo, que el tiempo no es de nadie ni de nada...el tiempo esta ahí para jugar con el)
AnA y OttO
las casualidades existen...
un besoo alucinado para ti
Elena