Escalas sonoras
Un día de Noviembre... fresco pero soleado, como el imberbe rostro de un adolescente que quiere crecer, un día al que miro desde la ventana de siempre, se le puede añadir la voz de Leonard Cohen o la guitarra de Pearl Jam, así quedará más bonito, más limpio.
Hoy me encuentro... mmmm.. digamos que me encuentro, que recapacito y me doy cuenta que siguen aquí mis pies y mis brazos. Mi corazón sigue tan yonki como siempre.
Ayer hablé con ella, al principio la encontré entera, tranquila, después apuntilló un “por qué ya no me quieres” y mis acuarelas perdieron toda gana de pintar. “Si te quiero, es sólo que..” ¿en qué consiste ese maldito “que”? Ella dice que siempre le cambio el nombre, que a veces lo tacho de complicidad, otras de “clac” (ese sonidito que confirma que todo encaja) No lo sé, tal vez me esté equivocando, tal vez esté siendo injusta con las dos, es muy probable que sea un poco de todo. La echo de menos, lo comprobé ayer viendo las fotos que me mandó del fin de semana, cuando nuestras sonrisas no vaticinaban ningun cambio; la echo de menos, lo compruebo también hoy, cuando trato de imaginarme mi vida sin ella, y me doy cuenta de que un frío me congela las manos.
Está tan guapa con su abrigo rojo... Me dejo un mundo entre su cuello, allí solía ir a cerrar los ojos, y entre su piel me daba cuenta de todo.
¿Acaso no me podía aguantar? Pasar por alto la necesidad de leernos cuentos, de alimentar silencios, de mirarnos durante horas sin decirnos nada. Lo intenté, traté de aliarme con el tiempo de entrega y mimos, pero sentí que a todas las horas les faltaba un segundo.
¿Lo podremos recuperar?
Hoy me encuentro... mmmm.. digamos que me encuentro, que recapacito y me doy cuenta que siguen aquí mis pies y mis brazos. Mi corazón sigue tan yonki como siempre.
Ayer hablé con ella, al principio la encontré entera, tranquila, después apuntilló un “por qué ya no me quieres” y mis acuarelas perdieron toda gana de pintar. “Si te quiero, es sólo que..” ¿en qué consiste ese maldito “que”? Ella dice que siempre le cambio el nombre, que a veces lo tacho de complicidad, otras de “clac” (ese sonidito que confirma que todo encaja) No lo sé, tal vez me esté equivocando, tal vez esté siendo injusta con las dos, es muy probable que sea un poco de todo. La echo de menos, lo comprobé ayer viendo las fotos que me mandó del fin de semana, cuando nuestras sonrisas no vaticinaban ningun cambio; la echo de menos, lo compruebo también hoy, cuando trato de imaginarme mi vida sin ella, y me doy cuenta de que un frío me congela las manos.
Está tan guapa con su abrigo rojo... Me dejo un mundo entre su cuello, allí solía ir a cerrar los ojos, y entre su piel me daba cuenta de todo.
¿Acaso no me podía aguantar? Pasar por alto la necesidad de leernos cuentos, de alimentar silencios, de mirarnos durante horas sin decirnos nada. Lo intenté, traté de aliarme con el tiempo de entrega y mimos, pero sentí que a todas las horas les faltaba un segundo.
¿Lo podremos recuperar?