Diario de un lacasito
Sobre lacasitos, piruletas y otras cosas que suceden con la lengua :P
Acerca de
Erase una vez un lacasito...
Sindicación
 
Sentadita en mi tejado
Érase una vez de tantas; una persona, una niña, un amago de mujer, que vivía entre las prisas de sus sueños y la quietud de sus miedos, que amaba del revés y sobrevivía del derecho.
Érase también su vida, tan suya como anónima, tan errónea como acertada, tan sencilla como complicada.
Y la niña, y su vida, transcurrían en una ciudad, con árboles y ladrillos, con aceras levantadas y farolas encendidas. En una ciudad de ruidos, y por qué no, también de mares escondidos en los que poder salpicarse de brisas que no existen. Una ciudad de asombros, de frases que nadie quiere o que buscan todos. Una ciudad con noches tan oscuras como días tan radiantes, con amores imposibles y posibles desencantos.
La niña recortaba cartulinas, que eran soles, y también estrellas pegadas en los dedos. Las cartulinas eran universos sin conquistar, ocurrencias en la mirada y sonrisas ancladas en los capítulos de su cuento.
Allí encontraba la paz, sin paloma ni ángel de la guarda, la paz sin derrochar la fe, y la fe sin pecado concebido.
La niña, más que nunca, era amiga de sus horas, de sus días, de los segundos que no dan tiempo para contar; los quería, sin ambición, ni multitud ni deuda en sus deseos. La niña era así, su vida también; discontinuas y paralelas, infinitas en su cajón de los momentos.
Se equivocaba muchas veces, la necesidad de descubrir la convertía en rehén de sus errores, pero tras ellos, siempre había un trueque con la vida, un momento en el que entender, una pausa con la que aceptar, una razón para olvidar la lógica y valorar el cariño.
Comenzó a entender sus miedos, sus carencias, sus mentiras; a no temer a las balas de la incertidumbre, ni a las heridas de la desnudez.
La niña seguía viviendo como cualquiera, soñando con una futura hipoteca y un juego de café, con un salón que llenar de amigos y una cocina con la que fabricar sabores. Una bañera sin peces de colores y una cama que no caducara con sus amantes.
La niña escribía derechos al lado de obligaciones, sin dejar entre ambas palabras espacios para el reproche. No era libre del todo, tenía un despertador, una jornada de 40 horas semanales, facturas y una hucha exclamando cuando llega final de mes.
Lo único que tenía la niña era su vida; y en ella había padres, un hermano, una lista muy concreta de buenos amigos, una un poco más larga de colegas, y otra que añoraba a los ausentes seres queridos.
A día de hoy se queja de la falta de tiempo, a la vez que mima el que tiene, su conciencia le pide explicaciones cediéndola una oportunidad para los hechos. Añora aquella ventana que la acompañaba en el trabajo, se imagina que aún la ve desde su nueva oficina. Ha encontrado a otra niña que le hace sonreír, que con su presencia le reta a valerse por sí misma, a actuar sin estrategias que tratan de no sufrir. Una niña que apareció una noche cualquiera pero que desde entonces no hay día que no la regale una palabra al oído; que le recuerda que no es ninguna, que no es un remiendo. Que sin decir le dice que está ahí, que convive con su tiempo sin prisas por alargarlo.
La niña es feliz porque es primavera, porque el sol poco a poco va cambiando el color de su cuerpo, y el de sus ojos, y el de su pelo. Porque ya pasó su guerra con el invierno, con el cementerio de hojas secas y corazones muertos.
Miente, sí, cuando en su casa le preguntan por aquella amiga, cuando rehusa un novio por necesidades de independencia, cuando dice que no va a dormir porque otra amiga le ofrece su cama después de un concierto.
Viaja cuando puede, como este fin de semana, la ciudad fue Cáceres, la excusa ir al Womad. Con Vir, con Izti, con el rubio; y la niña le enseñó a la otra niña el lugar más especial de su vida, donde está el pasillo de baldosas amarillas, el patio donde en verano su abuelita le enseñaba a mirar las estrellas, donde cazaba sus moscas en botes de cristal, donde se hacía heridas en las rodillas. La niña lo compartió con la otra niña, sabiendo que aquello era demasiado especial para ella, sin pensar si era pronto o merecido, durmiendo con ella en aquella cama que fue de sus abuelos y ahora de sus padres sin sentir que era un lugar prohibido, sin exceder el recuerdo de que antes estuvo otra.
Y la niña lo pasó bien con sus amiguitos, con su niña, y se emborracharon, y comieron en un imaginario mantel de cuadros, y escucharon música, y respiraron de otro cielo.
Y la niña es feliz, feliz porque tiene su vida, una primavera que huele a esperanza, personas capaces de hacerla sentir, porque se ve capaz de seguir aprendiendo, y mucho más de seguir soñando. Porque ya no le teme tanto al gris, ni a la monotonía, ni a los contratiempos; porque sabe que la exigencia es un auto engaño, y la cobardía el efecto más práctico. También que el perdón se presta igual que se quita, que la mirada es la bandera que hondea nuestro corazón.
La niña es feliz porque tiene su vida, y sabe que en ella está la verdad de su cuento, y no empieza con Érase una vez, sino con un, serán muchas las veces.

La niña deja de escribir para leer a otras niñas, otras vidas, otros cuentos.

 
Comentario:
Hola flowita, he entrado a releer tu precioso post..besines
 
Comentario:
también sé que hay tantas sonrisas como hormigas y que no sabemos hacia donde van. y no tratamos de averiguarlo hasta que se cruzan en nuestro camino. sé que hay desengaños en la luz. tantos como bombillas, y que aunque queramos fundirlas sólo acabámos haciéndonos heridas con los afilados cristales que desprenden.
pero en mi pasillo sólo hay flores de cristal y de papel, y al fondo, un pequeño mantel. y ahí me esperan las hadas de colores que fundirán mis temores con mil y un sabores.
gracias a las niña de los lacasitos, a la de las nubes, a la de las piedras en el bolsillo y los sueños en las líneas de sus manos.. gracias por dejarme dormir con frases tan bellas debajo de mi almohada.
 
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Perdona, eres Pat?
 
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Pero....que alguien me explique cómo se puede escribir tan bonito...
 
Comentario:

otra niña sonrie...

y piensa; que pequeñas somos todas...

y sonriendo a saltitos, me pongo a trabajar...¡vivan las niñas!

un besito contenta para la niña de los cuentos de piruletas...

elen(ita)
 
Comentario:
Me he identificado plenamente con el texto...tiene que ver mucho con mi vida.

Saludos cordiales!
No