De tú a tú y sigo siendo yo (carta de Ame a Izti después de unos días extraños y pasar la noche juntas)
Unas horas después de que nos despidiéramos esta mañana, he recibido un mensaje tuyo que me ha hecho pensar; pero más que por lo que has dicho, es por lo que has transmitido.
Eres una tía legal, no hay nada que demuestre lo contrario, y sé que tienes tu vida; la que a veces te alegra y otras te enoja, la que te va mejor o peor, pero que a fin de cuentas te va. Y tus amigos, y tus risas, y tus porros después del trabajo, y sueño por las mañanas... y sé también que tienes tus circunstancias, y tus miedos, y tus historias pasadas.
Lo sé, sé que haces todo lo posible para ser feliz.
Como lo hacen Lidi y Amaya, como lo hace Marti, o Mey, o Guada... como lo hago yo, como lo hace todo el mundo.
Y todos, absolutamente todos, somos tan víctimas como culpables de lo que sentimos. A veces podemos ser más cobardes, en ocasiones más sensatos. Pero no nos libramos de ser indecisos, caprichosos, sinceros, débiles, en general humanos. Unas veces más otras veces menos, debatimos con nuestras acciones aquello que nos enseñaron sobre el bien y el mal; descubrimos la conciencia y la excusa, el hecho y la trampa, la injusticia y la necesidad. Y a diario nos movemos entre todo ello, alcanzando a veces una ilusión que nos despega del suelo, convirtiéndose todo en algo más bonito. Y parece que cuando respiramos, una galería completa de colores se nos instala en aquello a lo que llamamos corazón para colorearlo de ternura y suerte, convenciéndonos de que la sonrisa de ese instante es mejor que ninguna.
Sin embargo no todas las veces son así, y nos topamos con sensaciones contrarias, en las que sentimos que vivimos aplastados por el suelo, y que las cosas de nuestra vida no son más que un montón de gotitas de lluvia pegadas en un cristal.
Imagínate cuando entre nosotros nos cruzamos; cuando dejamos de ser anónimos para acabar siendo amigos, enemigos o amantes.
Tenía razón aquél que dijo que cada persona es un mundo, ¿y qué sucede cuando dos mundos distintos se juntan? Pues lo mismo que en el mundo en el que vivimos; hay guerras, esperanza, codicia, prosperidad, intención, lugares maravillosos, personas inolvidables, y muertes de las que no se curan. La diferencia es que en nuestro mundo vivimos gracias a las emociones, y sobrevivimos por culpa de las razones.
Cuando “una Izti” se cruza con “una Ame” en el momento más inesperado de una noche y la casualidad se antoja especial, cuando ambos mundos interactuan junto con sus percepciones, y se sienten bien, y se sonríen, y se agradan, y se besan... ambos mundos irradian una luz con la que se buscan sin decirse nada, exclamando atención por saber qué hay detrás de esos ojos.
Ambos mundos dan lo mejor de sí, intercambian anécdotas, quedan en verse, dicen echarse de menos, se dan besos de buenas noches, y empiezan las mañanas con ganas de más.
Los dos mundos son felices, y se olvidan de que dentro de su mundo hay un submundo; en el que hay cicatrices, victorias y derrotas, lecciones aprendidas y descosidos varios. Un submundo que a veces se mantiene estable, que controla sus exigencias, y hace que el mundo que convive con él de fuera, se sienta fuerte para dejar que un “intruso” lo visite, lo explore, pase una temporada en él, arriesgándose a que le contaminen y destrocen sus bellas vistas.
No siempre ese submundo permite que se viva sin contar con él, haciendo que al mundo que llevamos dentro le falten ganas de descubrir y ser descubierto.
Cuando “una Izti” y “una Ame” se cruzan en el momento más inesperado de una noche; pueden acabar sucediendo ambas cosas.
Y ni Izti, ni Ame, ni tan si quiera sus mundos y submundos, pueden hacer que eso no suceda. Así como ni Izti, ni Ame, se tienen que sentir mal por no haber ganado algo que nunca ha sido tuyo, por no haber sentido algo que ni tan siquiera sabían si querían sentir. Ni la una ni la otra son culpables de ser ellas mismas, de vivir con sus necesidades, de buscar lo que no encuentran. No hay un después porque nunca ha habido un principio, porque ese principio dará los pasos que necesite si es que necesita andar.
Objetivamente puede ser una razón para decirse tantos “no” como la boca aguante, para pedir explicaciones de un suceso natural que no tiene más ciencia que la vida, para exigir una recompuesta a un esfuerzo que ni tan siquiera tenía claro por qué luchaba.
Hay que ser muy amigo de uno mismo para no traicionarse de esta manera, para no auto convencerse de que la culpa siempre la tuvo el otro, para no convertirse en una víctima de carne y hueso que busca la letra pequeña de una promesa. ¿Qué promesa? No hemos firmado ninguna, ni tan siquiera la sugerimos en un momento de efusividad. Nuestra única promesa fue la casualidad en el momento más inesperado de una noche, un intercambio de besos y una mañana durmiendo abrazadas. Un día después y la lluvia, el tráfico y la resaca, la invitación a una reunión de amigas, una cerveza en un bar, y en el bar el cajón de una mesa en el que la gente deja sus cuentos.
Nuestra promesa fue la de dejarnos ver durante más días, la de permitirnos sensaciones en la piel, la de compartir un desayuno de labios después de que el despertador nos separase.
Nuestra única promesa fue la de coincidir, y las coincidencias no siempre siguen coincidiendo.
Es entonces cuando los dos mundos se dan cuenta de que juntos no son un mundo mejor, sino dos mundos buenos.
Ninguno ha querido invadir al otro, ninguno necesita alargar su estancia.
Ambos mundos tienen la obligación y el derecho de ser felices; intentarlo, es la recompensa que nunca encuentra derrota.
Y no hacen falta despedidas, ni telones rojos para lágrimas azules; aquel momento inesperado de la noche, nos hizo coincidir para compartir unas sonrisas, y estoy convencida de que ya lo hemos hecho.
Eres una tía legal, no hay nada que demuestre lo contrario, y sé que tienes tu vida; la que a veces te alegra y otras te enoja, la que te va mejor o peor, pero que a fin de cuentas te va. Y tus amigos, y tus risas, y tus porros después del trabajo, y sueño por las mañanas... y sé también que tienes tus circunstancias, y tus miedos, y tus historias pasadas.
Lo sé, sé que haces todo lo posible para ser feliz.
Como lo hacen Lidi y Amaya, como lo hace Marti, o Mey, o Guada... como lo hago yo, como lo hace todo el mundo.
Y todos, absolutamente todos, somos tan víctimas como culpables de lo que sentimos. A veces podemos ser más cobardes, en ocasiones más sensatos. Pero no nos libramos de ser indecisos, caprichosos, sinceros, débiles, en general humanos. Unas veces más otras veces menos, debatimos con nuestras acciones aquello que nos enseñaron sobre el bien y el mal; descubrimos la conciencia y la excusa, el hecho y la trampa, la injusticia y la necesidad. Y a diario nos movemos entre todo ello, alcanzando a veces una ilusión que nos despega del suelo, convirtiéndose todo en algo más bonito. Y parece que cuando respiramos, una galería completa de colores se nos instala en aquello a lo que llamamos corazón para colorearlo de ternura y suerte, convenciéndonos de que la sonrisa de ese instante es mejor que ninguna.
Sin embargo no todas las veces son así, y nos topamos con sensaciones contrarias, en las que sentimos que vivimos aplastados por el suelo, y que las cosas de nuestra vida no son más que un montón de gotitas de lluvia pegadas en un cristal.
Imagínate cuando entre nosotros nos cruzamos; cuando dejamos de ser anónimos para acabar siendo amigos, enemigos o amantes.
Tenía razón aquél que dijo que cada persona es un mundo, ¿y qué sucede cuando dos mundos distintos se juntan? Pues lo mismo que en el mundo en el que vivimos; hay guerras, esperanza, codicia, prosperidad, intención, lugares maravillosos, personas inolvidables, y muertes de las que no se curan. La diferencia es que en nuestro mundo vivimos gracias a las emociones, y sobrevivimos por culpa de las razones.
Cuando “una Izti” se cruza con “una Ame” en el momento más inesperado de una noche y la casualidad se antoja especial, cuando ambos mundos interactuan junto con sus percepciones, y se sienten bien, y se sonríen, y se agradan, y se besan... ambos mundos irradian una luz con la que se buscan sin decirse nada, exclamando atención por saber qué hay detrás de esos ojos.
Ambos mundos dan lo mejor de sí, intercambian anécdotas, quedan en verse, dicen echarse de menos, se dan besos de buenas noches, y empiezan las mañanas con ganas de más.
Los dos mundos son felices, y se olvidan de que dentro de su mundo hay un submundo; en el que hay cicatrices, victorias y derrotas, lecciones aprendidas y descosidos varios. Un submundo que a veces se mantiene estable, que controla sus exigencias, y hace que el mundo que convive con él de fuera, se sienta fuerte para dejar que un “intruso” lo visite, lo explore, pase una temporada en él, arriesgándose a que le contaminen y destrocen sus bellas vistas.
No siempre ese submundo permite que se viva sin contar con él, haciendo que al mundo que llevamos dentro le falten ganas de descubrir y ser descubierto.
Cuando “una Izti” y “una Ame” se cruzan en el momento más inesperado de una noche; pueden acabar sucediendo ambas cosas.
Y ni Izti, ni Ame, ni tan si quiera sus mundos y submundos, pueden hacer que eso no suceda. Así como ni Izti, ni Ame, se tienen que sentir mal por no haber ganado algo que nunca ha sido tuyo, por no haber sentido algo que ni tan siquiera sabían si querían sentir. Ni la una ni la otra son culpables de ser ellas mismas, de vivir con sus necesidades, de buscar lo que no encuentran. No hay un después porque nunca ha habido un principio, porque ese principio dará los pasos que necesite si es que necesita andar.
Objetivamente puede ser una razón para decirse tantos “no” como la boca aguante, para pedir explicaciones de un suceso natural que no tiene más ciencia que la vida, para exigir una recompuesta a un esfuerzo que ni tan siquiera tenía claro por qué luchaba.
Hay que ser muy amigo de uno mismo para no traicionarse de esta manera, para no auto convencerse de que la culpa siempre la tuvo el otro, para no convertirse en una víctima de carne y hueso que busca la letra pequeña de una promesa. ¿Qué promesa? No hemos firmado ninguna, ni tan siquiera la sugerimos en un momento de efusividad. Nuestra única promesa fue la casualidad en el momento más inesperado de una noche, un intercambio de besos y una mañana durmiendo abrazadas. Un día después y la lluvia, el tráfico y la resaca, la invitación a una reunión de amigas, una cerveza en un bar, y en el bar el cajón de una mesa en el que la gente deja sus cuentos.
Nuestra promesa fue la de dejarnos ver durante más días, la de permitirnos sensaciones en la piel, la de compartir un desayuno de labios después de que el despertador nos separase.
Nuestra única promesa fue la de coincidir, y las coincidencias no siempre siguen coincidiendo.
Es entonces cuando los dos mundos se dan cuenta de que juntos no son un mundo mejor, sino dos mundos buenos.
Ninguno ha querido invadir al otro, ninguno necesita alargar su estancia.
Ambos mundos tienen la obligación y el derecho de ser felices; intentarlo, es la recompensa que nunca encuentra derrota.
Y no hacen falta despedidas, ni telones rojos para lágrimas azules; aquel momento inesperado de la noche, nos hizo coincidir para compartir unas sonrisas, y estoy convencida de que ya lo hemos hecho.
Comentario:
Mmm, verdaderamente precioso. Lo importante del amor, es que continues siendo tú, que quieran a tu mundo, y a tus diferencias, sin necesidad de batallas, ni conquitas feroces, porque nunca, nunca se le puede pedir peras a un olmo... Bueno, corto y cierro, que me voy por las ramas.
Comentario:
Amor es hablar de nosotras...y sonreir al hacerlo...pero sin perder la individualidad, sino se comvierte en dependencia...y deja de ser amor, sino necesidad...
Besos desde mi gatera
Besos desde mi gatera
Comentario:
wuauuu
y la niña con piruleta se pregunta...
es necesario invadir el otro mundo?
el AMOR siempre viene cuando dos tus dejan de ser tu y yu y se convierten en nosotras?
no estaremos equivocadas pequeña ame... me da miedo buscar a ciegas, aunque curiosamente cierro los ojos y siento un cosquilleo que me encanta...
las coincidencias y las piruletas se parecen.. son lindas, saben bien y se acaban... pero siempre hay muchas más en las tiendas...
ays---q facil es todo y que complicadas nosotras
un beso pegajoso (de calor y piruleta)
elena y su madalena... :)
y la niña con piruleta se pregunta...
es necesario invadir el otro mundo?
el AMOR siempre viene cuando dos tus dejan de ser tu y yu y se convierten en nosotras?
no estaremos equivocadas pequeña ame... me da miedo buscar a ciegas, aunque curiosamente cierro los ojos y siento un cosquilleo que me encanta...
las coincidencias y las piruletas se parecen.. son lindas, saben bien y se acaban... pero siempre hay muchas más en las tiendas...
ays---q facil es todo y que complicadas nosotras
un beso pegajoso (de calor y piruleta)
elena y su madalena... :)