Diario de un gay de pueblo
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Primer amor
Estos días siempre te pones en contacto con amigos o familia de los que hacía tiempo no sabías nada.
Una de esas personas es un amigo al que hace muchos años que no veo y quien yo considero que fue el primer chico del que me enamoré sin que fuera un capricho pasajero (por lo menos no pasajero en unos días). Aquello fue un amor platónico, pero todavía recuerdo aquella época y a él con cariño. Cada año nos felicitamos las Navidades, antes con una tarjeta y ahora con un mail. Cuando lo hacíamos por tarjeta (hasta hace dos años) siempre elegía para él la más bonita del paquete. Obviamente después de tanto tiempo sólo queda aprecio o cariño, pero siempre he pensado que si tuviera que existir algo para toda la vida y si puediera o tuviera que elegir, esa persona que yo habría elegido sería él.
De adolescente me enamoré de varias chicas. Es algo que ni yo entiendo porque a la vez sentía atracción física por los chicos. Pero ese típico enamoramiento, con el cosquilleo en el estómago cuando ves a alguien que te gusta, el saber el horario de clase de alguien para provocar un encuentro etc, lo sentí con chicas, por lo menos al principio. A veces pienso que entonces algunos chicos eramos como Quijotes y que una de las cosas que se esperaba era que eligiéramos a nuestra Dulcinea. Uy que cursi me ha quedado esto.
Pablo, así se llamaba, y yo hicimos todo el BUP y COU en un internado. Fuimos amigos desde el principio, seguramente el primer día de 1º de BUP, pero fue en COU cuando me enamoré de él. Lo recuerdo como un chico sencillo pero inteligente y trabajador y que se llevaba bien con todo el mundo. Físicamente era una especie de patito feo que se convirtió en cisne, un cisne alto, de pelo castaño, piel morena y ojos verdes.
No sé en que momento empecé a sentir algo por él, pero fue en los últimos meses en el internado. Después de cenar siempre nos reuníamos todos los amigos en una de las habitaciones y nos tumbábamos en la cama a charlar un poco antes de ir a estudiar un poco y dormir. Así nos relajábamos, a veces teniendo que usar como almohada las piernas de otro. Cuando me tocaba poner la cabeza en las piernas de Pablo me sentía la persona más feliz del mundo, con los ojos cerrados y sientiendo que poco más se podía pedir que aquellos instantes de felicidad. Nunca llegué a decirle nada, aunque algunas veces he sentido la tentación de contarle lo que sentí entonces. Pero no lo he hecho por miedo a que nuestra amistad, aunque sea en la distancia, pueda romperse. Él no era gay pero había entre nosotros una complicidad especial, y por su parte un aprecio por mí que yo siempre noté en su mirada y su sonrisa, y que sigo notando en sus correos.
A finales de junio después de la Selectividad dejamos para siempre el internado. Un último viaje en autobús, Pablo y yo compañeros de asiento. Después de un rato me quedé medio dormido y al despertar mi cabeza había acabado en su hombro. Me incorporé y le miré. Nos sonreímos. Es el último recuerdo que tengo de él. Después seguimos caminos distintos en sitios muy lejanos pero después de muchos años siempre puede contar con la tarjeta navideña más bonita.
 
un sueño
Hoy estoy aburrido. Tengo agujetas de la caminata de ayer y esta mañana me he despertado con una pesadilla.
Estaba en el trabajo pero tenía que terminar algo y no lo conseguía. Pasaban horas y horas y no acababa. Es una pesadilla que suelo tener siempre unos días antes de que terminen las vacaciones.
En el sueño estaba Manu. Estábamos trabajando y después de un rato me doy cuenta que está sentado en una mesa y no me había dado cuenta de su presencia.
Es la segunda vez que sueño con él. La primera fue hace tres o cuatro semanas, pero entonces él "posaba" como el chico que sale en el anuncio de colonia de Paco Rabanne, con el pantalón muy bajo y mostrando el vello púbico. Una bonita imagen.
No suelo acordarme de los sueños pero desde hace un año o así todos los que he tenido con personas conocidas han sido muy lógicos.
Con una chica que me tiró los tejos soñé que estábamos a punto de casarnos, íbamos hacia el altar y entonces yo le decía que yo no quería casarme, que podíamos seguir adelante, pero que cuando el cura preguntara lo de "¿quieres a ... por esposa?" yo le iba a decir que no, y que mejor si lo anunciabamos a los invitados ya. Luego se celebró el banquete en una plaza.
 
en el campo
Estoy curándome el segundo resfriado de la temporada. Hasta hace tres semanas presumía de llevar dos años sin una gripe ni un resfriado. ¡Por la boca muere el pez! Este segundo resfriado ha venido con una tos la-tos-a que no he sabido decirle al farmacéutico si era irritativa, seca o cómo era. Así que creo que me he confundido de jarabe porque cuando me lo compré ayer no expectoraba y me lo dio para la tos seca, y sin embargo hoy me parece que sí hacen ruidos los bronquios. Y en las instrucciónes dice "no tomar en caso de expectoración", o algo así.
A pesar de todo me he ido al campo. Hacía un día estupendo y me he subido a la sierra. Allí han pasado unos buitres como a 10 metros encima de mí y la vista era impresionante. Hacía mucho que no subía y ya casi no me acordaba.
 
Me estoy enamorando
En el artículo anterior hablé de Manu, de cómo la noche de la cena de Navidad se quedó a tomar una copa conmigo pero al final se acabó yendo antes porque había que trabajar al día siguiente,viernes.
El lunes cuando iba al trabajo deseaba no haber empezado a pensar que entre él y yo podía haber algo. Era miedo escénico.
De todas formas ese lunes había un poco más de confianza entre nosotros después de salir juntos.Pero fue un día más de trabajo.
El martes todos estuvimos hablando de nuestros planes para el fin de semana y la Navidad. Estuvimos hablando de qué haríamos el viernes por la tarde. Yo dije que ya me iría a casa de mi familia. Y de repente noté algo, fueron unos segundos. Juraría que Manu al oírme decir eso se decepcionó y de repente dijo, "quédate y salimos". Me pilló de sorpresa, no dije que sí ni que no. No sé, creo que interpreto las cosas como me gustaría que pasaran.
A partir de entonces Manu ha estado en el rabillo de mi ojo. He notado o me he imaginado una energía entre él y yo, una especie de tensión que sólo se podía resolver lanzándonos el uno a los brazos del otro, sobre todo el día que estaba yo en el ordenador y me puso la mano en el hombro.
Así pasaron los días, sin volver a hablar de la salida del viernes y en mí creciendo algo parecido a un enamoramiento. Me he pasado la semana eufórico, diciendo tonterías, un poco por la felicidad de que llegaban fiestas (¿síndrome pre-vacacional?)y por otro por lo que he estado sintiendo y porque él siempe estaba cerca.
El viernes se acercaba la hora de salir del trabajo, y lo de la salida de marcha sin resolver. Ese día saldríamos del trabajo antes. Tuve que ir antes a hacer unas compras. Fui a toda prisa, si no cuando volviera él ya no estaría. Si nos íbamos a la vez, uno de los dos preguntaría qué íbamos a hacer esa noche. Cuando volví al trabajo seguía allí. Era hora de irse, y de felicitaciones de las fiestas. Salimos a la calle los dos juntos. Ninguno de los dos se despedía del otro ni nos decíamos lo de Felices Fiestas, etc. Mi impresión era que ambos sabíamos que había algo pendiente.
Al final yo dije "bueno, pues si no nos vemos Feliz Navidad". Entonces me preguntó qué iba a hacer esa noche. Le dije que no sabía todavía. Él tampoco sabía muy bien. Quizá quedara con unos amigos y si me quedaba podía darle un toque o él a mí. Nos dimos los teléfonos. Yo ahí estuve completamente nervioso, diciendo "no sé, no sé, es que no sé que voy a hacer" Pues en eso quedamos. Nada claro.
Esa noche no me fui a casa de mi familia pero tampoco me atrevía a llamarlo. Por una parte él iba a salir con amigos a quien yo no conocía. Además me parecía una locura salir con él sólo por una película que probablemente me estaba inventando.
Cogía el móvil, lo volvía a soltar, volvía a cogerlo y buscar su número en la agenda, lo soltaba. Pero tenía que llamarlo. Me he cogido vacaciones hasta enero y no podía esperar tanto. Le dí a la tecla de llamada hacia las 10 y media de la noche. Después de varias llamadas saltó el contestador. Colgué, no lo volví a intentar una segunda vez. Él no me llamó, ni recibí ningún mensaje suyo.
Y eso es todo.
Ojalá no fuera tan reservado y si tiene novia hablara de ella. Pero entonces yo no podría soñar un poco, con lo bonito que es. Y durante una semana he soñado despierto mucho. Ahora ya toca poner los pies en la tierra.
Feliz Navidad a tod@s.

 
La pelusilla del ombligo o como sobrevivir a la cena de empresa
Pues sí, entre las cosas que trae el invierno están la cena de Navidad del trabajo y el resfriado. Y se puede sobrevivir a ambos. Esta semana he tenido que hacerlo y se sale, aunque todavía me tenga que estar recuperando.
Por suerte el resfriado fue antes que la cena, enfrentarse con los dos a la vez no habría sido fácil.
Pero este año en la cena estaría mi nuevo compañero, Manu, alguien por descubrir. No está mal y tiene su misterio. A veces me recuerda a mí, no sé si eso es bueno o malo, por eso he pensado que quizás ... A veces no soy ni consciente de su presencia, otras hay algo que me arrastra hacia él, así tipo feromononas deben ser.
Pero bueno, se aproximaba la hora. Y para algo que haces una vez al año se necesita cierta preparación, física y mental. La física es arreglarse un poco por lo menos, pensando en la rasca que va a hacer cuando te muevas de un bar a otro, si la gente aguanta, o por lo menos los que quieres que aguanten. Por cierto, cuando te estás arreglando te das cuenta que mucho armario, mucho armario, pero poca ropa, lo que hace falta es renovarlo, bueno renovar la ropa, del armario sería mejor salir.
La mental es pensar que, aunque está bien dejarse llevar para que la cosa resulte divertida a pesar de ser un compromiso, eso no quiere decir pasarse con las cañas, el vino, el champán, los chupitos, y las copas de después. Por lo de la resaca y lo de perder la dignidad. Este año no me apetecía muchos subirme otra vez no sé donde y ver a todos los que quedaban en el sitio gritándome "toreeeeero, toreeeero".
Y la segunda fase de la preparación era mentalizarme de que no tenía que tirarle los tejos a mi compañero si yo no veía alguna señal por su parte. Pero joer, una amiga me ha dicho que donde existen más posibilidades de ligar es en el trabajo, así que la situación merecía por lo menos un tanteo.Creo que mi compañero se había puesto las feromonas ese día. Y para cada momento hay una canción. Esa tarde me acordé de una de Amaral, "Moriría por vos" que hacía mucho tiempo que no escuchaba:


Será tu voz, será el licor,
Serán las luces de esta habitación
Será el poder de una canción,
Pero esta noche moriría por vos
Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
De ciencia ficción,
La última cena para los dos
Pero esta noche moriría por vos
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
No tengo planes más allá de esta cena,
Es un misterio hacia dónde la noche nos lleva
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
Vamos, mi niño, a perder la cabeza
Como si fuera nuestro último día en la Tierra

Llegó la cena. Estuvo bien. Una de mis compañeras mostraba cierto interés por Manu. Bueno, no pasa nada, yo sólo estaba considerando posibilidades y además era más algo de ella hacia él que de él hacia ella. Me molestó más cuando se sentaron como diez chicas de una academia de peluqueria en la mesa que había de espaldas a mí y algunas de mi mesa empezaron a decirme que me cambiaban el sitio para que las pudiera mirar y que si había hecho la cama. Pero por qué no se dan cuenta? Sí, había hecho la cama, pero no eran aquellas de detrás las que esperaba que la ocuparan.
Después de la cena fuimos a tomar algo, Hubo algo de cotilleo, que si había miradas tiernas entre Manu y la otra compañera, que si se la iba a pegar a una chica rubia con la que lo habían visto. Al final todos se fueron marchando. ¿Quién quedó al final? Manu, la compañera de las miradas y yo. Bueno y otra gente por allí que conocíamos. Dejó caer que él se iba a ir pronto, que no quería liarse mucho. Le dije si se iba a tomar otra, me preguntó si me la iba a tomar yo. "Síiii". Era lo más informal y fuera del trabajo que habíamos hablado desde que llegó. Para mí eso era equivalente a decirme "si te quedas tú, me quedo yo". Y estaba convencido que era lo que me estaba diciendo, pero no creía que el sentido en que a mi me hubiese gustado.
A pesar de ese momento en que todo podía haber ido por el camino que a mi me gustaría que hubiese ido, yo tenía tres cosas bastante claras, aunque no del todo: Manu no tenía interés en la chica de las miradas tiernas, si era gay no le veía mucho interés en mí tampoco, y sí, probablemente tenía novia, de la que no ha hablado porque nunca habla de su vida privada.
Pero la chica rubia puede ser su amiga, quién no tiene una amiga que se queda en su casa? Y además él se muestra tímido conmigo, igual que yo con él.
Le sugerí que fuésemos con los demás a tomar la última. Dijo que vale, pero que ya sabía lo que pasaba con eso de la última. Nos cambiamos de sitio. Fuimos juntos, con los demás , pero fuimos como pareja, no de hecho ni de derecho, pero como pareja de ir de un bar a otro, jaja.
Me tocaba invitarle. La barra estaba a tope. Él estaba como a dos metros detrás de mí, esperando. Mi temor era que al darme la vuelta se hubiese cansado y hubiera desaparecido. Creo que estaba tan pendiente de cuando se acercaba el camarero para pedir como de él detrás. Debí de estar dándome la vuelta como cada cinco segundos para comprobar que seguía allí. Aunque parezca que nunca te van a servir la bebida, que debes ser el más feo o el más tonto, o el que menos grita, o que el camarero conoce a todo el mundo menos a tí, es una batalla que siempre se acaba ganando, la bebida te la van a dar. Pero joer, ese día Manu estaba detrás, yo tenía puesto el chip de conquista, tenía que haber sido el primero que hubieran servido, para no quedar mal delante de él y eso.
Le llevé la bebida. Se puso al lado de una pared. No quería estar donde pasa todo el mundo y no quería bailar, odia bailar. Con la música y el alcohol que ya llevábamos era difícil entablar una conversación pero algo hablamos. La chica de las miradas no parecía ya tener tanto interés en él. Se había entregado al baile como una posesa.
Pasó el tiempo, se acabó su bebida. Yo sabía que para él la última era la última. Le dije que un día era un día. Pero no, eran las 3 y había que ir a trabajar al día siguiente. Creo no haberle dicho, no recuerdo habérselo dicho y sobre todo ESPERO no haberle dicho que por favor se quedase un poco más, sobre todo el "por favor". Sí me parece que me preguntó si yo me quedaba y sí me parece que le dije que me quedaba hasta que me acabara lo mío. Dios, lo que tenía que haberle preguntado es si había alguien esperándole en su casa. Y que sí , que yo me iba si me invitaba a su casa. Bueno, quizá lo segundo no habría sido muy oportuno, pero lo primero no habría implicado nada. Probablemente me habría contestado que no era asunto mío, no sería la primera vez que le responde eso a alguien, por lo que he oído.
Y se fue. De todas formas en ese momento una de las cosas que más me apetecían era bailar y bailar, por lo menos como segunda opción. Y eso hice, bailar y bailar. El viernes no sé quien fue a trabajar, pero yo acababa de acostarme.
De vez en cuando pienso en el lunes, en el momento en que se crucen las miradas. Me pregunto si se ha percatado de algo. ¿Y los demás? Los conozco bien y si se han dado cuenta de algo van a estar pendientes todo el tiempo. No es que me preocupe. No hay nada lo bastante fuerte para que me tenga que preocupar.
¿Pero si es así por qué me acuerdo de cada momento vivido con él esa noche?
Desde luego no es amor. Uffff, amor. Esa palabra como que hay que mirarla de lejos y que se quede ahí en la distancia. De momento no parece que vaya a encontrar a alguien que me quite la pelusilla del ombligo. Para mí eso es el amor, tener alguien con quien quitarte mutuamente esa pelusa. Y si no está para quitártela, que al llamarte por la mañana temprano, cuando suena el teléfono y te entra un cabreo descomunal, al oír su voz porque no tienes los ojos para ver antes de quien es la llamada, todo el enfado se vuelva ternura y alegría de vivir. Bueno quizá si eso no siempre es amar , sí es querer a alguien, y quererlo mucho, mucho.
No, no creo que esté enamorado de Manu. Cuando te lo preguntas es porque no lo estás. Porque cuando amas a alguien lo sabes, vaya si lo sabes. Pero estoy contento porque ahora sé que otra vez tengo la capacidad de poder volver a querer a alguien.
Si mañana Manu o yo cambiásemos de sitio de trabajo, el recuerdo que me quedaría de él sería el de un compañero callado que se sentaba cerca de mí y el de una cena de Navidad muy especial a la que sobreviví.
Lo que no sobrevivió fue aquello que se llevó el agua de aquel invierno que tanto nos llovió. Pero no hay que lamentarse, al invierno siempre le ha seguido la primavera, a la estación de las lluvias la estación seca.
 
La promesa de la primavera
¿Todo vuelve? Está claro que el tiempo no es lineal. No es una huida hacia adelante donde todo se olvida y queda atrás. Vuelve el invierno, el frío, la nieve, la lluvia, la Navidad, el turrón... Por mucho que nos resistamos la Navidad va a estar ahí otra vez. Mejor entregarse, si se puede, porque a muchas personas les costará mucho soportar estos días. Para unos porque pensarán que se ha dado licencia para ser hortera, para toda la parafernalia que conllevan estas fiestas. Estos verán la decoración, los belenes, los árboles de Navidad, la iluminación, con los mismo ojos que los demás lo vemos el 7 de enero, como algo que ya no tiene razón de ser. Aunque el 7 de enero también está la vuelta al trabajo, la cuesta de enero, la sensación de que algo en lo que habíamos puesto muchas ilusiones se ha terminado.
Otros no habrán puesto ninguna ilusión en las Navidades. Para ellos estos días son un túnel oscuro, al final del cual, afortunadamente hay una salida. Un agujero que atraviesa los días más cortos y grises del año. Así lo viví yo un año, deseando que terminara, sin aguantar las luces artificiales y la felicidad ajena que nada tenía que ver conmigo, de familias, parejas, gente que se dejaba llevar por la alegría, la calidez, la buena cara que se le pone al mal tiempo (atmosférico). Pero todo pasa, después del invierno siempre está la promesa de la primavera. Y esta es una promesa que siempre se cumple.
Esa promesa se hace clara en cuanto el día le gana media hora a la la noche. Entonces todo empieza a cambiar, un cambio que llega poco a poco. Un día nos damos cuenta que la luz tiene pereza por irse, que esa mezcla de azul y anaranjado que hay en el oeste al final del día tarda más en desaparecer de lo que ya nos habíamos acostumbrado, otro día que ha florecido un almendro, otro nos llega un olor a primavera que reconocemos. Y sabemos que el tiempo nos está prometiendo que llegará, que habrá otra primavera, y como le pasaba a Gabriel y Galán en un poema, se nos pondrá la sangre encendía, se nos hinchará la caja del pecho, se nos harán las fuerzas más grandes, nos entrará un hormigueo ... será la sangre que se nos renueva, como la savia de las plantas. Todavía habrá heladas, nevadas, cientos de coches atrapados en un puerto, pero una vez que hemos sentido ese olor templado al salir a la calle, sabemos que ya no hay vuelta atrás.
Si vuelve el invierno, la Navidad, la primavera, entonces el tiempo quizás sea circular. Pero tampoco puede ser. Cuando has vivido algo, en una fecha concreta, que te ha dejado una impresión, al llegar la misma fecha el año siguiente en cierta manera lo re-vives. Pero ya no es igual, cada año el recuerdo es más debil. Por eso pienso que el tiempo es una especie de espiral. Volvemos a pasar por el mismo sitio, pero cada vez más y más arriba, y así nos vamos distanciando del pasado.
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Mi compañero de trabajo
Mi compañero de trabajo es serio, responsable, callado, trabajador. Suele soltar alguna gracia, pero menos que los demás. De su vida privada sabemos más bien poco. A veces me recuerda a mí mismo. Me despierta cierto interés. Qué le gusta, no lo sé. Algunos días, cuando estamos en el trabajo, le diría, "chico, tienes algo especial". No es que se lo vaya a decir, y además está aquello de "donde tengas la olla ..." Otros días entra y casi no me doy cuenta de que está. Ni siquiera sé en qué olla le gusta cocinar a él. Cuando acaba el día cada uno se va a su casa y ya no me vuelvo a acordar de él. Nunca he coincidido con él en una salida nocturna. Hace unos días faltó al trabajo porque había salido la noche anterior. ¡Vaya! Había salido dos o tres jueves seguidos y el día que no salgo, sale él. Debí salir aquella noche. Me habría encontrado con él, podría haber pasado algo ...
¿Me gusta un poco? ¿ No me gusta? La sensación es la de esos días en los que dices "creo que me estoy pillando algo, hasta parece que me está subiendo la fiebre". Al día siguiente puedes salir con una gripe monumental o darte cuenta que era sólo una impresión.
Ayer fue el cumpleaños de Joan; tiré su foto, una de las pocas cosas que me quedaban de él.
 
Si el hombre pudiera decir. Luis Cernuda
Luis Cernuda



Si el hombre pudiera decir lo que ama


Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

 
David y Jonatán

Hace poco leí "Disobedience" de Naomi Alderman. Me lo habían recomendado pero no tenía ni idea de qué iba. Y me gustó mucho, os lo recomiendo. Pero bueno, lo que esto tiene que ver con el título del artículo es que en esta novela descubrí la historia de David y Jonatán. Hablaba de dos amantes en la Biblia y me parecía difícil creérmelo, asi que me puse a investigar en el google y descubrí una historia muy bonita y muy controvertida. La iglesia, cómo no, dice que se trata simplemente de una amistad entre dos hombres, pero también se puede interpretar como una gran historia de amor. Así que yo me quedo con esa versión.

David, el de la famosa escultura, el que venció a Goliat, fue rey de Israel, después de Saúl. Antes de eso, Saúl, que era el padre de Jonatán, consideraba que David era una amenaza para Jonatán y que la relación entre estos dos era una vergüenza para la familia. Por eso mandó matarlo. Sin embargo Jonatán, que había hecho una promesa de amor (según otros amistad) con David, lo ayudó a esconderse (y eso que era una amenaza para él que era el hijo del rey).

También se dice cómo Jonatán amó a David desde la primera vez (lo amaba como a su propia alma) que lo vio y que David al enterarse que Jonatán había muertó, lamentó su muerte, diciendo que su amor para él fue más dulce que el amor de las mujeres. Y fiel a la promesa que se habían hecho, acoge al hijo de Jonatán en su casa como si fuera su propio hijo.

Resumiendo, un amor de leyenda. Estaría muy bien una película basada en esta historia.

Otra novela que esta muy bien y trata la temática gay es "the Night Watch" de Sara Waters
 
Salir del armario
Salir del armario es algo que me planteo muchos días, sobre todo salir de cara a mi familia. Últimamente le estoy dando muchas vueltas a esta idea porque si espero a tener unos años más tendré que salir del baúl.

Algunos amigos, no muchos, ya saben que soy gay. Pero siempre que se lo he contado a alguien ha sido en situaciones "extremas". A Amelia fue una noche que habíamos bebido los dos, y porque además yo estaba tan enamorado de un chico que no podía guardármelo más y decirle a alguien lo fuerte que era lo que sentía.

A Gabriel, un compañero hetero de trabajo , se lo tuve que decir otra noche de fiesta porque me había enamorado de él "perdidamente". Se lo tomó muy bien, al día siguiente me invitó a ver una obra de teatro en la que las protagonistas eran dos lesbianas.

A Antonio, unos de mis mejores amigos, fue un día que se me estropeó el coche y había quedado con un chico. Así que tuvo que llevarme él. Al principio se lo tomó muy mal. Decía que se había dado cuenta que por muy cercana que consideraras a una persona nunca llegabas a conocerla, que no era la idea que tenía de mí. Y por otro lado se debía sentir tan incómodo que, según dijo, prefería no haberlo sabido nunca, qué por qué se lo había contado si las personas que ya lo sabían ahora estaban lejos y podría haber seguido guardando el secreto para siempre sin peligro a que nadie lo supiese? Por lo menos eso era lo que pensaba él entonces. Después se ha acostumbrado a la idea y parece que todo está bien.

Y hace sólo tres semanas se lo dije a otra amiga. En este caso también fue después de haber bebido un poco, aunque ya me rondaba la idea de contarselo desde hacía tiempo. De hecho aquella noche cuando me estaba arreglando pensé "qué me pongo esta noche para salir del armario delante de Marisa?"

La forma de "confesarselo" a todos estos amigos nunca ha sido directamente, diciendo "tengo que decirte algo, soy gay", o algo así, si no siempre dando vueltas al asunto hasta llegar al meollo. Por ejemplo, me han preguntado "y no te enrollarías con esta, o con la otra, o con esta otra?" Y yo contestaba "no con ninguna de ellas." "Y por qué con ninguna de las que te digo?, entonces ¿con quién?". Hasta que al final me salía: "con ninguna chica". "¿Entonces con un chico?" "Sí, con un chico sí".

O con Antonio: "es que he quedado con alguien y se me ha estropeado el coche". "Ah, no sabía que habías quedado con alguien, entonces has quedado con una chica. Y ¿de dónde es ella?", " Es que no es ella". "O sea, entonces es él, un chico". "Sí, es un chico"

Y cuando se lo dije a Amelia: "Estoy muy enamorado". "Y de quién? ¿Es alguien que conozco yo?" "Sí, es alguien que conoces". "¿Es quizás una chica morena?" "No, ni una cosa ni la otra" "O sea ni es chica ni es morena, ¿no?, ¿entonces es un chico?". "Sí, es un chico".

Me pregunto cómo será cuando se lo diga a mi familia.. Seguro que será de una forma parecida, cuando me pregunten por qué no tengo novia y tenga que decir que novia precisamente no. O cuando mi cuñado se meta con los gays y yo no pueda aguantarme.

Todo esto me recuerda a un poema de Luis Cernuda que empieza con algo así como "Si el hombre pudiera decir lo que siente". Y ya ha llovido desde los tiempos de Luis Cernuda. No puede ser que todavía estemos (o estemos algunos) así.

 
En Londres
De "hablar por hablar" y Londres:Gracias, Conchita, por recomendarme escuchar el nuevo disco de Manu Tenorio. Hay una canción, que no sé si es de ese disco, que dice algo así como "cuanto te he echado de menos", que también he escuchado con atención.

Esta historia que conté empezó hace casi cuatro años, en octurbre, y acabó cinco meses después, en marzo. Pero en realidad supe unas semanas antes que iba a acabar, concretamente el 14 de febrero. Todo tiene su fin.

Es verdad lo que dices,que una canción puede servir para conocerse, enamorarse. Mucha gente escribe sus memorias, pero también podrían hacerse unas memorias en música, recopilando las canciones que asociamos con cada etapa de nuestra vida.

Después de acabar todo Joan y yo estuvimos en contacto unos meses, luego creo que decidimos sin decírnoslo que lo mejor para los dos sería no seguir en contacto.Así que no hemos vuelto a saber nada el uno del otro, excepto por una cosa y sólo una vez. Se puso de moda poner tu nombre o el de alguien en google para ver si salías en la red. Un día se me ocurrió poner el suyo y apareció su curriculum y su foto. Y qué diferencia entre él y yo. Después de separarnos yo había estado muy mal, con él ánimo muy bajo y sin embargo a él se le veía muy bien, sonriente, feliz. A mí me costó volver a sonreír, pero el tiempo es una buena medicina. Cuando lo conocí no se puede decir que estuviera yo en el mejor momento de mi vida y eso tuvo que influir en nuestra relación. Y cuando lo dejamos todo cayó en picado.

Luego cambié de lugar de trabajo y eso me sirvió mucho para superarlo todo.Hay un programa que se llama "Hablar por Hablar" y que escucho de vez en cuando. Para mí es como un termómetro de cómo me siento. Lo oigo desde hace unos diez años. Ha habido dos o tres épocas durante esos años en que habría llamado para decir lo mal que me sentía y que me dieran consejo , y ha habido otras en que he estado a punto de llamar para decir a los que estaban mal que ningún mal dura toda la vida, que todo pasa. Y tanto en una situación como en la otra me he acordado de cómo en otro momento el estado de ánimo era el contrario.

Este verano decidí irme a Londres. Miré la página de la oficina de turismo de allí y me encontré que tenían un enlace al mundo gay, pero cuando fui no vi que aquello fuera para tanto. La foto en la que se ve Londres al fondo desde un parque está echa desde Hampstead Heath. Es un sitio muy curioso, donde hay tres piscinas naturales, una para hombres, otra para mujeres y otra mixta. Desde allí hay una buena vista de la ciudad, y la sensación es de estar en plena naturaleza. Merece la pena visitar Kenwood House en el mismo parque. Y muy cerca esta Spaniards' Inn, un pub construido hace varios siglos. No se sabe si se llama así porque era el lugar de retiro del embajador español en Gran Bretaña o porque fue de dos hermanos españoles. Pero parece ser que es lugar lleno de leyendas y de fantasmas.
 
Relaciones internautas
Siempre resulta difícil empezar a escribir pero allá voy. He elegido el título porque ser gay y vivir en un pueblo pequeño te deja muy pocas opciones. Y una de ellas es internet. Por aquí he podido conocer a algunas de mis parejas.

Siempre me acuerdo que una amiga decía que los comienzos de las relaciones son muy bonitos. Por eso me gustaría contar cómo empezó una de esas relaciones y si alguien llega a leer esto y quiere contar algo suyo estaría muy bien.

Pues Joan y yo nos conocimos en un canal de chat y se produjo esa conexión que a veces se da, cuando piensas que lo que la otra persona te cuenta resulta interesante, aunque yo no quería darlo mucha importancia por lo irreales que son todas las relaciones por internet.

Pero bueno ahí estuvimos mas de dos meses chateando y hablando por teléfono sin conocernos físicamente ya que entonces no eran tan populares las camaras digitales ni las webcams. Hasta que llegó el día. Decidimos conocernos en persona en un lugar intermedio para los dos.

Era un viernes por la tarde. Calculé mal el tiempo y llegué media hora tarde. Cuando estaba a punto de llegar al sitio donde estaba él lo llamé por teléfono y le dije que yo era el que estaba subiendo las escaleras. Y ya estaba al lado de él. No sabía si seguir hablándole por el teléfono o cortar la llamada :).

Tengo que confesar que en el momento de verle físicamente , por muchas formas de las que hayas intentado imaginar a alguien, es imposible que hayas acertado con ninguna de ellas. Pero ahí estabamos.

Nos sentamos en la terraza de un bar. Y entonces me di cuenta de cómo era Joan. Físicamente me agradó. Yo tenía una sensación extraña. Por un lado era la persona que tanto conocía por las largas conversaciones y por otro era un desconocido pues realmente era la primera vez que lo veía.

Tengo que decir que era a mediados de octubre, hacia las seis de la tarde. Había un sol suave y agradable que a mi me daba directamente en la cara. Ese sol me transmitía una calidez que debía reflejarse en mis ojos.

En la terraza había música, quizá no del gusto de todo el mundo pero la que en aquel momento no podían haber elegido mejo. Era de Manu Tenorio, su primer disco entero. Una de las canciones decía algo así como "Y yo, tan enamorado de ti". No sé aún si en aquel momento me sentía tan enamorado pero sí que sentía algo muy especial por haber conocido a aquella persona. Siempre asociaré ese momento con esa canción, y esa canción con ese momento.

La otra canción que recuerdo del mismo cantante decía algo como "dime que tu piel sera mi piel". En ese momento era lo que yo me preguntaba, si su piel sería mi piel.

Más tarde fuimos a dar un paseo. Al levantarnos me dijo que tenía unos ojos preciosos. Lo que yo decía, aquel sol de una tarde de octubre...