Diario de un gay de pueblo
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La promesa de la primavera
¿Todo vuelve? Está claro que el tiempo no es lineal. No es una huida hacia adelante donde todo se olvida y queda atrás. Vuelve el invierno, el frío, la nieve, la lluvia, la Navidad, el turrón... Por mucho que nos resistamos la Navidad va a estar ahí otra vez. Mejor entregarse, si se puede, porque a muchas personas les costará mucho soportar estos días. Para unos porque pensarán que se ha dado licencia para ser hortera, para toda la parafernalia que conllevan estas fiestas. Estos verán la decoración, los belenes, los árboles de Navidad, la iluminación, con los mismo ojos que los demás lo vemos el 7 de enero, como algo que ya no tiene razón de ser. Aunque el 7 de enero también está la vuelta al trabajo, la cuesta de enero, la sensación de que algo en lo que habíamos puesto muchas ilusiones se ha terminado.
Otros no habrán puesto ninguna ilusión en las Navidades. Para ellos estos días son un túnel oscuro, al final del cual, afortunadamente hay una salida. Un agujero que atraviesa los días más cortos y grises del año. Así lo viví yo un año, deseando que terminara, sin aguantar las luces artificiales y la felicidad ajena que nada tenía que ver conmigo, de familias, parejas, gente que se dejaba llevar por la alegría, la calidez, la buena cara que se le pone al mal tiempo (atmosférico). Pero todo pasa, después del invierno siempre está la promesa de la primavera. Y esta es una promesa que siempre se cumple.
Esa promesa se hace clara en cuanto el día le gana media hora a la la noche. Entonces todo empieza a cambiar, un cambio que llega poco a poco. Un día nos damos cuenta que la luz tiene pereza por irse, que esa mezcla de azul y anaranjado que hay en el oeste al final del día tarda más en desaparecer de lo que ya nos habíamos acostumbrado, otro día que ha florecido un almendro, otro nos llega un olor a primavera que reconocemos. Y sabemos que el tiempo nos está prometiendo que llegará, que habrá otra primavera, y como le pasaba a Gabriel y Galán en un poema, se nos pondrá la sangre encendía, se nos hinchará la caja del pecho, se nos harán las fuerzas más grandes, nos entrará un hormigueo ... será la sangre que se nos renueva, como la savia de las plantas. Todavía habrá heladas, nevadas, cientos de coches atrapados en un puerto, pero una vez que hemos sentido ese olor templado al salir a la calle, sabemos que ya no hay vuelta atrás.
Si vuelve el invierno, la Navidad, la primavera, entonces el tiempo quizás sea circular. Pero tampoco puede ser. Cuando has vivido algo, en una fecha concreta, que te ha dejado una impresión, al llegar la misma fecha el año siguiente en cierta manera lo re-vives. Pero ya no es igual, cada año el recuerdo es más debil. Por eso pienso que el tiempo es una especie de espiral. Volvemos a pasar por el mismo sitio, pero cada vez más y más arriba, y así nos vamos distanciando del pasado.
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