La pelusilla del ombligo o como sobrevivir a la cena de empresa
Pues sí, entre las cosas que trae el invierno están la cena de Navidad del trabajo y el resfriado. Y se puede sobrevivir a ambos. Esta semana he tenido que hacerlo y se sale, aunque todavía me tenga que estar recuperando.
Por suerte el resfriado fue antes que la cena, enfrentarse con los dos a la vez no habría sido fácil.
Pero este año en la cena estaría mi nuevo compañero, Manu, alguien por descubrir. No está mal y tiene su misterio. A veces me recuerda a mí, no sé si eso es bueno o malo, por eso he pensado que quizás ... A veces no soy ni consciente de su presencia, otras hay algo que me arrastra hacia él, así tipo feromononas deben ser.
Pero bueno, se aproximaba la hora. Y para algo que haces una vez al año se necesita cierta preparación, física y mental. La física es arreglarse un poco por lo menos, pensando en la rasca que va a hacer cuando te muevas de un bar a otro, si la gente aguanta, o por lo menos los que quieres que aguanten. Por cierto, cuando te estás arreglando te das cuenta que mucho armario, mucho armario, pero poca ropa, lo que hace falta es renovarlo, bueno renovar la ropa, del armario sería mejor salir.
La mental es pensar que, aunque está bien dejarse llevar para que la cosa resulte divertida a pesar de ser un compromiso, eso no quiere decir pasarse con las cañas, el vino, el champán, los chupitos, y las copas de después. Por lo de la resaca y lo de perder la dignidad. Este año no me apetecía muchos subirme otra vez no sé donde y ver a todos los que quedaban en el sitio gritándome "toreeeeero, toreeeero".
Y la segunda fase de la preparación era mentalizarme de que no tenía que tirarle los tejos a mi compañero si yo no veía alguna señal por su parte. Pero joer, una amiga me ha dicho que donde existen más posibilidades de ligar es en el trabajo, así que la situación merecía por lo menos un tanteo.Creo que mi compañero se había puesto las feromonas ese día. Y para cada momento hay una canción. Esa tarde me acordé de una de Amaral, "Moriría por vos" que hacía mucho tiempo que no escuchaba:
Será tu voz, será el licor,
Serán las luces de esta habitación
Será el poder de una canción,
Pero esta noche moriría por vos
Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
De ciencia ficción,
La última cena para los dos
Pero esta noche moriría por vos
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
No tengo planes más allá de esta cena,
Es un misterio hacia dónde la noche nos lleva
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
Vamos, mi niño, a perder la cabeza
Como si fuera nuestro último día en la Tierra
Llegó la cena. Estuvo bien. Una de mis compañeras mostraba cierto interés por Manu. Bueno, no pasa nada, yo sólo estaba considerando posibilidades y además era más algo de ella hacia él que de él hacia ella. Me molestó más cuando se sentaron como diez chicas de una academia de peluqueria en la mesa que había de espaldas a mí y algunas de mi mesa empezaron a decirme que me cambiaban el sitio para que las pudiera mirar y que si había hecho la cama. Pero por qué no se dan cuenta? Sí, había hecho la cama, pero no eran aquellas de detrás las que esperaba que la ocuparan.
Después de la cena fuimos a tomar algo, Hubo algo de cotilleo, que si había miradas tiernas entre Manu y la otra compañera, que si se la iba a pegar a una chica rubia con la que lo habían visto. Al final todos se fueron marchando. ¿Quién quedó al final? Manu, la compañera de las miradas y yo. Bueno y otra gente por allí que conocíamos. Dejó caer que él se iba a ir pronto, que no quería liarse mucho. Le dije si se iba a tomar otra, me preguntó si me la iba a tomar yo. "Síiii". Era lo más informal y fuera del trabajo que habíamos hablado desde que llegó. Para mí eso era equivalente a decirme "si te quedas tú, me quedo yo". Y estaba convencido que era lo que me estaba diciendo, pero no creía que el sentido en que a mi me hubiese gustado.
A pesar de ese momento en que todo podía haber ido por el camino que a mi me gustaría que hubiese ido, yo tenía tres cosas bastante claras, aunque no del todo: Manu no tenía interés en la chica de las miradas tiernas, si era gay no le veía mucho interés en mí tampoco, y sí, probablemente tenía novia, de la que no ha hablado porque nunca habla de su vida privada.
Pero la chica rubia puede ser su amiga, quién no tiene una amiga que se queda en su casa? Y además él se muestra tímido conmigo, igual que yo con él.
Le sugerí que fuésemos con los demás a tomar la última. Dijo que vale, pero que ya sabía lo que pasaba con eso de la última. Nos cambiamos de sitio. Fuimos juntos, con los demás , pero fuimos como pareja, no de hecho ni de derecho, pero como pareja de ir de un bar a otro, jaja.
Me tocaba invitarle. La barra estaba a tope. Él estaba como a dos metros detrás de mí, esperando. Mi temor era que al darme la vuelta se hubiese cansado y hubiera desaparecido. Creo que estaba tan pendiente de cuando se acercaba el camarero para pedir como de él detrás. Debí de estar dándome la vuelta como cada cinco segundos para comprobar que seguía allí. Aunque parezca que nunca te van a servir la bebida, que debes ser el más feo o el más tonto, o el que menos grita, o que el camarero conoce a todo el mundo menos a tí, es una batalla que siempre se acaba ganando, la bebida te la van a dar. Pero joer, ese día Manu estaba detrás, yo tenía puesto el chip de conquista, tenía que haber sido el primero que hubieran servido, para no quedar mal delante de él y eso.
Le llevé la bebida. Se puso al lado de una pared. No quería estar donde pasa todo el mundo y no quería bailar, odia bailar. Con la música y el alcohol que ya llevábamos era difícil entablar una conversación pero algo hablamos. La chica de las miradas no parecía ya tener tanto interés en él. Se había entregado al baile como una posesa.
Pasó el tiempo, se acabó su bebida. Yo sabía que para él la última era la última. Le dije que un día era un día. Pero no, eran las 3 y había que ir a trabajar al día siguiente. Creo no haberle dicho, no recuerdo habérselo dicho y sobre todo ESPERO no haberle dicho que por favor se quedase un poco más, sobre todo el "por favor". Sí me parece que me preguntó si yo me quedaba y sí me parece que le dije que me quedaba hasta que me acabara lo mío. Dios, lo que tenía que haberle preguntado es si había alguien esperándole en su casa. Y que sí , que yo me iba si me invitaba a su casa. Bueno, quizá lo segundo no habría sido muy oportuno, pero lo primero no habría implicado nada. Probablemente me habría contestado que no era asunto mío, no sería la primera vez que le responde eso a alguien, por lo que he oído.
Y se fue. De todas formas en ese momento una de las cosas que más me apetecían era bailar y bailar, por lo menos como segunda opción. Y eso hice, bailar y bailar. El viernes no sé quien fue a trabajar, pero yo acababa de acostarme.
De vez en cuando pienso en el lunes, en el momento en que se crucen las miradas. Me pregunto si se ha percatado de algo. ¿Y los demás? Los conozco bien y si se han dado cuenta de algo van a estar pendientes todo el tiempo. No es que me preocupe. No hay nada lo bastante fuerte para que me tenga que preocupar.
¿Pero si es así por qué me acuerdo de cada momento vivido con él esa noche?
Desde luego no es amor. Uffff, amor. Esa palabra como que hay que mirarla de lejos y que se quede ahí en la distancia. De momento no parece que vaya a encontrar a alguien que me quite la pelusilla del ombligo. Para mí eso es el amor, tener alguien con quien quitarte mutuamente esa pelusa. Y si no está para quitártela, que al llamarte por la mañana temprano, cuando suena el teléfono y te entra un cabreo descomunal, al oír su voz porque no tienes los ojos para ver antes de quien es la llamada, todo el enfado se vuelva ternura y alegría de vivir. Bueno quizá si eso no siempre es amar , sí es querer a alguien, y quererlo mucho, mucho.
No, no creo que esté enamorado de Manu. Cuando te lo preguntas es porque no lo estás. Porque cuando amas a alguien lo sabes, vaya si lo sabes. Pero estoy contento porque ahora sé que otra vez tengo la capacidad de poder volver a querer a alguien.
Si mañana Manu o yo cambiásemos de sitio de trabajo, el recuerdo que me quedaría de él sería el de un compañero callado que se sentaba cerca de mí y el de una cena de Navidad muy especial a la que sobreviví.
Lo que no sobrevivió fue aquello que se llevó el agua de aquel invierno que tanto nos llovió. Pero no hay que lamentarse, al invierno siempre le ha seguido la primavera, a la estación de las lluvias la estación seca.
Por suerte el resfriado fue antes que la cena, enfrentarse con los dos a la vez no habría sido fácil.
Pero este año en la cena estaría mi nuevo compañero, Manu, alguien por descubrir. No está mal y tiene su misterio. A veces me recuerda a mí, no sé si eso es bueno o malo, por eso he pensado que quizás ... A veces no soy ni consciente de su presencia, otras hay algo que me arrastra hacia él, así tipo feromononas deben ser.
Pero bueno, se aproximaba la hora. Y para algo que haces una vez al año se necesita cierta preparación, física y mental. La física es arreglarse un poco por lo menos, pensando en la rasca que va a hacer cuando te muevas de un bar a otro, si la gente aguanta, o por lo menos los que quieres que aguanten. Por cierto, cuando te estás arreglando te das cuenta que mucho armario, mucho armario, pero poca ropa, lo que hace falta es renovarlo, bueno renovar la ropa, del armario sería mejor salir.
La mental es pensar que, aunque está bien dejarse llevar para que la cosa resulte divertida a pesar de ser un compromiso, eso no quiere decir pasarse con las cañas, el vino, el champán, los chupitos, y las copas de después. Por lo de la resaca y lo de perder la dignidad. Este año no me apetecía muchos subirme otra vez no sé donde y ver a todos los que quedaban en el sitio gritándome "toreeeeero, toreeeero".
Y la segunda fase de la preparación era mentalizarme de que no tenía que tirarle los tejos a mi compañero si yo no veía alguna señal por su parte. Pero joer, una amiga me ha dicho que donde existen más posibilidades de ligar es en el trabajo, así que la situación merecía por lo menos un tanteo.Creo que mi compañero se había puesto las feromonas ese día. Y para cada momento hay una canción. Esa tarde me acordé de una de Amaral, "Moriría por vos" que hacía mucho tiempo que no escuchaba:
Será tu voz, será el licor,
Serán las luces de esta habitación
Será el poder de una canción,
Pero esta noche moriría por vos
Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
De ciencia ficción,
La última cena para los dos
Pero esta noche moriría por vos
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
No tengo planes más allá de esta cena,
Es un misterio hacia dónde la noche nos lleva
Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas
Vamos, mi niño, a perder la cabeza
Como si fuera nuestro último día en la Tierra
Llegó la cena. Estuvo bien. Una de mis compañeras mostraba cierto interés por Manu. Bueno, no pasa nada, yo sólo estaba considerando posibilidades y además era más algo de ella hacia él que de él hacia ella. Me molestó más cuando se sentaron como diez chicas de una academia de peluqueria en la mesa que había de espaldas a mí y algunas de mi mesa empezaron a decirme que me cambiaban el sitio para que las pudiera mirar y que si había hecho la cama. Pero por qué no se dan cuenta? Sí, había hecho la cama, pero no eran aquellas de detrás las que esperaba que la ocuparan.
Después de la cena fuimos a tomar algo, Hubo algo de cotilleo, que si había miradas tiernas entre Manu y la otra compañera, que si se la iba a pegar a una chica rubia con la que lo habían visto. Al final todos se fueron marchando. ¿Quién quedó al final? Manu, la compañera de las miradas y yo. Bueno y otra gente por allí que conocíamos. Dejó caer que él se iba a ir pronto, que no quería liarse mucho. Le dije si se iba a tomar otra, me preguntó si me la iba a tomar yo. "Síiii". Era lo más informal y fuera del trabajo que habíamos hablado desde que llegó. Para mí eso era equivalente a decirme "si te quedas tú, me quedo yo". Y estaba convencido que era lo que me estaba diciendo, pero no creía que el sentido en que a mi me hubiese gustado.
A pesar de ese momento en que todo podía haber ido por el camino que a mi me gustaría que hubiese ido, yo tenía tres cosas bastante claras, aunque no del todo: Manu no tenía interés en la chica de las miradas tiernas, si era gay no le veía mucho interés en mí tampoco, y sí, probablemente tenía novia, de la que no ha hablado porque nunca habla de su vida privada.
Pero la chica rubia puede ser su amiga, quién no tiene una amiga que se queda en su casa? Y además él se muestra tímido conmigo, igual que yo con él.
Le sugerí que fuésemos con los demás a tomar la última. Dijo que vale, pero que ya sabía lo que pasaba con eso de la última. Nos cambiamos de sitio. Fuimos juntos, con los demás , pero fuimos como pareja, no de hecho ni de derecho, pero como pareja de ir de un bar a otro, jaja.
Me tocaba invitarle. La barra estaba a tope. Él estaba como a dos metros detrás de mí, esperando. Mi temor era que al darme la vuelta se hubiese cansado y hubiera desaparecido. Creo que estaba tan pendiente de cuando se acercaba el camarero para pedir como de él detrás. Debí de estar dándome la vuelta como cada cinco segundos para comprobar que seguía allí. Aunque parezca que nunca te van a servir la bebida, que debes ser el más feo o el más tonto, o el que menos grita, o que el camarero conoce a todo el mundo menos a tí, es una batalla que siempre se acaba ganando, la bebida te la van a dar. Pero joer, ese día Manu estaba detrás, yo tenía puesto el chip de conquista, tenía que haber sido el primero que hubieran servido, para no quedar mal delante de él y eso.
Le llevé la bebida. Se puso al lado de una pared. No quería estar donde pasa todo el mundo y no quería bailar, odia bailar. Con la música y el alcohol que ya llevábamos era difícil entablar una conversación pero algo hablamos. La chica de las miradas no parecía ya tener tanto interés en él. Se había entregado al baile como una posesa.
Pasó el tiempo, se acabó su bebida. Yo sabía que para él la última era la última. Le dije que un día era un día. Pero no, eran las 3 y había que ir a trabajar al día siguiente. Creo no haberle dicho, no recuerdo habérselo dicho y sobre todo ESPERO no haberle dicho que por favor se quedase un poco más, sobre todo el "por favor". Sí me parece que me preguntó si yo me quedaba y sí me parece que le dije que me quedaba hasta que me acabara lo mío. Dios, lo que tenía que haberle preguntado es si había alguien esperándole en su casa. Y que sí , que yo me iba si me invitaba a su casa. Bueno, quizá lo segundo no habría sido muy oportuno, pero lo primero no habría implicado nada. Probablemente me habría contestado que no era asunto mío, no sería la primera vez que le responde eso a alguien, por lo que he oído.
Y se fue. De todas formas en ese momento una de las cosas que más me apetecían era bailar y bailar, por lo menos como segunda opción. Y eso hice, bailar y bailar. El viernes no sé quien fue a trabajar, pero yo acababa de acostarme.
De vez en cuando pienso en el lunes, en el momento en que se crucen las miradas. Me pregunto si se ha percatado de algo. ¿Y los demás? Los conozco bien y si se han dado cuenta de algo van a estar pendientes todo el tiempo. No es que me preocupe. No hay nada lo bastante fuerte para que me tenga que preocupar.
¿Pero si es así por qué me acuerdo de cada momento vivido con él esa noche?
Desde luego no es amor. Uffff, amor. Esa palabra como que hay que mirarla de lejos y que se quede ahí en la distancia. De momento no parece que vaya a encontrar a alguien que me quite la pelusilla del ombligo. Para mí eso es el amor, tener alguien con quien quitarte mutuamente esa pelusa. Y si no está para quitártela, que al llamarte por la mañana temprano, cuando suena el teléfono y te entra un cabreo descomunal, al oír su voz porque no tienes los ojos para ver antes de quien es la llamada, todo el enfado se vuelva ternura y alegría de vivir. Bueno quizá si eso no siempre es amar , sí es querer a alguien, y quererlo mucho, mucho.
No, no creo que esté enamorado de Manu. Cuando te lo preguntas es porque no lo estás. Porque cuando amas a alguien lo sabes, vaya si lo sabes. Pero estoy contento porque ahora sé que otra vez tengo la capacidad de poder volver a querer a alguien.
Si mañana Manu o yo cambiásemos de sitio de trabajo, el recuerdo que me quedaría de él sería el de un compañero callado que se sentaba cerca de mí y el de una cena de Navidad muy especial a la que sobreviví.
Lo que no sobrevivió fue aquello que se llevó el agua de aquel invierno que tanto nos llovió. Pero no hay que lamentarse, al invierno siempre le ha seguido la primavera, a la estación de las lluvias la estación seca.