Diario de un gay de pueblo
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Primer amor
Estos días siempre te pones en contacto con amigos o familia de los que hacía tiempo no sabías nada.
Una de esas personas es un amigo al que hace muchos años que no veo y quien yo considero que fue el primer chico del que me enamoré sin que fuera un capricho pasajero (por lo menos no pasajero en unos días). Aquello fue un amor platónico, pero todavía recuerdo aquella época y a él con cariño. Cada año nos felicitamos las Navidades, antes con una tarjeta y ahora con un mail. Cuando lo hacíamos por tarjeta (hasta hace dos años) siempre elegía para él la más bonita del paquete. Obviamente después de tanto tiempo sólo queda aprecio o cariño, pero siempre he pensado que si tuviera que existir algo para toda la vida y si puediera o tuviera que elegir, esa persona que yo habría elegido sería él.
De adolescente me enamoré de varias chicas. Es algo que ni yo entiendo porque a la vez sentía atracción física por los chicos. Pero ese típico enamoramiento, con el cosquilleo en el estómago cuando ves a alguien que te gusta, el saber el horario de clase de alguien para provocar un encuentro etc, lo sentí con chicas, por lo menos al principio. A veces pienso que entonces algunos chicos eramos como Quijotes y que una de las cosas que se esperaba era que eligiéramos a nuestra Dulcinea. Uy que cursi me ha quedado esto.
Pablo, así se llamaba, y yo hicimos todo el BUP y COU en un internado. Fuimos amigos desde el principio, seguramente el primer día de 1º de BUP, pero fue en COU cuando me enamoré de él. Lo recuerdo como un chico sencillo pero inteligente y trabajador y que se llevaba bien con todo el mundo. Físicamente era una especie de patito feo que se convirtió en cisne, un cisne alto, de pelo castaño, piel morena y ojos verdes.
No sé en que momento empecé a sentir algo por él, pero fue en los últimos meses en el internado. Después de cenar siempre nos reuníamos todos los amigos en una de las habitaciones y nos tumbábamos en la cama a charlar un poco antes de ir a estudiar un poco y dormir. Así nos relajábamos, a veces teniendo que usar como almohada las piernas de otro. Cuando me tocaba poner la cabeza en las piernas de Pablo me sentía la persona más feliz del mundo, con los ojos cerrados y sientiendo que poco más se podía pedir que aquellos instantes de felicidad. Nunca llegué a decirle nada, aunque algunas veces he sentido la tentación de contarle lo que sentí entonces. Pero no lo he hecho por miedo a que nuestra amistad, aunque sea en la distancia, pueda romperse. Él no era gay pero había entre nosotros una complicidad especial, y por su parte un aprecio por mí que yo siempre noté en su mirada y su sonrisa, y que sigo notando en sus correos.
A finales de junio después de la Selectividad dejamos para siempre el internado. Un último viaje en autobús, Pablo y yo compañeros de asiento. Después de un rato me quedé medio dormido y al despertar mi cabeza había acabado en su hombro. Me incorporé y le miré. Nos sonreímos. Es el último recuerdo que tengo de él. Después seguimos caminos distintos en sitios muy lejanos pero después de muchos años siempre puede contar con la tarjeta navideña más bonita.
 
Comentario:
Becquer decía en una de sus leyendas, que podemos enamorarnos tanto de un hombre o mujer o incluso de un animal, de la mano de una persona (de eso trataba esta leyenda).

Cuando te enamoraste de esa chica no era necesario una atracción emotivo-sexual.

Cuántas veces nos enamoramos de un escritor, de un periodista o de una camisa?

En inglés to love es amar o encantarte (una cosa también)

Besos
 
Comentario:
Vaya... qué historia tan bonita la tuya con este chico... El último recuerdo, en el autobús... qué bonito.
Yo también estuve enamorado de una chica... tampoco me lo explico, porque ahora sé que no me podría gustar ninguna chica. Bueno, por lo menos eso creo, pero nunca se sabe...
Besos
 
Comentario:
vaya, gracias por tu comentario en mi web. decirte que el tuyo me ha puesto la piel de pollo. un abrazo y felices fiestas
el agente
No