Diario de un gay de pueblo
Ensayos y errores
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4 X 4
Cuando a las 3 de la mañana sus amigos le dijeron que querían ir a casa, K miró si todavía quedaba alguien por allí que tuviera una plaza para él. No tenía nada que hacer el domingo, y para un día que salía no le apetecía irse tan pronto.
Le preguntó a Ángel, con quien tampoco es que tuviera mucha confianza, si iba a poder llevarlo. Éste dijo que sí, que había venido solo.
Pero poco después de las 4 Ángel también se quería ir. Tener una pequeña explotación agraria no te permite descansar los domingos, el ganado tiene que comer todos los días. Así que se subieron al 4x4 y cogieron la pista forestal, que además de ser un atajo evitaría controles de la Guardia Civil. A medio camino tuvieron que parar, demasiado líquido en el cuerpo para aguantar todo el viaje. Salieron del coche para mear a un lado del camino, primero apuntando cada uno para un lado, después ya frente a frente llenos de deseo. K no esperaba que fuera Ángel el que se acercara y diera el primer paso, pero éste vino y primero la mano fue al ombligo y al pecho, luego por todo el cuerpo. El que aquello fuera totalmente inesperado, sin explicaciones previas sobre si era la primera vez o no, etc. fue lo que más le agradó a K.

Pensaron que aunque aquel camino no estuviera muy transitado, tammpoco era el mejor sitio, así que se subieron al coche y se metieron por otro que llevaba a unas casas en ruinas y por el que no pasaría nadie por lo menos hasta la mañana.

Al día siguiente K dudó si ir o no, sopesó los pros y los contras, aunque cuando tenía esos dilemas siempre acababa haciendo lo que quería hacer y lo que, en aquel caso, su cuerpo y el recuerdo de la noche anterior le pedían hacer. Otras veces habría sido el "corazón" quien le habría dictado qué hacer. Cuando llegó a la finca de Ángel notó que este se ponía nervioso.

K: quería ver cómo era esto. Hacía tiempo que no pasaba por aquí, no sabía que habías hecho todo esto nuevo.
Ángel: sí, ven te lo enseño. Oye, que, que, lo de anoche, a ver si alguien va a sospechar algo.
K: no sé por qué alguien tiene que pensar nada. Aunque supongo que de mí se comenta y por eso lo dices, pero bueno.

Al final volvieron a repetir, un poco apresuradamente, entre los sacos de comida para el ganado.

Al día siguiente K fue a tomar un café al bar después de cenar. Cuando se fue, Ángel dijo que también se iba para casa. En una calle casi en penumbra, Ángel puso el brazo sobre los hombros de K y le besó mientras metía la mano debajo del jersey.

K: ¿estás loco?, aquí?
Ángel: me estoy quedando un poco pillado contigo. Vivir aquí es una mierda y esto es lo mejor que me ha pasado.
K: Mira, allí hay gente, vámonos a casa.

Lo que le había dicho Ángel, hizo que K se desinflara. O quizá dos veces habían sido suficiente. Cuando se separaron para coger la calle de cada uno, pensó que aquella situación no era la que quería, ahora tendría que pensar qué hacer, quizá simplemente evitar a Ángel, aunque fuera lo más cobarde. Y a la vez no pudo dejar de acordarse de aquel otro con el que tantas ilusiones se había hecho, y con quien tantas cosas había imaginado que harían juntos, aunque sabía que con él , tal y como iban las cosas, no tenía mucho que hacer.







 
Comentario:
Los ángeles siempre siempre siempre acaban teniendo suerte, ya lo verás.

Besos
No