Sacado del Blog de Lucía Etxeberría
A veces me sorprende comprobar cómo algunos homosexuales pueden ponerse, si quieren, tan intolerantes con otra gente como Ana Botella se pone con ellos. Por ejemplo, de un hombre casado que de vez en cuando tiene una aventurilla en algún cuarto oscuro dirán que “es un maricón reprimido que se casó por guardar las apariencias” cosa que puede ser cierta en algunos casos, pero en otros no. Olvidan que en los bares heteros no hay cuartos oscuros y el sexo anónimo, rápido y gratuito es mucho más difícil, si no imposible. Y de la joven escritora que confiesa -ingenua de ella- que se enamora de las personas con independiencia de su dotación gonádica y /o genital se dirá o bien que es una lesbiana que no lo quiere reconocer o bien que solo lo dice para provocar, montar polémica y vender más.
Pero las presiones no provienen solo de los gays sino de todas las instancias sociales: educación y crianza, moral religiosa, discursos psicológicos y científicos, modelos presentes en los medios de comunicación… y se manifiesta en multitud de detalles de la vida cotidiana. Por ejemplo, si Pepi se separa de su marido porque se ha enamorado de Luisa, la gente dirá “Pues Pepi resultó ser lesbiana”, en lugar de “Vaya, Pepi es bisexual”. Parece asumirse que que los seres humanos somos o bien heterosexuales o bien homosexuales, y que esas dos categorías son excluyentes entre sí. Y hay que elegir un bando u otro.
Para colmo los bi suelen tener muy mala fama, peor aún que los homosexuales, ( que ya la arrastran durilla). A los homosexuales les persiguen algunos heterosexuales que piensan que gente como ellos no debería casarse ni adoptar niños. Pero a los bisexuales les persigue todo el mundo. De los bisexuales se dice de todo: promiscuos, infieles, que propagan el sida entre los inocentes héteros, que son incapaces de establecer una relación estable, y así sucesivamente. Mi propia terapeuta me dijo una vez que no iniciara una relación con un hombre que me gustaba mucho y que era (es) bisexual porque ” era un inmaduro que no había decidido su objeto de deseo”.
El monosexismo ( la imposición social de desear a un solo sexo ) ejerce su influencia a través de todo un entramado de elementos que inclinan sutilmente a los individuos a adoptar una identidad hétero u homo permanente, mediante la asociación de un conjunto de sentimientos negativos como el miedo, la vergüenza o la angustia a la posibilidad de mantener una relación sexual contraria a la habitual. Esto es, creando una fobia determinada socialmente: la bifobia.
Y así se consolida la división binaria y excluyente de las personas en dos grupos de población: homo y hétero. Una categorización puramente social e histórica que no refleja adecuadamente la naturaleza sexual del ser humano. Porque en Occidente durante mucho tiempo se admitió la bisexualidad como algo normal, y a día de hoy existen todavía muchas culturas que no la cuestionan.
“Los hombres no se dividen en dos grupos de población distintos como distinguimos las ovejas de las cabras. Las cosas no son blancas o negras. Al emplear taxonomías es importante comprender que la naturaleza raramente se deja clasificar con categorías”. Lo dijo Alfred Kinsey en 1948. Han pasado casi sesenta años, pero la gente sigue igual de emperrada en que dividir las cosas en plátanos y guayabas, olvidando que también existen los mangos, los aguacates y hasta los tomates, que no se sabe si son verdura o fruta
“Hablamos de la bifobia, articulada a su vez en otras dos fobias más específicas: la homofobia (el terror que sienten los hétero a perder su identidad si cometen el acto prohibido) y la heterofobia (la evitación de toda relación hétero una vez que se ha adoptado la identidad homo, marcada como negativa por la sociedad).
(..) Hemos resaltado en los ejemplos anteriores el uso que se hace de verbos como ser y volverse porque es muy significativo cómo el uso del lenguaje refleja, y a su vez refuerza, la idea de que los calificativos homosexual y heterosexual son identidades permanentes o hacia las que uno transita sin posibilidad de dar marcha atrás. Podemos decir: es nervioso, gordo, tonto … (características permanentes) o está nervioso, gordo, tonto… (situaciones circunstanciales). Sin embargo raro sería oír que alguien está heterosexual o que está homosexual, excepto cuando hablamos en broma, como en este chiste:
Un hombre que de joven había sido muy aventurero, está mostrando a sus amigos las fotos de todas sus conquistas.
-Mirad, esta rubia es Monique, la conocí en París; esta morenita se llamaba Barbra, inglesa; y aquí está Brigitte, una italiana verdaderamente ardiente; y aquí tenemos a Roberto…
- ¡¿Roberto?!–exclaman sus amigos.
- Sí, eso fue en Guatemala.
- Vaya, ahora va a resultar que ERES maricón.
- No chicos, eso fue un día que ESTABA yo un poco maricón. ”
* Quienes han profundizado en el funcionamiento de la psique saben que el afecto sexual - la atracción o deseo sexual-, puede ir dirigido en principio hacia personas de cualquier sexo, dado que la naturaleza del ser humano es bisexual: “todas las personas, aun las más normales, son capaces de elección homosexual de objeto, la han consumado alguna vez en su vida y la conservan todavía en el inconsciente”-decía Sigmund Freud.
* Los estudios científicos de la conducta sexual humana confirman lo artificial que es esta diferenciación; por ejemplo el de Alfred Kinsey, en los años cuarenta del pasado siglo, acerca de la conducta sexual del varón blanco norteamericano: Recordemos la famosa escala Kinsey.
* Desde la biología, quienes han observado la conducta sexual de los mamíferos han encontrado multitud de ejemplos de actividad sexual entre miembros del mismo sexo. Por ejemplo, los bonobo, una especie de chimpancés muy inteligentes y bastante cercanos a los humanos desde el punto de vista evolutivo, suelen divertirse practicando entre sí juegos eróticos, sexo en grupo, felaciones, besos en la boca, mutua frotación de los genitales…independientemente del sexo biológico de los participantes y, desde luego, sin la existencia de tipos específicos de chimpancés macho o hembra “homosexuales”.
* Los datos aportados por la antropología también hacen zozobrar esta clasificación binaria. Sabemos, por ejemplo, que en los países árabes y latinos el ideal de masculinidad no excluía tradicionalmente la posibilidad de mantener contactos sexuales con otros hombres, aunque siempre dentro de un estricto marco de dominación, heredado en muchos aspectos de la cultura grecorromana: en estos países, especialmente en las clases bajas, aún el hombre puede ganar placer de otro hombre sin detrimento de su masculinidad, siempre que relegue al otro al papel de pasivo oral o analmente. En México, por ejemplo, siguen existiendo términos populares, como mayate o picador, que se emplean para designar al hombre bisexual activo que mantiene contacto con putos o jotos (hombres sexualmente pasivos) además de con mujeres; según la distinción entre homosexuales y heterosexuales proveniente del mundo anglo europeo, sin embargo, cualquier contacto sexual con otra persona del mismo sexo sería razón suficiente para clasificar a esa persona como “homosexual” y excluirle de toda relación “heterosexual”.
La historia nos enseña que la categoría “homosexual” es de cuño relativamente reciente en occidente (siglo XIX). Hasta entonces, la actividad sexual entre personas del mismo sexo biológico se había concebido más como un pecado que cualquiera podía llegar a cometer (igual que otros que atentaban contra la sexualidad reproductiva como la zoofilia) más que como una identidad permanente, tal como suele concebirse hoy en día en occidente. De hecho, hasta finales del siglo XVI el término “sodomía” englobaba tanto las relaciones homosexuales como la zoofilia y la penetración anal en las relaciones entre hombre y mujer. Sospechosamente, el término “homosexual” apareció en el contexto del darwinismo social, en una época en que se concebía que esta conducta sexual podía transmitirse genéticamente y, por tanto, erradicarse mediante la eutanasia, es decir, impidiendo que los “homosexuales” se reprodujeran. ¿No irán en el mismo camino todas estas investigaciones que, obviando la evidente naturaleza bisexual del ser humano, asumen a priori la existencia de la división binaria hétero/homo y se empeñan en encontrar el conjunto de genes que pueda determinan la homosexualidad (Dean H. Hamer) o si existe algún área del cerebro, como el hipotálamo, con diferencias de tamaño en los homosexuales(Le Vay)? ”
Miguel Arroyo. Revista de sexología. Número 6 Mayo del 2004
Entry Filed under: Medios y Miradas
Pero las presiones no provienen solo de los gays sino de todas las instancias sociales: educación y crianza, moral religiosa, discursos psicológicos y científicos, modelos presentes en los medios de comunicación… y se manifiesta en multitud de detalles de la vida cotidiana. Por ejemplo, si Pepi se separa de su marido porque se ha enamorado de Luisa, la gente dirá “Pues Pepi resultó ser lesbiana”, en lugar de “Vaya, Pepi es bisexual”. Parece asumirse que que los seres humanos somos o bien heterosexuales o bien homosexuales, y que esas dos categorías son excluyentes entre sí. Y hay que elegir un bando u otro.
Para colmo los bi suelen tener muy mala fama, peor aún que los homosexuales, ( que ya la arrastran durilla). A los homosexuales les persiguen algunos heterosexuales que piensan que gente como ellos no debería casarse ni adoptar niños. Pero a los bisexuales les persigue todo el mundo. De los bisexuales se dice de todo: promiscuos, infieles, que propagan el sida entre los inocentes héteros, que son incapaces de establecer una relación estable, y así sucesivamente. Mi propia terapeuta me dijo una vez que no iniciara una relación con un hombre que me gustaba mucho y que era (es) bisexual porque ” era un inmaduro que no había decidido su objeto de deseo”.
El monosexismo ( la imposición social de desear a un solo sexo ) ejerce su influencia a través de todo un entramado de elementos que inclinan sutilmente a los individuos a adoptar una identidad hétero u homo permanente, mediante la asociación de un conjunto de sentimientos negativos como el miedo, la vergüenza o la angustia a la posibilidad de mantener una relación sexual contraria a la habitual. Esto es, creando una fobia determinada socialmente: la bifobia.
Y así se consolida la división binaria y excluyente de las personas en dos grupos de población: homo y hétero. Una categorización puramente social e histórica que no refleja adecuadamente la naturaleza sexual del ser humano. Porque en Occidente durante mucho tiempo se admitió la bisexualidad como algo normal, y a día de hoy existen todavía muchas culturas que no la cuestionan.
“Los hombres no se dividen en dos grupos de población distintos como distinguimos las ovejas de las cabras. Las cosas no son blancas o negras. Al emplear taxonomías es importante comprender que la naturaleza raramente se deja clasificar con categorías”. Lo dijo Alfred Kinsey en 1948. Han pasado casi sesenta años, pero la gente sigue igual de emperrada en que dividir las cosas en plátanos y guayabas, olvidando que también existen los mangos, los aguacates y hasta los tomates, que no se sabe si son verdura o fruta
“Hablamos de la bifobia, articulada a su vez en otras dos fobias más específicas: la homofobia (el terror que sienten los hétero a perder su identidad si cometen el acto prohibido) y la heterofobia (la evitación de toda relación hétero una vez que se ha adoptado la identidad homo, marcada como negativa por la sociedad).
(..) Hemos resaltado en los ejemplos anteriores el uso que se hace de verbos como ser y volverse porque es muy significativo cómo el uso del lenguaje refleja, y a su vez refuerza, la idea de que los calificativos homosexual y heterosexual son identidades permanentes o hacia las que uno transita sin posibilidad de dar marcha atrás. Podemos decir: es nervioso, gordo, tonto … (características permanentes) o está nervioso, gordo, tonto… (situaciones circunstanciales). Sin embargo raro sería oír que alguien está heterosexual o que está homosexual, excepto cuando hablamos en broma, como en este chiste:
Un hombre que de joven había sido muy aventurero, está mostrando a sus amigos las fotos de todas sus conquistas.
-Mirad, esta rubia es Monique, la conocí en París; esta morenita se llamaba Barbra, inglesa; y aquí está Brigitte, una italiana verdaderamente ardiente; y aquí tenemos a Roberto…
- ¡¿Roberto?!–exclaman sus amigos.
- Sí, eso fue en Guatemala.
- Vaya, ahora va a resultar que ERES maricón.
- No chicos, eso fue un día que ESTABA yo un poco maricón. ”
* Quienes han profundizado en el funcionamiento de la psique saben que el afecto sexual - la atracción o deseo sexual-, puede ir dirigido en principio hacia personas de cualquier sexo, dado que la naturaleza del ser humano es bisexual: “todas las personas, aun las más normales, son capaces de elección homosexual de objeto, la han consumado alguna vez en su vida y la conservan todavía en el inconsciente”-decía Sigmund Freud.
* Los estudios científicos de la conducta sexual humana confirman lo artificial que es esta diferenciación; por ejemplo el de Alfred Kinsey, en los años cuarenta del pasado siglo, acerca de la conducta sexual del varón blanco norteamericano: Recordemos la famosa escala Kinsey.
* Desde la biología, quienes han observado la conducta sexual de los mamíferos han encontrado multitud de ejemplos de actividad sexual entre miembros del mismo sexo. Por ejemplo, los bonobo, una especie de chimpancés muy inteligentes y bastante cercanos a los humanos desde el punto de vista evolutivo, suelen divertirse practicando entre sí juegos eróticos, sexo en grupo, felaciones, besos en la boca, mutua frotación de los genitales…independientemente del sexo biológico de los participantes y, desde luego, sin la existencia de tipos específicos de chimpancés macho o hembra “homosexuales”.
* Los datos aportados por la antropología también hacen zozobrar esta clasificación binaria. Sabemos, por ejemplo, que en los países árabes y latinos el ideal de masculinidad no excluía tradicionalmente la posibilidad de mantener contactos sexuales con otros hombres, aunque siempre dentro de un estricto marco de dominación, heredado en muchos aspectos de la cultura grecorromana: en estos países, especialmente en las clases bajas, aún el hombre puede ganar placer de otro hombre sin detrimento de su masculinidad, siempre que relegue al otro al papel de pasivo oral o analmente. En México, por ejemplo, siguen existiendo términos populares, como mayate o picador, que se emplean para designar al hombre bisexual activo que mantiene contacto con putos o jotos (hombres sexualmente pasivos) además de con mujeres; según la distinción entre homosexuales y heterosexuales proveniente del mundo anglo europeo, sin embargo, cualquier contacto sexual con otra persona del mismo sexo sería razón suficiente para clasificar a esa persona como “homosexual” y excluirle de toda relación “heterosexual”.
La historia nos enseña que la categoría “homosexual” es de cuño relativamente reciente en occidente (siglo XIX). Hasta entonces, la actividad sexual entre personas del mismo sexo biológico se había concebido más como un pecado que cualquiera podía llegar a cometer (igual que otros que atentaban contra la sexualidad reproductiva como la zoofilia) más que como una identidad permanente, tal como suele concebirse hoy en día en occidente. De hecho, hasta finales del siglo XVI el término “sodomía” englobaba tanto las relaciones homosexuales como la zoofilia y la penetración anal en las relaciones entre hombre y mujer. Sospechosamente, el término “homosexual” apareció en el contexto del darwinismo social, en una época en que se concebía que esta conducta sexual podía transmitirse genéticamente y, por tanto, erradicarse mediante la eutanasia, es decir, impidiendo que los “homosexuales” se reprodujeran. ¿No irán en el mismo camino todas estas investigaciones que, obviando la evidente naturaleza bisexual del ser humano, asumen a priori la existencia de la división binaria hétero/homo y se empeñan en encontrar el conjunto de genes que pueda determinan la homosexualidad (Dean H. Hamer) o si existe algún área del cerebro, como el hipotálamo, con diferencias de tamaño en los homosexuales(Le Vay)? ”
Miguel Arroyo. Revista de sexología. Número 6 Mayo del 2004
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Comentario:
Me encantan vuestros comentarios, creía que era la única que odia eso de las etiquetas,me alegro de equivocarme.
Porque a mi,me parece tan mal la forma en que muchos heterosexuales catalogan despectivamente a los "homosexuales" como la forma en que muchos Homosexuales obligan a definirse a muchas personas, eres... si o no.
Porque a mi,me parece tan mal la forma en que muchos heterosexuales catalogan despectivamente a los "homosexuales" como la forma en que muchos Homosexuales obligan a definirse a muchas personas, eres... si o no.
Comentario:
Estoy un poco de acuerdo con todos! La necesidad de definirnos, como ha dicho Myu, es una putada...
Porque yo sigo sin saber quién soy.
Un besillo.
Por cierto, esa tb es mi peli favorita. Y yo me enamoré de todos los personajes. Tanto que después ya no me gustan en ningún otro papel.
Porque yo sigo sin saber quién soy.
Un besillo.
Por cierto, esa tb es mi peli favorita. Y yo me enamoré de todos los personajes. Tanto que después ya no me gustan en ningún otro papel.
Comentario:
sin duda, el contexto en el que crecemos y el resto de circunstancias de nuestra vida sirven para marcar nuestra opción sexual...
kss
kss
Comentario:
Punyalitos, creo que te aceleras al decir que TODOS seamos nada... Aunque tambien creo que hay muchísimos más bisexuales que homosexuales o heterosexuales, ya que pienso que es prácticamente condición innata, pero sin generalizar. Nunca nunca generalizar.
A mí me ha gustado mucho la puntualización entre "ser y estar", ya que nuestra lengua es tan rica cabe empezar a hacer este tipo de puntualizaciones. Una persona puede estar homosexual una temporada y a la siguiente estar heterosexualísima, y viceversa. A esta misma conclusión nos llevó Cristina Peri Rossi en una maravillosa charla junto con Alvaro Pombo hace un par de semanas.
Un besito a tod@s!!
A mí me ha gustado mucho la puntualización entre "ser y estar", ya que nuestra lengua es tan rica cabe empezar a hacer este tipo de puntualizaciones. Una persona puede estar homosexual una temporada y a la siguiente estar heterosexualísima, y viceversa. A esta misma conclusión nos llevó Cristina Peri Rossi en una maravillosa charla junto con Alvaro Pombo hace un par de semanas.
Un besito a tod@s!!
Comentario:
A mí la etxebarria tampoco me dice nada, creo q es sólo apariencias... pero el artículo es muy significativo, esta manía nuestra de categorizarlo todo, para ver si comprendemos mejor, dejamos atrás tantos matices.. lo q ha traído muchas consecuencias, generalmente malas, a quien se sale de la norma. Tampoco creo q todos seamos bisexuales, conozco personas muy muy heteros y muy muy homos... Yo lo entiendo más bien como una línea continua, con infinitos valores posibles, en un extremo heteros, en otro homosexuales y justo en medio los bi. En el recorrido de esta línea, en cada vida se van a dar tantas opciones que sería imposible abarcar o describir. Y aunque esto no sea cierto, qué menos que libertad y tolerancia para todos...
Y como dicen en mi pueblo, no digas nunca de este agua no beberé y etc etc ;)
Y como dicen en mi pueblo, no digas nunca de este agua no beberé y etc etc ;)
Comentario:
lo siento Diciembre, pero Lucía etxebarría no me dice nada...nunca
Beso
Beso
Comentario:
Si te das cuenta, se Cruzan varias maneras de entender la relación sexual… desde la parte más afectiva a la más biológica (no ya reproductiva sino a la que proporcione placer). La satisfacción afectiva existe de la misma manera que la biológica, puedan o no ir emparejadas.
Las relaciones sexuales no son exclusivamente genitales, eso creo que está fuera de dudas, así que el discurso se abre cuanto más diferenciemos lo sexual afectivo de lo sexual fisiológico… por eso hay tantas teorías, estudios y maneras de concebir el asunto… y no hay nada concluyente. Lo cual está muy bien porque no se trata de encontrar una única conclusión o hipótesis excluyente ¿estamos intentando a caso encontrar la causa de alguna enfermedad para poder salvar a la gente?...
Hay una cosa que sí creo que explica al menos la necesidad imperiosa que tenemos de buscar una sexualidad permanente (incluyendo como permanente también la bisexual) y es el mismo deseo imperioso que tenemos de identificación para ganar en seguridad. Esto es cultural o ambiental más que nada, pero lo cierto es que siempre tendemos a incluirnos o excluirnos de todo y por todo en la vida y siempre es con el objetivo de definirnos, de identificarnos, de señalarnos como personas distintas o iguales… esto es así desde mucho antes de tener uso de razón.
Está muy bien que nos hagas pensar.
Las relaciones sexuales no son exclusivamente genitales, eso creo que está fuera de dudas, así que el discurso se abre cuanto más diferenciemos lo sexual afectivo de lo sexual fisiológico… por eso hay tantas teorías, estudios y maneras de concebir el asunto… y no hay nada concluyente. Lo cual está muy bien porque no se trata de encontrar una única conclusión o hipótesis excluyente ¿estamos intentando a caso encontrar la causa de alguna enfermedad para poder salvar a la gente?...
Hay una cosa que sí creo que explica al menos la necesidad imperiosa que tenemos de buscar una sexualidad permanente (incluyendo como permanente también la bisexual) y es el mismo deseo imperioso que tenemos de identificación para ganar en seguridad. Esto es cultural o ambiental más que nada, pero lo cierto es que siempre tendemos a incluirnos o excluirnos de todo y por todo en la vida y siempre es con el objetivo de definirnos, de identificarnos, de señalarnos como personas distintas o iguales… esto es así desde mucho antes de tener uso de razón.
Está muy bien que nos hagas pensar.
Comentario:
las personas se enamoran de las personas independientemente del sexo...
eso es un hecho, luego elijes...
BESINES
eso es un hecho, luego elijes...
BESINES
Comentario:
Puajjjjj, no me gusta nada esta tia!
Comentario:
TODOS somos bisexuales, pero por la socialización y la crianza, enseñanzas y vivencias, la desarrollamos o no, vamos yo esto totalmente convencida.
Yo he estado enamoradisima de tios, y tb de tias, y me he sentido atraída mil (vaya cosquillitas en el chichi!) por tios y tias, con los tios desde hace tiempo que ya no, pero me ha pasado...FREE YOUR MIND!
Un besazo!
Yo he estado enamoradisima de tios, y tb de tias, y me he sentido atraída mil (vaya cosquillitas en el chichi!) por tios y tias, con los tios desde hace tiempo que ya no, pero me ha pasado...FREE YOUR MIND!
Un besazo!