las estrellas se están apagando
Esa estrella que ha estado todo este tiempo en tu cielo. Esa estrella que alumbraba todo, brillante más que ninguna.
Una estrella que hacía que las demás parecieran insignificantes. Pequeños puntos como pequeñas luciérnagas a su lado.
Esa estrella, tu única estrella. Y ahora ves que está apagándose, que ya casi no brilla. Se ha ido. Se mudó hace tiempo, no sabes cuándo exactamente, pero te dejó un rastro de luz, que poco a poco se está apagando. Se lleva su rastro de luz, esa luz donde podías contemplar todos los colores. Su caminito que te llevaba hasta ella.
Y te quedas en tu cielo con esas estrellas diminutas que nada tienen que ver con esa estrella única, especial. Y ni siquiera eres capaz de apreciar esas estrellas acostumbrada al esplendor de tu gran estrella.
Y a veces, como un espejismo, crees verla allí de nuevo, en tu cielo brillando solo para ti. Pero vuelves y te das cuenta de que es una ilusión, y quizás siempre lo haya sido. Que estaba en tu cielo pero quizás no brillaba para ti.
Y sabes que tienes que aprender de nuevo a ver a esas otras estrellas. Pero el solo intentarlo te duele y no puedes, porque esas otras estrellas te recuerdan que tu estrella especial ya no está aquí contigo, brillando cuando todo es oscuridad, que ahora está alumbrando otro cielo y en el tuyo solo quedará el recuerdo. El recuerdo de algo que nunca fue…tan solo para ti.
Y te preguntas si de verdad podrás querer a alguna de esas estrellas. Querer tanto como quieres a la estrella que eclipsa a la luna, al día y a la noche.
Y te preguntas…
..¿y ahora, qué?
azul
Ayer vi un león azul, que bajó volando, entró por mi ventana y me mordió el brazo con sus colmillos rojos. A través de su piel azul se podía ver latir un corazón naranja. Después se marcho igual que vino, volando por la ventana.
Pulseras. Este fin de semana me han regalado una pulsera de Afganistán y una piedra azul, no me acuerdo del nombre, también de allí. Me pongo la pulsera en la muñeca donde hace algunos años llevaba un reloj, que me quité nada más terminar la selectividad, y que no me he vuelto a poner, ¿para qué?.
Prefiero tener una excusa para acercarme a alguien interesante, y si es de esos que te responden con una sonrisa que te alegra el día, mejor.
¿Y yo? Yo no voy con una sonrisa por la calle, pero si me preguntan, ¿sonrío?
No sé, pregúntame y lo comprobamos.
Y quiero ir a Formentera, y bañarme en una de sus calas, y luego tumbarme, cerrar los ojos y volar. Y es que hoy parece que la cosa va de volar, pero las alas de cera se derriten cuando te acercas al sol.
El otro día estuve con un amigo paseando a su perra por el Retiro. Sin darnos cuenta nos lo recorrimos entero, hablando y hablando. Y es que a este amigo, ahora muy amigo, le conocí por la bocaza de otro gran amigo. Y solo por una vez estoy agradecida de la indiscreción de ese otro amigo, porque gracias a eso, conocí mejor a este niño que antes era un simple conocido.
Y de repente, una estrella azul ha entrado en mi cabeza, en mi mente. Tan rápida que no me he dado cuenta hasta que ha salido y se ha quedado delante de mi, delante de mis ojos, reflejando su azul en mi azul. Una estrella azul de cinco puntas, simétrica, perfecta. Y después se ha marchado tan rápido como ha venido, sin darme cuenta.
Y pienso, hoy todo va de azul y volar.
Escribo las palabras para que el viento no se las lleve, como tantas otras se ha llevado, como tantas otras ha borrado.
Han volado, ¿dónde? ¿a un país de palabras perdidas y promesas incumplidas?
Como esa lista de promesas a olvidar, que cada vez se va haciendo más grande.
¿te añado o me añades?
Hoy mi imaginación esta volando mucho, está en las nubes, esquivándolas y atravesándolas. Y me llevo un pedacito de cada una de esas nubes. Pero llego a una que no me deja coger un pedacito, se desvanece como una ilusión.
Bang, hace una foto que tengo. Una pistola apuntándote. Arriba las manos o estás muerta. Pero esa bala no puede atravesar la pantalla (por ahora)
He oído que la noche es toda magia... y que un duende te invita a soñar decían esos héroes del sin sonido. Y yo me pregunto ¿dónde está mi duende?, ¿y mi invitación?
Debe de estar escondido, esperando el momento adecuado.
¡Llueve, llueve, llueve!
¿lloverá? Yo quiero que llueva, y por eso lo pido, por pedir que no quede.
Quiero tantas cosas, pero ya he dicho, por pedir…
Hoy no sé lo que escribo, no sé lo que digo, y no sé lo que pienso. Mi cabeza va por su cuenta, hoy hace lo que quiere sin razonamiento alguno. Mejor.
Hay veces que sueño cosas tan “reales” que luego no sé diferenciarlas de la realidad, no sé si han ocurrido de verdad o no. Esto me pasa desde el año pasado. Y hay muchas veces que me quedo sin saber si ha pasado o no. De hecho, el verano pasado me enfadé con una amiga…y luego resultó que era por un sueño. Como Phoebe con Ross en un capítulo de Friends. Y una se lo puede tomar a risa, pero cuando no encuentras manera de averiguar si ha sido real o un sueño, no te hace tanta gracia.
Y como ya he dicho, hoy no sé lo que hago…
No sé lo que mis dedos están escribiendo, tienen vida propia, pulsan las teclas que quieren…y se mueven a una velocidad sorprendente.
Y mi mente sigue solita su viaje sin pedir permiso, rompiendo reglas y cruzando fronteras.
Mis ojos se abren curiosos.
Un día extraño.
¿qué pasará por la noche?
..the impossible is possible tonight...
dicen los Smashing
Pulseras. Este fin de semana me han regalado una pulsera de Afganistán y una piedra azul, no me acuerdo del nombre, también de allí. Me pongo la pulsera en la muñeca donde hace algunos años llevaba un reloj, que me quité nada más terminar la selectividad, y que no me he vuelto a poner, ¿para qué?.
Prefiero tener una excusa para acercarme a alguien interesante, y si es de esos que te responden con una sonrisa que te alegra el día, mejor.
¿Y yo? Yo no voy con una sonrisa por la calle, pero si me preguntan, ¿sonrío?
No sé, pregúntame y lo comprobamos.
Y quiero ir a Formentera, y bañarme en una de sus calas, y luego tumbarme, cerrar los ojos y volar. Y es que hoy parece que la cosa va de volar, pero las alas de cera se derriten cuando te acercas al sol.
El otro día estuve con un amigo paseando a su perra por el Retiro. Sin darnos cuenta nos lo recorrimos entero, hablando y hablando. Y es que a este amigo, ahora muy amigo, le conocí por la bocaza de otro gran amigo. Y solo por una vez estoy agradecida de la indiscreción de ese otro amigo, porque gracias a eso, conocí mejor a este niño que antes era un simple conocido.
Y de repente, una estrella azul ha entrado en mi cabeza, en mi mente. Tan rápida que no me he dado cuenta hasta que ha salido y se ha quedado delante de mi, delante de mis ojos, reflejando su azul en mi azul. Una estrella azul de cinco puntas, simétrica, perfecta. Y después se ha marchado tan rápido como ha venido, sin darme cuenta.
Y pienso, hoy todo va de azul y volar.
Escribo las palabras para que el viento no se las lleve, como tantas otras se ha llevado, como tantas otras ha borrado.
Han volado, ¿dónde? ¿a un país de palabras perdidas y promesas incumplidas?
Como esa lista de promesas a olvidar, que cada vez se va haciendo más grande.
¿te añado o me añades?
Hoy mi imaginación esta volando mucho, está en las nubes, esquivándolas y atravesándolas. Y me llevo un pedacito de cada una de esas nubes. Pero llego a una que no me deja coger un pedacito, se desvanece como una ilusión.
Bang, hace una foto que tengo. Una pistola apuntándote. Arriba las manos o estás muerta. Pero esa bala no puede atravesar la pantalla (por ahora)
He oído que la noche es toda magia... y que un duende te invita a soñar decían esos héroes del sin sonido. Y yo me pregunto ¿dónde está mi duende?, ¿y mi invitación?
Debe de estar escondido, esperando el momento adecuado.
¡Llueve, llueve, llueve!
¿lloverá? Yo quiero que llueva, y por eso lo pido, por pedir que no quede.
Quiero tantas cosas, pero ya he dicho, por pedir…
Hoy no sé lo que escribo, no sé lo que digo, y no sé lo que pienso. Mi cabeza va por su cuenta, hoy hace lo que quiere sin razonamiento alguno. Mejor.
Hay veces que sueño cosas tan “reales” que luego no sé diferenciarlas de la realidad, no sé si han ocurrido de verdad o no. Esto me pasa desde el año pasado. Y hay muchas veces que me quedo sin saber si ha pasado o no. De hecho, el verano pasado me enfadé con una amiga…y luego resultó que era por un sueño. Como Phoebe con Ross en un capítulo de Friends. Y una se lo puede tomar a risa, pero cuando no encuentras manera de averiguar si ha sido real o un sueño, no te hace tanta gracia.
Y como ya he dicho, hoy no sé lo que hago…
No sé lo que mis dedos están escribiendo, tienen vida propia, pulsan las teclas que quieren…y se mueven a una velocidad sorprendente.
Y mi mente sigue solita su viaje sin pedir permiso, rompiendo reglas y cruzando fronteras.
Mis ojos se abren curiosos.
Un día extraño.
¿qué pasará por la noche?
..the impossible is possible tonight...
dicen los Smashing
..silencio
Esta tarde he estado pensando en la niña especial, bueno, no es que no piense en ella siempre, sino que el silencio ha hecho que me pregunte cosas..
¿Por qué la quiero?
Silencio.
No he sabido contestarme. Si, no sé por qué la quiero, por qué la sigo queriendo de esta forma.
La única respuesta que he encontrado es que debe de ser por ese algo especial que tiene. De verdad, esta niña tiene algo especial, que no sé qué es pero que está ahí. Y es ese algo especial lo que hace que merezca la pena seguir así, a pesar de todo. A pesar de que algunas veces me haya preguntado si ya en este punto no me hace más mal que bien. Pero no, cómo no va a merecer la pena, si es la única persona capaz de hacerme feliz en un instante, y que ese instante se alargue tanto que llegue a creer que puede ser eterno, la única persona capaz de hacerme sonreír con solo una palabra, con solo oír su nombre en mi cabeza, con solo leerlo…
Y es ese algo especial lo que hace que me haya esforzado y que me esfuerce por seguir, que con otras muchas personas dejé de intentarlo al poco tiempo. Quizás esas otras personas merecieran la pena, fueran personas increíbles que me hubieran dado todo y que dejé escapar. Pero sé que no me habrían hecho realmente feliz. No tenían ese algo especial de la niña especial, que hace que me sienta feliz con pequeñas cosas, con pequeñas palabras, que incluso hace que yo me sienta especial por ser la destinataria de esas palabras…
Aunque hace ya algún tiempo que esas palabras cambiaron, dejaron de ser lo que eran, de decir lo que decían, pero que aún así me hacen feliz.
Lo malo es cuando no hay palabras y hay silencio. Un silencio que duele.
Es entonces cuando me doy cuenta de que sigo ahí y que voy a seguir ahí aunque ya solo haya silencio y aunque ese silencio duela.
Es entonces cuando me doy cuenta de lo especial de esta niña, que siempre va a estar en mi corazón. Que ni el tiempo ni las personas ni el silencio va a hacer que deje de sentir lo que siento.
Y sé que aunque no estuviera enamorada de ella seguiría pensando que es especial, que no lo digo por decir. Que de verdad existen personas especiales, pocas, pero existen.
Y yo encontré una de esas personas especiales por casualidad.
Una buena casualidad.
Pero el silencio va esparciendo pequeñas minas de duda.
También me pregunto
Si yo no hubiera seguido, ¿habría continuado todo?
Y aquí no hay silencio. Hay una respuesta, que suena muy bajito en mi cabeza, como queriendo no ser escuchada, intentando mezclarse con el barullo de pensamientos y palabras de mi cabeza, pero que aún con eso, se distingue lo suficiente para adivinar lo que dice..
No.
No creo. (amortigua mi mente)
Y entonces me arrepiento de haberme hecho esta pregunta, porque su clara respuesta no me gusta, y es como una aguja de realidad clavandose, y preferiría no haberla escuchado, no haberla sentido.
Pero esta pregunta ya ha rondado mi cabeza otras veces..
Y mi reacción ante esa respuesta tan contundente me satisface y suaviza ese “no” tan cortante.
Simplemente..
..merece la pena.
y la vida es un mini pañuelo
Estos dos últimos días han sido unos días muy buenos. De esos en los que estás contenta sin saber por qué, estás a gusto, te sientes bien contigo misma.
Este trabajo, en el que empecé mas bien por probar y porque no tenía otra cosa, está resultando ser algo muy interesante. Gente de todo tipo, gente curiosa que te cuenta su vida y entonces te das cuenta de lo mucho que necesitan hablar y comunicarse, gente guapa que te mira y te sonríe, gente que te escucha y se lo piensa, y algunos aceptan y otros no; gente que ni te mira, que te ignora como si no existieras; gente que te cuenta sus teorías y conspiraciones (¡!), gente de todo tipo… y al final te lo acabas pasando bien, y te das cuenta de todas las clases de personas que existen, de todo tipo.
Y luego las personas con las que trabajas, tu grupo, mi grupo. Mi grupo que empezó siendo de seis y al final los únicos que aguantamos y que nos gusta, somos tres, la niña maja e interesante, un chico para escuchar y reírte, y yo.
Y ayer estuve viendo pelis, con porros y cervezas, en casa de una pequeña niña, que no niña pequeña, a la que tengo mucho cariño. Una niña con unos ojos muy brillantes que no veía desde hace ya bastante tiempo. El año pasado estábamos mucho tiempo juntas, pero las cosas cambiaron. No cambiaron por lo que ocurrió, sino por llegar a un punto en el que nos cansamos, nos saturamos la una de la otra (o quizás solo fui yo quien se saturó). Y que después de tres meses sin vernos ni hablarnos por malos entendidos, volvimos a retomar esa amistad. No esa misma “amistad” de antes, ni tampoco la otra amistad previa, no; ahora yo le tengo con mucho cariño, el cariño que se le tiene a una persona que quieres, que fue especial en algún momento, pero no tan especial como para intentar algo más. Y ahora lo que hay es una amistad de lo más normal, que no tiene nada en particular. Mi recuerdo eleva a esta niña un poquito, pero luego la realidad es que nada es igual y todo es diferente, que ni siquiera queda una amistad cómoda, sino una incomoda en la que falta algo. Algo que quizás se perdió en esos tres meses de malos entendidos. Y por eso ahora nos vemos mucho menos, ya no nos llamamos apenas. Ella ya tiene nueva gente y yo también, y ya no nos necesitamos. No necesitamos esa amistad que se perdió. Me gusta verla de vez en cuando, y sé que la tengo ahí si la necesito alguna vez, al igual que ella a mí, pero no como antes.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Madrid.
Madrid, esta ciudad tan grande llena de gente, abarrotada de gente, resulta ser como un pequeño pueblo (ese que yo no tengo) en el que todos se acaban encontrando y conociendo.
De esto ya me di cuenta el año pasado, cuando resultó que la pequeña niña, que no niña pequeña, había coincidido algunos años en el mismo colegio que la niña especial, esa niña que a pesar de todo sigue en mi corazón. Y que de pequeñas habían sido amigas, durmiendo la una en casa de la otra. Y yo, que había conocido a cada una por separado, en sitios muy diferentes, de maneras muy diferentes, no me lo podía creer. Que la niña de mis sueños había dormido en la misma habitación que esta pequeña niña de ojos brillantes. Me quedé con la boca abierta pensando en lo pequeño que es el mundo.
Casualidades.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Que hoy también me he enterado de que uno de mis amigos, uno de mis mejores amigos conoce a la niña maja e interesante de mi trabajo, de mi grupo de tres personas. Y esto me ha hecho pensar en este pequeño mundo, en todas estas casualidades.
Que casualidad que coincidas con alguien que nos ves desde hace años, que no te importa lo más mínimo, y sin embargo estando más cerca y saliendo por sitios parecidos no coincidas con esa persona con quien quieres encontrarte.
Y que casualidad que un día, una tarde cualquiera en la que lo ultimo que piensas es que eso vaya a ocurrir, reconozcas un perfil, una cara familiar.
Otras muchas casualidades han pasado por mi vida, unas buenas y otras malas. Y hasta hace no mucho, pensaba que todas las buenas casualidades ya se la había llevado Najwa, las había gastado todas en los amantes del Circulo Polar, y ya solo quedaban las malas. Pero no, no solo quedan las malas. Aún quedan casualidades de todo tipo, las casualidades divertidas, las curiosas… y lo mejor, todavía quedan algunas buenas.
Y yo estoy esperando esa buena casualidad, mi buena casualidad que llegará para sorprenderme, inesperadamente… en cualquier momento.
Y cuando llegue no dejaré que se escape, aprovecharé esa casualidad al máximo.
Este trabajo, en el que empecé mas bien por probar y porque no tenía otra cosa, está resultando ser algo muy interesante. Gente de todo tipo, gente curiosa que te cuenta su vida y entonces te das cuenta de lo mucho que necesitan hablar y comunicarse, gente guapa que te mira y te sonríe, gente que te escucha y se lo piensa, y algunos aceptan y otros no; gente que ni te mira, que te ignora como si no existieras; gente que te cuenta sus teorías y conspiraciones (¡!), gente de todo tipo… y al final te lo acabas pasando bien, y te das cuenta de todas las clases de personas que existen, de todo tipo.
Y luego las personas con las que trabajas, tu grupo, mi grupo. Mi grupo que empezó siendo de seis y al final los únicos que aguantamos y que nos gusta, somos tres, la niña maja e interesante, un chico para escuchar y reírte, y yo.
Y ayer estuve viendo pelis, con porros y cervezas, en casa de una pequeña niña, que no niña pequeña, a la que tengo mucho cariño. Una niña con unos ojos muy brillantes que no veía desde hace ya bastante tiempo. El año pasado estábamos mucho tiempo juntas, pero las cosas cambiaron. No cambiaron por lo que ocurrió, sino por llegar a un punto en el que nos cansamos, nos saturamos la una de la otra (o quizás solo fui yo quien se saturó). Y que después de tres meses sin vernos ni hablarnos por malos entendidos, volvimos a retomar esa amistad. No esa misma “amistad” de antes, ni tampoco la otra amistad previa, no; ahora yo le tengo con mucho cariño, el cariño que se le tiene a una persona que quieres, que fue especial en algún momento, pero no tan especial como para intentar algo más. Y ahora lo que hay es una amistad de lo más normal, que no tiene nada en particular. Mi recuerdo eleva a esta niña un poquito, pero luego la realidad es que nada es igual y todo es diferente, que ni siquiera queda una amistad cómoda, sino una incomoda en la que falta algo. Algo que quizás se perdió en esos tres meses de malos entendidos. Y por eso ahora nos vemos mucho menos, ya no nos llamamos apenas. Ella ya tiene nueva gente y yo también, y ya no nos necesitamos. No necesitamos esa amistad que se perdió. Me gusta verla de vez en cuando, y sé que la tengo ahí si la necesito alguna vez, al igual que ella a mí, pero no como antes.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Madrid.
Madrid, esta ciudad tan grande llena de gente, abarrotada de gente, resulta ser como un pequeño pueblo (ese que yo no tengo) en el que todos se acaban encontrando y conociendo.
De esto ya me di cuenta el año pasado, cuando resultó que la pequeña niña, que no niña pequeña, había coincidido algunos años en el mismo colegio que la niña especial, esa niña que a pesar de todo sigue en mi corazón. Y que de pequeñas habían sido amigas, durmiendo la una en casa de la otra. Y yo, que había conocido a cada una por separado, en sitios muy diferentes, de maneras muy diferentes, no me lo podía creer. Que la niña de mis sueños había dormido en la misma habitación que esta pequeña niña de ojos brillantes. Me quedé con la boca abierta pensando en lo pequeño que es el mundo.
Casualidades.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Que hoy también me he enterado de que uno de mis amigos, uno de mis mejores amigos conoce a la niña maja e interesante de mi trabajo, de mi grupo de tres personas. Y esto me ha hecho pensar en este pequeño mundo, en todas estas casualidades.
Que casualidad que coincidas con alguien que nos ves desde hace años, que no te importa lo más mínimo, y sin embargo estando más cerca y saliendo por sitios parecidos no coincidas con esa persona con quien quieres encontrarte.
Y que casualidad que un día, una tarde cualquiera en la que lo ultimo que piensas es que eso vaya a ocurrir, reconozcas un perfil, una cara familiar.
Otras muchas casualidades han pasado por mi vida, unas buenas y otras malas. Y hasta hace no mucho, pensaba que todas las buenas casualidades ya se la había llevado Najwa, las había gastado todas en los amantes del Circulo Polar, y ya solo quedaban las malas. Pero no, no solo quedan las malas. Aún quedan casualidades de todo tipo, las casualidades divertidas, las curiosas… y lo mejor, todavía quedan algunas buenas.
Y yo estoy esperando esa buena casualidad, mi buena casualidad que llegará para sorprenderme, inesperadamente… en cualquier momento.
Y cuando llegue no dejaré que se escape, aprovecharé esa casualidad al máximo.