con los ojos cerrados
Cierro los ojos y veo más de lo que a veces lo hago con ellos abiertos. Te veo. Te veo a ti. Los abro y desapareces. Los vuelvo a cerrar, y ahí estás. Delante de mí, mirándome. Sin decir nada. Y de repente una corriente de aire y te desvaneces. Pero no me importa, es mi imaginación, puedo hacer lo que quiera, puedo hacer que vuelvas. Aunque esta vez no lo hago. No, esta vez no. Y cuando el dolor físico deja paso al otro, al que no tiene cura ni alivio inmediato, me doy cuenta de que algo ha cambiado.
Despierta en mi cama, como otras muchas noches, desearía que todo hubiese sido diferente desde un principio. Pero no se puede retroceder y cambiar las cosas. Se quedan como están, desde el principio hasta el final. Y a partir de ese final un principio diferente. Pero me quedo con lo bueno. Escucho una canción que me hace pensar en ti, una que no es triste sino todo lo contrario. Y te sonrío imaginariamente, con lo ojos cerrados. Te sonrío a ti. Solo a ti. La única forma en la que lo hago sin preocuparme por el después. Y hablo como si te hablase a ti, pero no, lo hago para mi. Que te abrí mi corazón una vez, diciendo lo que nunca me había atrevido a decir, diciendo todo lo que sentía, lo que solamente tú me hacías sentir. Pero ahora no, ya no, se cerró.
Juego a imaginarme encuentros casuales, ojos que se buscan, palabras nerviosas… un juego. Y es divertido porque sé que es un juego, que lo hago porque ya puedo. Me gusta jugar de vez en cuando, sabiendo que tú nunca participarás. Que soy un poco tramposa y siempre gano. Otras veces prefiero jugar a juegos más reales en los que no juego sola, sino con otros que me acompañan, que siempre están ahí y me hacen reír.
Mañana me despertaré y recordaré haber pensado en ti. Pero no pensaré en ti, solo será el recuerdo de haberlo hecho. Porque ya estás lejos. Lo suficiente. En un punto en el que todavía te puedo ver, pero ya sin ocupar toda mi visión. Sino pequeñita, una perfecta figura lejana. Giro la cabeza hacia otro lado y abro lo ojos. Y sigue siendo de noche y yo sigo tumbada en mi cama. Pero ya no te veo. Veo la realidad. Y aunque no es un sueño, también tiene colores.