octubre
Escribo octubre en una pared de mi cuarto. Octubre. En letras rojas y minúsculas. Sobre una pared blanca. Octubre.
Y octubre termina como termino de escribir su e. Un mes raro. Un octubre curioso. Un mes con un encuentro casual con una persona muy importante en mi vida. Un encuentro casual en el momento adecuado, ni antes, ni después. Antes hubiera sido pronto, no habría estado preparada y quizás me hubiese vuelto a perder. Y después…bueno, nunca es tarde.
Y otro día, otra noche de octubre, cruce de besos con una niña de palabras voluptuosas. Besos que se sucedieron algún que otro día más…y que dejaron con buen sabor.
Y octubre acaba, y que mejor que terminarlo con uno de esos conciertos que te dejan sin palabras. Uno de esos conciertos que te hacen explotar por dentro y te dan escalofríos.
Y ayer, después de ese concierto, estuve con mis amigas de esa carrera que dejé. Y después de dos cosmopolitans y un bloody mary con menos tabasco que la última vez, ya un poco contenta decidí irme a casa. Decidí irme a casa andando y pasar de búhos y taxis. Y así, andando, me puse a pensar. Pensé en la niña importante, la del encuentro casual. Me gusta la relación que tenemos ahora. Una relación de amistad, extraña. Pero amistad al fin y al cabo. Sí, me gusta como somos ahora. Después me puse a pensar en la niña de palabras voluptuosas. Me apetece verla y cruzar más besos y palabras, o palabras y besos. Conocerla más.
Y mientras caminaba pensando en todas estas cosas, un italiano se me acercó y me preguntó no sé qué. Esto hizo que me acordase de uno de mis mejores amigos que está de erasmus en Italia. Que le echo de menos. Claro que le echo de menos, aunque mi cabeza intente engañarse pensando que es un verano de esos en los que por sus viajes y los míos apenas no vemos. Pero no, no es verano. Es octubre, un octubre que ya acaba.
Al llegar a casa, como si me hubiese leído el pensamiento, este niño me llamó. Y aunque no hiciese ni cuatro días que habíamos hablado, teníamos tantas cosas que contarnos que no queríamos colgar. Pero colgamos, aunque con la idea de vernos, de una manera u otra, en menos de un mes. Ya en noviembre. Porque octubre acaba, apenas unos días. Un octubre especial.
por ejemplo
Hay noches en las que te dan ganas de dejarlo todo. Tu pequeño todo que no es mucho. Tu pequeño mundo. Y te dan ganas de dejar esto y aquello, y también lo otro. Todo. Y cambiar radicalmente de vida. Y tú. Y tus miedos y traumas. Y dejar atrás las pocas obligaciones que tienes. Dejar lo que crees que te hace feliz y que realmente no lo hace. Porque te falta algo y no sabes qué. Y hay noches en las que te dan ganas de dejarlo todo para averiguar así qué es lo que te falta de verdad.
Pero como otra de esas muchas noches, sabes que no vas a dejarlo todo. Ni todo ni nada, para qué engañarte. Tu vida va a seguir igual. Y puede que averigües qué es lo que te falta, lo encuentres y seas feliz. Y puede que no, y que vivas toda tu vida faltándote ese algo que no sabes. Pero siempre habrá noches en las que te den ganas de dejarlo todo. Quizás alguna vez, aunque solo sea por un momento.
Y te levantas a la mañana siguiente. Una mañana como hoy por ejemplo. Y te levantas para ir a trabajar, pero no tienes ganas y llamas diciendo que estás enferma, que tienes fiebre. Una mentirijilla, que puede que si hoy hubieses ido a trabajar mañana se hubiese transformado en verdad. Pero tampoco puedes quedarte durmiendo toda la mañana porque tienes que ir a una de esas obligaciones que te apetecería dejar, pero que es del tipo de las que sabes que son para siempre. Y te levantas por fin, y te dan ganas de volver a meterte en la cama y dormir mientras suena la buena vida de fondo. Hacer como si lo hubieras dejado todo, creerlo un rato. No ir tampoco a la universidad y quedarte en la cama hasta que te apetezca para luego levantarte y marcharte a un lugar donde nunca hayas estado, nadie te conozca y no tengas nada. Pero no, no has dejado nada, al menos por ahora. Así que lo único que te queda es escribirlo.